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Aprender a estudiar


En este guión he intentado sintetizar algunas ideas claves sobre el estudio, contemplado desde una perspectiva cristiana, que pueden ser útiles, como punto de referencia, para conversaciones de algunos padres con sus hijos, para puestas en común en convivencias, para coloquios en encuentros, acampadas y ejercicios espirituales; para reuniones de jóvenes en la parroquia, etc.


Algunas ideas fundamentales

  1. Dios creó al hombre para que trabajara. Mediante el trabajo el hombre participa en la obra divina de la creación. El trabajo es un fin, sino un medio. No es un castigo, sino un deber. Para un estudiante, estudiar es su obligación, ante la sociedad, ante su familia, ante Dios.

  2. Sentido del trabajo. Con el trabajo el hombre colabora al progreso de la sociedad y contribuye a la felicidad de los demás, siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo y de los primeros cristianos.

  3. Santificar el estudio significa convertirlo en un medio para corredimir, para salvar almas, con Cristo.

  4. El trabajo -el estudio, por tanto- es camino de santidad.

  5. Necesidad de ofrecer a Dios el trabajo bien hecho. La ilusión profesional. Sentido del descanso

I. ¿Por qué hay que trabajar?

 

  • Dios creó al hombre para que trabajara: ut operaretur (Gn 2, 15).


    Se lee en del Génesis 1, 27,18: Y los bendijo Dios, y les dijo: Procread y multiplicaos y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra. El trabajo no es un castigo. Dios creó el mundo, “y vio que era bueno”.
  • El trabajo no es un castigo ni un simple medio de sustento. Mediante el trabajo el hombre participa en la obra divina de la Creación. Con el trabajo da gloria a Dios: cumple la misión que Dios le ha encomendado.

 

¿Qué significa participar en la obra divina de la creación?

Significa, según la Constitución Lumen Gentium, que los cristianos “deben ayudarse entre sí, también mediante las actividades seculares, para lograr una vida más santa, de suerte que el mundo se impregne del espíritu de Cristo y alcance más eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz.” Deben actuar “según el plan del Creador y la iluminación de su Verbo, mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil».

El trabajo -hacer fructificar los talentos- es un deber para el cristiano: "Si alguno no quiere trabajar, que no coma" (2 Ts 3,10; cf. 1 Ts 4,11).

Con el trabajo el hombre colabora al progreso social y se contribuye a la felicidad de los demás.


 

II. ¿Qué ejemplo nos dio Jesucristo? ¿Qué nos enseñó con su vida y su palabra?

Cristo era un trabajador como nosotros.Trabajó durante toda su vida, como artesano y anunciando el Evangelio. Es nuestro modelo: tenemos que imitarle.

¿Cristo nos mandó que trabajáramos?

Dice Juan Pablo II en la Encíclica Laborem Exercem: “Aunque en sus palabras no encontremos un preciso mandato de trabajar —más bien, una vez, la prohibición de una excesiva preocupación por el trabajo y la existencia— no obstante, al mismo tiempo, la elocuencia de la vida de Cristo es inequívoca: pertenece al «mundo del trabajo», tiene reconocimiento y respeto por el trabajo humano; se puede decir incluso más: él mira con amor el trabajo, sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con Dios, Creador y Padre”.

El ejemplo de los Apóstoles, san Pablo, los primeros cristianos.

Los Apóstoles y los primeros cristianos trabajaban. En los Hechos de los Apóstoles se cuenta que san Pablo: “Después de esto se fue de Atenas y llegó a Corinto. Encontró a un judío llamado Aquila, oriundo del Ponto, que recientemente había llegado de Italia, junto con su mujer Priscila, por haber decretado Claudio que salieran de Roma todos los judíos. Se les acercó y, como tenía el mismo oficio, vivía y trabajaba con ellos, pues eran de profesión fabricantes de tiendas".


III. ¿Qué significa santificar el estudio?

Explica el Catecismo de la Iglesia Católica que santificar el trabajo lleva a convertirlo en un medio para colaborar de cierta manera en la Redención, para corredimir con Cristo. Santificar el estudio es lo mismo: lleva a colaborar con Cristo en la salvación de los hombres.

“Soportando el peso del trabajo (cf Gn 3,14-19), en unión con Jesús, el carpintero de Nazaret y el crucificado del Calvario, el hombre colabora en cierta manera con el Hijo de Dios en su Obra redentora. Se muestra discípulo de Cristo llevando la Cruz cada día, en la actividad que está llamado a realizar (cf LE 27). El trabajo puede ser un medio de santificación y una animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo”.

Para santificar el estudio y convertirlo en un trabajo bien hecho conviene esforzarse en estos campos, pidiéndole ayuda a Dios.

Estudiar por amor de Dios, con deseos de corredención.

  • "Santificar el estudio" lleva a estudiar para la gloria de Dios, con rectitud de intención; no por vanidad, por sacar buenas notas o por un simple deseo de superación. Como expresión práctica de ese deseo, a la hora de estudiar es aconsejable poner un crucifijo delante, que sirva como recordatorio de la presencia de Dios.
  • "Santificarse en el estudio" lleva a convertir cada hora de estudio en una hora de oración, poniendo intenciones concretas para cada rato de estudio que se ofrece a Dios: por la Iglesia, por el Papa, por los grandes problemas de la sociedad: la paz, la justicia... por nuestros padres, por nuestros hermanos, por nuestra familia, por nuestros amigos...
  • "Santificar a los demás con el estudio" significa convertirlo en una ocasión, en una oportunidad, en un medio de apostolado personal. Sólo si se estudia mucho y bien; sólo cuando se sacan buenas notas y se es un buen compañero, se adquiere prestigio entre la gente de la clase; un prestigio que se convierte en anzuelo de pescadores, siguiendo el símil evangélico : se admira a esa joven cristiana, a ese joven cristiano, que además de trabajar bien, procura vivir cerca de Dios. Un vago, por el contrario, no arrastra a nadie.

  • Un cristiano consecuente estudia con el deseo de servir a la Iglesia y a la sociedad.


    Para la nueva evangelización se necesitan buenos profesionales, que unan a una sólida preparación humanística o científica, una vida espiritual llena de buena doctrina y un profundo conocimiento de la fe: humanistas, abogados, políticos, cineastas, escritores, artistas, investigadores, etc., verdaderamente cristianos que sean capaces -por su talento, por su buena preparación profesional, por su capacidad de trabajo y de establecer relaciones humanas- de llevar a Cristo a los demás.

    Aprender a estudiar

  • Aprender a estudiar, significa, habitualmente, aprender a organizarse: los agobios suelen ser fruto de falta de orden.

    Es necesario usar la agenda y establecer prioridades: hoy, ¿qué es lo urgente y qué es lo importante? ¿Cómo me programo el día? ¿Pienso que existe el tiempo cero? Hay que evitar las interrupciones y ponersea estudiar con todo lo que se necesita, para no tener que levantarse una y otra vez.

    Prever los exámenes con tiempo: que no nos desborden los acontecimientos, por falta de previsión. Hacer un calendario. Todo esto exige la virtud del orden, dela fortaleza y lleva a saber decir que no.


  • Hay que aprender a trabajar en equipo y a relacionarse los demás.


    Los problemas profesionales suelen ser problemas de relación. Hay que aprender a convivir con todos con sentido cristiano. Algunas de estas preguntas pueden servir para ver si estoy viviendo realmente el ideal del Evangelio: ¿Cómo me llevo con mis compañeros de clase? ¿Hago distinciones de carácter político, racial, cultural, social? ¿Tengo mentalidad clasista?

    ¿Sólo hablo con los que me caen bien o piensan como yo?¿Hago juicios internos de descalificación que me aíslan de los demás? ¿Llevo signos externos que me separan de ellos? ¿Sé potenciar lo que une, más que resaltar lo que separa?

  • Tener la humildad de pedir consejo para aprender a estudiar. Hay que fiarse de lo que las indicaciones que nos dan personas con experiencia: nadie nace sabiendo.

  • Trabajar siguiendo un horario previsto, estudiando primero lo más importante, no lo que más gusta o resulta más fácil.

  • Esforzarse para profundizar en lo que se estudia, procurando comprender: no basta con memorizar.

  • Al acabar de estudiar, se puede ofrecer a Dios el esfuerzo de dejarlo todo ordenado: eso ayuda a los demás.

  • Aprovechar el tiempo del que se dispone. Un ensayista español recomendaba ser traperos del tiempo: leer en la guagua o el autobús, llevarse un libro a la consulta del dentista…

  • Luchar contra la pereza activa: más vale estudiar intensamente cuatro horas y descansar luego -haciendo deporte y saliendo con sus amigos- que pasarse siete horas sin concentrarse, charlando con unos y otros, y dejándolo todo a medio hacer: en ese tiempo ni se estudia ni se está con los amigos.

  • Luchar contra la imaginación y los sentimientos: la falta de ganas, el miedo a los exámenes, las malas experiencias, la sensación de que “no avanzo”, etc.

 

Estudiar con responsabilidad social

  • A medida que se estudia un cristiano va sensibilizándose ante los grandes problemas de la sociedad, con la perspectiva cristiana propia de la Doctrina social de la Iglesia: salario justo, derecho a la huelga, solución al paro, remedios contra la pobreza, búsqueda de la paz etc.


    Para eso se necesita tener deseos de conocer la realidad de lo que pasa y cultivar una cabeza cristiana.

    Estas preguntas pueden ser útiles, como autotest para muchos jóvenes: ¿Hablo, sigo la prensa, leo libros sobre temas de interés? ¿Me aíslo de los problemas reales y me encierro en mi torre de marfil? (videojuegos, novelas de ciencia-ficción, juegos de rol, imaginaciones, fantasías, etc.). ¿Caigo en la frivolidad de no hablar de “cosas serias” o reírme de las amigas o amigos que tienen intereses culturales?

    Hablar sólo de deporte, de música, etc. puede significar frivolidad y egoísmo, falta de afán por dar –como cristiano- una respuesta responsable y personal ante los grandes problemas del mundo. ¿Conozco la doctrina social de la Iglesia?


  • Estudiar cada día las horas que se deben estudiar es la mejor respuesta; la mejor forma para solucionar los problemas sociales y la justicia en el mundo. No tendría sentido dedicarse a labores de voluntariado con el deseo teórico de combatir la pobreza y ser un vago en el estudio. El primer medio para combatir la pobreza y para promover la justicia y la paz durante los años en que uno es estudiante, es prepararse profesionalmente bien para ejercer la propia profesión del futuro. Y eso se concreta en el afán de saber y sacar buenas calificaciones.

 

 


IV. La ilusión profesional y el descanso.

 

Es importante cultivar la ilusión profesional.

Decía Juan Pablo II a un grupo de universitarios :os invito a cultivar durante los años fecundos de los estudios (…), la justa pasión profesional y enriquecerla con un anhelo de santidad. Dios os habla en el trabajo y el trabajo diario contiene todo el léxico de vuestra respuesta. (Discurso del 11-IV-95)

Cultivar la ilusión profesional significa para una joven, para un joven que desea llevar una vida intensamente cristiana:

  • Soñar, pensar con qué trabajo profesional podremos dar más gloria a Dios en el futuro, con el que podremos servir más eficazmente a la sociedad y desarrollar mejor los talentos que nos ha dado Dios. ¿Qué me interesa en el futuro? ¿Ganar mucho dinero, como un fin en sí mismo? ¿Destacar, sólo por destacar y ser famos@? ¿Llevar una vida lo más cómoda posible? ¿Qué ideales humanos y espirituales tengo?

  • No hay que confundir la ilusión profesional con la simple autoafirmación personal, que es legítima, pero insuficiente si no va unida al afán de servicio, al deseo de mejorar el mundo y dar gloria a Dios.

Sentido del descanso. Sería un desorden pasar de grandes periodos de trabajo a grandes periodos de descanso: estudiar intensamente de mayo a junio y no hacer absolutamente nada durante julio y agosto.

Hay que aprender a estudiar cada día lo necesario y descansar lo necesario, con equilibrio. Eso significa trabajar y dormir las horas necesarias, ni más ni menos. Quedarse a estudiar habitualmente hasta muy tarde no es signo de trabajo en muchas ocasiones, sino signo de desorden o de pereza: hay una pereza activa que lleva a hacer en cada momento lo que apetece y no lo que se debe.

Lee Iacocca, primer ejecutivo de la Ford y la Chrysler, decía: «No puedo menos que asombrarme ante el gran número de personas que, al parecer, no son dueños de su agenda. A lo largo de estos años se me han acercado muchas veces altos ejecutivos de la empresa para confesarme con un mal disimulado orgullo: “Fíjese, el año pasado tuve tal acumulación de trabajo que no pude ni tomarme unas vacaciones”. Al escucharles, siempre pienso lo mismo. No me parece que eso deba ser en absoluto motivo de presunción. Tengo que contenerme para no contestarles: “¿Serás idiota? Pretendes hacerme creer que puedes asumir la responsabilidad de un proyecto de ochenta millones de dólares si eres incapaz de encontrar dos semanas al año para pasarlas con tu familia y descansar un poco?”.»

 

 

 


 

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