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          Querida Mamá:

 

No espero que te acuerdes de mí, aunque probablemente todavía no me habrás olvidado. Me llamo... bueno, a decir verdad, nunca decidisteis qué nombre me ibais a poner. Supongo que era demasiado pronto, aunque al final, quizá me hubiéseis puesto el nombre del abuelo...

No sé muy bien porqué te escribo esta carta. Quizás sea porque te sigo queriendo, aunque nunca llegaré a darte ese abrazo y ese beso que sin duda te mereces. Porque creo que, en el fondo, tú también me quieres.

No te pregunto porque lo hiciste. Sé que tu cabeza, en aquellos momentos, era un caos. No sabías que hacer. Es lógico. Pero no sé... a veces pienso y me pregunto si no había otros caminos, otras maneras...


Aunque papá se fue y nunca quiso conocerme... ¡los dos hubiéramos podido ser tan felices! Sé que es difícil confiar en alguien cuando todo el mundo te señala, cuando la gente te empieza a abandonar, pero siempre te quedaba la abuela; ella nunca te hubiera dejado sola. Era tu madre. Quizás estabas asustada...

En los pocos meses que pude conocerte aprendí mucho de ti. Y estaría encantado de haber podido aprender más. Y sé que, por mucho que te dijeran que estabas haciendo lo mejor dejándome, a ti te costaba creerlo. Por mucho que te intentaran manejar, te resististe durante un tiempo...

Fue sólo algunas semanas, pero eso... ¡me hace sentirme casi como si estuviera vivo!

A veces me pregunto en qué colegio hubiera estado y qué amigos hubiera tenido si me hubieses dejado... Pienso en mis cumpleaños, en mi primer beso, en mi primer trabajo, en mi boda... pero sobre todo, pienso en ti. E
n esos momentos me pongo triste, pero... no puedo llorar. ¡Si supieras cuánto me hubiera gustado conocerte!

Ya lo sé: no hay vuelta atrás. Nunca podré estar allí contigo. Nunca podré nacer. Por eso hoy, en el que hubiera sido el día de mi nacimiento, me gustaría decirte, sencillamente, que en el futuro no vuelvas a tener miedo, porque hubieras sido una madre estupenda para mí... y porque yo hubiera intentado ser un buen hijo, aunque sólo fuera por verte sonreír. 

Espero que a partir de ahora confíes más en ti misma. Y nada más,
Mamá: antes de despedirme, quiero decirte que te perdono... y que te quiero.

Tu hijo

 

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