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Algunas orientaciones
sobre las llamadas "drogas blandas"


 













La prensa da noticia con frecuencia del uso habitual de drogas de diversas clases por jóvenes y adolescentes, de forma tanto personal y colectiva, en colegios, fiestas, discotecas, etc.

Con las preguntas y respuestas siguientes se intenta clarificar algunos conceptos. En la fotografía, un cartel de una campaña antidroha.
 

 

¿A qué se llama droga?

Habitualmente, se llama droga a toda sustancia, susceptible o no de aplicaciones médicas, que se usa (por autoadministración) para fines distintos de los legítimos en medicina, y que puede producir una modificación -fisiológica o psíquica- en el organismo humano.

 

¿Qué producen las drogas?

Las drogas producen un estado físico o psíquico que puede resultar placentero, o desagradable. En el primer caso suelen llevar progresivamente a la necesidad de administrar dosis más altas, creando una situación de dependencia en el consumidor.

 

¿A qué se llama "dependencia de la droga"?

La dependencia es una necesidad más o menos irresistible o imperiosa, de origen bien físico, bien psíquico, o de ambos, de seguir consumiendo la droga que la generó. Se manifiesta de modo estentóreo cuando se interrumpe repentinamente la administración de la droga, produciéndose entonces lo que se conoce como el síndrome de abstinencia.

 

¿Qué manifestaciones tiene el "síndrome de abstinencia?

Las manifestaciones de este síndrome varían mucho de unos sujetos a otros (en función de la edad, tolerancia a la droga, tipo de sustancia, etc.); en todos, sin embargo, aparecen alteraciones psicopatológicas más o menos importantes e incluso graves. La dependencia es a veces tan fuerte que el drogadicto se siente arrastrado a emplear todos los medios, lícitos o ilícitos, para satisfacer la necesidad que tiene.

¿Cuáles son las drogas blandas?

En el lenguaje común se designa con el nombre de drogas blandas a la marihuana, haschish, anfetaminas y a algunos analgésicos y tranquilizantes.

¿Qué es el porro?

Lo que en algunos sitios se denomina porro, no es otra cosa que la marihuana o el haschish consumido como cigarro.

¿Fumar un sólo porro genera adicción?

Si se hace en una dosis pequeña, no suele originar ninguna predisposición o necesidad de seguir consumiendo droga. Los efectos que produce, cuando es consumida por personas normales -cosa muy poco frecuente- son autocontrolables, aunque también aquí hay excepciones en el modo de responder el sujeto.

Pero no conviene olvidar que el uso de la droga está ordinariamente en relación con conflictos y dificultades de la personalidad y con problemas morales; es difícil que una persona centrada en la vida, equilibrada y con costumbres sanas, caiga en este deseo de probar lo que sabe que con facilidad puede tener graves consecuencias.

En cualquier caso, es preciso dar a conocer el peligro que supone iniciarse en el consumo de esos productos -por curiosidad o desconocimiento de sus efectos- pensando falsamente que las drogas blandas son inofensivas.

¿ Cómo se pasa a la adicción?

No resulta fácil determinar el momento en que se pasa de la administración más o menos periódica al uso continuado o abuso de la droga: depende de las personas, de las cantidades ingeridas y de la periodicidad de su uso y de la composición de las sustancias empleadas -cuestión ésta imposible de conocer, en la práctica, dado el carácter clandestino del mercado-.

Dado que el organismo se acostumbra a la droga, para que ésta produzca sus efectos (v. gr., los que se consiguen con el uso) es necesario que su administración se haga en mayores dosis y con una frecuencia más repetida. A este fenómeno se le denomina tolerancia; el organismo necesita progresivamente una mayor dosis -una vez que se ha habituado a esa sustancia- para que él sujeto obtenga las mismas sensaciones.

El sujeto, en consecuencia, se hace cada vez menos dueño de sí; la droga aumenta su tiranía y se está en camino de pasar a depender de ella, con peligro próximo de intoxicación. Las personas que han comenzado a tener uso continuado suelen sentir una profunda incomprensión con respecto a quienes les advierten de la inmoralidad de su conducta.

Esta incomprensión es preciso salvarla con la clarificación oportuna, hecha desde un punto de vista ético y médico. La medicina muestra que los efectos de la marihuana son graves, a pesar de su promoción como inocua e incluso -afirman con falsedad- menos grave que el alcohol y el tabaco.

¿Qué es la intoxicación?

Es el estado o situación producida por el abuso de la droga. Las repercusiones en el organismo -como se ve en la descripción de los efectos (cfr. más adelante)- son muy graves, llegando en ocasiones a producir la muerte. No hay que olvidar la potenciación de sus efectos con alcohol, barbitúricos y otras drogas.

¿Los e fectos de las drogas blandas son siempre los mismos?

Son parecidos. De ahí que, aunque puedan corresponder a diversas drogas (marihuana, haschish, anfetaminas, etc.), los enumeramos conjuntamente.

Los efectos que produce la administración de la droga en dosis normales (no altas) y cuando ésta se toma en dosis única o sin llegar al abuso son:

-Estado de ánimo: En un primer momento, sensación de bienestar; facilidad de expresión verbal; y cambios cualitativos en las capacidades perceptivas y sensoriales. Después, cuando se pasa el momento eufórico, depresión psíquica, disforia, fatiga.

-Capacidad de trabajo: Mayor rendimiento en aquellos sujetos que cuando la toman se encuentran sin fatiga; exaltación o inhibición de ciertas destrezas psico-motoras; reduce la fatiga y el insomnio.

-Sexualidad: Aumento de la sensibilidad, particularmente en las mujeres, inicialmente, pero enseguida se sigue de embotamiento, apatía, frigidez. Si las dosis son altas, en los varones puede producirse impotencia. Aumento de la fantasía.

-Audición: Reduce la agudeza auditiva.

-Sistema cardiovascular: Taquicardia; ascenso de la tensión arterial; vasoconstricción periférica;

-Irrigación cerebral: Vasoconstricción de. las arterias cerebrales.

 

Hay gente que toma droga para entonarse...

En realidad, lo que muchas veces se oculta tras ese pretexto es una depresión leve o ciertas crisis de ansiedad y desesperanza ante las frustraciones de cada día que el sujeto tolera muy mal.

Sin embargo, no se valoran desde un punto de vista moral efectos como la apatía, la depresión psíquica, la disminución de la capacidad de concentración, los riesgos de incurrir en pecados de lujuria, no sólo por el efecto afrodisíaco de algunas de ellas, sino por la obnubilación de conciencia que producen.

¿Qué efectos que produce el uso habitual de la droga?

-Estado de ánimo: Disminución de la tolerancia al efecto eufórico. Disforia creciente: ánimo deprimido; irritabilidad; suspicacia; fobias; apatía. Cambio brusco hacia psicosis paranoide.

-Rendimiento: Disminución progresiva del rendimiento. Disminución de la memoria y de la capacidad de concentración.

-Estado vigil: Reduce la sensación de fatiga durante los estados de privación de sueño.

-Sexualidad: Gradual reducción de la excitabilidad sexual en los varones: tendencia a la impotencia. Hiperexcitabilidad o frigidez sexual en las mujeres, según los casos.

Como consecuencia, se tiende a aumentar la dosis y la periodicidad en el consumo de la droga, a fin de conseguir los efectos (en el fondo, son -dicen algunos- sólo sensaciones) propios del estado de euforia motivados por su administración. Las personas que se encuentran en esta situación tienden a infravalorar los aspectos negativos que han quedado señalados, ayudándose para eso de los comentarios de otros iniciados que le arropan y le hacen muy difícil escapar de esa dependencia.

No debe omitirse, entre los efectos, la desorganización considerable de la estructura de la personalidad que somete la inteligencia a la servidumbre de las llamadas sensaciones'' , no siempre placenteras, y aniquila la capacidad motivadora de cualquier ideal o valor, haciendo imposible vivir la virtud de la templanza y otras virtudes'.

 

¿Y qué efectos produce en una persona intoxicada, "enganchada" a la droga?

-Psicosis paranoide: Alucinaciones auditivas y visuales. Delirio paranoide sin estado confusional. Gran estado de ansiedad. Impulsividad. Agresividad. Actos homicidas.

-Conducta estereotipada: Actos compulsivos de tipo repetitivo, descuidando el propio cuerpo, ingiriendo un único tipo de alimentos, etc.

-Síndrome coreico: Hipotonía muscular en extremidades. Movimientos involuntarios faciales, de manos, cabeza (rotación, flexión, extensión).

-Síndrome de excitación: Cuadro de excitación psicomotora acompañado de aumento de presión sanguínea. Taquicardia. Hipertemia. Dilatación pupilar. Piel pálida y fría. Evolución a cuadro letal por colapso circulatorio, etc.

-Síndrome disautonómico: Gran ansiedad. Taquicardia motora. Piel pálida. Náuseas; vómitos. Convulsiones generalizadas. Coma. Shock cardiovascular.

-Accidentes cerebrovasculares: Hemorragia cerebral. Cefalea intensa. Hemiparestesia. Hemiparesia.

-Conductas desajustadas y antisociales: El uso habitual de drogas blandas bloquea a nivel del sistema nervioso la relación que articula nuestros actos con sus consecuencias. Lo que antes era una fuente motivadora, se muda ahora en indiferencia. Incluso después de seis meses o un año de dejar de consumir estas sustancias el indiferentismo, la apatía y el aburrimiento persisten. Nada apetece y nada satisface. Es muy difícil que algún trabajo se destaque como una tarea con sentido, o que satisfaga mínimamente. Las conductas desajustadas y socialmente desadaptadas o antisociales sulen ser una constante en este periodo de deshabituación, que puede prolongarse durante uno o varios años.

 

¿Cuándo se puede decir: esta persona es toxicómana?

Las características de una verdadera toxicomanía, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), son:

1. Deseo invencible de continuar el consumo de la droga, procurándosela por cualquier medio.

2. Tendencia a aumentar la dosis (fenómeno de tolerancia).

3. Dependencia psicológica y en algunos casos física.

Tolerancia es un conjunto de cambios fisiológicos ocurridos en el organismo bajo el influjo de la droga, por los cuales disminuye la susceptibilidad a ésta y es preciso aumentar las dosis para obtener los mismos efectos.

Dependencia psicológica es la necesidad anímica de continuar tomando la droga, de modo que si se suspende el consumo aparecen trastornos psicológicos más o menos graves.

Dependencia física es un estado de hiperexcitabilidad latente del sistema nervioso que se manifiesta al suprimir la droga, en forma de múltiples reacciones somáticas que se conocen con el nombre de síndrome de abstinencia.

Síndrome de abstinencia es el conjunto de alteraciones, signos y síntomas que aparecen al suprimir la droga.

 

¿Qué orientaciones morales se pueden dar sobre esta situación?

En primer lugar, conviene recordar que el hombre, por su condición de criatura, no tiene dominio absoluto sobre su cuerpo y salud corporal. Es sólo su administrador -no se pertenece a sí mismo-, debiendo actuar siempre de acuerdo con esa condición.

El hombre es una unidad somato-psíquica; una unidad de cuerpo y alma (Gaudium et spes, n. 14). En consecuencia, existe una mutua influencia e interdependencia dentro de la actividad humana: es -y- el mismo y único sujeto de operaciones a lo largo de toda la vida; entre los diferentes principios próximos de operaciones hay una mutua interacción: v.gr., el conocimiento influye en la voluntad y al revés; la constitución corporal y el estado de salud influyen en las diversas actividades, etc.

Además, el hombre ha sido, todo él, redimido por Cristo y constituido en templo del Espíritu Santo. Con una dignidad nueva -la de hijo de Dios-, que en estrecha y maravillosa unidad con aquella primera y radical de criatura -a la que asume y trasciende- ha de ser tenida siempre en cuenta a la hora de actuar.

 

De estos principios más generales, se deduce como consecuencia:

a) El valor e importancia de la salud y vida corporal. De ella depende, en definitiva, que el hombre pueda tender a su último fin, supuestas, naturalmente, las demás condiciones necesarias.

b) La necesidad de que el hombre, por un lado y negativamente, no ponga en peligro su vida -tampoco la racional: sólo la actividad humana es moral y capaz de conducirle al fin último-, ni la malogre o malgaste; y por otro lado -y positivamente- la conserve y la haga fructificar. Ha de dar cuenta de ella a Dios, su Creador y Redentor. Evidentemente, una y otra cosa -conservarla y no ponerla en peligro- ha de hacerse, en las situaciones normales y comunes, por los medios ordinarios. A los extraordinarios, por lo común, no está obligado; sin embargo, pueden darse títulos que sí lo exijan.

c) La vida corporal y la salud, al no ser valores absolutos ni los más grandes que el hombre posee, pueden exponerse al peligro de menguarse y hasta perderse, pero sólo si así lo piden causas justas y graves que justifiquen esa actitud. Nunca, como es claro, deberá hacerse imprudentemente, o sin motivos honestos y proporcionados.

d) La determinación de la moralidad de uno y otro caso -en el caso de la vida corporal o vida racional- deberá regirse, según las distintas hipótesis, por el principio de totalidad, por el de las acciones de doble efecto, por el orden de la caridad, etc. Además, dada la sociabilidad del hombre, en los actos externos deberá atenderse al posible escándalo e inducción al mal que de esos actos puede seguirse.

A la hora de hacer una valoración moral, hay que advertir en primer lugar que, aunque aglutinadas bajo el mismo nombre, cada droga actúa de modo peculiar; y dentro de cada una, hay que tener en cuenta la dosis (así, por ejemplo, la concentración del principio activo de la marihuana, el Delta-9-Tetrahidrocannabinol, que es consumido en algunos países, varía entre el 0'5/6 y el 20, según los casos), el modo de administración, las experiencias previas y el estado emocional del sujeto, así como todas las circunstancias externas.

Todo esto influirá obviamente en el grado de su malicia moral, como igualmente afectará si se trata del uso esporádico, del uso habitual o de la intoxicación.

Uso esporádico. Aunque tomar una droga blanda no suele producir alteraciones graves en el organismo, en principio debe decirse que tal acto constituye una transgresión moral grave, ya que es ponerse en peligro de pecado, que puede ser grave, por atentar a la salud psíquica, reforzar la propensión a la impureza, ser ocasión de escándalo y constituir un peligro próximo de deslizarse por el camino del vicio.

Además, se infringen leyes civiles -con raíces y repercusiones muy directamente morales-, cuya transgresión suele ser civilmente delito grave.

Lo primero que habría que cuestionar es el mismo nombre: la denominación de blanda parecería indicar una inocuidad en su uso moderado, cuando en realidad no parece ser así, y recientes investigaciones ponen de manifiesto su peligrosidad. El Papa Juan Pablo II, hablando de este tema se ha referido a aquellas drogas definidas erróneamente como ligeras (Homilía, 9-VIII-1980).

Conviene destacar, por ejemplo, que hasta hace poco la inocuidad de la marihuana era juzgada sólo atendiendo a los efectos fisiólogicos, pero recientes investigaciones ponen de manifiesto la gravedad de los efectos psicológicos, sobre todo en un momento delicado como es la crisis de la adolescencia. Los síntomas más insistentes del uso de la marihuana son la apatía, la depresión, las obsesiones y las ideas fijas y, en casos extremos, la tentativa de suicidio. Estos síntomas desaparecen cuando se deja de usar la droga, aunque la recuperación es muy lenta en los que han tomado marihuana durante dos años seguidos.

Téngase en cuenta igualmente la estrecha relación droga-delincuencia, como ponen de manifiesto todos los estudios recientes sobre el tema. Esa relación no es absoluta, pero puede afirmarse que el estupefaciente actúa decisivamente en el individuo, modificando su voluntad de manera que se vuelve más propenso a conductas antisociales

En resumen; el uso esporádico de las drogas blandas, aunque en algún caso, más abstracto que real, podría constituir sólo pecado leve, en concreto es sin duda grave. Esta gravedad suele aumentar por las circunstancias; por la edad (adolescentes y jóvenes), por la fínalidad de su uso (fuga existencial, facilidad para cometer pecados contra la castidad, etc.), por los ambientes en que se consume, por el riesgo moral que comporta tomar contacto con el tráfico de drogas y la cooperación aunque fuese remota con esos ambientes, etc.

El tema se agrava aún más cuándo se trata de adolescentes que se inician en la droga en ambientes festivos con pandillas de amigos, etc., donde, aparte de la culpabilidad personal, se contribuye a que otros se inicien en ella, con el consiguiente pecado de escándalo y de cooperación al mal.

 

Uso habitual. Existe claramente -por lo menos a partir de un cierto momento- el peligro próximo -la certeza moral- de pasar a depender de la droga. En tal caso, hay un uso indebido de la propia vida y de las propias facultades.

Por lo dicho anteriormente, este abuso debe ser considerado como transgresión en materia grave: no sólo no se conserva la salud y el dominio racional completo de los propios actos, sino que se está en peligro más o menos próximo de efectos moralmente graves (vid. los efectos de la intoxicación) contra uno mismo y contra terceros.

 

Intoxicación. Después de lo dicho a propósito del uso habitual y conociendo los efectos negativos, es clara la respuesta respecto a su valoración moral.

 

¿No puede considerarse el uso de la droga blanda de forma semejante al uso del alcohol?

Afirmó Juan Pablo II en su Discurso del 23-XI-1991, n. 4

Existe, ciertamente, una clara diferencia entre el recurso a la droga y el recurso al alcohol: en efecto, mientras que un moderado uso de este último como bebida no choca con prohibiciones morales y sólo su abuso es condenable, el drogarse, por el contrario, siempre es ilícito porque comporta una renuncia injustificada e irracional a pensar, querer y actuar como personas libres (...).

No se puede hablar de la libertad de drogarse ni del derecho a la droga porque el ser humano no tiene derecho a dañarse a sí mismo ni tampoco puede ni debe abdicar nunca de la dignidad personal que le viene otorgada por Dios.

Estos fenómenos -siempre hay que recordarlo- no solamente perjudican al bienestar físico y psíquico, sino que frustran a la persona precisamente en su capacidad de comunión y de donación


 

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