Tras su primer destino pastoral en Perdiguera, el 18 de mayo de 1925 san Josemaría regresó a Zaragoza. Se ocupó de una capellanía en la iglesia de San Pedro Nolasco y desarrolló diversas tareas pastorales.
Durante ese periodo, entre otras actividades pastorales, atendió una catequesis para niños de los suburbios de Zaragoza, como haría durante muchos años después en Madrid.