"Durante el tiempo que pasé en Zaragoza -recordaba el Fundador del Opus Dei- haciendo mis estudios sacerdotales, mientras frecuentaba las aulas de la Facultad de Derecho civil, mis visitas al Pilar eran por lo menos diarias.
Como tenía amistad con varios clérigos que cuidaban de la Basílica, pude un día quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas.
Me dirigí hacia Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre".