ALGUNAS AFIRMACIONES DEL FUNDADOR DEL OPUS DEI SOBRE LOS JUDIOS Y TESTIMONIOS DE ALGUNAS PERSONALIDADES JUDÍAS SOBRE EL OPUS DEI Y SU FUNDADOR
El fundador del Opus Dei tuvo los brazos abiertos, como sacerdote católico, hacia las personas de todas las religiones: judíos, musulmanes, cristianos de las diversas ramas protestantes, etc. Muchas de esas personas son cooperadoras del Opus Dei.
Palabras de san Josemaría Escrivá sobre los judíos
Tertulia en Tabancura (Chile). 5 de Julio de 1974
-“Padre, yo soy judía”
-“Mira, yo te voy a decir una cosa que te va a dar mucha alegría. Yo…, y lo he aprendido de este hijo mío, (señala a Don Álvaro del Portillo), tengo que decirte que el primer amor de mi vida es un hebreo: Jesús, Jesús de Nazaret. ¡De tu raza! Y el segundo, María Santísima, Virgen y Madre, Madre de ese hebreo y madre mía y madre tuya. ¿Va bien así?
-“Sí Padre.”
Encuentro en Venezuela, 1975.
Existe un documento fílmico.
En un encuentro con Josemaría Escrivá en Altoclaro (Caracas, Venezuela), celebrado el 14 de febrero de 1975, al que asistían cinco mil personas, un hombre de mediana edad se levantó desde el público para hacerle una pregunta:
—“Gracias Padre. Padre yo soy hebreo...”
—“Yo amo mucho a los hebreos—dijo inmediatamente el fundador del Opus Dei—, porque amo a Jesucristo con locura, que es hebreo. No digo era, sino es: Iesus Christus heri et hodie, ipse et insaecula. Jesucristo sigue viviendo, y es hebreo como tú.
Y el segundo amor de mi vida es una hebrea, María Santísima, Madre de Jesucristo. De modo que te miro con cariño. Sigue.”
—“Yo creo que ya la pregunta está respondida, Padre” —concluyó su interlocutor.
Declaraciones de personalidades judías sobre el Opus Dei
- Ben Haneman es médico y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de New South Wales. Actualmente, vive en Sidney, Australia. Es cooperador del Opus Dei, sobre el que ha afirmado:
"Por ser judío, creo en Dios y, por tanto, en el hombre y su espiritualidad. Cualquier iniciativa guiada por motivos espirituales más que materiales, tiene automáticamente mi ayuda.
En las labores educativas promovidas por personas del Opus Dei encontré hombres y mujeres preparados que desempeñan su trabajo con este fin: inyectar vida espiritual a este mundo nuestro.
Congenio muy bien con este ideal. Ser cooperador ha sido para mí una gran ayuda, mi vida se ha enriquecido y no me ha supuesto ningún problema con respecto a mi condición de judío".
- Ana Schuster comentaba en una carta remitida al diario La Nación, de Buenos Aires el 14 enero de 1992.
"Con referencia a la relación de monseñor Escrivá de Balaguer con los judíos, mencionada en una nota aparecida en La Nación el 9 de enero, querría aportar mi testimonio personal. En 1970 viajé a Israel para visitar y pasar una temporada con mi familia. Mi madre y una hermana vivían en Tel Aviv. En Jerusalén tenía a mi hija, su marido y dos nietas, una hermana y varias sobrinas.
Me detuve unos días en Roma para asistir a una audiencia con monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, pues deseaba editar su libro 'Camino' en hebreo; estaba trabajando sobre una traducción anterior, con bastantes imperfecciones, para poder editarlo.
No bien nos sentamos, me preguntó con sumo interés por mi familia, si se encontraban todos bien y contentos. Luego me dijo: 'Yo quiero mucho a los judíos; mis tres grandes amores son judíos: Jesús, María y José. Tengo varios amigos judíos, que practican su religión, a quienes quiero muchísimo y lo mismo ellos sienten eso por mí; sé que no se convertirán'.
Elogió mucho las virtudes de mi pueblo y me repitió varias veces que debía querer mucho a los míos. Al final, me dijo que bendeciría la obra que estaba realizando".
- Viktor E. Frankl, prestigioso psiquiatra judío, autor de El hombre en busca de sentido, donde relata sus terribles experiencias en un campo de concentración nazi, escribió esta carta sobre Josemaría Escrivá.
Viena, 5-VIII-1975
Debo al profesor Torelló que Monseñor Escrivá de Balaguer nos recibiera a mí y a mi mujer, y el haber tenido así ocasión de hablar con él un rato.Si debo decir lo que de su persona me fascinó particularmente fue ante todo la serenidad refrescante que de él emanaba e iluminaba toda la conversación; después, el ritmo inaudito con que su pensamiento fluye y, finalmente, su asombrosa capacidad de contacto inmediato con sus interlocutores. Evidentemente Monseñor Escrivá vivía totalmente en el instante, se abría a él completamente y se entregaba a él del todo. En una palabra, para él debía poseer el instante todas las cualidades de lo decisivo (‘Kairos-Qualitätem’)
- Julian L. Simon, Judío, profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Maryland, doctor Honoris Causa por la Universidad de Navarra. El 22-IX-1997 dirigió esta carta al Editor del Washington Post Book World:
Las personas del Opus Dei que conozco nunca me han preguntado por mis creencias religiosas. Creo adivinar dos razones para su comportamiento: 1) la delicadeza, porque saben que soy judío; y 2) la sensación de que soy una persona irreligiosa por naturaleza. Ellos simplemente me tratan como una persona de bien que les ha provisto de unos conocimientos científicos que encuentran valiosos.
Párrafos de su discurso con motivo del nombramiento de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Navarra.
El Señor Todopoderoso se manifestó como Creador de la Humanidad haciendo su trabajo durante seis días. Según la tradición de Israel, el instrumento de trabajo con que ralizó su labor es su Verbo, la Torah, anterior a la Creación misma, pero esencia del Creador. Toda la Creación fue hecha para goce y regocijo del ser humano, que lleva la imagen y semejanza de Dios. Y la obra del Creador finalizó con la creación del descanso llamado Shabbat. “Se trabajará seis días, pero día séptimo será día de descanso completo, dedicado a Yavé... Los hijos de Israel guardarán el sábado y lo celebrarán por todas las generaciones... Será entre mí y ellos una señal perpetua, pues en seis días hizo Yavé los cielos y la tierra, y el séptimo día cesó en su obra y descansó” (Éxodo, XXXI, 15-17).
Como precepto más sagrado de la religión judía, la observancia del descanso sabático está basada, pues, en el deber de trabajar durante seis días, los mismos que había durado la Creación. Según el Génesis, Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cuidase y cultivase. Por tanto, considerado en su origen, el trabajo no es un castigo, sino un deber que lleva consigo la bendición divina.
Esto es lo mismo que nos dice Mons. Escrivá de Balaguer en el número 482 de su libro Surco: “El trabajo es la vocación inicial del hombre; es una bendición de Dios, y se equivocan lamentablemente quienes lo consideran un castigo. El Señor, el mejor de los padres, colocó al primer hombre en el Paraíso ut operaretur, para que trabajara”.
Cuando el cuarto precepto del Decálogo dispone (Ex. XX, 9 y s.): “Seis días trabajarás, y en ellos harás todas tus obras; pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios”, está dejando muy claro que no es posible cumplir con el precepto del Shabbat si no se ha cumplido antes el deber de trabajar.
Cumplir bien este deber es tanto como santificar el trabajo, y con ello actuar el hombre según su condición de imagen y semejanza de Dios. Así lo explica también el Beato en el núm. 520 del mismo libro: “Algunos se mueven con prejuicios en el trabajo: por principio, no se fían de nadie y, desde luego, no entienden la necesidad de buscar la santificación de su oficio. Si les hablas, te responden que no les añadas otra carga a la de su propia labor, que soportan de mala gana, como un peso.–Esta es una de las batallas de paz que hay que vencer: encontrar a Dios en la ocupación y -con Él y como Él- servir a los demás”.
En hebreo, la palabra correspondiente a “trabajo” –avat– se aplica también al culto religioso; de tal manera que entendemos la adoración como trabajo santo, y el trabajo mismo como santa adoración. En Pirke Avot, el tratado ético del Talmud, Rabi Shimon el Justo dice: “Sobre tres pilares se sostiene el mundo: la Torah [Ley, Luz, Verbo Divino, Pentateuco]; la Avoda [trabajo, culto divino, servicio], y la práctica del bien entre los hombres”. Este pincipio talmúdico nos está dejando claro que el verdadero servicio a Dios se logra a través de la santificación del trabajo diario.
Por su parte, el Beato relaciona el trabajo con la oración cuando en Surco, núm. 497, dice: “Trabajemos, y trabajemos mucho y bien, sin olvidar que nuestra mejor arma es la oración. Por eso, no me canso de repetir que hemos de ser almas contemplativas en medio del mundo, que procuran convertir su trabajo en oración”.
En otro párrafo del tratado antes citado, Rabi Tarfón escribe: “El día es corto; el trabajo, inmenso; los obreros, indolentes; el salario, considerable, y el Empleador [divino], exigente”. Por ello se entiende que Mons. Escrivá de Balaguer diga en el núm. 49 de Forja “Cualquier trabajo, aun el más escondido, aun el más insignificante, ofrecido al Señor, ¡lleva la fuerza de la vida de Dios!”.
- Rabino Prof. Angel Kreiman Brill Argentino. Presidente de la Confraternidad Judeo-Cristiana de Chile y delegado para Hispanoamérica del International Council of Christian and Jews. Abogado, doctor Honoris Causa en Teología por el Seminario Teológico de América. Residió en Argentina hasta el fallecimiento de su esposa a causa del atentado contra la sede de la AMIA, Institución central de la Comunidad Judía de Argentina. Luego se trasladó a Chile, donde fue Gran Rabino durante veinte años. Es Cooperador del Opus Dei. Ha escrito:
«Me motiva de manera especial la idea de santificar el trabajo y hacer presente a Dios, en cada una de nuestras actividades tratando de perfeccionarnos y perfeccionar la obra del Creador por ser nosotros cocreadores o socios de Dios en la obra de la creación».
- Jacobo Camhi, hijo de Samuel Camhi Ley, Empresario judío guatemalteco.
Relata Jacobo Camhi en el libro de memorias de Antonio Rodríguez Pedrazuela, las razones que motivaron a su padre ser Cooperador del Opus Dei.
“Cuando creó la Fundación Samuel Camhi puso una condición expresa: que la formación moral de Junkabal se encomendase al Opus Dei. '¿Por qué hizo eso? -me preguntan a veces-. Ninguno de ustedes son católicos'. Es cierto, todos nosotros somos hebreos de raza y de religión; papá vivió y murió judío; pero sabía que de ese modo se garantizaba en Junkabal un ambiente sin discrimaciones. 'Si allí está el Opus Dei -pensaba- habrá libertad religiosa'.
Hace tiempo hice una escultura para Junkabal: son dos manos que arropan y protegen a un niño desvalido. Son las manos de papá. Quise expresar cual era el oriente de su vida: ayudar a los que trabajan con los más necesitados. En una ocasión visitó a Monseñor Escrivá, que le agradeció la ayuda que prestaba.
Entonces papá le dijo: 'Monseñor, yo quiero recordarle, en primer lugar, que no soy católico. Y en segundo lugar... ¡que soy judío!' Pero para Monseñor eso no significaba ninguna barrera. '¡Ven a mis brazos!' le dijo, mientras le abrazaba.
A partir de entonces Monseñor nos escribía siempre; por el cumpleaños de papá o en fechas especiales. Y afirmaba papá que nunca nadie le había tratado con tanto cariño. Cfr. RODRÍGUEZ PEDRAZUELA, A. Un mar sin orillas. El trabajo del Opus Dei en Centroamérica, Rialp, Madrid, 1999, pág. 196.
- Simón Hassán Benasayag, Presidente de la Comunidad Israelita de Sevilla en 1992).
“ Por lo que me consta, el fundador del Opus Dei no habló nunca mal de los judíos”.
Cfr. “Respeto a la verdad”, artículo publicado enABC (Sevilla), 12-I-1992, pág. 40.
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