Escrivá ante Franco

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Hablándole de la muerte a Franco en 1946

En 1946 Leopoldo Eijo y Garay, Obispo de Madrid encargó a Escrivá que predicara a Franco y a su esposa unos ejercicios espirituales. Esto era entonces algo común, y cada año fue haciendo ese encargo a diversos sacerdotes del país. Y era algo a lo que no podía negarse por su condición de sacerdote con "los brazos abiertos para acoger a todos: a los de la izquierda, a los de la derecha y a los del centro".

Los ejercicios duraron del 8 al 12 de abril de 1946 y escribe el historiador alemán Peter Berglar que Escrivá:

"consideró que no le vendría mal una meditación sobre la muerte. El Jefe del Estado escuchó con atención sus consideraciones espirituales sobre este punto y dijo que, desde luego, había pensado alguna vez en este asunto, y que tenía tomadas las medidas oportunas. Se ve que en aquel momento la muerte para él significaba fundamentalmente un problema político...

Más tarde, cuando el Obispo de Madrid tuvo conocimiento del hecho, le comentó en la primera ocasión en la que coincidieron: «Después de ésta, en España nunca será Obispo...» «Me basta —contestó el Fundador del Opus Dei— ser sacerdote.»

También en Franco veía, antes que nada, un alma: nunca se le habría ocurrido aprovechar su predicación para ejercer cualquier tipo de influencia. (p. 327)


Cinco encuentros breves y uno tormentoso en cuarenta años

Escrivá y Franco se vieron en unas seis ocasiones, a pesar de la cercanía existente en aquellos cuarenta años entre la Iglesia y el poder político.

Estos seis encuentros durante los cuarenta años del Régimen (redondenado las cifras) resulta elocuentes y dan idea de las relaciones de Escrivá con el dictador.

Según mis datos, fueron las siguientes:

 

  • El primer encuentro tuvo lugar una vez finalizada la guerra civil, hacia 1941. Es llamativo que Escrivá no tuviera ningún contacto con el dictador ni en Burgos, a pesar de la cercanía física (ambos residían en la misma ciuidad) ni participara, en aquel clima de efervescencia política, en ninguna de las manifestaciones con el brazo en alto que se hicieron en esa época. Esto le acabaría pasando factura y llevaría a que le acusaran de algo terrible en aquel tiempo: "desafecto al Régimen".

  • El segundo encuentro fue de carácter estrictamente pastoral y sacerdotal, como motivo de los Ejercicios Espirituales.


  • El tercer encuentro fue especialmente tormentoso. Tuvo lugar en noviembre de 1953. Su sucesor, Álvaro del Portillo, la relató así Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Rialp, pp.38-44:

    "Un miembro de la Obra [se refiere a Rafael Calvo Serer, que se había incorporado al Opus Dei en 1936] había escrito un artículo en oposición al régimen franquista. La reacción de las autoridades fue muy dura, y se vio obligado a exiliarse. Sobre esto nuestro Padre no tenía nada que decir, porque se trataba de cuestiones en las que no intervenía: correspondía a sus hijos como ciudadanos libres y responsables. Pero, entre otras injurias lanzadas contra aquel miembro de la Obra, dijeron que era "una persona sin familia".

    Nuestro Fundador reaccionó entonces como un padre que defiende a su hijo. Se fue a España inmediatamente, solicitó audiencia a Franco y fue recibido enseguida.

  • Sin entrar en las causas de las divergencias políticas, afirmó con toda claridad que no podía tolerar que de un hijo suyo se dijera que era un hombre sin familia: tenía una familia sobrenatural, la Obra, y él se consideraba su padre. Franco le preguntó: "¿Y si le meten en la cárcel?"

    El Padre respondió que respetaría las decisiones de la autoridad judicial, pero que si lo llevaban a prisión nadie le podría impedir facilitar a aquel hijo la asistencia espiritual y material que necesitara. Repitió las mismas ideas al almirante Carrero Blanco, brazo derecho de Franco"

  • El resto de los encuentros fueron protocolarios y tuvieron lugar el 17-IV-1961, el 11-X-1968 y el 4-VII-1970. En ellos el Fundador le dejó claro al dictador Franco que el Opus Dei no tiene nada que ver con partidos o grupos políticos.

Correspondencia de Escrivá con Franco

Escribió al dictador algunas cartas, en su mayoría protocolarias y de estricta cortesía, en la que nunca entraba en cuestiones políticas.

A mi juicio, resulta especialmente interesante la carta que escribió en 1958, cinco años después de su protesta ante Franco.

Se trata de una carta estrictamente protocolaria, escrita con un estilo típicamente diplomático, y enviada en un momento histórico preciso, en el que muchas personalidades escribieron a Franco manifestándole su adhesión personal o institucional "a los Principios Fundamentales del Movimiento".

Curiosamente en esa carta Escrivá no afirma en ningún momento que se adhiera a esos "Principios"; no hay ninguna declaración personal -y menos institucional- de adhesión al Régimen o la figura del dictador, como era frecuente en la época.

El único punto de coincidencia es estrictamente religioso y puramente teórico: se alegra de que Franco proclame que "la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación".

Es decir, se alegra de lo que produce satisfacción en cualquier sacerdote católico: que se diga que una legislación se inspirará en la Ley de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Pero no hay más.

Este es el texto completo de la carta, escrita en un tono oficial y grandielocuente, muy ajeno al estilo propio de Escrivá, directo y sencillo, lo0 que recalca aún más su condición de carta "protocolaria".

Al Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español.

Excelencia,

No quiero dejar de unir a las muchas felicitaciones que habría recibido, con motivo de la promulgación de los Principios Fundamentales, la mía personal más sincera.

La obligada ausencia de la Patria en servicio de Dios y de las almas, lejos de debilitar mi amor a España, ha venido, si cabe, a acrecentarlo. Con la perspectiva que se adquiere en esta Roma Eterna he podido ver mejor que nunca la hermosura de esa hija predilecta de la Iglesia que es mi Patria, de la que el Señor se ha servido en tantas ocasiones como instrumento para la defensa y propagación de la Santa Fe Católica en el mundo.

Aunque apartado de toda actividad política, no he podido por menos de alegrarme, como sacerdote y como español, de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que "la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación". En la fidelidad a la tradición católica de nuestro pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas constituídas en autoridad, la mejor garantía de acierto en los actos de gobierno, y en la seguridad de una justa y duradera paz en el seno de la comunidad nacional.

Pido a Dios Nuestro Señor que colme a Vuestra Excelencia de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada.

Reciba, Excelencia, el testimonio de mi consideración personal más distinguida con la seguridad de mis oraciones para toda su familia.

De Vuestra Excelencia affmo. in Domino
Josemaría Escrivá de Balaguer
Roma, 23 de mayo de 1958.


Escrivá, bajo el aparato represor del franquismo


Escrivá, denunciado ante un tribunal franquista

General Saliquet, jefe del terrible
Tribunal para la represión del Comunismo y la Masonería"
ante el que fue denunciado Escrivá.

 

Señalaba anteriormente que la actitud de Escrivá, estrictamente sacerdotal y alejada del Régimen, le acabó pasando factura, y pronto.

Durante la época más terrible de la dictadura, en la inmediata posguerra, sufrió, como tantos españoles, una serie de acusaciones y denuncias.

Algunas de esas denuncias fueron particularmente graves, y llegaron a denunciarle ante el temible Tribunal para la represión del Comunismo y la Masonería presidido por el General Saliquet.

Muchas de las denuncias ante ese Tribunal se saldaron con un juicio sumarísimo y la pena de muerte.

Su negativa a pronunciarse políticamente a favor del Régimen hizo aparecer pronto a Escrivá como un cura sospechoso y “un desafecto al Régimen”  ante muchas instancias oficiales.

Afirma Andrés Vázquez de Prada en El fundador del Opus Dei, Vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, II Tomo, pág. 315-316, que su vida llegó a correr peligro por esta causa, y que había personas que consideraban que lo mejor era eliminarle físicamente:

Las acusaciones políticas continuaban llegando al Fundador de todos lados. Eran los años de la segunda Guerra Mundial, en que la Falange, al menos en la primera fase bélica, tuvo mayor relevancia política y presencia en el Gobierno, y no se recataba de manifestar ostentosamente sus aires y preferencias totalitarias de partido único. Cualquier otro criterio político era considerado como antipatriótico, y sujeto, por tanto, a persecución.

Por otra parte, los enemigos de la Iglesia Católica, y quienes estaban en pugna con el régimen franquista, acusaban al Fundador de todo lo contrario. Años después recordaba don Josemaría cómo le tildaban de masón, y también de monárquico, de antimonárquico, de falangista, de carlista, de anticarlista.

"En plena Guerra Mundial -escribe el sacerdote-, iban las mismas personas -o gentes movidas por ellos- a las Embajadas de los aliados, para decir que yo era germanófilo; y a las representaciones de Alemania e Italia, para decir que yo era anglófilo".

Estos chismes, utilizados por gentes del Movimiento Nacional, el partido dominado por la Falange, constituían una amenaza latente, que podía estallar en cualquier momento.

Su más estrecho colaborador, Mons. Álvaro del Portillo, hablaba de esta situación en su libro Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, pp.38-44.

Las incomprensiones comenzaron en la época de la fundación y de los primeros pasos del Opus Dei, entre los años 1930 y 1936. Se puede buscar una explicación que vaya a la raíz teológica del problema. En aquellos años, lo que nuestro Fundador veía en su alma con tanta claridad, gracias a una precisa iluminación divina -la llamada universal a la santidad-, aparecía como algo increíblemente audaz.

Se lo he oído explicar muchas veces; en una ocasión, a finales de los años sesenta, con estas palabras: "Cuando hace cuarenta y pico años, más o menos, un pobre sacerdote que tenía veintiséis, comenzó a decir que la santidad no era sólo cosa de frailes, de monjas y de curas, sino que era para todos los cristianos, porque Jesucristo Señor Nuestro dijo a todos 'sed santos como mi Padre celestial es santo...' -lo mismo si es un soltero, que si está casado, que si es viudo: todos podemos ser santos-, decían que este sacerdote era un hereje".

Algunos no lo acusaban de hereje, pero afirmaban que estaba loco: lo que hoy es doctrina común, entonces aparecía a los ojos de todo el mundo como "un disparatón", según decía el Padre a veces con una expresión muy suya. Además, a la novedad de la doctrina que predicaba, se añadía la audacia de sus iniciativas apostólicas y la desproporción de los medios humanos de quien las promovía.

A la dificultad para comprender teológicamente el mensaje espiritual de nuestro Fundador, se añadían celotipias, envidias muchas veces inconscientes, una visión estrecha y casi "monopolística" de la pastoral. Resultaba inevitable que el soplo del Espíritu Santo, que alentaba el apostolado de nuestro Fundador, levantase una polvareda de desconfianza y hostilidad. La historia de la Iglesia muestra que el bien se abre siempre camino a duras penas.

A finales de 1939 y comienzos de 1940 arreciaron las calumnias contra el Opus Dei y su Fundador. Al principio no quería aceptar que era blanco de una verdadera campaña denigratoria; pero, ante la evidencia de las pruebas, no tuvo más remedio que admitirlo.

La Obra era acusada de herejía, de conspirar clandestinamente para encaramarse en el vértice del poder, de masonería, de antipatriotismo, etc. No se trataba de hechos aislados, sino de una auténtica campaña; quienes promovían estas calumnias no dudaron en acudir a las más altas esferas de la jerarquía eclesiástica, para sembrar desconfianza y sospecha respecto de la Obra y el Padre.

En una ocasión, fray José López Ortiz, agustino, que más tarde sería Obispo de Túy-Vigo, y arzobispo castrense de España, y que era entonces el confesor ordinario de nuestra residencia de Diego de León en Madrid, le entregó al Padre una copia de un "dossier reservado" sobre la Obra y su Fundador: los servicios de información de la Falange lo habían hecho llegar a las autoridades locales, y a López Ortiz se lo facilitó una persona de su confianza. Aquel documento rebosaba calumnias atroces y significaba el comienzo de otra campaña difamatoria contra el Fundador. Recogía todas las maledicencias divulgadas con anterioridad.

Yo asistí a aquella entrevista y confirmo lo que testimonia fray José: "Cuando Josemaría terminó la lectura, al ver mi pena, se echó a reír y me dijo con heroica humildad: 'No te preocupes, Pepe, porque todo lo que dicen aquí, gracias a Dios, es falso: pero si me conociesen mejor, habrían podido afirmar con verdad cosas mucho peores, porque yo no soy más que un pobre pecador, que ama con locura a Jesucristo'. Y, en lugar de romper esa sarta de insultos, me devolvió los papeles para que mi amigo los pudiera dejar en el ministerio de la Falange, de donde los había cogido: 'ten, me dijo, y dáselo a ese amigo tuyo, para que pueda dejarlo en su sitio, y así no le persigan a él'".

 

 

 


Acusado en un informe secreto de la Falange. Plan para eliminarle por parte de algunos extremistas.

¿Qué decía aquel "Informe Confidencial sobre la Organización Secreta Opus Dei", elaborado por la Delegación de Información de la Falange? Este es el texto del "Informe":

 

 

"En su concepción de vida defienden el internacionalismo, asegurando que para el católico no deben existir fronteras, naciones ni patrias .

[...] Esta organización se opone a los fines del Estado:

1º, por su clandestinidad;

2º, por su carácter internacionalista;

3º, por la intromisión que supone en la vida intelectual y en el orden de ideas propugnado por el Caudillo,

y, 4º, por su sectarismo, que obliga al Estado a aparecer como injusto en la provisión de cátedras, becas, etc. [...] sus elementos se mueven con apariencias de adhesión al Movimiento y del que sólo esperan su caída, confiados en la eternidad de la Doctrina Católica, escudo de sus turbias ambiciones" .



 

"Internacionalista", no afecto "al orden de ideas propugnado por el Caudillo"... eran entonces unas acusaciones tan terribles que podían llevar al pelotón de fusilamiento.

Un embajador, amigo de Escrivá y persona bien informada, le avisó que ciertos extremistas de la Falange habían decidido eliminarlo.

Realmente, la situación de España, comentaba Escrivá, no era la más propicia, desde ningún punto de vista, para que una fundación como el Opus Dei fuera adelante.

Era un momento en el que el Régimen mantenía relaciones con el Régimen nazi: relaciones tácticas para unos, y de afinidad ideológica para otros. En un apartado de ese Informe Confidencial se decía que una Residencia promovida por el Fundador en la calle de Jenner había un mapa de Alemania cubierto de cerdos; y se aseguraba que no se trataba de un mapa de producción ganadera, sino de representación del pueblo alemán.

La denuncia no prosperó, pero fueron unos años particularmente duros para el Fundador.

 


 

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