Documentos del fundador del Opus Dei (1936-1946)

 

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San Josemaría
con Álvaro del Portillo


Desde el comienzo de la Guerra Civil española hasta que el Fundador se traslada a Roma.

Durante la guerra civil.

  • Testimonio de Álvaro del Portillo sobre la predicación de san Josemaría en la Legación de Honduras, donde estuvieron refugiados algunos meses durante la guerra civil.
  • Meditación de san Josemaría "Fiel en lo poco".
  • Recuerdos de Pedro Casciaro sobre la travesía de los Pirineos a pie.

Camino.

  • Al lector. Varios puntos.
  • Primera reseña de Camino

Testimonios sobre el fundador.

  • Carta de Mons. Marcelino Olaechea a Álvaro del Portillo

Primera ordenación sacerdotal de miembros del Opus Dei.

  • Primera ordenación sacerdotal
  • San Josemaría. Carta. 14 -II- 1944, n. 9
  • San Josemaría. Carta. 8-VIII-1956

Contradicciones

  • San Josemaría. Carta del 12 de mayo de 1941
  • Informe confidencial de la Falange
  • Recuerdos de Álvaro del Portillo sobre las contradicciones

Durante la guerra civil


Testimonio de Álvaro del Portillo

Durante la guerra civil el Fundador sufrió numerosas penalidades, como tantos sacerdotes perseguidos. Muchos murieron mártires. El Fundador tuvo que refugiarse en casa particulares, hospitales, etc. Durante los meses que pasó con otros refugiados en la Legación de Honduras el Fundador dirigía con frecuencia meditaciones a los jóvenes que le acompañaban. Entre ellos estaba Álvaro del Portillo y Eduardo alastrué.

«Uno de nosotros –Eduardo–, en cuanto terminaba la media hora de oración la recomponía por escrito. Procuraba ajustarse cuanto podía a las palabras, al estilo del Padre. Y cuando venía Isidoro, se llevaba las oraciones escritas, para, en su casa de la calle de Serrano, hacerlas con otros de la Obra que podían andar por la calle» (Álvaro del Portillo, Relato testimonial, octubre de 1944; IZL, sec T, exp 94). La memoria de Alastrué era excepcional. Seguía idéntica después de la guerra: «Eduardo se ha marchado temprano; ayer como tenía que sacar copia de unos apuntes del Padre y no disponía de tiempo, no se le ocurrió otra cosa que aprendérselos de memoria para escribirlos cuando llegue a Olot» (Diario de Madrid, 30-VI-1939; Isidoro Zorzano).

Pedro Rodríguez, Edición crítico-histórica de Camino. Ediciones Rialp. Madrid, 2002, p. 137

Meditación "Fiel en lo poco", 6-VII-1937 (pronunciada en la Legación de Honduras)

«Aún puede haber otro obstáculo para mi labor, para la labor de la Obra: la falta de comprensión y cordialidad por parte de personas buenas e influyentes. Es un inconveniente con el que es preciso contar. Hasta ahora no vino con fuerza, pero puede llegar impetuosa esta prueba: que quienes debieran comprender y ayudar como hermanos a los que trabajamos por Cristo, se opongan abierta o encubiertamente a nuestra labor. ¿Y entonces? Entonces, cuando el Señor consienta esta otra cruz, la contradicción de los buenos, haré oídos de mercader; porque, si estoy seguro de la Voluntad de Dios, ¿qué me pueden importar las críticas humanas, aunque procedan de personas muy calificadas? »

Pedro Rodríguez, Edición crítico-histórica de Camino. Ediciones Rialp. Madrid, 2002, p. 230

Recuerdos de Pedro Casciaro sobre la travesía de los Pirineos a pie

A finales de 1937, el fundador pasó Andorra y Francia, a través del Pirineo, y regresó a la zona de España en la que podía ejercer con libertad su ministerio sacerdotal y el trabajo apostólico. Más tarde, algunos otros miembros del Opus Dei, como Álvaro del Portillo, también pudieron salir de Madrid. Otros permanecieron en la zona republicana hasta el final de la guerra. Pedro Casciaro fue uno de los que participaron en el paso por los Pirineos y recuerda una de las jornadas.

 

Cuando comenzó a oscurecer, reanudamos la marcha, esta vez de bajada. Cruzamos un río y nos acercamos a una carretera. Nos advirtieron que había que extremar la prudencia y no hacer ruido con los pies, al caminar, o con los bastones que nos habíamos hecho con ramas de árboles. Teníamos que coronar dos montes -Santa Fe y Ares- de unos 1200 y 1500 metros de altitud respectivamente; y entre un monte y otro había un valle enclavado a 700 metros. Atravesar aquel valle era bastante peligroso, porque, según nuestro guía, los perros de las masías podían dar la alarma a los milicianos de Orgañá. Esto es lo que había sucedido poco tiempo antes, y los milicianos habían recibido a tiros a los fugitivos.

Superamos estos dos montes; después, ya no me acuerdo de nada con precisión; sólo guardo la imagen de unos treinta hombres encorvados, caminando en hilera, sin apoyar los bastones en el suelo, componiendo una escena casi irreal. Luego, los recuerdos se agolpan. En una ocasión, cruzamos una carretera y nos deslumbraron las luces de un coche. “El susto nos dejó paralizados -anota Juan-, pero los guías, inalterables, se limitaron a decir que si nos enfocaban otra vez, eso es lo que había que hacer: quedarse quietos y en silencio”.

- No pasa nada -dijeron con gran seguridad-. No pueden vernos..

A continuación vino lo duro: tuvimos que atravesar infinidad de ríos; luego me enteré que era siempre el mismo, el Arabell: lo cruzábamos y lo volvíamos a cruzar; a ratos, caminábamos dentro del agua; otros, cerca de la ribera. Entonces comprobamos que las botas que Juan le había conseguido al Padre eran un auténtico timo. Le habían asegurado que eran impermeables y entraba el agua como si fueran un colador; con el inconveniente, además, de que tardaban mucho en secar. El Padre anduvo, por lo menos dos días, con los pies totalmente mojados.

Al amanecer del día 1 de diciembre acampamos, al fin, totalmente empapados y ateridos de frío. Apenas salió el sol, y amenazaba ya una nevada. Pasamos el día entero entre los matorrales y las piedras completamente mojados, sin podernos mover para no llamar la atención, en un suelo húmedo y resbaladizo. Por la noche, oímos batir unos tambores que delataban la proximidad de fuerzas armadas de carabineros o milicianos, y nos inquietamos. Pero en aquellos momentos -por lo menos a mí-, me importaba más el frío que el miedo a ser apresado. Era un frío terrible, un frío inmisericorde y cruel, que me calaba hasta los huesos y me hacía estremecer en medio de aquel agotamiento físico y psíquico que arrastraba desde hacía varios días. Aunque estaba totalmente omnubilado por el cansancio, me pregunté que, si yo estaba así, cómo estaría el Padre. Estas consideraciones me servían para hacer oración y encomendarle (…)

Pedro Casciaro, Soñad y os quedaréis cortos. Ediciones Rialp. Madrid, 1994, pp. 121-122


Camino


Camino (1939)

Durante su estancia en Burgos, san Josemaría amplió los puntos de meditación publicados en “Consideraciones Espirituales”, tarea que ya había inciado durante su encierro en la legación de Honduras (1937), hasta alcanzar los 999, los organizó en capítulos temáticos y los dio a la imprenta con el nombre de “Camino”.

Al lector

Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escucha Dios. No te contaré nada nuevo. Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio.

Punto n. 1

Que tu vida no sea una vida estéril. -Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor.

Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. -Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón.

n. 27

¿Te ríes porque te digo que tienes "vocación matrimonial"? -Pues la tienes: así, vocación.

Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías.

n. 91

Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" -¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.

En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"

n. 799

Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. -¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión?

Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores...

Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos.

n. 813

Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo.

n. 831

Eres, entre los tuyos -alma de apóstol-, la piedra caída en el lago. -Produce, con tu ejemplo y tu palabra un primer círculo... y éste, otro... y otro, y otro... Cada vez más ancho.

¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión?

n. 892

Más recia la mujer que el hombre, y más fiel, a la hora del dolor. -¡María de Magdala y María Cleofás y Salomé!

Con un grupo de mujeres valientes, como ésas, bien unidas a la Virgen Dolorosa, ¡qué labor de almas se haría en el mundo!

n. 999

¿Que cuál es el secreto de la perseverancia?

El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás.

Primera reseña de Camino

Tiempos modernos. La vida es un tumulto ciego, cuyo sentido no penetramos. Ni espacio ni tiempo para meditar. Horizontes poco dilatados. Es más cómoda la huida, la reclusión en zonas abisales, que comenzar la batalla atlética contra la sensualidad. Y es que la desgracia de nuestro tiempo es que nadie reflexiona según el ambiente en que vive (…)

Frente a este estado de cosas, con dificultad encontramos libros de meditación para la juventud. Los libros de piedad entrelazan muchas veces la ñoñería con el conformismo. Son buenos libros de conservación de la Verdad. Pero la Verdad, a tanto precio reconquistada, con tanta dureza, tesón y santa tolerancia defendida, no puede limitarse a la conservación. Mandato y concitación exige la Verdad, que es afirmación y conquista. Hay que despertar en las multitudes la vuelta a la religiosidad. Si hay sed de conocer el Evangelio, venga el Evangelio. Y con el Evangelio, Cristo, y con Cristo, la Vida Cristiana.

Y esta es la gran tarea que inicia este nuevo libro. “Camino” nos habla de ideas de valor universal, quiere hombres de voluntad inflexible, capaces de darles vida a esas ideas. Espíritus juveniles, dispuestos para la lucha, templados en la austeridad y en el sacrificio. Vida interior, audacia, ambición, servicio y obediencia. “Duc in altum”. Mar adentro, renovados y renovándose, con fe viva y operativa. José María Escrivá, autor de “Camino”, condensa experiencias, y ante la desorientación e inconsistencia de ideas, abre rutas, con energía, de un nuevo modo de ser. Lenguaje de guerra, duro, con frases cortantes, incisivas. La mentalidad del hombre moderno no se acomoda con facilidad a los libros clásicos de vida espiritual. Y el autor, José María Escrivá, profundo conocedor de la psicología del hombre actual, con intuición exacta, destroza zarzales, tiende puentes sobre valladares y rompe el panorama vidrioso de la angustia y congoja secular con golpes maestros que, de trecho en trecho, al recorrer las páginas de su libro, constituyen hallazgos sorprendentes.

Una moderna presentación tipográfica completa esta obra, que revaloriza la producción original española y constituye un excelente motivo de reflexión y de formación de criterio frente a la vulgaridad.

Diario “Levante” de Valencia, 21-X-1939


Testimonios sobre el Fundador


Carta de Mons. Marcelino Olaechea a Álvaro del Portillo, 22.XI.1941

Pamplona a 22 de Noviembre de 1941

Muy querido Álvaro:

Mi queridísimo amigo Don José María, ese tan buen Padre que Dios os ha dado, ha dictado Ejercicios Espirituales a todos los nuevos párrocos de esta bendita Diócesis de Pamplona, cuyo clero es ejemplarísimo. Digo a todos, porque aunque nos falta la última tanda, esperamos que sea también él el que la dicte.

No te doy impresiones particulares; una basta y sobra “ni uno de los ejercitantes ha tenido una palabra que no fuera de gran aprecio y edificación a la labor desarrollada por él”.

Que Dios nos lo conserve muchos años, muchos años, para gran gloria de Su santa Iglesia. Vosotros cuidad bien ese tesoro.

Un abrazo

Marcelino.

AGP, RHFD-15224


Ordenación sacerdotal de miembros del Opus Dei

Ya antes del 14 de febrero de 1943, varios miembros del Opus Dei se estaban preparando intensamente para su posible ordenación sacerdotal. La solución jurídica del problema abrió el camino a la primera ordenación, que tuvo lugar el 25 de junio de 1944. Los tres primeros sacerdotes ordenados ese día, de manos del obispo de Madrid, fueron Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz.


25.VI. 1944. Primera ordenación sacerdotal de miembros del Opus Dei

El último domingo del pasado mes junio, el Obispo de Madrid-Alcalá, doctor Eijo y Garay, ordenó de sacerdotes a D. Álvaro del Portillo y Díez de Sollano y D. José Luis Múzquiz de Miguel, ingenieros de Caminos y doctores en Filosofía y letras y a D. José María Hernández de Garnica, ingeniero de Minas y doctor en Ciencias, nuevos sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, fundada por el padre Escrivá. A la ordenación, celebrada en el palacio episcopal, asistieron el secretario de la Nunciatura, monseñor Del Gíudice, monseñor Galindo, representaciones del clero secular, órdenes y congregaciones religiosas, miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, profesores de las escuelas de ingenieros y numerosos universitarios y compañeros de los ordenados. (...). ECCLESIA se complace en publicar en sus páginas esta noticia y espera que la labor apostólica de estos sacerdotes sea muy fecunda.

Revista Ecclesia, Núm. 157, Año IV, Sábado, 15 de julio 1944, p. 8

 

San Josemaría. Carta. 14 -II- 1944, n.9

Los sacerdotes son también necesarios para la atención espiritual de los miembros dela Obra: para administrar los sacramentos, para colaborar con los Directores laicos en la dirección de las almas, para dar una honda instrucción teológica a los otros socios del Opus Dei y -punto fundamental en la constitución misma de la Obra- para ocupar algunos cargos de gobierno.

Carta 14-II-1944, n. 9, Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, T. II Ediciones Rialp.

 

Carta 8-VIII-1956

Desde que preparé a los primeros sacerdotes de la Obra, exageré -si cabe- en su formación filosófica y teológica, por muchas razones: la segunda, por agradar a Dios; la tercera, porque había muchos ojos llenos de cariño puestos en nosotros, y no se podía defraudar a esas almas; la cuarta, porque había gente que no nos quería, y buscaba una ocasión para atacar; después, porque en la vida profesional he exigido siempre a mis hijos la mejor formación, y no iba a ser menos en la formación religiosa. Y la primera razón -puesto que yo me puedo morir de un momento a otro, pensaba-, porque tengo que dar cuenta a Dios de lo que hecho, de deseo ardientemente salvar mi alma.

Ana Sastre Gallego, Tiempo de caminar: semblanza de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Ediciones Rialp. Madrid, 1989, p. 287.


Contradicciones

Como ha ocurrido en numerosas ocasiones con diversas instituciones de la Iglesia y, en particular, con sus fundadores, también el Opus Dei y su Fundador sufrieron desde los comienzos incomprensiones y contradicciones. En los años cuarenta y en España, hubo momentos particularmente delicados. Otras calumnias y dificultades surgieron desde ámbitos de carácter político.


 

San Josemaría. Carta a los fieles del Opus Dei. 12-V-1941

 

+ Jesús bendiga a mis hijos y me los guarde.

Queridísimos: el Señor ha permitido que personas santas, muy queridas de mi corazón, nos calumnien y nos injurien. Por si acaso llegara hasta ahí el ramalazo de la persecución -sello divino, que da más autenticidad a las empresas sobrenaturales- yo os doy estas consignas, tan conformes con el espíritu del Opus Dei: 1/ siempre habéis de estar a las órdenes de la Autoridad eclesiástica, del Sr. Arzobispo y del Sr. Vicario: 2/ no comentar nunca con nadie fuera de casa los sucesos, si los llega a haber: 3/ mucha caridad, sin que, por ningún pretexto, se diga ni una palabra contra los perseguidores: 4/ mucha alegría y mucha paz: 5/ mucha oración, mucho estudio y muchas pequeñas mortificaciones.

Todo va muy bien. No pensé que el Señor nos quería tanto. ¡Qué bien se han portado mis hijos de Barcelona! No espero menos, si se presenta la misma venturosa ocasión, de mis hijos de Valencia.

Gaudium cum pace!

Os quiere, ¡os envidia! y os bendice vuestro Padre

Mariano

 

EF-410512-1, Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, T. II (En prensa). Ediciones Rialp.

 

Informe confidencial de la Delegación de Información de la Falange, en la que llama al Opus Dei "organización secreta"

En su concepción de vida defienden el internacionalismo, asegurando que para el católico no deben existir fronteras, naciones ni patrias. (...) Esta organización se opone a los fines del Estado: 1º, por su clandestinidad; 2º, por su carácter internacionalista; 3º, por la intromisión que supone en la vida intelectual y en el orden de ideas propugnado por el Caudillo, y, 4º, por su sectarismo, que obliga al Estado a aparecer como injusto en la provisión de cátedras, becas, etc. (...) sus elementos se mueven con apariencias de adhesión al Movimiento y del que sólo esperan su caída, confiados en la eternidad de la Doctrina Católica, escudo de sus turbias ambiciones.

José Luis Rodríguez Jiménez, Historia de Falange Española de las JONS. Alianza. Madrid, 2000, pp. 420-423.

 

Recuerdos de Álvaro del Portillo sobre las contradicciones

Las incomprensiones comenzaron en la época de la fundación y de los primeros pasos del Opus Dei, entre los años 1930 y 1936. Se puede buscar una explicación que vaya a la raíz teológica del problema. En aquellos años, lo que nuestro Fundador veía en su alma con tanta claridad, gracias a una precisa iluminación divina -la llamada universal a la santidad-, aparecía como algo increíblemente audaz. Se lo he oído explicar muchas veces; en una ocasión, a finales de los años sesenta, con estas palabras: “Cuando hace cuarenta y pico apos, más o menos, un pobre sacerdote que tenía veintiséis, comenzó a decir que la santidad no era sólo cosa de frailes, de monjas y de curas, sino que era para todos los cristianos, porque Jesucristo Señor Nuestro dijo a todos ‘sed santos como mi Padre celestial es santo...’ -lo mismo si es un soltero, que si está casado, que si es viudo: todos podemos ser santos-, decían que este sacerdote era un hereje”.

Algunos no lo acusaban de hereje, pero afirmaban que estaba loco: lo que hoy es doctrina común, entonces aparecía a los ojos de todo el mundo como “un disparatón”, según decía el Padre a veces con una expresión muy suya. Además, a la novedad de la doctrina que predicaba, se añadía la audacia de sus iniciativas apostólicas y la desproporción de los medios humanos de quien las promovía.

A la dificultad para comprender teológicamente el mensaje espiritual de nuestro Fundador, se añadían celotipias, envidias muchas veces inconscientes, una visión estrecha y casi “monopolística” de la pastoral. Resultaba inevitable que el soplo del Espíritu Santo, que alentaba el apostolado de nuestro Fundador, levantase una polvareda de desconfianza y hostilidad. La historia de la Iglesia muestra que el bien se abre siempre camino a duras penas.

A finales de 1939 y comienzos de 1940 arreciaron las calumnias contra el Opus Dei y su Fundador. Al principio no quería aceptar que era blanco de una verdadera campaña denigratoria; pero, ante la evidencia de las pruebas, no tuvo más remedio que admitirlo. La Obra era acusada de herejía, de conspirar clandestinamente para encaramarse en el vértice del poder, de masonería, de antipatriotismo, etc. No se trataba de hechos aislados, sino de una auténtica campaña; quienes promovían estas calumnias no dudaron en acudir a las más altas esferas de la jerarquía eclesiástica, para sembrar desconfianza y sospecha respecto de la Obra y el Padre.

En una ocasión, fray José López Ortiz, agustino, que más tarde sería Obispo de Túy-Vigo, y arzobispo castrense de España, y que era entonces el confesor ordinario de nuestra residencia de Diego de León en Madrid, le entregó al Padre una copia de un “dossier reservado” sobre la Obra y su Fundador: los servicios de información de la Falange lo habían hecho llegar a las autoridades locales, y a López Ortiz se lo facilitó una persona de su confianza. Aquel documento rebosaba calumnias atroces y significaba el comienzo de otra campaña difamatoria contra el Fundador. Recogía todas las maledicencias divulgadas con anterioridad. Yo asistí a aquella entrevista y confirmo lo que testimonia fray José: “Cuando Josemaría terminó la lectura, al ver mi pena, se echó a reír y me dijo con heroica humildad: ‘No te preocupes, Pepe, porque todo lo que dicen aquí, gracias a Dios, es falso: pero si me conociesen mejor, habrían podido afirmar con verdad cosas mucho peores, porque yo no soy más que un pobre pecador, que ama con locura a Jesucristo’. Y, en lugar de romper esa sarta de insultos, me devolvió los papeles para que mi amigo los pudiera dejar en el ministerio de la Falange, de donde los había cogido: ‘ten, me dijo, y dáselo a ese amigo tuyo, para que pueda dejarlo en su sitio, y así no le persigan a él’”.

Álvaro del Portillo, Entrevista sobre El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1993, pp. 117-123