Documentos del fundador del Opus Dei (1928-1936)

 

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San Josemaría
con Isidoro Zorzano,
uno de los primeros
miembros del Opus Dei

 

Desde la fundación del Opus Dei al comienzo de la guerra civil española:

  • Los primeros pasos del Opus Dei. Los primeros fieles.
  • José María Somoano, Luís Gordon, María Ignacia García Escobar.
  • Primer Círculo de San Rafael.
  • Primera labor corporativa: la Residencia D.Y.A.
  • Santo Rosario: prólogo y epílogo.
  • Álvaro del Portillo; Deseos de expansión del trabajo apostólico.
  • Instrucciones y Cartas a los fieles del Opus Dei.

Los Primeros pasos del Opus Dei. Los primeros fieles.


Anotación de Josemaría Escrivá en sus Apuntes íntimos, n. 184 (25.III.1931)

Hoy, día 25, fiesta de la Anunciación de nuestra Señora, con mi “apostólica” frescura (¡audacia!), me he dirigido a un joven, que comulga a diario en mi iglesia, con mucha piedad y recogimiento, y -acababa él de recibir al buen Jesús- “oiga -le he dicho- ¿tiene la caridad de pedir un poco por una intención espiritual de gloria de Dios?” “Sí Padre” -ha contestado- ¡y aún me dio las gracias! Mi intención era que él, tan fervoroso, sea escogido por Dios para Apóstol, en su Obra. Ya otras veces, al verle desde mi confesionario, le encomendé lo mismo al Ángel de su Guarda.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, p. 490

Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una Meditación, 2-X-1962

Desde ese momento no tuve ya tranquilidad alguna, y empecé a trabajar, de mala gana, porque me resistía a meterme a fundar nada; pero comencé a trabajar, a moverme, a hacer: a poner los fundamentos.

Me puse a trabajar, y no era fácil: se escapaban las almas como se escapan las anguilas en el agua. Además, había la incomprensión más brutal: porque lo que hoy ya es doctrina corriente en el mundo, entonces no lo era. Y si alguno afirma lo contrario, desconoce la verdad.

Tenía yo veintiséis años -repito-, la gracia de Dios y buen humor: nada más. Pero así como los hombres escriben con la pluma, el Señor escribe con la pata de la mesa, para que se vea que es Él el que escribe: eso es lo increíble, eso es lo maravilloso. Había que crear toda la doctrina teológica y ascética, y toda la doctrina jurídica. Me encontré con una solución de continuidad de siglos: no había nada. La Obra entera, a los ojos humanos, era un disparatón. Por eso, algunos decían que yo estaba loco y que era un hereje, y tantas cosas más. El Señor dispuso los acontecimeintos para que yo no contara ni con un céntimo, para que también así se viera que era El.

Álvaro del Portillo, Una vida para Dios. Ediciones Rialp. Madrid 1992, p. 34

Encuentro con miembros del Opus Dei, 19 de marzo de 1975

Fui a buscar fortaleza en los barrios más pobres de Madrid. Horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños, que quiere decir almas agradables a Dios. (…) Y en los hospitales, y en las casas donde había enfermos, si se pueden llamar casas a aquellos tugurios… Eran gente desamparada y enferma; algunos, con una enfermedad que entonces era incurable, la tuberculosis.

De modo que fui a buscar los medios para hacer la Obra de Dios, en todos esos sitios. Mientras tanto, trabajaba y formaba a los primeros que tenía alrededor. Había una representación de casi todo: había universitarios, obreros, pequeños empresarios, artistas… (…)

Fueron unos años intensos, en los que el Opus Dei crecía para adentro sin darnos cuenta. Pero he querido deciros -algún día os lo contarán con más detalle, con documentos y papeles- que la fortaleza de la Obra han sido los enfermos de los hospitales de Madrid: los más miserables; los que vivían en sus casas, perdida hasta la última esperanza humana; los más ignorantes de aquellas barriadas extremas.

Estas son las ambiciones del Opus Dei, los medios humanos que pusimos: enfermos incurables, pobres abandonados, niños sin familia y sin cultura, hogares sin fuego y sin calor y sin amor. Y formar a los primeros que venían, hablándoles con una seguridad completa de todo lo que se haría, como si ya estuviera ya hecho…

AA. VV. Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei. En el 50 aniversario de su fundación. Eunsa. Pamplona, 1985, pp. 23-30

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 197 (8-V-1931)

Para la historia de la Obra de Dios, es muy interesante anotar estas coincidencias: El 24 de agosto, día de S. Bartolomé, fue la vocación de Isidoro. El 25 de abril, día de S. Marcos, hablé con otro (...). El día de S. Felipe y Santiago (1-V-31), tuve ocasión -sin buscarla- de hablar a dos. Uno de ellos, con quien me entrevisté de largo, quiere ser de la Obra.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, p. 448


José María Somoano, Luis Gordon, María Ignacia García Escobar

En 1930 se incorporó al Opus Dei Isidoro Zorzano, joven ingeniero, antiguo compañero de instituto en Logroño de don Josemaría. En los años siguientes fueron llegando al Opus Dei algunos hombres y mujeres. Algunos de aquellos primeros miembros murieron jóvenes: el sacerdote José María Somoano, el ingeniero Luis Gordon y María Ignacia García Escobar.


Nota necrológica sobre Don José María Somoano

Don Josemaría Somoano era un joven sacerdote asturiano cuando le conoció el Fundador del Opus Dei el 2 de enero de 1932. Enseguida se unió a él, ilusionado con la naciente labor del Opus Dei y falleció, al parecer por envenenamiento, pocos meses después.

        JOSE MARIA SOMOANO, Pbro. (+ 16-Julio-1932)

El sábado 16 de Julio de 1932, día de Nuestra Señora del Carmen -de quien era devotísimo-, a las once de la noche, murió, víctima de la caridad y quizá del odio sectario, nuestro h. [hermano] José María.

Sacerdote admirable, su vida, corta y fecunda, era un fruto maduro que el Señor quiso para el cielo.

El pensamiento de que hubiera sacerdotes que se atreven a subir al Altar menos dispuestos, le hacía derramar lágrimas de Reparación.

Antes de conocer la Obra de Dios, luego de los incendios sacrílegos de Mayo, al iniciarse la persecución con decretos oficiales, fue sorprendido en la Capilla del Hospital -del que fue capellán y apóstol hasta el fin, a pesar de todas las furias laicas-, ofreciéndose a Jesús -en voz alta (creyéndose solo), por impulso de su oración-, como víctima por esta pobre España.

Nuestro Señor Jesús aceptó el holocausto y, con una doble predilección, predilección por la Obra de Dios y por José María, nos lo envió: para que nuestro h. redondeara su vida espiritual, encendiéndose más y más su corazón en hogueras de Fe y Amor; y para que la Obra tuviera junto a la Trinidad Beatísima y junto a María Inmaculada quien de continuo se preocupe de nosotros.

¡Con qué entusiasmo oyó, en nuestra última reunión sacerdotal, el lunes anterior a su muerte, los proyectos del comienzo de nuestra acción!

Yo sé que harán mucha fuerza sus instancias en el Corazón Misericordioso de Jesús, cuando pida por nosotros, locos -locos como él, y... ¡como El!- y que obtendremos las gracias abundantes que hemos de necesitar para cumplir la Voluntad de Dios.

Es justo que le lloremos. -Y, aunque su santa vida y las circunstancias que rodearonsu muerte nos dan la seguridad de que goza del eterno descanso de los que viven y mueren en el Señor, es justo también que hagamos sufragios por el alma de nuestro h.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, 623-624

 

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 785 (18-VII-1932)

El Señor se ha llevado a uno de los nuestros: José María Somoano, sacerdote admirable. Murió, víctima de la caridad, en el Hospital del Rey (de donde ha sido Capellán hasta el fin, a pesar de todas las furias laicas) en la noche de la fiesta de N. Sra. del Carmen -de quien era devotísimo, vistiendo su santo escapulario-, y, como esta fiesta se celebró en sábado, es seguro que esa misma noche gozaría de Dios. Hermosa alma (...). Su vida de celo le hizo ganarse las simpatías de cuantos convivieron con él. Se le enterró esta mañana (...). Hoy, de buena gana, le he dado a Jesús ese socio. -Está con El y será una gran ayuda. Tenía puestas muchas esperanzas en su carácter, recto y enérgico: Dios lo ha querido para El: bendito sea.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, 623-624

Nota necrológica sobre Luis Gordon y Picardo

Luis era un joven ingeniero industrial que dirigía una fábrica en Pozuelo, cerca de Madrid. Conoció al Fundador en 1931, con ocasión de las visitas que ambos hacían al Hospital General para atender a los enfermos. Murió el mismo año en que pidió ser admitido en el Opus Dei.

 

LUIS GORDON Y PICARDO. (+ 5-Noviembre-1932)

Descansó en el Señor, al amanecer del 5 de Noviembre de 1932. -¡Otro!

Nuestra Madre se lo ha llevado también en sábado. -Ya tenemos dos santos: un sacerdote y un seglar...

Por cierto que José María S. dejó manifestada por escrito, la impresión agradable que le produjo el carácter de nuestro h. Luis.

Buen modelo: obediente, discretísimo, caritativo hasta el despilfarro, humilde, mortificado y penitente..., hombre de Eucaristía y de oración, devotísimo de Santa María y de Teresita... padre de los obreros de su fábrica, que le han llorado sentidamente a su muerte.

El Señor quiso que al consolarnos del óbito de nuestro José María hablando con Luis, dijéramos: "Si a ti o a mí nos llamara Dios, ¿qué íbamos a hacer, desde el cielo o desde el purgatorio, sino clamar una y otra vez, y muchas veces y siempre: ¡Dios mío!... ¡ellos!... mis h.h. [hermanos] que están luchando en la tierra..., que cumplan tu voluntad... ¡allana el camino, acelera la hora, quita los obstáculos... santifícalos!?

Y nuestro h. Luis asentía, porque esta consideración es necesaria consecuencia de la real y fortísima fraternidad espiritual que une a los C.B., fraternidad que tan prácticamente sabía él vivir.

¡Con qué entusiasmo estará cumpliendo ahora su obligación de h. nuestro!

Sírvanos de consuelo esta seguridad, y amemos la Cruz, la Santa Cruz que pesa sobre la Obra de Dios. - Nuestro Gran Rey Cristo Jesús ha querido llevarse a los dos mejor preparados, para que no confiemos en nada terreno, ni siquiera en las virtudes personales de nadie, sino sólo y exclusivamente en su Providencia amorosísima.

El Amor Misericordioso ha echado otro grano en el surco... y ¡cuánto esperamos de su fecundidad!

J. Mª

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 625-626

 

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n.1006 (15-V-1933)

Día de San Isidro 15-V-933: Ayer administré el Santísimo Viático a mi h. María García. Es vocación de expiación. Enferma de tuberculosis fue admitida en la O., con el beneplácito del Señor. Hermosa alma. Hizo conmigo confesión general antes de recibir la Comunión. Me acompañó al hospital nacional (del Rey) Juanito J. Vargas. Ama la Voluntad de Dios esa hermana nuestra: ve en la enfermedad, larga, penosa y múltiple (no tiene nada sano) la bendición y las predilecciones de Jesús y, aunque afirma en su humildad que merece castigo, el terrible dolor que en todo su organismo siente, sobre todo por las adherencias del vientre, no es un castigo, es una misericordia.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 440

Nota necrológica sobre María Ignacia García Escobar

 

MARIA GARCIA ESCOBAR ( + 13-Septiembre-1933)

En las vísperas de la Exaltación de la Santa Cruz, 13 de Septiembre, se durmió en el Señor esta primera h. nuestra, de nuestra Casa del Cielo. -Hacía tiempo que, a ruegos suyos, y atendida la gravedad de su mal, le administramos el Santo Viático.

¡Qué paz la suya! -¡Cómo hablaba, con qué naturalidad, de ir pronto con su Padre-Dios... y cómo recibía los encargos que le dábamos para la Patria..., las peticiones por la Obra!

Un sacerdote h. nuestro, fue el instrumento del Señor para que María viniera a la Obra -vocación de expiación- a ofrecerse víctima voluntaria por la santificación de los demás... Aun antes de conocer la Obra de Dios ya aplicaba María por nosotros los terribles sufrimientos de sus enfermedades. -Y recibía Jesús esos dolores en olor de suavidad..., apretando a la víctima, cargando más la Cruz..., tanto que hubo de decir la enferma a aquel sacerdote santo -nuestro h. D. José María Somoano-:

"D. José María, pienso que su intención tiene que valer mucho, porque desde queusted me indicó que pidiera y ofreciera, Jesús se está portando muy espléndido conmigo".

La oración y el sufrimiento han sido las ruedas del carro de triunfo de esta h. nuestra. -No la hemos perdido: la hemos ganado. -Al conocer su muerte, queremos que la pena natural se trueque pronto en la sobrenatural alegría de saber ciertamente que ya tenemos más poder en el cielo.

J.Mª

 

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 627


Primer Círculo de San Rafael (1933)

La labor fundamentalmente personal que iba haciendo don Josemaría con todo tipo de personas, y particularmente con gente joven, fue también ampliándose a medios de formación cristiana de carácter colectivo. El 21 de enero de 1933, tuvo lugar el primer círculo o clase de formación de la labor apostólica puesta bajo el patrocinio del Arcángel San Rafael.


 

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 913 (25-I-1933)

El sábado pasado, con tres muchachos y en Porta Coeli di comienzo, g.a.D., a la obra patrocinada por S. Rafael y S. Juan. Hice después de la charla, exposición menor, y les di la bendición con el Señor. Nos reuniremos los miércoles.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 481

Recuerdos del Fundador, en un encuentro con miembros del Opus Dei en Brasil, 30-V-74

Vinieron sólo tres. ¡Qué descalabro, ¿verdad?! ¡Pues, no! Me puse muy contento, y al terminar me fui al oratorio de las monjas, expuse a Nuestro Señor en la custodia, y di la bendición a aquellos tres. Me pareció que el Señor bendecía no a tres, ni a tres mil, ni a trescientos mil, ni a tres millones: bendecía a una muchedumbre de gentes de todos los colores, que ya es una realidad (…)

y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones…, blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer. Y me he quedado corto, porque es una realidad a la vuelta de casi medio siglo. Me he quedado corto, porque el Señor ha sido mucho más generoso.

Ana Sastre Gallego Tiempo de caminar: semblanza de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Ediciones Rialp. Madrid, 1989. p. 146.


Primera labor corporativa: la Residencia D. Y. A.


Solicitud al Obispo de Madrid-Alcalá para la concesión de un oratorio en la Residencia de Ferraz, 13-III-1935

José María Escrivá y Albás, pbro., Director espiritual de la Academia-Residencia D.Y.A. -Ferraz 50- de la que es Director técnico D. Ricardo Fernández Vallespín, arquitecto, Profesor ayudante de la Escuela Superior de Arquitectura, a V.E. respetuosamente expone:

Que en la citada Academia, además de los fines culturales que le son propios, y de las clases de Religión para estudiantes universitarios que, por disposición de V.E. Rma., se vienen dando desde hace dos años, se procura hacer obras de celo con los alumnos y residentes de la Casa y con otros estudiantes de todas las Facultades y Escuelas Especiales, explicándoles el Santo Evangelio, practicando el retiro mensual, atendiendo a catequesis en los barrios extremos, etc., y como, para mejor realizar dichas obras, deseamos vivamente tener, en la Casa, Capilla y Sagrario con su Divina Majestad Reservado.

Suplica a V.E. en nombre de todos estos jóvenes y en el propio se digne conceder la mencionada gracia.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Amadeo de Fuenmayor Champín, Valentín Gómez-Iglesias, y José Luis Illanes Maestre, El itinerario jurídico del Opus Dei: historia y defensa de un carisma. Eunsa. Pamplona, 1989, p. 509


Santo Rosario


Prólogo de “Santo Rosario” (1934)

Una mañana, después de decir Misa, durante la Novena de la Inmaculada del año 1932, al terminar la acción de gracias, Josemaría Escrivá escribió, junto al presbiterio, en la sacristía de Santa Isabel, el libro “Santo Rosario”. Lo escribió con la intención de que sirviera para que las personas que trataba rezaran mejor esta popular oración mariana, aprendiendo a contemplar las escenas de los distintos misterios. Lo publicaría en forma de libro posteriormente, en 1934. Este es el Prólogo:

 

Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños..., rezar como rezan los niños.

Y todo esto junto es preciso para llevar a la práctica lo que voy a descubrirte en estas líneas:

El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.

-¿Quieres amar a la Virgen? -Pues, ¡trátala! ¿Cómo? -Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.

Pero, en el Rosario... ¡decimos siempre lo mismo! -¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman?... ¿Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios? -Además, mira: antes de cada decena, se indica el misterio que se va a contemplar. -Tú... ¿has contemplado alguna vez estos misterios?

Santo Rosario, Epílogo

Amigo mío: te descubrí un punto mi secreto. A ti, con la ayuda de Dios, te toca descubrir el resto. Anímate. Sé fiel.

Hazte pequeño. El Señor se esconde a los soberbios y manifiesta los tesoros de su gracia a los humildes.

No temas si, al discurrir por tu cuenta, se te escapan afectos y palabras audaces y pueriles. Jesús lo quiere. María te anima. Si rezas el Rosario así, aprenderás a hacer oración buena.

Josemaría Escrivá de Balaguer, Santo Rosario. 15 ª ed. Madrid 1975, p. 87.


Álvaro del Portillo

Álvaro del Portillo fue el primer sucesor del Fundador Josemaría al frente del Opus Dei. Se incorporó al Opus Dei en el año 1935, durante un retiro espiritual predicado por Josemaría Escrivá en la residencia de Ferraz. San Josemaría le llamaba, por su fidelidad, saxum: roca.


Carta de Josemaría Escrivá a Álvaro del Portillo, desde Burgos

Jesús te me guarde, Saxum.

Y sí que lo eres. Veo que el Señor te presta fortaleza, y hace operativa mi palabra: saxum! Agradéceselo y séle fiel, a pesar de... tantas cosas.

(...) ¡Si vieras, qué ganas más grandes tengo de ser santo, y de haceros santos! Te abrazo y te bendigo.

EF-390323-5, Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, T. II Ediciones Rialp.

 

Carta de Josemaría Escrivá a Álvaro del Portillo, desdeMadrid

Saxum! ¡qué blanco veo el camino —largo— que te queda por recorrer! Blanco y lleno, como campo cuajado. ¡Bendita fecundidad de apóstol, más hermosa que todas las hermosuras de la tierra! Saxum!

EF-390518-5, Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, T. II (En prensa). Ediciones Rialp.

En 1936, Josemaría Escrivá pensó que había llegado el momento de extender fuera de Madrid el trabajo apostólico que llevaba a cabo desde 1928.


Deseos de expansión del trabajo apostólico


 

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos,nn. 1315 (13-II-1936) y 1318 (28-II-1936)

Veo la necesidad, la urgencia de abrir casas fuera de Madrid y fuera de España. (…) Siento que Jesús quiere que vayamos a Valencia y a París (...). Ya se está haciendo una campaña de oración y sacrificios, que sea el cimiento de esas dos Casas (…)

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 579


Instrucciones y Cartas a los fieles del Opus Dei

Desde los comienzos del Opus Dei, Josemaría Escrivá fue recopilando ordenadamente las luces recibidas de Dios y preparando documentos que más tarde entregaría a los fieles del Opus Dei. Estos documentos son las Instrucciones y las Cartas.

Las Instrucciones recogen criterios de fondo, experiencias y detalles prácticos sobre aspectos concretos de la labor formativa y apostólica de los miembros del Opus Dei. Son 6 en total y fueron escritas entre 1930 y principios de los años 50.

Las Cartas tratan sobre aspectos de espíritu que Josemaría Escrivá comenta como Fundador. Abarcan un periodo más extenso, hasta los años 70.

Las cartas más antiguas sufrieron retoques terminológicos con el correr del tiempo, que no afectaron a la substancia de su contenido. El Fundador conservó siempre la fecha de la primera redacción.


Instrucción, 19-III-1934

La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre (...). Hace muchos años que el Señor la inspiraba a un instrumento inepto y sordo, que la vio por vez primera el día de los Santos Ángeles Custodios, dos de octubre de mil novecientos veintiocho. (...) La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre, para resolver la situación lamentable de la Iglesia en España desde 1931. (...)

1) La Obra de Dios viene a cumplir la Voluntad de Dios. Por tanto, tened una profunda convicción de que el cielo está empeñado en que se realice.

2) Cuando Dios Nuestro Señor proyecta alguna obra en favor de los hombres, piensa primeramente en las personas que ha de utilizar como instrumentos... y les comunica las gracias convenientes.

3) Esa convicción sobrenatural de la divinidad de la empresa acabará por daros un entusiasmo y amor tan intenso por la Obra, que os sentiréis dichosísimos sacrificándoos para que se realice.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 576

 

"Carta 24-III-1930" nn. 1, 2, 12 y 14

 

El corazón del Señor es corazón de misericordia, que se compadece de los hombres y se acerca a ellos. Nuestra entrega, al servicio de las almas, es una manifestación de esa misericordia del Señor, no sólo hacia nosotros, sino hacia la humanidad toda. Porque nos ha llamado a santificarnos en la vida corriente, diaria. (…)

Hemos de estar siempre de cara a la muchedumbre, porque no hay criatura humana que no amemos, que no tratemos de ayudar y de comprender. Nos interesan todos, porque todos tienen un alma que salvar, porque a todos podemos llevar, en nombre de Dios, una invitación para que busquen en el mundo la perfección cristiana, repitiéndoles: estote ergo vos perfecti, sicut et Pater vester caelestis perfectus est (Matth V, 48); sed perfectos, como lo es vuestro Padre celestial. (…)

Hemos venido a decir, con la humildad de quien se sabe pecador y poca cosa —homo peccator sum (Luc. V, 8), decimos con Pedro—, pero con la fe de quien se deja guiar por la mano de Dios, que la santidad no es cosa para privilegiados: que a todos nos llama el Señor, que de todos espera Amor: de todos, estén donde estén; de todos, cualquiera que sea su estado, su profesión o su oficio. Porque esa vida corriente, ordinaria, sin apariencia, puede ser medio de santidad: no es necesario abandonar el propio estado en el mundo, para buscar a Dios, si el Señor no da a un alma la vocación religiosa, ya que todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo. (…)

Lo extraordinario nuestroes lo ordinario: lo ordinario hecho con perfección. Sonreír siempre, pasando por alto —también con elegancia humana— las cosas que molestan, que fastidian: ser generosos sin tasa. En una palabra, hacer de nuestra vida corriente una continua oración. (...)

En esa vida corriente, mientras vamos por la tierra adelante con nuestros compañeros de profesión o de oficio —como dice el refrán castellano cada oveja con su pareja, que así es nuestra vida—, Dios Nuestro Padre nos da la ocasión de ejercitarnos en todas las virtudes, de practicar la caridad, la fortaleza, la justicia, la sinceridad, la templanza, la pobreza, la humildad, la obediencia...

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 299-301

 

"Carta 9-I-1932" , nn. 9, 92 y 91

Si me preguntáis cómo se nota la llamada divina, cómo se da uno cuenta, os diré que es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio. Esa fuerza vital, que tiene algo de alud arrollador, es lo que otros llaman vocación.

La vocación nos lleva -sin darnos cuenta- a tomar una posición en la vida, que mantendremos con ilusión y alegría, llenos de esperanza hasta en el trance mismo de la muerte. Es un fenómeno que comunica al trabajo un sentido de misión, que ennoblece y da valor a nuestra existencia. Jesús se mete con un acto de autoridad en el alma, en la tuya, en la mía: ésa es la llamada. (…)

Al suscitar en estos años su Obra, el Señor ha querido que nunca más se desconozca o se olvide la verdad de que todos deben santificarse, y de que a la mayoría de los cristianos les corresponde santificarse en el mundo, en el trabajo ordinario. Por eso, mientras haya hombres en la tierra, existirá la Obra. Siempre se producirá este fenómeno: que haya personas de todas las profesiones y oficios, que busquen la santidad en su estado, en esa profesión o en ese oficio suyo, siendo almas contemplativas en medio de la calle. (…)

A la vuelta de tantos siglos, quiere el Señor servirse de nosotros para que todos los cristianos descubran, al fin, el valor santificador y santificante de la vida ordinaria -del trabajo profesional- y la eficacia del apostolado de la doctrina con el ejemplo, la amistad y la confidencia.

Quiere Jesús, Señor Nuestro, que proclamemos hoy en mil lenguas -y con don de lenguas, para que todos sepan aplicárselo a sus propias vidas-, en todos los rincones del mundo, ese mensaje viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo.

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Ediciones Rialp. Madrid, 1997. T. 1, pp. 303-305 y 568