Inicio

 

Historia de una serrana


 


Para saber más

Manolo Bravo tuvo la oportunidad de cantarle una serrana a san Josemaría cuando estuvo en Córdoba. Esta es la pequeña historia de aquella canción.

Cuando llegó san Josemaría a Córdoba, cuenta Manolo Bravo, "comenzó a hablarnos de obediencia cristiana, de fidelidad y de amor a la voluntad de Dios. Un militar, Enrique Puga, le comentó que tenía un hijo enfermo, con una subnormalidad.

San Josemaría le dijo que debía ver aquella enfermedad como un regalo de Dios. Le aconsejó que quisiera a ese hijo de una forma muy especial, con la seguridad de que Dios envía esas criaturas a los matrimonios a los que quiere también de una forma especial.

Yo me encontraba frente a él, con la guitarra preparada, y aprovechando una pausa entre las preguntas, le dije:

- “Padre: ¿quiere que le cante unas serranas de Córdoba?

Asintió. Pero entre tantos apretones de la gente, la guitarra estaba algo desafinada, y empecé a cantar demasiado alto. Tal alto que no sabía si podría llegar al final con aquel tono.

El Padre se dio cuenta, y al verme tan apurado, me animaba sonriendo, mirándome a los ojos. “Venga hijo mío, venga… -me dijo-. ¡Si pudiera te ayudaba!”

Han pasado los años y hoy, gracias a Dios, lo tenemos en el Cielo y la Iglesia le venera como santo. He considerado muchas veces en mi oración esas palabras: “si pudiera te ayudaba”, porque noto con frecuencia su intercesión ante Dios.

Yo seguía cantando la serrana, haciendo lo que podía, pero como había empezado tan alto, no tuve voz para acabarla y corté en seco, diciéndole:

-Padre, estoy hecho polvo, no puedo más: ¡déme un abrazo!

Nos dimos un abrazo inolvidable. Desde luego, fueron las serranas peor cantadas de mi vida; pero sin duda alguna, las mejor pagadas".

 

Ir a la página de Inicio