Qué capacidad tan extraña tiene el hombre para olvidarse de las cosas más maravillosas, para acostumbrarse al misterio! Consideremos de nuevo, en esta Cuaresma, que el cristiano no puede ser superficial. Estando plenamente metido en su trabajo ordinario, entre los demás hombres, sus iguales, atareado, ocupado, en tensión, el cristiano ha de estar al mismo tiempo metido totalmente en Dios, porque es hijo de Dios.
La filiación divina es una verdad gozosa, un misterio consolador. La filiación divina llena toda nuestra vida espiritual, porque nos enseña a tratar, a conocer, a amar a nuestro Padre del Cielo, y así colma de esperanza nuestra lucha interior, y nos da la sencillez confiada de los hijos pequeños.
Más aún: precisamente porque somos hijos de Dios, esa realidad nos lleva también a contemplar con amor y con admiración todas las cosas que han salido de las manos de Dios Padre Creador. Y de este modo somos contemplativos en medio del mundo, amando al mundo.
Para 4 personas
80 gr de miga de pan
2 huevos
1 diente de ajo
12 hojas de col
8 lonchas de panceta
brotes de soja (al gusto)
harina
huevo batido
PREPARACIÓN
Pon la miga de pan a remojar con un poco de agua. Pon los huevos a cocer en una cazuela con agua hirviendo. Deja cocer durante 10 minutos aproximadamente. Enfríalos y pélalos.
Escalda las hojas de col en una cazuela con agua hirviendo (2-3 minutos) y escúrrelas
Para el relleno, pica el diente de ajo y dóralo en una sartén con un poco de aceite. Añade la panceta picada, rehógala un poco, e incorpora los brotes de soja y la miga de pan. Pica los huevos cocidos, añádelos y mezcla bien. Rellena las hojas de berza y envuélvelas. Pasa los rollitos por harina y huevo y fríelos en una sartén con aceite. Están de maravilla.