Transcribo algunos textos de una carta aparecida en la red, en el ámbito del Baloncesto en Silla de Ruedas:
Una buena idea nace de una buena intención, y así se creó el nombrado "FORO (…) ". Este foro nacía con la intención de que todos los que estamos en el Baloncesto en Silla de Ruedas expresásemos nuestra opinión y diésemos nuestros puntos de vista sobre ciertos aspectos de nuestro deporte.
Por desgracia, hay gente que lo convierte en un foro de difamación, insulto y ajustes de cuentas personales. Todo esto lo hacen desde un respetable anonimato en el que descargan todas sus fobias contra todo lo que no les gusta o con los que discrepan de sus opiniones y puntos de vista.
Por lo que leo de vez en cuando, ciertamente hay veces que se quitan las ganas de leer algunos de lo mensajes por su falta de respeto y su violencia verbal que saca a flote odios históricos y acusaciones, faltando el más mínimo respeto hacia el resto de participantes en dicho foro.
Los seres humanos confundimos el significado de la palabra anonimato o empleamos mal este derecho que tenemos a esconder nuestra identidad. La mayoría cree que este anonimato les da derecho a faltar el respeto a los demás y a sacar lo peor de sí mismos para denunciar algo, y aparte de denunciar, que es un derecho que todos tenemos. Pasan al insulto más dañino que se pueda hacer y donde más duela, y si además puedo meter otro insulto contra algún familiar, pues también lo meto y así soy más anónimo. Ser anónimo no significa ser el flagelo de los demás ni el justiciero, como se apoda alguno que otro.
(…) El colmo para mí llega cuando, tras varios mensajes de insultos y faltas de respeto, la persona objeto de dichos insultos pide a su insultador que se identifique. Entonces, aquí, sí que el anónimo se indigna y hace valer sus derechos, esos que niega al insultado, y dice muy digno: "hay que respetar mi derecho al anonimato”. En mi opinión, si tú no respetas a los demás pongo en duda tu petición de ser respetado.
Quizá estos odios se pudieran resolver poniendo nombre y apellidos a los mensajes y si alguien tiene algo que decir contra otro que se identifique y resuelvan su problema como compañeros de deporte, porque no olvidemos que todos somos compañeros que tenemos una misma pasión por nuestro baloncesto. Tanto jugadores, directivos, árbitros y entrenadores estamos luchando por un bien común.
Anónimos: se puede decir de todo con la cara tapada
Esta carta es un buen punto de reflexión sobre un fenómeno demasiado común: las críticas al Papa o la Santa Sede, proferidas por personas anónimas.
En ocasiones se trata de un recurso del informador para poner en boca de otro sus propias opiniones.
Otras veces el anonimato pretende encubrirse en fórmulas como: “un eclesiástico que prefiere no dar su nombre, para evitar represalias”. La muletilla de esas fantásticas represalias se ha utilizado en alguna ocasión contra el Opus Dei.
Es una enfermedad de la sociedad mediática: la enfermedad del anonimato. ¿Se puede decir todo, y acusar de cualquier cosa, sin asumir la propia resposabilidad, sin decir el propio nombre?
Por eso, lo más prudente parece ser no leer, por principio, ningún escrito anónimo, que no venga claramente firmado por una persona real, con nombre y apellidos: alguien que no esconda la cara, y que pueda responder con responsabilidad (también ante la ley) de sus propias afirmaciones.
De ese modo puede distinguirse la acusación de la difamación y la calumnia.