Página de Inicio

 

Josemaría Escrivá y su devoción a los ángeles custodios



¿Quiénes son los ángeles?

  • Cuando Peter Seewal le preguntó al Cardenal Ratzinger si la enseñanza de la Iglesia sobre los ángeles seguía siendo cierta, el actual Papa Benedicto XVI le contestó que era tan cierta como siempre: "Lo dice la Escritura, y de alguna manera el ser humano tiene un conocimiento primigenio de que no somos las únicas criaturas espirituales. Dios también creó al mundo de otros seres espirituales, cercanos a nosotros". (En Dios y el Mundo, pág. 116)

  • El Papa recuerda la enseñanza perenne: los ángeles no son mitos, ni cuentos infantiles, sino seres espirituales, no corporales, servidores y mensajeros de Dios, que contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10).

  • El Catecismo de la Iglesia Católica (328-336) enseña que su existencia es una verdad de fe y que el testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
  • Son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20); criaturas con inteligencia y voluntad, personales, inmortales, que superan en perfección a todas las criaturas visibles.
  • Cristo es el centro del mundo de los ángeles y los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles... (Mt 25, 31). Le pertenecen –aclara la Iglesia- porque fueron creados por y para El: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él" (Col 1, 16).
  • Y le pertenecen porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14).

¿Cómo han actuado los Ángeles en la Historia de la Salvación?

  • Encontramos a los ángeles en momentos decisivos de la Historia de la Salvación.

  • Por ejemplo, en el Antiguo Testamento:

    • Cierran el Paraíso terrenal.
    • Detienen la mano de Abraham cuando va a sacrificar a su hijo.
    • Anuncian nacimientos y vocaciones.
    • El ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús, etc.


  • En el Nuevo Testamento:
    • Se alegran por el nacimiento de Cristo: "Gloria a Dios...” (Lc 2, 14).
    • Sirven a Jesús en el desierto.
    • Dice Jesucristo (Mateo 18,10): “Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos”.
    • Reconfortan a Jesús en la agonía.


¿Cómo actúan en nuestra vida?

  • Los ángeles nos protegen durante todo nuestro paso por la tierra. La Iglesia recuerda que "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida".

  • En el Antiguo Testamente se indica cómo tratarlos: Éxodo 23, 20-23a:Así habla el Señor: «Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él. Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Entonces mi ángel irá delante de ti.»

Josemaría Escrivá y los ángeles

  • Muchos santos nos han dejado testimonio de su trato con los ángeles, como santa Francisca Romana (1384 – 1440), a la que Dios le concedió el don de ver a su ángel custodio.
  • Uno de esos santos que gozó de gran familiaridad con los ángeles fue san Josemaría, al que Dios le hizo ver el Opus Dei un 2 de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios.
  • “Hoy hace tres años –escribió el 2 de octubre de 1931– que en el Convento de los Paúles, recopilé con alguna unidad las notas sueltas, que hasta entonces venía tomando; desde aquel día el borrico sarnoso se dio cuenta de la hermosa y pesada carga que el Señor, en su bondad inexplicable, había puesto sobre sus espaldas. Ese día el Señor fundó su Obra: desde entonces comencé a tratar almas de seglares, estudiantes o no, pero jóvenes. Y a formar grupos. Y a rezar y a hacer rezar. Y a sufrir...

  • Y añadió: recibí la iluminación sobre toda la Obra, mientras leía aquellos papeles. Conmovido me arrodillé –estaba solo en mi cuarto, entre plática y plática – di gracias al Señor, y recuerdo con emoción el tocar de las campanas de la parroquia de N. Sra. de los Ángeles”.

  • En Camino hay 29 puntos en los que se habla de la devoción a los ángeles. Esta amplitud me llamó la atención la primera vez que leí este libro en 1963, sin saber nada del Opus Dei.
  • En los medios de formación cristiana del Opus Dei (círculos, clases, meditaciones, homilías, etc.) se enseña, siguiendo una tradición cristiana que se remonta a los apóstoles- a pedirles pequeños favores; a solicitar su intercesión antes de emprender un viaje; a saludarlos al entrar y salir de casa, etc.


    El fundador del Opus Dei, en relación con los ángeles, alienta:
  • A tratarlos con confianza:

Ten confianza con tu Angel Custodio. —Trátalo como un entrañable amigo —lo es— y él sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día. (Camino, 562)

  • A pedirles que intercedan ante Dios en la tarea evangelizadora:

Gánate al Angel Custodio de aquel a quien quieras traer a tu apostolado. —Es siempre un gran "cómplice". (Camino, 563)

  • A pedirles que intercedan por nosotros a la hora de la muerte, cuando rindamos cuentas a nuestro Salvador:

El Angel Custodio nos acompaña siempre como testigo de mayor excepción. El será quien, en tu juicio particular, recordará las delicadezas que hayas tenido con Nuestro Señor, a lo largo de tu vida. Más: cuando te sientas perdido por las terribles acusaciones del enemigo, tu Angel presentará aquellas corazonadas íntimas quizá olvidadas por ti mismo, aquellas muestras de amor que hayas dedicado a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo.

Por eso, no olvides nunca a tu Custodio, y ese Príncipe del Cielo no te abandonará ahora, ni en el momento decisivo. (Surco, 693)

 

José Miguel Cejas