RESULTA fácil, y a la vez tremendamente complicado, dibujar la semblanza de un ser tan relevante como don Luis Adaro habiendo aprendido a trabajar con él. Fácil, porque sus realizaciones hablan por sí mismas, son auténticos hitos en el mundo cameral, ferial, económico asturiano, hitos que, como sociedad, posiblemente seremos capaces de ver en su auténtica dimensión con el paso de los años. Pero también resulta díficil, porque existe un ineludible componente emocional a la hora de abordar su figura, después de años de trabajo.
Su recuerdo en la Cámara de Comercio de Gijón es imborrable, somos plenamente conscientes del calado de su trabajo y muchos de nosotros hemos conocido el día a día de su gestión. Su inagotable afán por sacar adelante proyectos que consideraba estratégicos para Gijón y para Asturias, su capacidad para resolver en los momentos en los que los obstáculos parecían insalvables
La labor de don Luis Adaro es incontestable y, aunque la recuperación y consolidación de la Feria Internacional de Muestras de Asturias, así como la creación del recinto ferial, es quizás lo que ha alcanzado mayor trascendencia, su trabajo al frente de la Cámara de Gijón le ha hecho estar en la trastienda de muchos momentos de importancia para la economía regional.
Personalmente, confieso que me alegro enormemente de que don Luis haya vivido lo suficiente para asistir a la 50 edición de Fidma y para ver cómo el recinto ferial se ha modernizado y gana en innovación y competitividad. En la Cámara de Gijón se le quiere y se le echará mucho de menos.
Creo que, de alguna forma, sentiremos que sigue con nosotros porque somos plenamente conscientes de que integramos un proyecto que fue una gran motivación de su vida. Seguiremos construyéndolo en su memoria.