Comer en la Cocina Económica hace ahora cien años costaba apenas 0,10 pesetas (al menos para quien podía pagarlas). Desayunar, por contra, salía por bastante menos, 0,05 pesetas. Claro que los menús, además de ciertamente baratos (estaban pensados para personas sin recursos) eran algo limitados: cocido, para el mediodía y patatas con carne o carne con arroz, para la noche.
Tampoco abundaba el desayuno, que consistía en una taza de leche con café y una ración de pan. Eran los años en que la Asociación Gijonesa de Caridad echaba a andar, una aventura que arrancó el 9 de febrero de 1905 de la mano de un reducido grupo de fundadores, entre los que se encontraba Donato Argüelles y cuyo objetivo era erradicar la mendicidad de las calles de la ciudad.
Al principio, fueron 400 los mendigos amparados por la Asociación Gijonesa de Caridad, una de las instituciones benéficas con más raigambre en la ciudad. Los candidatos a ser socorridos debían inscribirse en los locales que por aquel entonces regentaba la sociedad, en la plazuela de los Remedios, a unos pocos pasos de la casa en que vivió Jovellanos, en el barrio de Cimadevilla.
Dos eran los requisitos principales para recibir ayudas: uno, «ser un verdadero necesitado» (apuntan las primeras actas) y otro, «ser vecino de Gijón».
Estas y otras peculiaridades vienen recogidas en el libro '100 años de Solidaridad' con el que la Asociación Gijonesa de Caridad conmemora su centenario. La obra, que acaba de ser publicada, está escrita por Luis Torres, secretario de la entidad. En ella, se ofrecen datos, cifras y curiosidades de esta organización sin ánimo de lucro que comenzó a funcionar con apenas 40.000 pesetas, recogidas a través de una suscripción popular y de «aportaciones de familias pudientes».
Cuenta el autor del libro que allá por 1904, «empezó a germinar en la mente de numerosas personas acomodadas de la Villa, la idea de establecer una asociación de caridad, como las que ya funcionaban en otras poblaciones como Sevilla, Zaragoza o Bilbao». Buscaba «apoyar a los verdaderamente necesitados y desterrar la mendicidad callejera».
Claro que, como casi siempre, los inicios no fueron fáciles. Mucho tuvo que sufrir y pelear la Asociación Gijonesa de Caridad para cumplir sus primeros cien años de vida y poder exhibir con orgullo un balance más que envidiable: 275.753 personas acogidas en el albergue nocturno entre 1905 y 2004, más de 305.000 comidas servidas en la guardería infantil que funcionó entre 1968 y 1989 o los más de cien mil platos anuales que se sirven en la actualidad.
Embarazadas y presos
De los primeros años de andadura, cabe señalar las crónicas recogidas en EL COMERCIO y firmadas por Adeflor, animando a «las clases pudientes» a arrimar el hombro en favor de la Asociación Gijonesa de Caridad que además de mendigos, también socorría a mujeres sin recursos que daban a luz, así como a familias que dependían de la pesca y que no podían trabajar cuando el estado de la mar obligaba a cerrar el puerto.
Pero la lista de beneficiarios no acababa ahí. En sus primeros años, la Cocina Económica tenía a su cargo la manutención de los presos de la cárcel, «a los que servía por la mañana un plato de cocido, por la tarde otro de patatas con carne o arroz y chorizo, además de una ración de 500 gramos de pan por persona».
Tras su constitución, el entonces alcalde, Jesús Menéndez Acebal, emitió un bando municipal afirmando que «desde el 8 de junio de 1905 queda prohibida la mendicidad en vías públicas, pórticos de iglesia, estaciones de ferrocarril, paseos, plazas y todo sitio de tránsito». Asimismo, los hijos de padres socorridos debían vacunarse y matricularse obligatoriamente en la escuela.
Los años de la guerra
Pero aunque la Asociación Gijonesa de Caridad cumplió su centenario a lo largo de 2005, la Cocina Económica, data de más antiguo. Se estima que sus primeros trabajos comenzaron allá por 1887, fundada por Rafael Suárez del Villar, si bien el centro comenzó a funcionar como tal en 1890, en un salón instalado en la calle de Langreo. Desde entonces hasta nuestros días la Cocina Económica y la Asociación Gijonesa de Caridad han caminado juntas. Oficialmente, lo hacen desde diciembre de 1909, cuando la Asociación adquirió los locales de la calle Langreo, que en aquella época, como en la actualidad, eran atendidos por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.
Lejos quedaron aquellos ingresos de 123.272,95 pesetas obtenidos entre 1905 y 1906. O las 206.207 pesetas recaudadas de 1909 a 1912, cuando la entidad decide mudarse a unas nuevas instalaciones donde poder fusionar su albergue nocturno, el comedor y las propias oficinas.
Fue así que en 1922 se instaló en un edificio de la entonces plaza de los Mártires (el Humedal), donde fue construida, incluso, una capilla. Pero este edificio no las tuvo todas consigo, ya que fue derribado durante la Guerra Civil, años en los que la Asociación Gijonesa de Caridad a punto estuvo de desaparecer.
En 1947 y tras conseguir un préstamo de 139.500 pesetas del Instituto del Crédito para la Reconstrucción Nacional, la entidad logró rehabilitar su sede y retomar su actividad. La carestía que por aquellos años mostraban los alimentos de primera necesidad hacían casi urgente la reapertura de la Cocina Económica, una iniciativa que logró salir adelante gracias a la encomiable labor de los ya desaparecidos Ignacio Soto y Luis Adaro.
La Asociación Gijonesa de Caridad salió airosa de su crisis y volvió a contagiar su solidaridad a la ciudadanía. En 1962 se produce el último gran cambio de la entidad, con el traslado al edificio de la calle de Mieres, donde funciona en la actualidad.