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Recuerdos de Torrealba


Los comienzos en Torrealba, por Andrés Guerrero

 

Torrealba nació gracias al aliento espiritual de san Josemaría que soñaba con lo que es ahora una gozosa realidad: cientos de escuelas famililares diseminadas por los cinco continentes, que contribuyen al desarrollo humano, profesional y espiritual de las personas que viven en el medio agrario.

En 1962 esto sólo era un sueño. Y el primer paso para convertir ese sueño en realidad lo dieron tres cordobeses, en un ambiente muy de nuestra tierra: en una tertulia de amigos.

Así lo cuenta Andrés Guerrero, un profesional cordobés al que le plantearon este empeño en beneficio del campo andaluz un primo suyo -Pepe Guerrero- y un gran amigo: Paco Corazón; dos figuras tan conocidas de la sociedad cordobesa

La Granja - Escuela

“Estando en mi despacho, un buen día de 1962 me visitaron dos grandes amigos: mi primo, Pepe Guerrero, y Paco Corazón.

Venían con una idea clara: poner en marcha en Córdoba una Escuela de Capataces Agrícolas. No hace falta explicar la necesidad que había entonces y sigue habiendo ahora de que la gente del campo esté bien preparada profesionalmente.

La idea me gustó, y sigueron explicándome:

- Necesitamos contar con treinta personas que estén dispuestas a hacer un donativo de trenta mil pesetas cada una y con un equipo de profesores que den clases... gratis.

Hice cuentas mentalmente y concluí que aquel proyecto no podía salir, ni por lo económico -con sólo 900. 000 Pts no se podía montar una Escuela de ese tipo- ni por lo humano: ¿quién iba estar dispuesto dar varias horas de clase semanales, como voluntario, y sin cobrar un duro, sólo por el ideal de ayudar a la gente del campo?.

Aquello me parecía una utopía y se lo dije; pero a continuación, como no me gusta negarme a poner en marcha a proyectos necesarios e importantes, acepté en colaborar. Durante todo el rato mi primo Pepe llevó la voz cantante.

Poco tiempo después volvieron a verme; ya tenían una finca próxima a La Fuensanta con una casa en la que se podían comenzar los cursos. Me preguntaron si estaba dispuesto a ir a la Caja de Ahorros Provincial para firmar una póliza de 100.000 Pts, pagadera en seis años, cosa que también habían hecho los primeros donantes de aquellas 30000 pesetas.

Claro que estaba dispuesto: y me fui ilusionando cada vez más en aquella aventura.

La Granja Escuela se estableció en la Hacienda San Eduardo de Córdoba, propiedad de un hermano de Pepe Molleja, que nos la dejó generosamente. Ricardo López Marín había cedido dos tractores. Contaban, además con las nuevas aportaciones – a través de las pólizas que firmamos– y con los beneficios que se obtendrían en la explotación de la hacienda. Y ya se habían comprometido a dar clases varios Ingenieros Agrónomos, Veterinarios y Peritos agrícolas.

No me acuerdo de los nombres de ,todos; pero sí de algunos como mi primo Pepe, de mi amigo Paco Corazón, y de otros amigos y personas que fui conociendo, como Pepe Molleja, Luis Rubio Courtois, su hermano José Ignacio, Juan Lovera Porras, Pedro Javier Criado Navas, Juan Cano Ruano, Ricardo López Marín, y muchos más, que ahora no recuerdo de memoria.

 

El comienzo

 

El II-IX-1962 el Diario Informaciones publicó la siguiente noticia:

 

INAUGURACIÓN DE UNA GRANJA-ESCUELA DE CAPACITACIÓN AGRÍCOLA
EN CÓRDOBA

(De nuestro corresponsal)

Como resultado de una labor entusiasta, tenaz y generosa de un grupo de labradores y técnicos cordobeses ha sido inaugurada una granja-escuela de capacitación agrícola en las proximidades del barrio Cañero.

Acudió el vicario general a bendecir el oratorio y las instalaciones de la nueva granja-escuela.

El Presidente del Patronato, don José María Guerrero Guerrero, explicó que la nueva obra pretendía proporcionar a los campesinos medios para adquirir una mejor formación profesional y cultural, de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia y los deseos manifestados por Su Santidad Juan XXIII y agradeció vivamente su colaboración a todos los patronos, técnicos y profesores que con su generoso esfuerzo han hecho posible esta realidad.

La granja-escuela cuenta con una residencia para los estudiantes campesinos, una vaquería, 45 hectáreas de terreno de regadío y máquinas y útiles necesarios para la formación de los alumnos.

Desarrollará su actividad en distintos cursos especializados a cargo de prestigiosos profesionales, ingenieros, veterinarios y peritos. El primero comenzó el día 8 y tiene como objeto el estudio y tratamiento de las plagas del campo.

El vicario felicitó por su trabajo a todos los que habían trabajado en la nueva empresa educacional y les estimuló a seguir adelante en su empeño.

Se trata efectivamente de la primera granja-escuela de capacitación agrícola que ha nacido en España por obra de iniciativa privada



Primera Promoción de la Granja - Escuela

 

“Las actividades comenzaron con un curso de plagas del algodón -continúa relatando Andrés-, que impartió Manolo Obrero, y que duró hasta Navidades. Pasado este periodo vacacional se impartieron cursos de Maquinaria, que estuvieron a cargo de Manolo León López; y de Suelos y Abonos, impartido por el propio Andrés Guerrero.

Durante este primer curso 62-63 el Director fue Francisco Corazón Molina. Y el Director de la Residencia de alumnos Florentino Matías Armentero, que además impartía las materias básicas de Matemáticas y Física.

Estas asignaturas despertaban grandísimo interés en los alumnos, que se enfrentaban a materias muy técnicas y complicadas, a pesar de que el bagaje de formación que traían –por otra parte común en esa época – era muy bajo: apenas sabían leer y escribir”.

 

Nuevos Profesores

“En el Curso siguiente1963-64 se incorporaron a la granja-escuela nuevos profesores: Juan Cano Ruano, como Jefe de Estudios; José María Fernández Peña, que impartía Plagas; José Manuel Gil de Antuñano, que explicaba Edafología y Riegos; Luis Carreto González-Meneses; y Manolo Verdejo, que daba materias básicas.

“Este Curso tuvo una gran importancia, porque el Ministerio de Agricultura concedió el reconocimiento oficial a las enseñanzas de Torrealba. En aquella época la formación profesional dependía del Ministerio del ramo correspondiente y no como ahora, del de Educación"

 

 

CÓRDOBA 26 de Mayo de 1963

El Ministerio de Agricultura reconoce las enseñanzas de Torrealba

Por orden del Ministerio de Agricultura, publicada en el “Boletín Oficial del Estado” del jueves, día 23, se otorga a Torrealba la concesión de enseñanzas de Capataces Agrícolas.

Con este Centro único en la provincia, se podrán formar unos cincuenta capataces agrícolas por año. La enseñanza, que será totalmente gratuita, pretende que los trabajadores del campo lleguen a un completo y práctico conocimiento de las técnicas agrícolas.

Con esta disposición del Estado la gran labor que viene realizando desde el pasado año el Patronato Benéfico Social de la Granja-Escuela Torrealba, donde un grupo de técnicos agrícolas se encargan, con un desinteresado esfuerzo, de cursos de especialización de 21 días de duración para obreros del campo.

Dichos cursos versan sobre aspectos muy concretos. Riegos y abonos, plagas del campo, tractores y maquinaría agrícola, auxiliares en administración de fincas. De ahora en adelante Torrealba continuará estos cursos especializados y dará comienzo a las enseñanzas propias de capataces agrícolas.

 

 

Continuamos con el relato de Andrés:

“En el Curso 1964-65 -continúa Andrés- Torrealba se convierte en obra corporativa del Opus Dei. La dirigió el Ingeniero Agrónomo Javier Fernández Pacheco.

Al cabo de muchos años estuve charlando con san Josemaría en Roma. Cuando le dije que era profesor de Torrealba – ya era una EFA– el Padre comenzó a aplaudir, muy contento; y cuando le expliqué que nuestro proyecto era promocionar esta formación en todo el valle del Guadalquivir, me dijo, más o menos:

- No, hijo mío: tenéis que pensar... ¡en todo el mundo!

Y así fue, años más tarde.

En el curso siguiente, 1965-66 el Director fue el Ingeniero Agrónomo Manuel Ordeig.

 

Las Escuelas Familiares Agrarias

 
En el Curso 1968-69 esta labor con los campesinos tomó un nuevo derrotero: las Escuelas Familiares Agrarias. Ya en el Curso 68-69 había comenzado la de Casablanquilla en Brenes (Sevilla), que posteriormente se trasladó a la de Molino Azul, en Lora del Río.

Andrés continuó muchos años como profesor en la EFA y en el Centro de Promoción Rural Torrealba en Almodóvar del Río. Desde luego, sin la Granja Escuela Torrealba hubiese sido muy difícil sacar adelante las EFAS, porque de la Granja Escuela salieron los monitores que las hicieron posible”.

Salieron siete las Promociones de Capataces Agrícolas de la Granja Escuela.

Una fotografía de esos años, con un jovencísimo Joaquín Herreros

 

Un viaje por diversas Escuelas Familiares Agrarias de Andalucía

Es Juan Robledo esta vez quien me lleva en su coche hasta este hermoso centro desde la Avda. de la Victoria de Córdoba. El cielo se pinta de un azul encendido. Las doce del medio día: hora del Angelus. Las calles de la ciudad, en su salida, se encuentran en obras.

Nos dirigimos hacia la carretera de Palma del Río, al Km 21, a la vista de Almodóvar encaramada en su castillo. Torrealba es el “buque insignia” que nos decía Juan Cano: ciclos formativos de grado medio (Agricultura intensiva, Jardinería y Medio ambiente), Ciclos formativos de Grado Superior (Administración de sistemas informáticos, Gestión y organización de empresas agrarias) Bachillerato (Humanidades y Ciencias sociales, Ciencias de la Naturaleza y de la Salud)...

Marchamos a gran velocidad, porque el día avanza y porque en Torrealba hace horas que nos esperan. Mientras viajamos, Juan Robledo me habla de las muchas cosas que se hacen en el centro, de su influencia en toda la zona... Él es el Secretario de la Confederación de EFAs de Andalucía y Extremadura, con despacho precisamente en Torrealba.

—Nuestro objetivo es conseguir el desarrollo integral del alumnado. Se trabaja en pequeños grupos con un profesor experto y donde los padres, como ocurre en todas las EFAs, tienen un papel activo. Se realizan frecuentes visitas a empresas, tertulias sobre temas de actualidad, tutorías... Nuestra formación es innovadora y flexible, adaptándonos continuamente a la realidad empresarial, realizando convenios de colaboración mutua. En definitiva: una formación en la vida para la vida, como dice nuestro lema. Para lo cual, más de quinientas empresas nos respaldan. Es la mayor garantía de nuestro trabajo.

Llegamos a Torrealba, entramos por su gran portalón, jardines a uno y otro lado, construcciones de una sola planta, la imagen de un hermoso cortijo andaluz en el campo cordobés. Visitamos el oratorio (de los tiempos de Manolo Verdejo, me dicen) y enseguida pasamos al despacho de Juan Robledo, donde nos esperan. David Lara y Juan Antonio Jiménez. Después se incorporan Paco Rodríguez y Roque Pérez. Y por supuesto, Juan Robledo, imprescindible en nuestra conversación. Veamos:

David

Me dice que es de Palma del Río. Tiene 27 años. Estudió Económicas en Navarra. Lleva cuatro años en Torrealba. Profesor y administrador del centro. También da clases y está encargado de las tutorías...

—¿Nada más?, –le pregunto de manera jocosa.

No parece inquietarse David Lara, a su edad, del peso de sus muchas tareas. Más de ciento cincuenta alumnos, residencia, cocina, comedor... Sonríe. Deduzco que lo que más le gusta son las tutorías.

—¿Por qué?

—Porque uno tiene la oportunidad de ayudar humanamente a la gente.

—¿ Qué cosas más hacéis?

—Tenemos un amplio programa de actividades: Agricultura, Jardinería, Humanidades, Gestión. Se da también una profunda formación religiosa: cursos, charlas, círculos, retiros. Una formación completa en todos los sentidos, siempre en un ambiente de libertad.

Juan Antonio Jiménez

Juan Antonio Jiménez es cordobés. Cuarenta años. Soltero. Da clases y se encarga también de la promoción de alumnos.

—¿Difícil?

—No. La gente conoce lo que hacemos en Torrealba. El prestigio facilita mucho las cosas.

Me cuenta un par de anécdotas.

—El año pasado vino a vernos un representante de comercio de Marchena pidiendo una plaza de bachillerato para un hijo suyo. El motivo era que había oído hablar de la formación cristiana que damos aquí y quería que su hijo recibiera esa formación. Le enseñé el centro. Alguien le había dicho que si alguna vez tenía necesidad de un consejo, que hablara con uno de los profesores de Torrealba. Se trata de un buen cristiano, con mucha vida interior. A la gente le gusta el trato familiar que se da aquí, por eso no se desvinculan del centro.

Interviene David para decir que a todo esto contribuye el sistema de la alternancia, el trato continuo que se tiene con las familias.

Juan Robledo se refiere a la importancia de las tutorías y a la visita a las familias. Se ve que son temas esenciales, que vamos encontrando en todas las EFAs...

 

Francisco Rodríguez

Es el director del Centro. Se incorpora en este momento. Está en la EFA desde 1971, desde que era un chaval. Antes estuvo en un colegio interno, donde aprendió a rezar. Es el mayor de cinco hermanos.

—Mi padre era del campo. Era un hombre bueno, honrado y formal. Sabía de todo. Estaba encargado de una finca. Estuvimos en Palma del Río. Un monitor de la EFA le dijo a mi padre que por qué no me mandaba a Molino Azul. Así empezó todo. Mi padre venía a visitarme y recuerdo con cuanta ilusión esperaba oir el ruido de su moto cuando llegaba. Yo se lo debo todo a las EFAs. Dos hermanos míos también vinieron. Nunca olvidaré a mi monitor don Manuel Ferriz, que era de Almería. Aprendí muchas cosas.

—¿Aprovechabas?

—Aprendí todo lo que sé. Mi vida estaba entre la EFA y el cortijo donde estaba mi padre. Yo quería mucho a mi padre. Cuando llegaba a la finca, me ponía enseguida a ayudarle. Un día descargamos juntos un camión de abono.

—Luego me eché novia. Ella también estuvo en la EFA. Nos casamos y tenemos seis hijos. La más chica, María, nació hace dos meses.

—La vida en la Escuela era muy intensa. Tenía una gran importancia la alternancia: se diría que era la base de todo. Había mucho compañerismo entre los alumnos. Fuí a Extremadura donde conviví con una familia de la EFA. Teníamos muchas actividades. Después fuí a Lérida también en régimen de alternancia. Estos viajes y estas convivencias fueron muy importantes para mí, ya que conocí otras gentes y otras realidades. Me enriquecieron mucho. Allí me trataban como a un hijo. Cogía mi bicicleta para ir al pueblo. Así estuve tres años.

Mientras habla Juan –gafas, chaqueta azul, camisa abierta– observo cómo pasa por su mente esa película de su vida, esos paisajes de sus días no tan lejanos.

—Cuando terminé mis estudios, pasé a ser monitor. A mí me gustaba la enseñanza y las relaciones humanas. En l973 se pensó convertir Torrealba en un centro de monitores. En l976 fuí de monitor en prácticas a Zaragoza, a la EFA de Zuera, donde estuve dos años. Pero yo quería regresar a mi tierra por mi familia y por mi novia. Vine a Torrealba en l978 como monitor. Algunos de mis hermanos también vinieron a esta Escuela. He conocido a mucha gente en estos años y he tenido que hacer muchas gestiones para la promoción de alumnos.

—¿Y ahora? ¿Qué piensas de la EFA?

—Las EFAs se han ido adaptando en todo momento a las condiciones del campo como a los nuevos tiempos... Tenemos una revista que se titula “Promoción Rural”...

—¿Y tu mujer?

—Mi mujer, Pepi, fue alumna de la EFA. Comparte mi misma vocación. Organiza muchas actividades en mi casa y con mis hijos.

 

Roque

Roque Pérez es de Jaén, de un pueblo que se llama Escañuelo. Estudió bachiller por los años l964/65 y, en principio, no sabía qué camino tomar. Un amigo le habló de las EFAs. Había recibido propaganda de la escuela de Capataces de Córdoba.

—Entonces nos fuimos a la escuela dos chavales del pueblo. Hicimos un curso de maquinaria y después nos hicimos capataces. En ese tiempo conocimos el Opus Dei.

Terminados los estudios de capataces varios compañeros decidieron estudiar ingeniería técnica, en Sevilla.

—En Sevilla frecuentábamos el Club Candilejos, un centro del Opus Dei por el que acudíamos gente joven. Felipe Sánchez un día nos invitó a una tertulia en la que Joaquín Herreros nos habló de las EFAs. Yo estaba en segundo de carrera y la verdad es que entonces no me enteré de nada. Más tarde Felipe nos contó que iban a abrir dos escuelas, una en Brenes y otra en Lora del Río, y que habían pensando en nosotros. Nos explicaron en qué consistían las EFAs...

—Cuando terminamos ingeniería técnica, en l968, tuvimos que hacer las milicias universitarias. Enseguida nos incorporamos a las EFAs. Paco Molina mandó a Cosme, que era mi amigo, de monitor a Torrealba y a mí a Molino Azul. En l97O me mandaron de monitor a Extremadura junto con Paco García Robles, que fue como director.

—Fueron tiempos difíciles, como fueron los principios en casi todas las EFAs. Estábamos en las Vegas Altas del Guadiana, lo que era el Plan Badajoz. Teníamos escasos medios. Recuerdo que de Molino Azul nos enviaron una moto para desplazarnos. Había que recorrer muchas distancias. Los pueblos que visitábamos eran aquellos de colonización. Había que hablar con los agricultores para que enviaran sus hijos a la Escuela, pero muchos desconfiaban de nosotros. No era fácil, no...

—¿Cómo se llamaba aquella EFA?

—Guadaljucén...

—¿Y después?

—Después me marché a Galicia de director de una EFA. Allí también hubo que trabajar mucho. Nos ayudaban muchos los párrocos de los pueblos y de Torrealba nos enviaron monitores en prácticas. Así durante tres años. También nos ayudaban los maestros. Luego vine a Molino Azul como director, donde estuve dos años. Casablanquilla, Torrealba... En Torrealba me nombraron administrador, sin dejar de dar clases, hasta que pasé a administrador de la Confederación EFAs de Andalucía y Extremadura, junto con Juan Robledo, que es el Secretario...

Maduraba la mañana en el amplio paisaje cordobés. Terminamos las entrevistas, visitamos rápidamente la Escuela y, junto con Juan Robledo, mi extraordinario anfitrión, en su coche, regresamos a Córdoba donde nos esperan... Como se nos hizo tarde, tuvimos que hacer un alto para comer. La mañana ha sido espléndida. Por el camino Juan me vino hablando del ancho y largo mundo de las EFAs del que él es uno de sus mejores conocedores. Son muchos los años de fidelidad a este mundo rural... Más tarde, salimos hacia Granada...

 

 


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