Me explicaré. En aquel centro del Opus Dei descubrí que a mí, lo que me entusiasmaba verdaderamente era el trabajo de la Administración; por muchas razones: por el trabajo en sí y por el espíritu de servicio con que se realizaba. Yo había trabajado antes, como he dicho, en un laboratorio, y la Biología me seguía encantando; pero lo que me llenaba de verdad era ese trabajo, y sobre todo, el sentido con que lo hacíamos.
Así, poco a poco, a medida que iba avanzando en mi vida cristiana, fui conociendo la Obra y me planteé la vocación al Opus Dei, que es la misma para todos, estén casados, solteros o viudos. Se trata de encontrar a Dios en las cosas de cada día: en el trabajo, en el descanso, en la vida familiar, en el trato con los demás, en el deporte…
Cada persona vive su vocación según sus circunstancias: unas se casan y la viven con su marido y con sus hijos; y otras no se casan, como en mi caso, porque han optado por el celibato apostólico. Soy numeraria auxiliar y me ocupo de los centros de la Obra, procurando rezar de un modo muy especial por las iniciativas apostólicas que llevan a cabo los que viven allí y cuidando de ellos, como cualquier madre de familia, para que cada una de esas casas sea realmente un hogar, un hogar cristiano.
Esta es una foto de mi clase, la típica clase de Ciencias.
Club Alfares, en Ciudad Jardín, C/ Magistral Seco Herrera, 3.