Por el camino de las cosas pequeñas
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27 de mayo de 1948

En mayo de 1948 Montse hizo la Primera Comunión en la Capilla del Colegio Jesús-María.. Los meses anteriores habían sido de una intensa catequesis, tanto en su casa como en el colegio.

Fue un día de gran fiesta para los grases, una familia numerosa con ocho hijos. Los mayores peinaban a los pequeños y ayudaban a vestirlos. Algunos se aturullaban y Manuel les recomendaba serenidad, recordando el conocido "Vísteme despacio, que tengo prisa"... Al final, cuando estuvieron todos a punto salieron a la calle, hechos, como dice la expresión, un brazo de mar. Iban todos de punta en blanco. ¡Qué alegría! Y no era para menos: ¡la primera Comunión de Montse!

En el colegio, habían encendido todas las luces de la Capilla y relucía con destellos la imagen de la Virgen del retablo, que mostraba sonriente al Niño con los brazos abiertos. Debajo de la imagen se leía una inscripción: "Monstra te esse Matrem": "Muestra que eres Madre".

"Esta es una de las fotografías que le hicimos como recuerdo de la Primera Comunión -cuenta su madre-. Tras la ceremonia vinimos a casa y lo celebramos en familia. Tuvimos una sencilla fiesta infantil, en la que actuaron unos payasos, que estuvieron haciendo bromas y contando chistes. Fue un día inolvidable... Y una vez que hubo acabado todo, al despedirse, mi tío Mauricio le preguntó a Montse qué era lo que más le había gustado. Ella respondió rápidamente:

-¡Los payasos!

Más de una vez le he dado vueltas a esa respuesta suya y siempre me ha parecido muy natural que contestara así, aunque a partir de entonces ya no hubo más payasos el día de la Primera Comunión, para que ese día estuviesen pendientes sólo de lo único importante: de recibir por vez primera al Señor Sacramentado.

Cuento esto porque cuando me preguntan cómo era Montse de pequeña me dan ganas de repetir esta frase. Pero no lo hago, porque quizá no lo entenderían.

Y es que todo lo de Montse fue así: enormemente pequeño. No hizo nunca nada 'espectacular'. Se fue acercando a Dios poco a poco, identificándose con El, poquito a poco, paso a paso, por el camino de las cosas pequeñas...

Lo normal, por otra parte, en una niña de su edad, es que contestara eso y no que había estado en éxtasis o algo parecido; porque, aún suponiendo que hubiera tenido un éxtasis, por poner un ejemplo, tengo entendido que eso es un don que concede el Señor gratuitamente. Y lo suyo fue siempre fruto de la gracia y de una lucha diaria, constante, por enamorarse del Señor y de un esfuerzo para vencerse en lo grande y en lo pequeño".

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