Los santos no nacen, ¡se hacen!
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Montse, con algunos de sus hermanos

"A veces, cuando algunos amigos -cuenta Manolita- me preguntan '¿y cómo era Montse de pequeña?', les enseño este álbum. Y es que quizá esperan encontrar en ella, ya desde la niñez, algo extraordinario... y Montse, como se ve en estas fotografías, era una niña con las mismas aficiones de todas las niñas de su edad. No era 'una niña santa', porque los santos no nacen, se hacen...

"A veces nos preguntan a Manuel y a mí: ¿y qué educación cristiana le disteis a Montse para... ? Siempre les respondo que la misma formación que le dimos al resto de nuestros hijos... No hicimos nada de particular. Procuramos, eso sí, trasmitirles un sentido cristiano de la vida... y enseñarles lo que creíamos y luchábamos por vivir...

Les enseñamos, por ejemplo, a rezar desde pequeñines algunas oraciones muy sencillas; a tratar al Niño Jesús; a tener devoción a la Virgen; a aceptar y ofrecer el dolor; a luchar contra los propios defectillos; a ayudarse los unos a los otros..."

"Yo les insistía especialmente en un punto -dice Manuel- que me parece fundamental: la sinceridad. `Dime lo que ha pasado -les decía, después de alguna travesura-; mira: no me importa que hayáis roto esto o lo otro; lo que quiero sobre todo es que seáis sinceros; que digáis siempre la verdad, pase lo que pase. Si me mentís es cuando os castigaré'".

"Sí; nosotros le dimos una formación cristiana... pero todo lo que sucedió luego en el alma de Montse -concluye Manolita- fue porque Dios quiso. Fue todo fruto de la correspondencia a la gracia... fruto de la gracia y del amor de Dios".

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