Su mensaje
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La Sierva de Dios
Montserrat Grases

ORACIÓN


Señor, que concediste a tu Sierva Montserrat la gracia de una entrega serena y alegre a tu Divina Voluntad, vivida con admirable sencillez en medio del mundo: haz que yo sepa ofrecerte con amor toda mi actividad cotidiana y convertirla en un servicio cristiano a los demás; dígnate glorificar a tu Sierva y concédeme por su intercesión el favor que te pido (pídase). Así sea.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria

De conformidad con los deecretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.


 

Oración para la devoción privada

¿Se puede ser santo a los diecisiete años?

La vida y la muerte santa de Montse Grases causó gran conmoción y desde el primer momento muchos tuvieron la certeza -como afirma Carlos Roglá-"de que habían tratado y visto morir a una chica santa". "

"Muy pocos días después de su muerte -cuenta Manuel Grases-, un conocido mío al darme el pésame (...) me preguntó si se iba a iniciar el proceso de beatificación teniendo en cuenta lo que él sabía (de Montse Grases)".

A partir de entonces, escribe Florencio Sánchez Bella, "se inició con naturalidad la devoción privada a Montse, que se extendió con enorme amplitud a muchos ambientes de bastantes países". "Esta fama de santidad -confirma Carlos Roglá- no hizo sino expansionarse rápidamente. Yo sabía que todos (sus amigos y conocidos) le rezábamos a Montse por nuestras respectivas intenciones".

Numerosas personas esperaban la apertura de su Causa de Canonización: "Siempre pensé -cuenta Conchita Puig- que la veríamos en los altares y que sería un gran bien para la Iglesia, sobre todo por su vida tan sencilla, normal, ejemplar"

La Iglesia inició el Proceso informativo para su Beatificación el 19 de diciembre de 1962, sólo cuatro años después de su muerte, con la presidencia de Mons. Gregorio Modrego y Casaus, Arzobispo-Obispo de Barcelona, en la capilla del Palacio Episcopal de Barcelona. Este proceso se clausuró el 26 de marzo de 1968, en el décimoprimer aniversario de su fallecimiento, en la iglesia de Nuestra Señora de Montalegre. Inmediatamente se envió el Trasunto a la Congregación para las Causas de los Santos.

Se han publicado Hojas Informativas sobre su figura en diversos idiomas: castellano, francés, inglés, italiano, portugués...

El 22 de febrero de 1974 la Congregación para las Causas de los Santos dio el Decreto sobre los escritos, y el 15 de mayo de 1992 la Congregación para las Causas de los Santos dio el Decreto de Validez del Proceso.

A los diecisiete años los jóvenes están estrenando su vida; sin embargo Montse fue tan de prisa, tan acompasada con la gracia divina, tan al paso de Dios, que a esa misma edad había llegado, con la sencillez de siempre, a la plenitud del Amor.

Pero, ¿puede uno hacerse santo a los diecisiete años? La vida de esta joven catalana es la mejor respuesta. Montse demostró, a lo largo de su existencia sencilla la profunda verdad de estas palabras del Fundador del Opus Dei: "-Ser santo no es fácil, pero tampoco es difícil. Ser santo es ser buen cristiano: parecerse a Cristo. -El que más se parece a Cristo, ése es más cristiano, más de Cristo, más santo".

Murió y vivió, "sin espectáculo", como escribe una de sus mejores amigas, Ana María Suriol. Ese es el mensaje del Opus Dei, que Montse supo encarnar y hacer vida de su vida, con plena fidelidad al espíritu de san Josemaría , por el que tanto rezó, y por cuya persona e intenciones ofreció tantas mortificaciones. Un mensaje que podría resumirse así: Dios espera que nos hagamos santos en la vida corriente, en el trabajo de todos los días, sin llamar la atención. Y eso debemos -y podemos- hacerlo todos, como ella. Por su mismo camino: el de las cosas pequeñas.

Durante las casi cuatro décadas que han transcurrido desde su fallecimiento, miles de personas se han hecho eco de ese mensaje a través de su figura. Tras su fallecimiento se difundió su fama de santidad y comenzaron a llegar a la sede de la Vicepostulación de Barcelona miles de cartas procedentes de todo el mundo relatando favores obtenidos gracias a su intercesión. Muchas provienen de enfermos. Esto no extrañó a quienes la conocieron durante la última época de su vida. María Teresa González Garay, una de las mujeres del Opus Dei que la atendían, recuerda que un día le pidieron a Montse que rezara por una persona enferma. Montse les dijo, con una fuerza especial, que quería mucho a los enfermos y se sentía muy unida con ellos por su mismo dolor.

Pero, ¿qué hizo Montse de extraordinario? ¿Cuál fue su "diferencia" con las otras chicas de su ambiente y de su tiempo? José María Pemán daba la respuesta: lo extraordinario en la vida de Montse fue su amor a Dios. En la normalidad de lo cotidiano, supo encontrar a Jesús y enamorarse locamente de El. Esa fue "su" diferencia.

Sin diferenciarse aparentemente nada de las demás, supo amar a Dios con toda el alma en lo de todos los días, en lo más escondido, en lo más pequeño. Y así, casi sin que nadie se diese cuenta, fue haciendo de su vida un dibujo maravilloso compuesto de "pequeñas cosas", bordadas humildemente, al filo de cada día, con el hilo del Amor. Llegó a la santidad por "el camino seguro" del que hablaba san Josemaría: "por la humillación, hasta la Cruz; desde la Cruz, con Cristo a la Gloria inmortal del Padre".

Toda la vida de Montse -tan atractiva por sus gustos, por sus aficiones, por su talante humano-, fue una profundización amorosa en el misterio de la Cruz; un encuentro con Dios en esas menudencias caseras, casi intrascendentes de la vida cotidiana, en las que rebosa -como recordaba san Josemaría Escrivá- toda la trascendencia de Dios si se hacen cara a El.

Vivió la mortificación corporal, como tantos hombres y mujeres santos. Pero donde Montse se mortificó fundamentalmente -y eso es lo propio del espíritu del Opus Dei- fue en lo pequeño.

A esas "mortificaciones pequeñas" se les suele dar poca importancia, quizá por la propensión humana hacia lo aparatoso, por cierta tendencia a considerar la lucha por la santidad de un modo un tanto "operístico", cinematográfico casi. Por esa razón, sonreír cuando no apetece, entregarle a Dios una pequeña ilusión o cambiar de planes sin hacer un drama, parecen eso: menudencias. Se olvida que nuestra vida está tejida con miles de menudencias. Y que precisamente en esas menudencias -callar, sonreír, aunque cueste- nos espera Dios.

Todo en Montse fue obra de la gracia. Su madre se asombraba de su cambio de carácter a lo largo de su enfermedad y de su afabilidad creciente, cuando ella era de un natural vivo y fuerte. "Mamá -explicaba-, es que tú no sabes cómo estoy por dentro". No es que hubiera cambiado de carácter de la noche a la mañana; sino que luchaba, con victorias y derrotas, por amor, por cambiarlo, con una confianza plena en la gracia de Dios.

Montse es llamativamente "cercana". Profundamente "imitable". Sorprendentemente "actual". Como tantos jóvenes de nuestro tiempo, amó profundamente la vida, el deporte, la música, el teatro.... y sufrió al ver llegar la muerte en plena juventud; si no, ¿qué mérito hubiese tenido su aceptación rendida de la Voluntad de Dios? Pero luego, se ilusionó con fuerza con la esperanza del Cielo. Tuvo un carácter muy atractivo: espontáneo, divertido, simpático, fuerte. Y luchó siempre, hasta el último momento, por dominar sus "prontos" de mal genio. Si no hubiese habido esa lucha, ¿a qué asombrarse por aquella sonrisa permanente? Esa sonrisa hubiese sido un simple fruto del buen carácter, no de una caridad heroica y de una identificación progresiva con Cristo. Y como a tantos jóvenes de nuestra época, llevar una vida cristiana le supuso esfuerzo. Si no, ¿dónde estaría su santidad?

Su santidad estuvo en el amor. Luchó por amar a Dios, día tras día, sin desfallecer, sonriendo, a la hora de la alegría y a la hora del dolor

Ese fue su mensaje: recordarnos a todos, con su vida sencilla, que es posible, de verdad, aquí, ahora, ser santos en el humilde escenario de nuestra vida.

José Miguel Cejas

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