Una publicista y Montse Grases



Las sardanas

De vez en cuando la vida de Seva, donde veraneaban los Grases, salía de su monotonía habitual. Se escuchaba una algarabía en la plaza y vecinos y veraneantes se congregaban allí:

"¡Corre, corre -se avisaban de ventana en ventana- que ha venido la cobla y ya están bailando sardanas en la plaza!"

...Las sardanas. No se concibe una fiesta en Cataluña sin este baile tradicional. Salían primero a bailar al centro de la plaza los más decididos, dejando las chaquetas amontonadas en el centro, sobre el suelo, mientras la pequeña orquesta -"la cobla"- lanzaba al aire los compases iniciales.

Luego, se iban sumando al corro algunos más, sin alterar el baile, dando un paso a cada compás...

Así, poco a poco, la cadena se iba ampliando y ampliando con los que llegaban a la plaza, al ensalmo de la música, como ratones de Hamelín, hasta que se hacía un nuevo círculo concéntrico.

Los recién llegados no entraban de cualquier modo, porque la sardana rezuma tradición de siglos: se situaban, como manda la costumbre, siempre a la izquierda de un bailarín o a la derecha de una bailarina, sin "romper la pareja".

Y ya en el corro, ¡qué alegría alzar las manos, todos juntos, padres, madres, hijos, vecinos, amigos, todos hermanados por el ritmo pausado de la música, un ritmo elegante, alegre, ceremonioso, como el espíritu catalán...! Un punto adelante con el pie derecho atrás; un punto adelante con el izquierdo...

Luego cruzaban los pies a un lado, y después de dar un pequeño brinco levantando los brazos, volvían a empezar... ¡Cuánta razón tenía Maragall cuando cantaba:

La sardana és la dansa més bella

de totes les danses que es fan y es desfàn

és la mòbil magnífica anella

que amb pausa y amb mida va lenta oscil.lant.

... és la dansa sencera d'un poble

que estima y avança donant-se les mans!

A Montse, como buena catalana, le gustaba bailar sardanas y las bailaba bien.

Sus amigos la recuerdan bailando sardanas en las fiestas mayores de los pueblos de la comarca; en Viladrau, en Seva; o en una excursión al Matagalls, como en esta fotografía:

"Cada vez que oigo una sardana -recuerda su madre- me acuerdo de ti, Montsina... Y es que la sardana es como tú, alegre y seria: es hermosa, y... ¡se puede mirar al cielo mientras se baila!"

 

 


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