Lectura recomendada
Joseph Ratzinger, El espíritu de la liturgia, "La reserva del Santísimo Sacramento". Algunas citas:
Que nadie diga ahora: la eucaristía está para comerla y no para adorarla. No es, en absoluto, un "pan corriente", como destacan, una y otra vez, las tradiciones más antiguas. Comerla es (...) un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. "Comerlo" significaba adorarle. "Comerlo" significa dehar que entre en mí de modo que mi yo sea transformado y se abra a gran nosotros, de manera que lleguemos a ser "uno sólo" con Él (Gál, 3, 17).
De esta forma, la adoración no se opone a la comunión, ni se sitúa paralelamente a ella: la comunión alcanza su profundidad sólo si es sostenida y comprendida por la adoración (...)
¿Qué persona creyente no lo ha experimentado? Una iglesia sin presencia eucarística está en cierto modo muerta, aunque invite a la oración. Sin embargo, una iglesia en la que arde sin cesar la lámpara junto al sagrario está siempre viva, es siempre algo más que un simple edificio de piedra: en ella está siempre el Señor que me espera, que me llama, que quiere hacer "eucarística" mi propia persona. De esta forma me prepara para la eucaristía, me pone en camino hacia su segunda venida".