Unidad

Como artesano de la reconciliación, Juan Pablo II trabajó durante todo su pontificado (1978-2005) para lograr la unidad y reconciliación de todos los cristianos entre sí, sin que esto significase una claudicación o un apartarse de la Verdad.

«El diálogo -dijo a los Obispos austríacos, en 1998-, a diferencia de una conversación superficial, tiene como objetivo el descubrimiento y el reconocimiento común de la verdad.

. (…) La fe viva, transmitida por la Iglesia universal, representa el fundamento del diálogo para todas las partes.

Quien abandona esta base común, elimina de todo diálogo en la Iglesia la posibilidad de convertirse en diálogo de salvación. (…)

Nadie puede desempeñar sinceramente un papel en un proceso de diálogo si no está dispuesto a exponerse a la Verdad y a crecer en ella».