La lucha de Juan Pablo II a favor de "la cultura de la vida"

 

 

Siguiendo la tradición de sus predecesores en la silla de Pedro, a lo largo de su Pontificado (1978-2005) Juan Pablo II exhortó a los cristianos a defender a "cada ser humano desde la concepción hasta su ocaso natural", sirviendo fielmente el "Evangelio de la vida" frente a legislaciones e ideologías contrarias que atentan a la dignidad humana y favorecen la degradación moral de la sociedad, especialmente de la juventud.

"El futuro es de los jóvenes -enseñaba Juan Pablo II-, aún cuando también se da por descontado de la misma manera que no podrán construir este futuro sin asumir la heredad de las generaciones precedentes, sin "honrar al padre y a la madre", que les han transmitido el don de la vida con los valores y los ideales más entrañables para ellos.

Vosotros os sentís amenazados por un sociedad que no habéis elegido, una sociedad que no habéis construido, pero que sin embargo formáis parte de ella con responsabilidades crecientes.

Esta sociedad parece volverse loca cuando moviliza todas sus energías para lanzarse a lo que constituye su destrucción. El progreso científico y tecnológico aparentemente ha hecho al hombre dueño del mundo material.

La experiencia demuestra por desgracia que no se trata de un dominio científico neutro, como han pensado algunos. Efectivamente el hombre moderno tiene la tentación de considerarlo todo como un objeto de manipulación y con frecuencia ha terminado por situarse también a sí mismo entre dichos objetos ¡Esta es la gran amenaza de nuestra época!

En vosotros está, queridos jóvenes, con esa atenta ponderación que pueden conjuntarse muy bien con vuestro natural entusiasmo, ofrecer una aportación personal a la superación de situaciones que no satisfacen, sacando inspiración de vuestra fe y fuerza de vuestro dinamismo.

Vosotros lo podéis hacer, manteniendo abierto el dialogo con los adultos y hablándoles con franquezas, libre de toda acritud: Nosotros -les diréis- reconocemos y sacamos provecho de lo que nos ofrecéis, nosotros no os acusamos de los frutos y "conforts" del progreso; no negamos vuestros méritos; pero os pedimos poder estar a vuestro lado para eliminar ciertas aberraciones, para superar las injusticias persistentes.

Queremos que el progreso sea positivo y no mortífero; que sea de todos y para todos, no sólo para algunos; que sirva a la causa de la paz, y no a la de la guerra; que promueva hacia lo alto la autenticidad de la humanitas y no rebaje ni degrade -nunca jamás- el divino destello en el hombre".