" Juan Pablo II fue verdaderamente un siervo de Dios"
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Palabras de Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro
durante el funeral por Juan Pablo II
en el segundo aniversario de su fallecimiento


 


 

En el segundo aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II, el 2 de abril de 2007, su sucesor Benedicto XVI presidió en la Plaza de San Pedro una concelebración eucarística con los cardenales en sufragio por su almaI, a la que asistieron más de 30.000 personas, muchas de ellas venidas de Polonia.

"Renovamos a Dios nuestro agradecimiento -dijo el Papa- por habernos dado a Juan Pablo II durante veintisiete años como padre y guía seguro en la fe, pastor entregado y profeta valiente de esperanza, testigo incansable y servidor apasionado del amor de Dios".

Saludó afectuosamente al cardenal Stanislaw Dziwisz, que fue durante más de 40 años el secretario de Juan Pablo II. Luego el Papa comentó el Evangelio del día sobre la cena de Betania, que recoge el momento en el que María, la hermana de Lázaro, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos.

"El gesto de la unción de María de Betania está lleno de ecos y de sugerencias espirituales. Evoca el luminoso testimonio que Juan Pablo II ha ofrecido de un amor por Cristo sin reservas y sin ahorros. El "perfume" de su amor "ha llenado toda la casa", es decir, toda la Iglesia. (...) La estima, el respeto y el afecto que creyentes y no creyentes le manifestaron en su muerte, ¿no es -preguntó- un testimonio elocuente de su amor por Cristo?".

Benedicto XVI señaló que "el intenso y fecundo ministerio pastoral, y aún más el calvario de la agonía y la muerte serena de nuestro querido Papa, dieron a conocer a los hombres de nuestro tiempo que Cristo era verdaderamente su "todo"".

"La fecundidad de este testimonio (...) depende de la Cruz. En la vida de Karol Wojtyla, la "cruz" no fue solamente una palabra. Desde la infancia y la juventud conoció el dolor y la muerte" y "especialmente con el lento pero implacable progreso de la enfermedad que poco a poco lo despojó de todo, su existencia se transformó completamente en una ofrenda a Cristo".

"Su pontificado se desarrolló a la enseña de la prodigalidad , de la entrega generosa sin reservas. ¿Qué le impulsaba, si no era el amor místico por Cristo? (...) "El Maestro está aquí y te llama". El 2 de abril de 2005, el Maestro volvió a llamarlo para llevarlo a la casa del Padre. Y él, de nuevo, respondió con prontitud con su corazón intrépido, y susurró: "Dejadme ir a la casa del Padre".

"Desde hacía tiempo se preparaba a este último encuentro con Jesús, como documentan los diversos borradores de su testamento. (...) Murió rezando. Realmente se durmió en el Señor" y "el perfume de la fe, de la esperanza y la caridad del Papa llenó su casa, llenó la Plaza de San Pedro, llenó la Iglesia y se propagó en el mundo entero"

"Siervo de Dios -exclamó el pontífice-, eso fue y así lo llamamos ahora en la Iglesia, mientras su proceso de beatificación prosigue con rapidez. (...) Siervo de Dios, un título particularmente apropiado para él. El Señor lo llamó a su servicio en el camino del sacerdocio y le abrió poco a poco horizontes cada vez más amplios: desde su diócesis hasta la Iglesia universal. Esta dimensión universal alcanzó su máxima expansión en el momento de su muerte, un acontecimiento que el mundo entero vivió con una  participación sin precedentes en la historia".

  "Que el "Totus tuus" del amado pontífice -concluyó Benedicto XVI- nos estimule a seguirlo por el camino de la entrega a Cristo por intercesión de María mientras confiamos a sus manos maternas a este padre, hermano y amigo nuestro para que en Dios repose y goce en paz".