La misa de sufragio tuvo lugar en el Domingo de la Divina Misericordia, una fiesta litúrgica establecida por Juan Pablo II
Rito de la Constatación de la muerte del Papa
Tras la muerte de Juan Pablo II se cumplieron las disposiciones que el propio Papa había dispuesto en la Constitución Apostólica "Universi Dominici Gregis" con motivo de la muerte de un Papa.
A las 9,30 de la mañana el cardenal camarlengo Eduardo Martínez Somalo, el arzobispo vicecamarlengo Paolo Sardi y el obispo Piero Marini, maestro de celebraciones litúrgicas pontificia, junto con los prelados clérigos de la Cámara Apostólica, fueron al apartamento del Papa, acompañados por el doctor Renato Buzzonetti, médico personal del Papa, para proceder al rito de la constatación de la muerte, conforme a lo establecido en Orden de las Exequias del Romano Pontífice.
Una vez allí, el canciller secretario de la Cámara Apostólica, Enrico Serafini, redactó el acta de autentificación de la muerte, a la que agregó el certificado médico firmado por el doctor Renato Buzzonetti.
Misa de Sufragio
Una hora después, a las 10,30 de la mañana, Domingo de la Divina Misericordia, el cardenal Angelo Sodano presidió ante cientos de miles de personas que llenaban la plaza de San Pedro, Vía de la Conciliación y las calles adyacentes, una concelebración eucarística en sufragio por el Papa
En la homilía, el cardenal Sodano puso de relieve que "nuestro Padre y Pastor, Juan Pablo II, durante 26 años nos ha invitado siempre a mirar a Cristo, única razón de nuestra esperanza".
"A lo largo de más de un cuarto de siglo, ha llevado el Evangelio de la esperanza cristiana por todas las plazas del mundo, enseñando a todos que nuestra muerte no es más que un paso hacia la Patria del cielo. Allí está nuestro destino eterno, donde nos espera Dios nuestro Padre".
El cardenal señaló que "ésta es nuestra fe; ésta es la fe de los cristianos. Nuestro dolor se transforma inmediatamente en una actitud de honda serenidad. Yo he sido testigo tambien de esa serenidad mientras rezaba ante el lecho del Santo Padre en sus horas de agonía: era la serenidad de los santos, la serenidad que procede de Dios".
"Mientras lloramos hoy por la muerte del Papa, abrimos nuestra alma a la contemplación de nuestro destino eterno. (...) Sabemos que aunque seamos pecadores, la Misericordia de Dios Padre nos acompaña. Este es el sentido de la fiesta de hoy, la Divina Misericordia, instituida precisamente por el Papa Juan Pablo II, como una de las herencias de su pontificado, para subrayar este aspecto tan consolador del Misterio Cristiano".
"Sería conmovedor -dijo-que releyéramos en este domingo una de sus encíclicas más hermosas, la 'Dives in misericordia', escrita en 1980, en el tercer año de su pontificado". En este documento, explicó el cardenal, Juan Pablo II "nos invitaba a mirar al Padre, que es 'misericordioso y Dios de todo consuelo, que nos alivia en todas nuestras tribulaciones'" y a "María, Madre de la Misericordia".
El cardenal Sodano recordó las numerosas veces que el Papa había repetido "que las relaciones mutuas entre los seres humanos y los pueblos no se pueden basar únicamente en la justicia; las debe guíar por el Amor Misericordioso, propio del mensaje cristiano. Por esta razón Juan Pablo II ha llevado a la Iglesia al III Milenio cristiano y ha sido un nuevo Buen Samaritano por los caminos del mundo, por las calles de un mundo que todavía hoy está trastornado por las guerras fratricidas.
De esta forma, el Papa ha elevado su canto de la civilización del amor, hayando en esa palabra una de las definiciones más hermosas de la 'civilización cristiana'. La civilización cristiana es la civilización del amor, a diferencia de aquellas civilizaciones del odio que han sido fruto de tantas ideologías durante el siglo XX".
"Que el Papa vele siempre por nosotros desde el cielo y nos ayude a 'cruzar el umbral de la esperanza' de la que tanto nos ha hablado. Que este mensaje permanezca siempre esculpido en el corazón de los hombres de hoy. Juan Pablo II nos recuerda a todos, una vez más, las palabras de Cristo: 'El Hijo del hombre no ha venido para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por El'".
El cardenal recordó que "Juan Pablo II ha difundido en el mundo este Evangelio de Salvación, invitando a toda la Iglesia a acercarse al hombre de hoy para abrazarlo y reconfortarlo con amor redentor. ¡Que sepamos recoger el mensaje de quien nos ha dejado y hacer que fructifique para la salvación del mundo!".
"Y a nuestro inolvidable Padre -concluyó-, decimos con las palabras de la Liturgia: '¡Que los ángeles te conduzcan al paraíso! 'In paradisum deducant te Angeli!'. ¡Que un coro gozoso te acoja y te conduzca a la Ciudad Santa, la Jerusalén celestial, para que descanses eternamente. Amén!".
Lectura del texto de la homilía que había preparado el Papa
-Finalizada la Misa por el descanso eterno del Papa Juan Pablo II, el arzobispo Leonardo Sandri, sustituto para la secretaría de Estado, rezó el Regina Coeli y leyó el texto que había preparado el Santo Padre con motivo de la solemnidad de la Divina Misericordia.
En el texto, Juan Pablo II recordaba que hoy se celebra el Domingo de la Divina Misericordia y se refería al pasaje del Evangelio cuando el Resucitado se aparece a los apóstoles "y les mostró las manos y el costado", es decir "los signos de la dolorosa pasión grabados de forma indeleble en su cuerpo incluso después de la resurrección. Esas llagas gloriosas que, ocho días después, hizo tocar al incrédulo Tomás, revelan la misericordia de Dios, 'que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito'".
"A la humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo -continúa el texto-, el Señor resucitado ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y vuelve a abrir el ánimo a la esperanza. Es amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Divina Misericordia!".
"Señor, que con tu muerte y resurrección revelas el amor del Padre, nosotros creemos en ti y con confianza te repetimos hoy: Jesús, confío en Ti, ten misericordia de nosotros y del mundo entero".
"La solemnidad litúrgica de la Anunciación, que celebraremos mañana -concluye-, nos lleva a contemplar con los ojos de María, el inmenso misterio de este amor misericordioso que brota del Corazón de Cristo".
4 de abril. Traslado de los restos mortales del Papa
Los restos mortales de Juan Pablo II se trasladaron desde la Sala Clementina a la Basílica Vaticana a las cinco de la tarde.
Tras un momento de oración, presidida por el cardenal camarlengo, comenzó la traslación del cuerpo, que recorrió la Escalera Noble, la Prima Loggia, la Sala Ducal, la Sala Regia, la Escalera Regia. Salió a la Plaza de San Pedro por el Portón de Bronce y entró en la basílica a través de la puerta central.
En la Basílica Vaticana el cardenal Camarlengo presidió la liturgia de la Palabra y comenzaron las visitas de los fieles a partir de las ocho de la noche, hasta las 2 de la madrugada. A las cinco se volvieron a abrir las puertas de la Basílica.
Se calcula que a partir de entonces rezaron ante el cuerpo yacente del Papa cuatro millones de personas venidas de diversos países del mundo.