Si aplicamos esta lógica a lo que está ante nosotros en el mundo de hoy, ¿no parece como si al Cuerpo Místico estuviera trabajando en una medida inferior a su capacidad? Frente al protestantismo, al mahometismo, al judaísmo, al budismo, al comunismo, y otros grandes problemas se ve a las claras que no les llevamos la delantera. Casi se podría decir que son ellos más bien los que nos llevan la delantera.
Hasta frente a los grandes pueblos católicos decaídos parecemos impotentes. Ahí están esas áreas de Europa donde grandes partes de población están ahora en la incredulidad, y muchas de ellas en una incredulidad militante. Y son tan escasas las fuerzas de que disponemos -o sea la potencia humana apostólica que no logramos ponernos en íntimo contacto con esas almas. Ellas se siente bien cómodas en su aislamiento de la religión, abandonadas en su miseria, sin tener a nadie que se les acerque, porque no hay quién vaya en su busca.
En la América del Sur, donde se puede decir crudamente que el total de la población ha caído en los caminos de la Incredulidad, las cosas van muy mal. El protestantismo nos ha quitado siete millones de los nuestros. Nuestros Enviados que se ocupan de aleccionar a los Legionarios en la visita a las casas, refieren que en ningún lugar hallaron hogares previamente empeñados en los intereses del Catolicismo.
En muchos lugares del mundo la idea de hacer conversiones ha sido abandonada como una proposición práctica. Esta situación se halla encubierta por reuniones de preparación, por planes para el futuro. Frases finas como "Paz confesional" se usan para dorar la posición en que católicos y protestantes informalmente se ponen de acuerdo en respetarse mutuamente sus propias creencias y abstenerse de esfuerzos para convertir.
A menudo, intentos de acercamiento a los no-católicos han tropezado con gritos de desacuerdo como este "¿Seguramente Ud. no va a imitar a los testigos de Jehová?"
En una ciudad se hizo el siguiente increíble comentario "Nosotros los católicos nos hemos ganado la fama de ser encantadoramente quietecitos porque nunca interferimos las creencias de los demás. No venga Ud. a despojarnos de esta reputación".
Esto suena terriblemente pero no es más que el despliegue de una mentalidad que es general.
A todo el que entreve a Nuestro Señor angustiándose por las almas pero que se aleja efectivamente de ellas por ausencia de medios para acercarse a ellas, lo anterior es congojoso. Es para llenarse de pesadillas el ver la determinación del ateísmo militante. Este viene organizándose ferozmente en todas las naciones, y en el próximo futuro estaremos sometidos a una ola mucho mas tremenda de ataques que la que ha venido presentándonos en el pasado el comunismo ruso.
¿No es todo esto una penosa prueba de la sugestión de que para realizar sus propósitos, el que el cuerpo natural, funcionar en toda su plenitud; de que solamente así la Cabeza podrá llevar a cabo su misión -esto es llegar a todas las almas, hablar a cada individuo, verter su propia vida a cada uno? Tal es el fin del Cuerpo Místico.
Frank Duff