Un texto de Frank Duff
La doctrina del Cuerpo Místico debe ocupar su debido puesto. Es tan central en la Iglesia Católica que bien se la pudiera llamar el alma de las demás doctrinas. Es lo que da pleno sentido a todo. Sin un suficiente conocimiento de esa doctrina, uno no llega a entender lo que realmente es la Iglesia católica. Lo que quiere decir que no hay para nosotros empresa mejor que la comprensión de esta doctrina.
La iglesia Católica no puede ser sino visible. El hombre debe poder verla, oírla, y adherirse a ella en serio.
Y el caso es que Dios la ha constituido a la manera de una sociedad humana. Cuenta con miembros, con gobierno, con jefes y leyes. Esto ya le nace una verdadera sociedad, pero sería un error fatal el creer que no es más que esto. Aún añadiéndole el notable privilegio de la infalibilidad, la hacemos tan sólo sobresalir entre las demás sociedades, pero no la sacamos de los límites humanos.
Por otra parte, la Iglesia se eleva a las alturas que exceden grandemente a lo meramente humano que no hay siquiera comparación entre los dos puntos, por lo mismo que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, real y verdaderamente. La llamamos Cuerpo Místico para distinguirla de las otras presencias de Cristo, pero no es menos realidad que la Eucaristía. La imagen misma, esto es la comparación con el cuerpo humano, está sacada del gran apóstol San Pablo. El era ardiente en este tema. En una forma u otra sus Epístolas contienen 163 referencias a este asunto.
Nuestro Señor mismo, explicando su extraordinaria relación con sus miembros, usó otra imagen. Fue la de la vid. Es la misma idea, pero hablando con un poco de atrevimiento, parece que sus discípulos, excedieran al Maestro en la selección de imágenes, porque la idea del cuerpo es mucho más expresiva. Nos ayuda mejor a comprender la vida complicada del Cuerpo Místico y los innumerables oficios y tareas de los Católicos. La vid es de constitución más sencilla. No posee tantas partes como infinidad de oficios y relaciones de persona a persona, de cargo a cargo hay en la Iglesia.
Seguir leyendo
|