“A pesar de nuestra debilidad y de nuestro pecado, -recordó Benedicto XVI en Quebec- Cristo quiere poner su morada entre nosotros”, dijo el Papa. Por tanto, “tenemos que hacer todo lo posible para recibirle con un corazón puro, volviendo a encontrar sin cesar, a través del sacramento del perdón, la pureza que el pecado ha ensuciado”.
En efecto, aclaró, “el pecado, sobre todo el pecado grave, se opone a la acción de la gracia eucarística en nosotros. Por otra parte, quienes no pueden comulgar a causa de su situación, encontrarán en la comunión de deseo y en la participación en la Eucaristía una fuerza y una eficacia salvadora”.