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Una carta de amor antes de morir





Francesc Castelló fue un ingeniero químico que murió mártir en España en 1936, al que la Iglesia declaró beato.

Nació en Alicante el 19 de abril de 1914. A los dos meses murió su padre, Francesc Castelló Salué; su madre se trasladó a Lérida, junto con su familia. Allí trabajó como maestra nacional, en un pueblecito leridano, Juneda.

Falleció cuando Francesc, el pequeño de sus tres hijos, había cumplido 15 años. A partir de entonces, su tía parterna María cuidaría de Francesc y sus hermanas Teresa y María.

Acabado el Bachillerato en los Maristas de Lérida, Francesc fue a Barcelona para proseguir sus estudios en el Instituto Químico de Sarriá. Formó parte de la Congregación Mariana, y de la Acción Católica; luego se integró en la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña.

En 1935 estaba trabajando en Lérida como ingeniero químico en la fábrica Cros, S.A. La guerra civil le sorprende mientras realizaba el servicio militar. Fue denunciado por uno de los comandantes y condenado por un tribunal popular a ser fusilado.

"Si ser católico es delito- dijo ante el tribunal, que le propuso apostatar de su fe para salvar la vida- , acepto gustosamente ser delincuente, ya que la mayor felicidad del hombre es dar la vida por Cristo, y si tuviera mil vidas, sin dudar, las daría por Él".

Poco antes de su martirio, escribió tres cartas: una a su novia, María Pelegrí (Mariona), a sus dos hermanas y su tía, y a don Román Galán, su director espiritual. Antes de ser fusilado, el 29 de septiembre de 1936, perdonó a sus verdugos. Dos hermanos de su novia, Mariona, también murieron por Cristo.



A María Pelegrí
Platería, 39 - 1º


Querida Mariona:


Nuestras vidas se han unido y Dios mismo ha querido separarlas. A Él le ofrezco con toda la sinceridad posible mi amor hacia ti, un amor intenso, puro y sincero.


Siento tu desgracia, no la mía. Estés orgullosa de mí: dos hermanos y tu novio. Pobre Mariona.


Me pasa una cosa extraña: no puedo sentir ninguna pena por mi suerte. Una alegría interna, intensa, fuerte… llena todo mi ser. Quisiera escribirte una carta triste, de despedida, pero no puedo. Estoy pleno de alegría como un presentimiento de la Gloria.


Quisiera hablarte de lo mucho que te habría amado. De cuánta ternura tenía reservada para ti, de lo felices que habríamos sido. Pero para mí todo esto es secundario. He de dar un gran paso.


Una última cosa: cásate, si es tu parecer. Yo desde el cielo bendeciré tu matrimonio y tus hijos.


No quiero que llores. No lo quiero.


Que estés orgullosa de mí. Te quiero.


No tengo tiempo para más.

Francesc





 

Otras cartas de Francesc:

 

A mis hermanas Teresa y María Castelló i Aleu, y a mi tía:

Queridas: Acaban de anunciarme la pena de muerte y jamás he estado tan tranquilo como ahora. Tengo la seguridad de que esta misma noche estaré con mis padres en el cielo. Allí os esperaré a vosotras.

La Providencia de Dios ha querido elegirme a mí como víctima por los errores y pecados que cometemos.

Voy con gusto y tranquilidad a la muerte. Jamás tendría tanta probabilidad de salvación.

Se terminó ya mi misión en esta vida. Ofrezco a Dios todos los sufrimientos de esta hora.

De ninguna manera lloréis por mí. Es lo que os pido. Estoy muy, muy contento. Os dejo con pena a vosotras que tanto amaba, pero ofrezco a Dios este afecto y todo cuanto tenía en el mundo.

Teresina: ¡Que seas valiente! No llores. Yo soy el que ha tenido tanta suerte que no sé cómo agradecer a Dios. He cantado el himno: "Amunt, que és sols camí d'un dia!" (¡Ánimo, que el camino es sólo de un día!) con toda intensidad. Perdona las penas o sufrimientos que involuntariamente te pueda haber causado. Siempre te he querido mucho.

María: mi pobre hermana… Si Dios te da hijos dales un beso de mi parte, de su tío que les amará desde el cielo. Un fuerte abrazo a mi cuñado. De él espero que será vuestra ayuda en esta tierra y sabrá sustituirme.

Tía: En este momento siento un profundo agradecimiento por usted y por todo cuanto ha hecho por nosotros. Dentro de unos años nos encontraremos en el cielo. Desde el cielo pedirá por usted éste que tanto la quiere.

Recuerdos a todos los amigos de la Federación; a todos los amigos decidles que muero contento y que me acordaré de todos ellos desde la otra vida.


Francesc



Al sacerdote D. Román Galán

Querido padre: Le escribo estas letras estando condenado a muerte y faltando unas horas para ser fusilado. Estoy tranquilo y contento, muy contento. Espero poder estar en la gloria dentro de poco rato. Renuncio a los lazos y placeres que puede darme el mundo y al cariño de los míos.

Doy gracias a Dios porque me da una muerte con muchas probabilidades de salvarme.

Tengo una libreta en la que apuntaba las ideas que se me ocurrían (los inventos). Haré por que se la manden a usted. Es mi pobre testamento intelectual.

Le estoy muy agradecido y rogaré por usted.

Francisco Castelló


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