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5. Primeros años de matrimonio

 


 

 


Marzo de 1912. Capitán de dragones

A su regreso se instalaron en Brandeis, donde Carlos había sido nombrado Capitán del 7º Regimiento de dragones. El 1 de marzo de 1912 se puso en marcha con su escuadróna través de Galitzia y Zita le fue siguiendo en coche. Acabaron en Koloméa, al pie de los Cárpatos, donde pusieron su primer hogar de recién casados. En esa ciudad de cuarenta mil habitantes, la principal de la provincia polaca de Pokutia, conocieron el rigor de un invierno interminable, con nieves que duraban de octubre a mayo, y vivieron, posiblemente, uno de los periodos más felices de su vida, sencilla dentro de lo que le permitía su rango.

Esta sencillez sorprendía tanto en Koloméa como en Schonbrunn, escenario por antonomasia de la frivolidad cortesana. Carlos seguía usando la misma ropa que su madre le había encargado años atrás, antes de casarse: trajes elegantes, pero únicamente los necesarios, porque detestaba el lujo y el boato. Sus cuñadas bromeaban sobre su falta de vanidad, diciéndole que debía ser su ayuda de cámara, Schwaiger, quien decidía cada día qué debía ponerse: hoy, este uniforme; mañana, ese traje; pasado...

La broma es expresiva de una actitud que sabía conjugar la despreocupación por sí mismo con una notable atención hacia su entorno, particularmente hacia sus soldados.

Al llegar a su nuevo destacamento se esforzó por mejorar las condiciones materiales en las que vivían; hizo que recibieran un rancho razonable; despidió a una tal señora Wassermann, dueña de la cantina, que los explotaba; ordenó construir unos dormitorios adecuados, etc. Se podrían referirnumerosísimas anécdotas de este tipo a lo largo de su vida militar: vendióuno de sus coches para ayudar a un matrimonio amigo con apuros económicos; le cambiaba el turno de servicio a un compañero para que pasara con los suyos la noche de Navidad, etc.

Este talante explica la notable popularidad que alcanzó Carlos entre las tropas a sus órdenes, aunque no todos sus superiores entendieran su concepción moderna de la disciplina. En una ocasión un capitán le dijo que su mujer estaba en peligro de muerte.Carlos buscó al coronel para que le diera el permiso, y al no encontrarlo, le dijo que se marchara, porque él se hacía responsable. Al enterarse, el coronel montó en cólera y le dio una larga perorata sobre las ordenanzas militares.

Carlos reaccionó con firmeza: seguía convencido de que había obrado correctamente, y que por encima de las ordenanzas militares regían las leyes de la humanidad. Es más; estaba dispuesto a cambiar de Regimiento y a explicar las razones de su comportamiento ante un tribunal militar. Lógicamente, la cuestión, tratándose de un archiduque, se archivó enseguida. Esta anécdota no merecería más atención si no constituyese un precedente expresivo de su futura actuación en dimensiones de alcance mayor y de carácter mucho mas grave.

En Viena –siempre atenta a este tipo de historias- seguía pareciendo un archiduque excesivamente cercano a las “clases bajas”. Pero Carlos disfrutaba conversando con sus soldados, y sus anécdotas como capitán corrían de boca en boca por las guarniciones y cuarteles, como cuando se acercó a unsoldado durante una parada militar en Hungría yle preguntó:

-¿Está usted casado?

-Sí, Alteza.

-¿Tiene hijos?

-Sí, Alteza.Uno.

-¿Niño o niña?

-No lo sé. Está a punto de nacer y no me lo han dicho todavía...

Carlos se rió y le preguntó al Comandante:

- ¿No le parece que podíamos darle a este soldado un permiso de veinticuatro horas, para que sepa si es padre de un hijo o de una hija?

En 1912 ascendió a Comandante y le destinaron al 39 Regimiento de Infantería de Viena. Ese año nació Francisco José Otón, su hijo primogénito, provocando una ola de rumores. En los mentideros de la Corte era notorio que la archiduquesa Isabel había puesto todos los medios, años atrás, para que una de sus hijas llegara al trono, y estaba convencida, a juzgar con la frecuencia con la que el Heredero Francisco Fernando visitaba su casa, de que iba a lograr su objetivo.

Pero Francisco Fernando no eligió a ninguna de sus hijas, sino a una de sus damas de compañía, la Condesa de Chotek, que residía con ellas. La reacción de la archiduquesa no se hizo esperar: segúnTroud, le dio dos horas a la Chotek para que abandonara su casa y habló con el Emperador para que impidiera aquel matrimonio del Heredero con una simple condesa sin sangre real…

Francisco José se negó, aunque impuso una condición. Aceptaba aquel matrimonio morganático; pero si Francisco Fernando se casaba con la condesa, ni ella ni sus hijos tendrían derecho al trono. El Heredero aceptó, y soportó la postergación del protocolo imperial hacia su esposa.

El nacimiento del primer hijo de Carlos –que debía suceder en el trono a Francisco Fernando tras su muerte- desató de nuevo las cábalas sucesorias. ¿Se cumpliría realmente esa condición? Para acabar con las habladurías, Francisco Fernando hizo una declaración pública en la que reafirmaba los derechos sucesorios de su sobrino Carlos.

 

 

Mayo de 1914. Una conversación con Francisco Fernando

 

En mayo de 1914 Francisco Fernando invitó a cenar a Carlos y Zita al palacio del Belvedere, la antigua mansión de Eugenio de Saboya, donde vivía con su esposa Sofía y sus tres hijos pequeños, los príncipes de Hohemberg Sofía, Maximiliano y Ernesto. Era un palacio especialmente admirado por los vienes por su soberbia vista de Viena, su decoración suntuosa y su hermosa fachada con tímpanos quebrados.

Al terminar, Francisco Fernando quiso hablar a solas con su sobrino. Existen varias versiones sobre el contenido y alcance esta conversación, pero todas coinciden en lo fundamental. Parece ser que el Heredero le dijo, con su estilo contundente:

- Carlos: están planeando un atentado contra mí y la policía ya está al tanto. Quieren matarme y lo van a conseguir.

Carlos no se sorprendió. Desde hacía tiempo corrían rumores en Viena sobre posibles atentados y complots contra su tío. Era consciente de la impopularidad de Francisco Fernando, poco apreciado en Austria por su carácter irascible (no controlaba la lengua y eran famosas sus explosiones de mal humor en público) pero sobre todo, por su proyecto político: una confederación danubiana –una especie de gran Suiza- que unificara los países del Imperio.

Cualquier reforma resultaba impopular para alguno de los pueblos de la doble monarquía, pero la de su tío, concitaba animadversiones diversas. Los húngaros se oponían a ella, porque significaba el fin de su supremacía; los paneslavistas de Rusia y Bohemia, también, porque aspiraban a la independencia plena y esa autonomía podría acabar con el paneslavismo. Habían organizado varias manifestaciones en su contra en 1906, durante su estancia en Dalmacia. Tampoco en Berlín suscitaba entusiasmo su deseo de crear esainmensa federación con una política exterior neutral.

-- No seas pesimista, tío –le dijo Carlos— nuestra policía es muy competente.

-- Sí; estoy de acuerdo, pero hay asesinatos que no se logran evitar...En todo caso, si me matan quiero que te ocupes de Sofía y los niños. En este mueble encontrarás unos documentos que...

Y empezó a hablarle de su testamento.

-Pero, ¿qué me dices? ¿Estás de broma?

-- No, te estoy hablando muy en serio. Lo tengo todo previsto, hasta mi tumba en Arstetten. Si me matan, mi notario te entregará el testamento.

-Sí, naturalmente, haré lo que...

-Y sobre todo, ni una palabra delante de Sofía.

 

 

 


 

 

 


 

 

 

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