Clase X. Laboriosidad, estudio, trabajo.
Santificar el trabajo y el descanso
Trabajar: la suma del trabajo y del descanso
- El trabajo exige esfuerzo, y el esfuerzo lleva al cansancio.
- Trabajar y descansar son dos realidades que forman parte del camino del hombre en este mundo, y por tanto forma parte del camino de su santidad, porque la santidad no es algo alejado de lo terreno: el santo se hace en su persona: alma-cuerpo.
- Los discípulos de Cristo siguen su ejemplo. El Evangelio nos muestra a Jesús trabajando (primero como carpintero, luego predicando) y descansando con sus amigos (Lázaro, Marta y María) o con los Apóstoles.
- Santificar el trabajo incluye santificar el descanso, porque el descanso forma parte del trabajo bien hecho: para trabajar bien se necesita descansar.
- Por tanto, aquel cristiano que no hace más que trabajar no se santifica, ya que no se es más santo porque se trabaje más y con mayor trepidación, sino porque ese trabajo se haga humanamente con perfección y sobrenaturalmente cara a Dios.
- Trabajar humanamente bien significa cultivar la reciedumbre para trabajar y descansar el tiempo que se debe, cuando se debe y del modo que se debe.
- Algunas manifestaciones de falta de reciedumbre: trabajar hasta el agotamiento físico o psíquico; el llamado “culto al trabajo”; la “profesionalitis”, etc. Todas estas manifestaciones suponen un desorden en lo humano –puede acabar desencadenando alguna enfermedad- y en lo espiritual.
Aprender a descansar como cristianos
- Un cristiano procura santificar todas las realidades. El descanso es una de ellas, con todo lo que incluye: deporte, diversión, etc.
- La experiencia muestra que se descansa humanamente cuando se sabe descansar en Dios, por medio del abandono en la divina Providencia y la filiación divina.
Lo que más agota interiormente al hombre es el pecado, el egoísmo; las vueltas a uno mismo, la visión humana, la insinceridad, la tensión por triunfar o por no fracasar, el qué diran, etc.
- Conviene descansar por amor de Dios y caridad con los demás: los nervios, los prontos de malhumor, las reacciones desproporcionadas suelen ser, con frecuencia, fruto (entre otras causas) de trabajos llevados con poco orden. Ese orden en el trabajo es particularmente necesario en los trabajo poco ordenados (por ejemplo, el de un ejecutivo, el de un periodista). Como es sabido, el cansancio tiende a exagerar y a agrandar las dificultades.
Trabajar y descansar con orden
- Una persona ordenada en su trabajo es aquella que sabe situar el trabajo en su justo punto. Por eso, es conveniente:
- Aprender a darle a cada asunto la importancia que tiene, sin exagerar.
- No exagerar el alcance de los triunfos y fracasos profesionales (primero en el estudio; luego, en la profesión) que suelen ser muy relativos.
- Procurar guardar un equilibrio interior y exterior frente a los problemas y dificultades, sin inhibirse ni excederse en la implicación personal.
- Recordar que el día tiene 24 horas y que hay que hacer muchas cosas, pero que no todas las cosas pueden ni deben hacerse dentro del marco de esas 24 horas.
- El desorden del trabajo -"la trepidación"- lleva al desorden del descanso, y con frecuencia –por su propia dinámica- lleva a planes de descanso que a veces son excesivos y exagerados, etc.
- Aunque nuestra sociedad nos presente la imagen del "ejecutivo trepidante" como modelo de "alta eficacia", la realidad manifiesta lo contrario. La trepidación, si está reñida con el orden y el sosiego, con la reflexión y la inteligencia, suele dar pocos frutos.
- Además, una excesiva trepidación en el trabajo puede revelar:
- falta de realismo y de humildad.
- unas ambiciones desmedidas, con espectativas desmesuradas que no se corresponden habitualmente con la realidad.
- miedo a fracasar, que lleva a poner medios excesivos y desproporcionados para conseguir el éxito.
- falta de orden y planificación.
- pereza, que lleva a dejar las cosas para el final.
- un activismo perezoso interior que lleva a hacer muchas cosas, pero desordenadamente, realizando primero no las más urgentes sino las que más apetecen.
El verdadero descanso no debe llevar a olvidarse de Dios
- Una persona que busca a Dios necesita descansar y distraerse, como cualquier persona; pero su búsqueda de la Verdad le lleva a no distraerse en el trabajo, en el descanso, a no alejarse de lo que da sentido a todo lo que hace: dar gloria a Dios.
- Por eso, el descanso debe llevarle a Dios, y no debe ser sinónimo o excusa de pecado.
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