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Clase XIII. Amor, castidad, santa Pureza.

Una virtud urgente y audaz para unos tiempos nuevos


Videos sobre la sexualidad


 

 


La felicidad es la plenitud del amor en el alma. Para ser feliz y gozar plenamente del amor en esta tierra -del amor humano y del Amor con mayúsculas- y para gozar plenamente del Amor de Dios en el Cielo hay que vivir con plenitud la virtud de la Santa Pureza.

La primera virtud cristiana no es la castidad sino la caridad: amor a Dios y al prójimo. La puerta de las demás virtudes es la fe: sin ella no se puede amar a Dios.

Sin embargo, la castidad es muy importante, porque se refiere a sexualidad, que "concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar" (Catecismo, 2332). La castidad se ordena al amor; y sin ella no se puede vivir la caridad. Es una exigencia de la ley moral natural

Bienaventurados los puros de corazón -dijo el Señor- porque ellos verán a Dios. La castidad es una exigencia de la dignidad del cuerpo humano, con el que debemos amar a Dios en esta tierra: "¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?" (I Cor 6,18-19).


La virtud del Amor

La Santa Pureza es tan importante porque está vitalmente unida al Amor: es una virtud que mantiene la juventud del amor en el alma, en las diversas etapas de la vida.

Es una virtud atractiva, renovadora, audaz y urgente para unos tiempos nuevos.

El mundo actual necesita con especial urgencia un Anuncio, una Evangelización y un Apostolado valiente, positivo y esperanzado de esta virtud.

Por la naturaleza propia del tema de esta clase, resulta especialmente importante la preparación y documentación personal por parte de los padres, catequistas, profesores, etc., que permita dar razones sólidas, humanas y espirituales a los jóvenes.

Por esa razón, se sugiere reflexionar, antes de preparar esta clase, sobre algunos de los puntos que se formulan en los apartados siguientes:



Bendita sea tu Pureza: Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra




Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Tí, celestial Princesa,
Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.





Un punto de partida para padres y educadores

 


Cultivar la esperanza de ser santos



Escribe Philippe: “Mi experiencia como director espiritual me lleva a creer que la mayoría de las faltas de amor, de fervor y de generosidad proceden en realidad de un desaliento más o menos consciente. «Es el desánimo lo que pierde a las almas», decía Libermann.

Todo esto responde a una realidad psicológica muy sencilla, pero importantísima (…) : para que nuestra voluntad sea fuerte y dispuesta, necesita verse alimentada por el deseo.

En ese momento, la terapia apropiada es la de descubrir la raíz del desaliento, ese «punto de desesperanza», y poner el remedio espiritual, que consiste en volver a dotar a la persona de una mirada esperanzada sobre este aspecto concreto de su vida.

Y ese deseo no puede ser poderoso si lo que se desea no se percibe como posible y accesible; porque, si nos representamos algo como inaccesible, dejamos de desearlo y quererlo con fuerza. No se puede querer nada de modo eficaz si psicológicamente tenemos la sensación de que “no llegaremos”

Cuando la voluntad desfallece, para volver a despertarla se necesita una labor de «remodelación» de nuestras representaciones que nos permita percibir de nuevo lo que queremos como accesible y deseable.

La esperanza es la virtud que pone en práctica esa remodelación; gracias a ella, sé que lo puedo esperar todo de Dios con total confianza. Todo lo puedo en aquel que me conforta, dice San Pablo`. La esperanza nos cura del miedo y el desaliento, dilata el corazón y permite que el amor se expanda.

Pero, a su vez, también la esperanza, para constituir una auténtica fuerza, necesita de una verdad en la que apoyarse. Este fundamento le es conferido por la fe: puedo esperar contra toda esperanza porque sé a Quien he creído.

La fe hace que me adhiera a la verdad trasmitida por la Escritura, la cual no cesa de mostrarme la bondad de Dios, su misericordia y su absoluta fidelidad a sus promesas. A través de la Palabra de Dios, nos dice la epístola a los Hebreos, tenemos firme consuelo los que buscamos refugio en la posesión de le esperanza propuesta., la cual tenemos como segura y firme ancla de nuestra alma, que penetra hasta el interior del velo, donde Jesús entró como precursor.

La Escritura nos revela el amor absolutamente incondicional e irrevocable de Dios hacia sus hijos, manifestado en Cristo, nacido, muerto y resucitado por nosotros. Él me amó y se entregó a mismo por mí".

Por la fe el corazón se adhiere a esta verdad y encuentra en ella una esperanza inmensa e indestructible! «La fe es la madre del amor y de la esperanza, así como de la confianza y de la certeza».

Nunca habría que dejar de meditar esas palabras de San Juan de la Cruz que fueron decisivas para conducir a Teresa de Lisieux por su «caminito de confianza y de amor»: «De Dios obtenemos tanto como esperamos».

Dios no nos da según nuestras cualidades o nuestros méritos, sino según nuestra esperanza. Esta verdad es extraordinariamente liberadora: aun suponiendo que todos nuestros recursos humanos y espirituales entren en bancarrota, siempre nos quedará la -invencible- esperanza.

(...) A causa de esta falta, no creemos realmente que Dios pueda hacernos dichosos y construimos una felicidad con nuestras propias recetas: la codicia egoísta. No esperamos que Dios nos haga vivir en plenitud y nos creamos una identidad artificial: el orgullo.

0 bien (y ésta es la situación más común entre personas de buena voluntad) nos gustaría mucho amar y ser generosos en ese amor y en la entrega de nosotros mismos, pero nos vemos atenazados por el miedo, la duda o la intranquilidad.

La falta de esperanza y la falta de confianza en lo que la gracia divina puede obrar en nosotros y en lo que nosotros podemos hacer con su ayuda, trae como inevitable consecuencia un estrechamiento del corazón y una mengua de la caridad. Y, por el contrario, la con fianza -como dice Teresa de Lisieux- conduce al amor.

El hecho de que una persona pierda su fervor, su impulso y su generosidad en el amor a Dios y al prójimo, obedece muy a menudo al desaliento, es decir, a una especie de desesperanza oculta que ha comenzado a invadir el corazón con un efecto desmovilizador.

A causa de los fracasos, las decepciones, las dificultades, la experiencia de nuestra miseria y las inquietudes que nos desasosiegan, perdemos nuestra energía y «bajamos los brazos».

En este caso, el remedio (es decir, el modo de hacer rebrotar el amor) no reside en un esfuerzo voluntarista, sino en reanimar la esperanza, en reencontrar una nueva confianza en lo que Dios, por grande que sea nuestra miseria, puede hacer por nosotros y en lo que nosotros podemos realizar con la ayuda de la gracia.

 

 

 



 







Lecturas previas para la preparación de esta clase: algunos libros y ensayos

Libros

Se sugieren, entre otros:

CAFFARRA, Carlo. Ética general de la sexualidad, EIUNSA, Barcelona 1995, 122 págs. Un libro para profesores, que analiza los presupuestos de la ética de la sexualidad: la "personeidad" del cuerpo y su redención. En la segunda parte se estudia la naturaleza de la facultad y del acto sexual, junto a las virtudes y vicios que le pueden acompañar. Por último aborda los estados de vida cristiana y propone los fundamentos y normas de actuación en el estado conyugal y en la virginidad.

CAFFARRA, Carlo: La sexualidad humana, Encuentro, Madrid 1987, 69 págs. Recoge tres conferencias: "Los fundamentos antropológicos", "El significado de la sexualidad humana" y "La ética de la procreación"

GARCÍA MORATO: Creados por amor, elegidos para amar. (205) Crecer, sentir, amar. Afectividad y corporalidad. Eunsa. Dos libros especialmente útiles para educadores. El primero trata especialmente del celibato y el matrimonio.

LEONARD, André: La moral sexual explicada a los jóvenes, Palabra, Madrid 1994, 122 págs. El cardenal Leonard logra en este libro hablar con sencillez de la moral sexual, yendo a lo fundamental y abordando con claridad los temas más candentes, como las relaciones prematrimoniales. Un libro particularmente útil para los jóvenes.

LÓPEZ ORTEGA, J. A, Educación de la sexualidad. Un libro asequible, claro y didáctico, especialmente apropiado para padres, profesores y jóvenes.

LÓPEZ PARDO, Camilo. Pureza, camino de amor. Folleto MC, 492

NORIEGA, J. El destino del Eros. Perspectiva de moral sexual. Pelícano. Madrid 2005. El autor, sacerdore del Instituto Religioso Discípulos de los Corazondes de Jesús y María ofrece numerosas consideraciones de interés para estudiosos, padres y educadores.

SANTAMARIA GARAI, Mikel G.: Saber amar con el cuerpo. Ecología sexual, Azpitarte Rousse J., Bilbao 1993; Palabra, Madrid 1996, 112 págs. Es comprensible el éxito que ha alcanzado este libro –especialmente entre los lectores jóvenes-. Este teólogo vasco analiza con amenidad y certera lucidez temas muy variados como el sentido del sexo, “la locura de casarse”, la personalización de la sexualidad, la intimidadcorporal, el desnudo, el dominio de los sentidos, etc.

SORIA, José Luis: Amar y vivir la castidad, Palabra, Madrid 1989, 198 págs; El sexto mandamiento, folleto "Mundo Cristiano" nº 98.

TILMANN, Klemens: Educación de la sexualidad, Herder, Barcelona 1965.

Ensayos

Se recomienda a los padres y educadores el estudio y la lectura atenta de estos dos ensayos, que ofrecen el conjunto de ideas fundamentales para hablar de esta virtud.

 


El Sexto mandamiento de la Ley de Dios

Conviene recordar que el sexto mandamiento adquiere su pleno significado unido al noveno, porque la castidad no se reduce a una simple abstención externa: supone una actitud inteior que lleva a la plenitud del amor.

Catecismo de la Doctrina Católica

Artículo 6 EL SEXTO MANDAMIENTO

II LA VOCACION A LA CASTIDAD


2337 La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.

La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo entero y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer.

La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la integralidad del don.

La integridad de la persona

2338 La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la lesionaría. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje (cf Mt 5,37).


2339 La castidad comporta un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si 1,22).

"La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados" (GS 17).


2340 El que quiere permanecer fiel a las promesas de su bautismo y resistir las tentaciones debe poner los medios para ello: el conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y la fidelidad a la la oración. "La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos" (S. Agustín, conf. 10,29; 40).

2341 La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de razón las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana.


2342 El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo repetido en todas las edades de la vida (cf Tt 2,1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia.

2343 La castidad tiene unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado. "Pero, el hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de Dios, es un ser histórico que se construye día a día con sus opciones numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según las diversas etapas de crecimiento" (FC 34).

2344 La castidad representa una tarea eminentemente personal; implica también un esfuerzo cultural pues "el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad misma están mutuamente condicionados" (GS 25,1). La castidad supone el respeto de los derechos de la persona, en particular, el de recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana.


2345 La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto de la obra espiritual (cf Gál 5,22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cf 1 Jn 3,3).



La integralidad del don de sí


2346 La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo. La castidad conduce al que la practica a ser ante el prójimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios.



2347 La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad. Indica al discípulo cómo seguir e imitar al que nos eligió como sus amigos (cf Jn 15,15), se dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su condición divina. La castidad es promesa de inmortalidad.

La castidad se expresa especialmente en la amistad con el prójimo. Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos. Conduce a la comunión espiritual.



Los diversos regímenes de la castidad


2348 Todo bautizado es llamado a la castidad. El cristiano se ha "revestido de Cristo" (Gal 3,27), modelo de toda castidad.

Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad en la castidad.


2349 La castidad "debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o celibatarias" (CDF, decl. "Persona humana" 11). Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia.

Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica (S. Ambrosio, vid. 23).

2350 Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad.

 

¿Qué prohíbe el sexto mandamiento?

El sexto mandamiento prohíbe, bajo pena de pecado mortal, todo lo que suponga ejercer voluntaria y conscientemente la facultad generativa, fuera del uso legítimo del matrimonio.

Si la acción implica el funcionamiento completo de los mecanismos específicos del acto conyugal, se habla de lujuria completa, que puede darse sea cuando la acción se realiza entre dos personas, sea cuando se realiza individualmente.

Por la misma razón, el sexto mandamiento prohíbe también, igualmente bajo pecado grave, todo lo que implique buscar directamente el placer genital, mediante actos carnales incompletos, ya sean interiores (pensamientos, fantasías, deseos, etc., que son matería específica del noveno mandamiento) ya seab exteriores, o ambos simultáneamente (lujuria incompleta).

Hay que precisar a este respecto que hay acciones que son siempre contrarias al sexto mandamiento, sea cual sea la situación o estado de la persona:

- la fornicación, o sea, la realización del acto sexual completo, fuera del legítimo matrimonio.

- la masturbación o pecado solitario, que consiste en procurar, sin unión carnal, los fenómenos corporales propios de ese acto y el placer consiguiente;

-todas las acciones, en una palabra, realizadas solitariamente o en colaboración con otras personas, que tengan por objeto lo que es propio y exclusivo de la facultad generativa, si se realizan fuera del matrimonio".

José Luis Soria, El Sexto Mandamiento

 

 


 

Cristo, modelo de Castidad

El Catecismo de la Iglesia recuerda:
2394 Cristo es el modelo de la castidad. Todo bautizado es llamado a llevar una vida casta, cada uno según su estado de vida.
Cristo, sus méritos, su misericordia, son nuestra esperanza

 

 

San Bernardo

¿Dónde podrá hallar nuestra debilidad un descanso seguro y sereno, sino en las llagas del Salvador? Vivo en esas llagas con seguridad, porque sé que Él puede salvarme. Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me acecha, pero no caigo, porque estoy cimentado en roca firme.

Si cometo un gran pecado, me remorderá la conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor, que fue herido por nuestras rebeldías (...)

Por eso estaba equivocado el que dijo: "Mi culpa es demasiado grande para soportarla" (...) Las heridas que Cristo sufrió en su cuerpo nos muestran los secretos de su corazón, nos permiten ver el gran misterio de su piedad, la entrañable misericordia de nuestro Dios. (...)

Mi único mérito es la misericordia del Señor. No seré pobre en méritos, mientras Él no sea pobre en misericordia. Y como la misericordia del Señor es mucha, muchos son también mis mñeritos. Y aunque tengo conciencia de mis muchos pecados, donde abundó el pecado sobreabundó la gracia". (Sermones sobre el Cantar de los Cantares)

 

 

Los primeros cristianos ante el mundo pagano

 


San Justino habla sobre la castidad de los primeros cristianos

"Sobre la castidad, (Cristo) dijo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandoliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno (Mt 5, 2829).

Y el que se casa con una divorciada de otro marido, comete adulterio (Mt 5, 32) (...). Así, para nuestro Maestro, no sólo son pecadores los que contraen doble matrimonio conforme a la ley humana, sino también los que miran a una mujer para desearla.

No sólo rechaza al que comete adulterio de hecho, sino también al que lo querría, pues ante Dios son patentes tanto las obras como los deseos.

Entre nosotros hay muchos y muchas que, hechos discípulos de Cristo desde la niñez, permanecen incorruptos hasta los sesenta y los setenta años, y yo me glorío de que os los puedo mostrar de entre toda raza humana.

Y esto,
sin contar a la ingente muchedumbre de los que se han convertido después de una vida disoluta y han aprendido esta doctrina, pues Cristo no llamó a penitencia a los justos y a los castos, sino a los impíos, a los intemperantes y a los inicuos.

Así lo dijo: no he venido a llamar a penitencia a los justos, sino a los pecadores (Lc 5, 32)"

 

 

 


 







Actitud de la Iglesia con respecto al cuerpo

 

I Epístola de San Pablo a los Corintios: ¿Acaso no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, [10] ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.

[11] y esto erais algunos. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre de Jesucristo el Señor y en el Espíritu de nuestro Dios.

[12] Todo me es lícito; pero no todo conviene. Todo me es lícito; pero no me dejaré dominar por nada. [13] La comida para el vientre, y el vientre para la comida. Pero Dios destruirá lo uno y lo otro. Por otra parte, el cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. [14] y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros por su poder

[15] ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿voy a tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? De ninguna manera. [16] ¿No sabéis que el que se une a una meretriz se hace un cuerpo con ella? Porque, dice la Escritura: Serán los dos una sola carne. [17] En cambio, el que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.

[18] Huid de la fornicación. Todo pecado que un hombre comete queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. [19] ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? [20] Habéis sido comprados mediante un precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.


El cristiano ha de ver en el sexo y en lo genital concretamente, no algo malo, sino una facultad concedida por Dios al hombre, relacionada intrínsecamente y en su más profunda dimensión con el matrimonio, porque el poder de transmitir la vida, que es una componente esencial de la genitalidad, estña por su naturaleza orientado a un fin que suera lo individual.

Es un presupuesto para la conservación y extensión de la especie humana, de tal modo que Santo Tomñas llega a llamarlo "un bien de calidad superior".

J. L. Soria, El sexto mandamiento

 

El respeto al cuerpo y el culto al cuerpo


  Mujer y varón: algunas ideas claves sobre la castidad
  • La diferencia sexual entre el varón y la mujer ha sido querida por Dios y se ordena al amor y la fecundidad.

  • La sexualidad "no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal" (Catecismo, 2361).

  • "La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro" (Catecismo, 2332).

  • Como consecuencia del pecado, la capacidad sexual tiende a servir al egoísmo: este desorden se remedia con la virtud de la castidad.

  La castidad: una virtud positiva

Lectura: Una afirmación gozosa

La castidad es una virtud eminentemente
personal, que exige un esfuerzo personal

Sin esfuerzo, sin combate espiritual, no se puede alcanzar ninguna virtud.



 
"Hay algunos que quieren ser humildes, pero sin ser despreciados; quieren contentarse con lo que tienen, pero sin pasar necesidad; ser castos, pero sin mortificar su cuerpo; ser pacientes, pero sin que nadie los ultraje. Cuando tratan de adquirir virtudes, pero rehúyen los trabajos que las virtudes llevan consigo, es como si no queriendo saber nada de los combates en el campo de batalla, quisieran ganar la guerra viviendo cómodamente en la ciudad".

San Gregorio Magno, Moralia, 7, 28, 34



  • La castidad, en estos momentos, "implica un esfuerzo cultural" (Catecismo, 2344), ya que "el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad están mutuamente condicionados".


     
    "En estos momentos de violencia, de sexualidad brutal, salvaje, hemos de ser rebeldes. Tú y yo somos rebeldes: no nos da la gana dejarnos llevar por la corriente, y ser unas bestias.

        Queremos portarnos como hijos de Dios, como hombres o mujeres que tratan a su Padre, que está en los Cielos y quiere estar muy cerca —¡dentro!— de cada uno de nosotros" (Forja, 15).

   


 







La castidad: una virtud para todos, sin excepción,
cada una, cada uno en su puesto


  • La Santa Pureza es consecuencia del amor: "Donde no hay amor de Dios, reina la concupiscencia. San Agustín. Enquiridio, 117. "La pureza es exigencia del amor". Juan Pablo II, 3.XII.1980


Redescubrir el valor de la castidad, por Juan Pablo II

El 7 de julio de 2002, en el centenario del asesinato de María Goretti (1890-1902), una niña de once años asesinada por un joven, Alessandro Serenelli, cuando quería abusar de ella, Juan Pablo II propuso a los jóvenes del mundo el ejemplo de esta adolescente italiana para «redescubrir el valor de la castidad».

Serenelli, profundamente arrepentido y tras una vida ejemplar, asistió a la canonización de María, el 24 de junio de 1950. «Santa María Goretti es un ejemplo para las nuevas generaciones, amenazadas por una mentalidad de falta de compromiso, a la que les cuesta comprender la importancia de los valores sobre los que no es lícito llegar a compromisos».

«María, que no había cumplido todavía los doce años, poseía una personalidad fuerte y madura, formada por la educación religiosa recibida en su familia. De este modo, fue capaz no sólo de defender su propia persona con castidad heroica sino incluso perdonar a su asesino».

«Su martirio recuerda que el ser humano no se realiza siguiendo sus impulsos de placer sino viviendo su propia vida en el amor y la responsabilidad».




  • La Pureza y la Castidad es una virtud para todos, que pueden y deben vivir todos; no es sólo para los curas o los que se han entregado a Dios..., como se dice hoy y decían ya los cristianos tibios en los primeros siglos del cristianismo.


  • La Pureza se puede vivir en la vida cotidiana.


    San Juan Crisóstomo


    "¿Qué quieres que hagamos? ¿Subirnos al monte y hacernos monjes? Cuando me decís eso me dan ganas de llorar, porque pensáis que la modestia y la castidad son propias sólo de monjes. No. Cristo dio unas leyes comunes para todos.


    Cuando dijo el que mira a una mujer para desearla (Mt. 5, 28) no se dirigía al monje, sino al hombre de la calle (...)


    Yo no pongo por ley que os vayais a los montes y desiertos, sino que seais buenos, modestos y castos viviendo en medio de las ciudades".


    (Homilía según san Mateo)

Enseñanzas de la Iglesia sobre la sexualidad

Entre las numerosas enseñanzas de la Iglesia que se pueden consultar, se aconseja estudiar la :

Declaración Persona humana.

Esta declaración aborda algunas cuestiones de Etica Sexual de particular interés.


La lujuria

Catecismo de la Iglesia. 2351 La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión.


Enseñanzas de la Iglesia sobre la fornicación

La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando se da corrupción de menores. (Catecismo, 2353).


Enseñanzas de la Iglesia sobre los espectáculos inmorales




Enseñanzas de la Iglesia sobre la masturbación

Lectura previa: 16 preguntas y respuestas sobre la masturbación

"Por masturbación se entiende la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo" (Catecismo, 2352).


"Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado.

El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine".


Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de "la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero" (CDF, decl. "Persona humana" 9).


Para emitir un juicio justo sobre la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores síquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral.


Enseñanzas de la Iglesia sobre la pornografía

(Catecismo de la Iglesia, 2354) La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual.

Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico.

La pornografía —exhibición del cuerpo humano como simple objeto de concupiscencia— y la prostitución —transformación del propio cuerpo en objeto de transacción financiera y de disfrute carnal— son faltas graves de desorden sexual, que, además de atentar a la dignidad de las personas que las ejercitan, constituyen una lacra social (cfr. Catecismo, 2355).

El respeto al cuerpo en las obras de arte

Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales

Tortura y pornografía

La marea negra de la pornografía



La prostitución

Catecismo de la Iglesia. 2355


La prostitución
atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cf 1 Co 6, 15-20). La prostitución constituye una lacra social.

Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo).

Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.


La violación

(Catecismo de la Iglesia. 2356)

La violación
es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona.


Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida.


Es siempre un acto intrínsecamente malo.


Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres o de educadores con los niños que les están confiados.


Enseñanzas de la Iglesia sobre la homosexualidad

"La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia las personas del mismo sexo (...).

Apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta como depravaciones graves (cfr. Gen 19,1-29; Rom 1,24-27; I Cor 6,10; I Tim 1,10), la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados». (...)

No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso" (Catecismo, 2357)

No hay que confundir entre la tendencia experimentada interiormente y los actos homosexuales. La tendencia homosexual no es pecado, sino tentación; los actos sí constituyen materia de pecado.

¿Qué hacer ante la homosexualidad?

¿Derecho al matrimonio?

Comprender y sanar la homosexualidad


Enseñanzas de la Iglesia sobre el pudor

Pictures


 

¿Qué es el pudor?

  • Lectura previa: el Pudor.

  • Es parte de la virtud de la templanza que preserva la intimidad de la persona en sus diversos aspectos: alma, partes del cuerpo, sentimientos y pensamientos.
  • Lleva a no mostrar lo que debe permanecer velado. Defiende la intimidad frente a todo lo que pueda dañarla (intromisiones, conductas, imágenes, situaciones).
  • El sentido del pudor lleva a desvelar la intimidad propia y ajena sólo cuando se contribuye de esa forma al mejoramiento, propio y ajeno.
  • El sentido del pudor es algo innato en la persona, aunque algunas formas externas del pudor puedan variar de una cultura a otra. Pero en todas las culturas hay pudor.

El vestido
  • El pudor lleva a cuidar el uso el vestido de forma adecuada a cada momento y situación.

  • Una persona con sentido del pudor evita los lugares donde no se vive (playas, etc.) y rechaza los comportamientos nudistas, tanto en el propio hogar como en ámbitos públicos.

El lenguaje

  • El pudor lleva a valorar qué aspectos de la intimidad propia o ajena se deben desvelar; a quién (sacerdote, médico, educador) y en qué circunstancia (confesión, consulta médica, charla educativa, etc).

  • Es una falta contra el pudor, por ejemplo, contar aspectos importantes de la intimidad en público sin razón justificada.

  • Esta virtud evita expresiones del lenguaje obscenas y soeces.

Pío XII:


Cristo está presente en todas partes. Y si nos preguntáis como lo llevaréis, os contestamos que principalmente con vuestra modestia cristiana (...) llevad a todas partes vuestro recato y vuestro pudor, como exteriorización natural de vuestra piedad (I.VII.1951)

 


¿Qué enseña la Iglesia sobre el pudor?

Catecismo de la Iglesia:

2521 La pureza exige el pudor. Este es una parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa la negativa a mostrar lo que debe permanecer oculto. Está ordenado a la castidad, cuya delicadeza proclama. Ordena las miradas y los gestos según la dignidad de las personas y de su unión.


2522 El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa; exige que se cumplan las condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer entre sí. El pudor es modestia, inspira la elección del vestido. Mantiene el silencio o la reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana; se convierte en discreción.


2523 Existe un pudor de los sentimientos como también un pudor del cuerpo. Este pudor rechaza, por ejemplo, los exhibicionismos del cuerpo humano propios de cierta publicidad o las incitaciones de algunos medios de comunicación a hacer pública toda confidencia íntima.

El pudor inspira una manera de vivir que permite resistir a las solicitaciones de la moda y a la presión de las ideologías dominantes.


2524 Las formas que adquiere el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia del sujeto. Educar en el pudor a niños y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la persona humana.


2525 La pureza cristiana exige una purificación del clima social. Obliga a los medios de comunicación social a una información cuidadosa del respeto y de la discreción.


La pureza de corazón libera del erotismo difuso y aparta de los espectáculos que favorecen el exhibicionismo y la ilusión.


2526 Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una concepción errónea de la libertad humana; para edificarse, ésta necesita dejarse educar previamente por la ley moral.


Conviene pedir a los responsables de la educación que impartan a la juventud una enseñanza respetuosa de la verdad, de las cualidades del corazón y de la dignidad moral y espiritual del hombre.


2527 "La buena nueva de Cristo renueva continuamente la vida y la cultura del hombre caído; combate y elimina los errores y males que brotan de la seducción, siempre amenazadora, del pecado. Purifica y eleva sin cesar las costumbres de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda, consolida, completa y restaura en Cristo, como desde dentro, las bellezas y cualidades espirituales de cada pueblo o edad" (GS 58,4).



Orientaciones educativas sobre el amor humano; pautas de educación sexual (1.XI.83) Congregación para la Educación Católica, 1.XI.1983:

90. El pudor, elemento fundamental de la personalidad, se puede considerar —en el plano educativo— como la conciencia vigilante en defensa de la dignidad del hombre y del amor auténtico.

Tiende a reaccionar ante ciertas actitudes y a frenar comportamientos que ensombrecen la dignidad de la persona.

Es un medio necesario y eficaz para dominar los instintos, hacer florecer el amor verdadero e integrar la vida afectivo-sexual en el marco armonioso de la persona.



 

El pudor entraña grandes posibilidades pedagógicas y merece ser valorizado. Niños y jóvenes aprenderán así:

  • a respetar el propio cuerpo como don de Dios, miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo;

  • aprenderán a resistir al mal que les rodea;

  • a tener una mirada y una imaginación limpias;

  • y a buscar el manifestar en el encuentro afectivo con los demás un amor verdaderamente humano con todos sus elementos espirituales.

 



91. Conviene que se les presenten, con este fin, modelos concretos y atrayentes de virtud y que se les desarrolle el sentido estético, despertándoles el gusto por la belleza presente en la naturaleza, en el arte y en la vida moral; y que se eduque a los jóvenes para asimilar un sistema de valores, sensibles y espirituales, en un despliegue desinteresado de fe y de amor.

Lecturas:

Más allá del vestido

Los tiempos han cambiado. En tiempos de mi abuela...

El sentido de la vergüenza y su relación con el pudor, por Juan Pablo II

Elogio del pudor

 


 





El combate espiritual por la virtud de la Santa Pureza

 

Lecturas:

El ámbito de combate de la virtud de la Pureza

Sexualidad y autodominio

Medios para vivir la Pureza

Sobre algunos aspectos de la teología moral (Cardenal Ratzinger)


 









Elegidos para amar: matrimonio y celibato


 La santidad se mide por el amor a Dios de cada uno, no porque viva el celibato o el matrimonio. Sin embargo, la Iglesia enseña que el celibato por el Reino de los Cielos es un don superior al don del matrimonio.

El celibato apostólico es una especial llamada al Amor, una vocación maravillosa, que "no todos entienden, sino aquellos a quienes ha sido dado" (Mt 19,10).

El celibato exige un amor fuerte y profundo, una gran capacidad de entrega y una personalidad madura.



Lectura: Preguntas y respuestas sobre el celibato


 

Celibato y amor En este texto se exponen, de forma clara y completa, las enseñanzas de la Iglesia sobre el celibato.


Ideas sobre el noviazgo

 


 

 






Objeciones frecuentes sobre la moral cristiana


 

-¿Confesar yo mis pecados a otro hombre?

-Ya nadie vive así.

- ¡Si ahora ya nadie se escandaliza por eso!

- Mucha gente no cree en el pecado

- ¿Eso, pecado...? ¡Eso no puede ser malo!

- Pero, ¿Es que hay algo malo en el placer?

-¿Esperar?

-Sexo y sentimientos.

-La obsesión del sexo.

-Adictos al sexo.

- ¿Qué hacer con el deseo sexual no legítimo?

- Contigo... mientras me gustes.

-Nos casaremos cuando tengamos automóvil, casa, chalet en el campo y la hipoteca de la casa pagada...

-Si yo no hago nada malo: sólo sigo las inclinaciones naturales del cuerpo.

 


La virtud de la pureza: una virtud urgente para el mundo actual

Algunas tendencias y corrientes ideológicas dominantes

Ideología de género

Violencia sexual y cultura


 







Para una nueva evangelización, audaz, valiente, con espíritu de pioneros.

La responsabilidad de los padres





  • Los jóvenes que desean llevar a cabo una nueva Evangelización (en general y en particular sobre esta virtud cristiana), necesitan actuar con audacia de pioneros, sabiéndose constructores y artífices de un tiempo nuevo que devolverá al hombre su dignidad humana.



    • En la situación actual es necesario que todos los cristianos sientan la responsabilidad de poner los medios a su alcance para hacer que en la sociedad se respete al hombre y a la mujer en este ámbito, que es imprescindible para su desarrollo normal como persona y como hijo de Dios.

    • Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia. —Y esa cruzada es obra vuestra (Camino, n. 121).

    • Algunos ámbitos de actuación de los jóvenes cristianos:

      —realizar una evangelización valiente, audaz y decidida, audaz y profunda, propia de pioneros, mediante el ejemplo y la palabra, en la propia familia, con los parientes y amigos, con los compañeros y amigos.

      "Entender y asumir estos temas, como otros muchos de la vida cristiana, significa situarse en una posición excéntrica respecto de su mundo, su cultura, sus amigos y, a veces, sus padres. Para poder asumir esto, hay que darles [a los jóvenes] un esquema que les permita digerir esa nueva situación. Hay que excusar la realidad de sus padres, de sus amigos, de su cultura de modo que puedan comprender y puedan aceptar.

      La única situación mental que lo permite es la de quien se siente pionero: «Tengo una verdad nueva que los otros todavía no tienen; les comprendo, rezo por ellos, y poco a poco iremos consiguiendo que esto cale en el ambiente». Una mentalidad parecida a la de un militante de Greenpeace. Como me decía uno: «Si vives en cristiano, o te sientes pionero, o te sientes idiota»"

      — recordar, por todos los medios a su alcance, de forma positiva y limpia, la belleza, el profundo atractivo y el valor de esta virtud.

      — protestar ante determinados abusos: ejercer los propios derechos civiles y no quedarse paralizado ante los dogmatismos de algunos fundamentalismos laicos, los intereses comerciales de algunas marcas que utilizan recursos degradantes, etc.

      — elegir, por coherencia cristiana, productos que no utilicen reclamos deshonestos para promocionar sus ventas.


      Es un reto cristiano apasionante para nuestro tiempo.


      La castidad es una virtud atractiva, anticonformista, “revolucionaria”, “políticamente incorrecta”; propia de enamorados: de hombres y mujeres con personalidad, que tienen ideales que ofrecer; de personas con sentido que no se dejan arrastrar por la masa.

       

       

       

       

       

       



 

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