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Clase XIII. Amor, Castidad, Santa Pureza


Ámbitos de combate de la Virtud de la Pureza. La sensibilidad


Dominio de la curiosidad



La sensibilidad obedece a múltiples estímulos: físicos, psíquicos, etc.

Una fuente de esos estímulos puede provenir de la curiosidad, que conviene dominar y encauzar rectamente, para amar a Cristo con todo el cuerpo, con toda el alma.


Una curiosidad no mortificada, sin control, puede llegar insensiblemente a convertirse por lo menos en ocasión de pecado contra la castidad, si no en pecado mismo.

Una persona fisgona, oliscona y ventanera, que se entretiene en espiar lo que hacen los vecinos o las vecinas, que a los pocos días de vivir en una casa ya sabe el horario de levantarse y acostarse de todos los habitantes de las casas cercanas, será fácil que caiga en pecados de impureza, porque lleva una vida sin mortificación, porque busca satisfacer la curiosidad como entretenimiento o compensación de otros aspectos de su vida y porque está jugando peligrosamente en la cuerda floja del pecado.

J. L. Soria. El sexto mandamiento

 


Evitar las compensaciones





Compensación puede ser... un refugiarse en fantasías noveleras, que si no son pecado grave, por lo menos no son cieramente virtuosas; una falta de delicadeza en los momentos dedicados a la higiene personal, etc. Se piensa quizá que ya que no se puede calmar totalmente el hambre, es imprescindible permitirse de ven

J. L. Soria. El sexto mandamiento

  • Conviene recordar que las tentaciones de pecado se pueden quedar en simples tentaciones si el sujeto no ha sido cómplice, provocándolas mediante lecturas inconvenientes, conversaciones procaces, imaginaciones, etc. Sobre esta materia conviene pedir consejo en la dirección espiritual a la persona que conozca bien nuestra alma.
  • Los cambios en la sensibilidad corporal obedecen a múltiples factores. Algunos son fenómenos naturales del cuerpo. Si se presentan como tentación y no se admiten, surfeándolas con habilidad, no son ofensa a Dios.

Sentir y consentir


  • Como se ve, lo decisivo radica en la volunta. Una cosa es sentir la tentación (no es pecado), y otra, muy distinta, consentir voluntariamente en la tentación: eso lleva a pecar.




  • En ese mismo sentido, no es lo mismo ver (sin consentir) que mirar (recreándose, consintiendo).


  • El cristiano debe luchar para amar a Dios con su alma y con su cuerpo. Esto recibe el nombre de lucha ascética.




 





Cómo guardar los sentidos, las“puertas del alma”.

 

  • Para guardar los sentidos se necesita la práctica de la mortificación interior y exterior (dominio de la curiosidad, orden en el uso de la vista, de la lengua, etc., de forma que no conduzca a la ofensa a Dios).
  • Se necesita vivir la virtud e la templanza (en la comida, la bebida, en no concederse determinados caprichos).

    La templanza lleva a evitar una búsqueda desordenada del bienestar y de la comodidad; a no cultivar una susceptibilidad exagerada; a luchar por vencer el desorden en el carácter, las manifestaciones de ira, el amor propio exacerbado que lleva a manías, a victimismos, etc.

    La suma de situaciones de destemplanza propicia los pecados contra la Santa Pureza.
  • Con ayuda de la Gracia, una persona que guarda los sentidos, que practica la mortificación cristiana y se esfuerza habitualmente por vivir con humildad la virtud de la templanza, además de ganar en fortaleza, personalidad y autodominio, se aleja de las ocasiones de pecar y fortalece su alma, mediante estos buenos hábitos, para vencer en el momento de la tentación.

   






Los sentidos internos

  • El cristiano busca amar a Dios con toda su alma y todo su corazón, con toda su mente y todo su ser: con todas sus potencias interiores y exteriores.
  • Jesucristo enseñó que “el que mira a una mujer para desearla ya adulteró en su corazón” (Mateo, V).
  • Esto muestra que los deseos y pensamientos pecaminosos internos (es decir, que se dan sólo en la intimidad del corazón del hombre) si se rechazan no son pecado;pero si se consienten, son pecado, como Cristo enseñó.
  • Para rechazar las tentaciones que se presentan por esta vía, y vencerlas con ayuda de la Gracia de Dios, conviene evitar:

 

- El desorden en la imaginación, que puede llevar a ofensas a Dios.

- Los recuerdos de situaciones pecaminosas del pasado.

- La excesiva preocupación por uno mismo, que puede llevar –si no se modera- en un egocentrismo hedonista.

- La búsqueda de compensaciones sensuales

- Las novelerías que alejan de la realidad,

- Las susceptibilidades, enfados, victimismos, etc.

 


 

 






El “corazón”


 

  • Para que el corazón (un término que expresa las ilusiones, esperanzas, deseos, etc. del ser humano) sea enteramente de Cristo y vibre con los afanes de Cristo, se necesita vivir con realismo, sin caer en espiritualismos ni angelismos de ningún tipo.
  • Ese realismo profundamente humano lleva a asumir con humildad las enseñanzas de la Iglesia, experta en humanidad. La Iglesia es una Madre Sabia que cuenta con una experiencia de siglos, y nos recuerda que todos estamos abocados al pecado, por muy buenos, por muy “justos” que nos creamos.
  • Nadie está “preservado” del mal. El hombre no es un ángel, sino una criatura capaz de cometer cualquier pecado, que debe acudir con humildad a Dios para que le conceda gracia y fortaleza a la hora de la tentación.
  • Los autores espirituales recuerdan por eso la necesidad de poner la lucha lejos y de guardar el corazón del mismo modo que los que hacen rafting kayak evitan los torbellinos y las corrientes incontroladas; de cortar con decisión con cualquier tentación que aleje de Dios, por muy fiel a su Voluntad que se haya sido durante años.

 

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