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Clase XIV. La pobreza cristiana: el desprendimiento pleno del corazón por amor a Cristo


 

 





El desprendimiento cristiano: desprenderse de todo, confiando sólo en nuestro Padre Dios


Textos de lectura previa:

Desprendimiento y perseverancia, de santo Tomás Moro


No hace mucho recibí una hermosa carta de y un consistente donativo de un niño italiano que acababa de hacer la Primera Comunión.

En la carta me explicaba que antes de la Primera Comunión había pedido a sus padres que no le comprasen un traje especial y que se abstuviesen de una comida especial de celebración.

Añadió que había pedido asimismo a sus parientes y amigos que no le hiciesen ningún regalo con tal motivo.

Había decidido renunciar a todo a cambio de poder ahorrar dinero para ofrecerlo a la Madre Teresa.

Fue una espléndida muestra de generosidad por parte de aquel niño.

Vi en ello una disponibilidad para el sacrificio, para privarse de algo.

Teresa de Calcuta

 


Sugerencias previas

Al comienzo de la clase convendrá explicar el sentido de estas dos acepciones del término pobreza:

Significado socioeconómico:


en este sentido, se interpreta la pobreza como indigencia,
como falta de bienes necesarios para el sustento. En esta acepción la pobreza extrema se llama miseria

En este sentido dice san Ambrosio que "no toda pobreza es santa, ni todas las riquezas son pecaminosas" (Catena Aurea, Vol. I, . 341)



Significado teológico:



es el sentido de la virtud de la pobreza cristiana, tal como la vivió y la enseñó Jesucristo.

Según esta acepción, la pobreza es el fruto del desprendimiento de los bienes materiales y lleva a ayudar a los demás con esos bienes por amor a Dios.

En este sentido, hay muchos tipos de pobreza: pobreza de espíritu, desprendimiento del propio yo, "pobreza del tiempo", etc.


Hay un sentido espiritual negativo:
cuando se dice que un país rico que no conoce a Dios es un país pobre, indigente, espiritualmente.

 

Es importante discernir y comprender bien el alcance de estos términos, situando la expresión "pobreza" en su contexto, para entender adecuadamente el mensaje cristiano.


Por ejemplo, escribe la Madre Teresa (que vivió la virtud de la pobreza desde el punto de vista teológico):

La pobreza no ha sido creada por Dios (alude aquí a la pobreza en sentido socioeconómico). Somos nosotros quien hemos creado la pobreza (en sentido socioeconómico). Ante Dios, todos somos pobres (habla ahora de la pobreza en sentido espiritual).

Si los países ricos legalizan el aborto, se convierten realmente en los más pobres del mundo (con indigencia espiritual).



  • Conviene también aclarar y delimitar el alcance del mensaje cristiano sobre la riqueza, recordando estos puntos:


    La riqueza -"el dinero"-, no es moralmente buena ni mala. La moralidad depende del modo en que se use esa riqueza. "El dinero" puede emplearse en el lujo, en el despilfarro y en la violencia, o en la promoción de la salud, de la solidaridad o la educación.


    El desprendimiento -recordaba san Josemaría- se cultiva:


    - teniendo sólo lo necesario (sin lujos de ningún tipo);


    - no quejándose cuando falta algo, ni añorándolo;


    - viviendo desprendidos de lo que tenemos y usamos;


    - trabajando esforzadamente por construir una sociedad más humana, más justa, más equitativa,


    - de forma que todo en nuestra vida sea de Dios y para Dios.

  • El movimiento se desmuestra andando y se aprende a vviir la pobreza viviéndola, al igual que la humildad. Dice la Madre Teresa que "no se aprende a ser humildes leyendo una gran cantidad de libros, ni oyendo grandes sermones sobre la humildad. Se aprende aceptando las humillaciones".

  • Del mismo modo, para vivir la pobreza cristiana es necesario vivir efectivamente desprendido de cosas concretas, de apegamientos del corazón, de ilusiones que no son de Dios: no basta con saberse la teoría.

Enseñanzas de Cristo sobre la pobreza y el desprendimiento


Cristo nació en la pobreza de Belén, y nos dió testimonio de pobreza y desprendimiento con su vida y con su muerte en la Cruz:


"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Pues quien quisiera salvar su vida, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor de mí, la encontrará. Porque ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?"


Jesucristo no condena los bienes materiales
. Alaba a los "pobres de espíritu" y enseña a no poner el corazón en las riquezas.

Jesucristo nació en la pobreza de Belén, vivió desprendido de todo y murió sin nada en una Cruz. Todos los que desean seguir sus pasos deben vivir el desprendimiento cristiano.

Se lee en el Evangelio de Lucas: "A otro le dijo: Sígueme. Pero éste contestó: Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre. [60] Y Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios. [61] Y otro dijo: Te seguiré, Señor, pero primero permíteme despedirme de los de mi casa. [62] Jesús le dijo: Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios".


Jesús llamó bienaventurados a los pobres y desprendidos. “Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”. (Lucas, 20)

Catecismo de la Iglesia 2544: Jesús exhorta a sus discípulos a preferirle a todo y a todos y les propone "renunciar a todos sus bienes" (Lc 14,33) por él y por el Evangelio (cf Mc 8,35). Poco antes de su Pasión les mostró como ejemplo la pobre viuda de Jerusalén que, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir (cf Lc 21,4).

Cristo enseñó a todos: sacerdotes, consagrados, laicos, a vivir un deprendimiento radical («las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» Mt 8,20) en medio de las circunstancias normales de su vida.


Para una persona que vive en medio del mundo la pobreza no le debe llevar a rechazar por principio todos los bienes nobles del mundo, sino a usarlos con prudencia, sin apegarse a ellos, viviendo desprendido, con espíritu de caridad, sobriedad y moderación.

  • Se trata de vivir sobriamente siempre, sin excesos, en los momentos ordinarios y en los extraordinarios, como puede ser un acontecimiento social (una fiesta, una boda, por ejemplo), siguiendo el ejemplo de Cristo en las bodas de Caná (lo 2,211) donde realizó el primer milagro.
  • La pobreza no significa ausencia de detalles o descuido por lo material. Cristo le reprendió a su anfitrión en una casa donde le invitaron por no haber tenido con él los detalles de educación y delicadeza de aquel tiempo como el agua para lavarse los pies, el beso de la paz, el aceite para ungirse, etc. (Lc 7,36-45).


    La sobriedad lleva a vivir templadamente en la vida cotidiana: Cristo asistía a las comidas cuando le invitaban sus amigos, como Zaqueo (Lc 19,1-10) aunque los fariseos se escandalizasen falsamente y le llamasen sólo por eso glotón y bebedor (Mt 11, 16-19
El ejemplo de Jesús, María y José: en la luz de Belén

Primeros cristianos y Padres de la Iglesia

 

Los primeros cristianos


"Para la Iglesia el mensaje social del Evangelio no debe considerarse como una teoría, sino, por encima de todo, un fundamento y un estímulo para la acción. Impulsados por este mensaje, algunos de los primeros cristianos distribuían sus bienes a los pobres, dando testimonio de que, no obstante las diversas proveniencias sociales, era posible una convivencia pacífica y solidaria". (Cardenal François-Xavier Nguyên, Cardenal Van Thuân).

Los Padres de la Iglesia

San Juan Crisóstomo: Cristo no prohíbe enriquecerse, sino hacerse esclavo de las riquezas: quiere que usemos lo necesario y que no guardemos avariciosamente. (Catena Aurea, Vol. VI, p. 315)

San Ambrosio, siguiendo el mensaje de Jesús, cuando se refiere a los pobres en sentido socioeconómico -es decir, a los que no poseen bienes materiales-, aclara:

«No todos los pobres son bienaventurados; porque la pobreza de suyo es indiferente; puede haber pobres malos y buenos» Y explica en Catena Aurea, vol. VI: "Aprendan los ricos (de Zaqueo) que el mal no consiste en tener riquezas sino en no saberlas usar bien; porque del mismo modo que las riquezas son un impedimento para los malos, son un instrumento para la virtud de los buenos".



San Agustín recuerda que "Todos los que aman las riquezas, aunque no puedan conseguirlas, forman parte del número de los ricos" Catena Aurea, vol VI, 316)


Por eso, la Iglesia ha canonizado a personas que han vivido en estratos sociales y económicos muy diversos: desde san Benito Labre, mendigo, al beato Carlos de Habsburgo, emperador de Austria-Hungría, que residió gran parte de su vida en palacios y mansiones imperiales, siempre con gran sobriedad. No es "el marco" lo que define al pobre, sino su corazón.


La pobreza, por tanto, debe caracterizar la vida de todo cristiano, sea cual sea la condición económica y social en la que se encuentre.

  • Desde esa perspectiva se entenderá mejor esta paradoja:


    hay pobres –en lo material- que no son verdaderos pobres de espíritu en el sentido cristiano.

    hay ricos - en lo material- que son verdaderos pobres en el sentido cristiano.

 



El desprendimiento de espíritu,
o "pobreza del corazón":
buscando a Dios con toda el alma, desprendido de todo,
a contracorriente de la comodidad

¿Qué exige Jesús con la pobreza del corazón? Jesús exige a sus discípulos que le antepongan a Él respecto a todo y a todos. El desprendimiento de las riquezas -según el espíritu de la pobreza evangélica- y el abandono a la providencia de Dios, que nos libera de la preocupación por el mañana, nos preparan para la bienaventuranza de "los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mt, 5, 3).

El Catecismo de la Iglesia recuerda que todos los cristianos están llamados a vivir esta virtud: 2545


"Todos los cristianos... han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto" (LG 42).

¿En qué consiste la virtud de la pobreza cristiana o desprendimiento?

La virtud del desprendimiento cristiano consiste en vivir con el alma en Dios y referir todas las realidades a Dios.


Una condición para lograr este objetivo es el desprendimiento del corazón, que lleva a tener el corazón sólo en el Amor, en Dios y en las cosas de Dios


2547 El Señor se lamenta de los ricos porque encuentran su consuelo en la abundancia de bienes (Lc 6,24). "El orgulloso busca el poder terreno, mientras el pobre en espíritu busca el Reino de los Cielos" (S. Agustín, serm. Dom. 1,1).


El abandono en la Providencia del Padre del Cielo libera de la inquietud por el mañana (cf Mt 6,25-34). La confianza en Dios dispone a la bienaventuranza de los pobres: ellos verán a Dios.

  • El desprendimiento cristiano consiste unas veces en no tener, y siempre, en estar desprendido de las cosas materiales, usándolas con justicia y mirando al bien común, sin ningún tipo de despilfarro.


    Hay personas que pueden permitirse el lujo de una vida muy confortable.

    Es posible que sea fruto de los esfuerzos que han realizado.

    Los que me irrita es el despilfarro.

    Me irrita observar que hay personas que malgastan y desperdician cosas que podríamos emplear a favor de los pobres.


    Teresa de Calcuta



  • Si no estamos desprendidos de las cosas, de nosotros mismos, de nuestro tiempo, es difícil que le dejemos sitio a Dios en el corazón y que nos dispongamos a servir a los demás como Él quiere.


  • Lógicamente, el desprendimiento se refiere a la actitud ante las cosas que debemos tener y usar en lo que se refiere a las cosas necesarias; no a las superfluas, porque hay que poner los medios para no tener cosas superfluas.


    • El desprendimiento cristiano lleva a evitar lo superfluo, lo que sobra, de nuestra vida, contentándose con lo suficiente.


      Muchos jóvenes sufren en la actualidad la avaricia de la "ropa de marca" y se crean falsas necesidades (alentados por el reclamo de la publicidad): la necesidad de estar "a la última", de disfrutar del último avance tecnológico, de poseer el último CD del último grupo musical... La pobreza lleva a combatir la avaricia, "el deseo inmoderado de tener más" como la definía San Gregorio Magno.


      Decía san Basilio "el alma avariciosa nunca se considera satisfecha".


  • Ejemplos de apegamentos egoístas:

    • Desear tener cosas superfluas: Tengo cuatro camisetas de verano, quiero tener quince: una negra; otra, roja; otra, con rayas verdes; otra, con el escudo de mi equipo; otra, para salir con mis amigos; otra, para....

    • Quejarse por lo que falta: todos mis amigos lo tienen y yo no tengo el último cd; no he visto la última película; no...



      Compararse con los demás: Mis amigos tienen cinco lentes, cinco gafas de sol, y yo también quiero tener cinco: unas, para esquiar; otras, para ir a la montaña; otras, para estar en la playa; otras para pasear; otras para... ¡No voy a ser menos que los demás!


    • Crearse falsas necesidades: Tengo que pensar en comprarme una computadora, un nuevo ordenador, porque me lo compré hace dos meses y ya anuncian por la tele un modelo nuevo con más prestaciones.


      No prestar nunca nada de lo que usamos: Yo no presto nunca mis apuntes a mis amigos, por si me los pierden; ni presto la bicicleta, por si me la estropean; ni presto mi raqueta de pim-pom por si me la rompen...


    • Maltratar lo que se tiene: La ropa es para mí, y no yo para la ropa. Por eso, al llegar a mi casa, la tiro al suelo de cualquier manera (además, así se estropea antes y "necesito" comprarme ropa nueva).

    • Encerrarse en uno mismo: en esta casa no se puede ver la televisión, porque a mi hermano no le gusta el baloncesto, así que veré el partido de la NBA solo en mi cuarto, como de costumbre. No sé porque se empeñan en mi casa en que coma con todos y que llegue puntual a la hora de comer, cuando puedo comer perfectamente yo solo, sin que nadie me moleste.


      Suele costar reconocer esos apegamientos egoístas del corazón:

  • -iPero eso no es avaricia! -se argumenta en ocasiones-. ¡Realmente yo necesito esas camisetas! ¡Y esas gafas de sol! Todos mis amigos las tienen. Además, yo soy un joven de mi tiempo, estoy muy ocupado...



    A esto contestan los santos:

    • San Francisco de Sales.


      No encontrarás... a uno que te reconozca que es un avaro; todos te negarán esa bajeza y ruindad de corazón, excusándose con que (...) lo prudente es conseguirse todo lo que se necesita; de forma que nunca pensarán que ya tienen demasiado (...) porque la avaricia es una fiebre prodigiosa que se siente menos en la medida en que mayor es su ardor y su violencia. (Introducción a la vida devota)

    • San Agustín:


      Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo demás es agobio, no alivio; apesadumbra, no levanta.



      San Josemaría Escrivá: sobre el desprendimiento


 




Algunas manifestaciones de desprendimiento


Abandono en Dios

Cristo nos enseñó a vivir abandonados en las manos de nuestro Padre Dios

“no os inquietéis, en orden a vuestra vida, sobre lo que comeréis; ni en orden a vuestro cuerpo, sobre qué vestiréis. Importa más la vida que la comida, y el cuerpo que el vestido. Fijaos en los cuervos: no siembran, ni siegan, no tienen despensa, ni granero; y, sin embargo, Dios los alimenta. pues, ¡cuánto más valéis vosotros!...

Mirad cómo crecen los lirios: no trabajan, ni hilan; y, no obstante, os aseguro que ni Salomón, con toda su magnificencia, estuvo jamás vestido como una de estas flores. Pues, si a una hierba que hoy crece en el campo y mañana se echa al fuego, Dios así la viste, ¿cuánto más hará con vosotros, hombres de poquísima fe?



Sobriedad

Uso del tiempo

Existe un "desprendimiento del tiempo", que es quizá la riqueza personal que más cuesta entregar.

A veces es más fácil hacer una limosna y desprenderse de algo de dinero que desprenderse de "mi tiempo":

tiempo para rezar;

tiempo para ocuparse de los demás;

tiempo para hacer un recado que me encarga mi madre;

tiempo para escuchar a mi padre que quiere contarme algo;

tiempo para hacer un favor a un amigo;

tiempo para realizar obras de misericordia, como atender a enfermos que viven en soledad;

etc.

 


 




Ante las riquezas: desprenderse de ellas con decisión y hacerlas fructificar, si queremos alcanzar a Dios

  • Desprenderse de las riquezas con decisión

Jesucristo nos recuerda:

No queráis amontonar tesoros en la tierra, donde el orín y la polilla los consumen y donde los ladrones los desentierran y roban; atesorad en cambio bienes en el cielo, donde no hay orín, ni la polilla los consume, ni tampoco ladrones que los descubran y los roben. Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

San Pablo:

"A los ricos de este mundo encárgales que no sean altivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que abundantemente nos provee de todo para que lo disfrutemos" (1 Tim 6,17).

San Juan Crisóstomo:

"No basta, pues, despreciar las riquezas, sino que hay también que alimentar a los pobres, y principalmente hay que seguir a Cristo, es decir, hacer cuanto Él nos ha mandado: estar dispuestos a derramar la sangre y soportar la muerte cotidiana. (...) ¡Qué difícilmente entrarán los ricos en el reino de los cielos! Lo cual no es hablar contra las riquezas, sino contra los que se dejan dominar por ellas" (o. c. en bibl., 307-308).

  • Hacer fructificar las riquezas

Además desprenderse de las riquezas, hay que aprender a usarlas rectamente, cuando se poseen, para hacer el bien, haciéndolas fructificar y convirtiéndolas en instrumentos para el bien.


S. Ambrosio: "¡Ay, de vosotros, ricos, que ya tenéis vuestro consuelo...!; sin embargo, a los que se condena por la autoridad de la sentencia celestial no son a los que tienen riquezas, sino a los que no saben usarlas»

San Gregorio de Nisa: "Sed moderados en el uso de los bienes de esta vida. No os pertenece todo; al menos una parte de esos bienes debe quedar para los pobres que son amados especialmente por Dios" (Sermón 1 sobre el amor a los pobres)

Santo Tomás: «las riquezas son buenas en cuanto son útiles al ejercicio de la virtud; mas si excede esta medida de manera que impida el ejercicio de la virtud, no han de computarse entre las cosas buenas, sino entre las malas. De aquí que para algunos que usan de ellas para la virtud sea bueno poseer riquezas, mientras que para otros, que por ellas se apartan de la virtud, ya por demasiada solicitud, ya por el demasiado apego a las mismas o por la distracción de la mente que de ellas proviene, es malo poseerlas» (Contra Gentes, III,133).


El Concilio Vaticano II
recuerda a los laicos: «procuren, pues, seriamente, que por sus competencia en los asuntos profanos y por su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, los bienes creados se desarrollen al servicio de todos y de cada uno de ellos...» (Const. Lumen gentium, 36).


  • Luchar contra la pobreza material
  • La historia muestra cómo la Iglesia ha luchado durante siglos contra la pobreza material, ocupándose de los necesitados, atendiendo a la salud, promoviendo hospitales y todo tipo de iniciativas cuando el Estado no sabe o no llega a ejercer estas funciones que son de su competencia.

     

     

  • No dar a los demás lo que no nos sirve para nada: trastos rotos y ropa vieja: Jesús espera que le demos nuestra vida



    Teresa de Calcuta:

    ¿Que un alimento no nos gusta o se está poniendo rancio? ¡Al saco de los desperdicios! Mercancias perecederas que han superado la fecha de caducidad y que nos da miedo consumir, van al saco de los desperdicios: en otras palabras, se las damos a los pobres.

    Una prenda de vestir que se ha pasado de moda, y no nos gusta llevar: ¡para los pobres!

    Todo esto no implica el menor respeto a los pobres.

    Esto no es considerarlos nuestros amos, como pedía san Vicente de Paúl a sus religiosos, sino situarlos por debajo de nuestro nivel.







  • Con las riquezas se alaba a Dios en el culto divino


    Jesucristo. Ante el falso escándalo de Judas Iscariote , Cristo alabó a la mujer que rompió su frasco de perfume para honrar a Cristo.(cfr. lo 12,1-11). Judas Iscariotes puso la excusa de los pobres: «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios y se dio a los pobres?». Pero explica el Evangelista: «Dijo esto no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como guardaba la bolsa, hurtaba lo que en ella se echaba».


    El Concilio Vaticano ll recordó la necesidad de cuidar la dignidad del culto a Dios: «la santa Madre Iglesia fue siempre amiga de las bellas artes, buscó constantemente su noble servicio, principalmente para que las cosas destinadas al culto sagrado fueran de verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales» (Const. Sacrosancti Concilium, 122).

 



Diversos "estilos" a la hora de vivir la virtud del desprendimiento


En la Iglesia hay diversos modos, diversos estilos, a la hora de vivir la misma pobreza cristiana, el desprendimiento que Cristo enseñó.

La santidad es una y misma para todos, pero
el modo de vivir el desprendimiento cristiano -necesaria para la santidad- depende de los carismas y las situaciones.

Es algo parecido a lo que sucede en la natación: se puede nadar a crol, braza, mariposa, espalda...

La siguiente comparación sobre el desprendimiento relacionado con el espíritu de penitencia puede resultar expresiva.

El monje y el misionero.


Las personas que llevan una vida contemplativa (los monjes, por ejemplo) pueden sobrellevar mejor unos ayunos prolongados que los que llevan una vida activa –como los misioneros- cuyo trabajo supone un gran desgaste de energías y exige una alimentación más continuada: si un misionero ayunara como un monje desfallecería y no podría realizar su misión.

Eso no significa que un misionero sea, por principio, menos penitente que un monje de clausura, sino que su modo de vivir la misma virtud es necesariamente distinto.

El rey y el monje.

Un rey cristiano no puede vivir externamente la virtud del desprendimiento del mismo modo que un monje: pero, por sus obligaciones propias, ambos tendrán que esforzarse en vivir esta virtud en medio de sus circunstancias: el rey, con las propias de su cargo (fiestas, banquetes y recepciones de Estado); el monje, con las circunstancia de su orden monástica.


Si sólo existiera un modo determinado de vivir el desprendimiento cristiano los cristianos que poseen determinados bienes, para hacer un negocio y mantener a su familia, no podrían vivir esta virtud.

La Iglesia ha beatificado al último emperador de Austria-Hungría, que era extraordinariamente sobrio, no porque muriera en la pobreza material, (como sucedió), sino porque supo santificarse como emperador, militar, padre de familia, y hombre de paz cumpliendo con sus obligaciones familiares, profesionales y sociales, en un entorno de riqueza, pero con un profundo espíritu de desprendimiento interior.


Esto indica que cada uno debe vivir esta virtud del desprendimiento según el camino al que Dios le llame y en la situación en la que esté: monje, sacerdote, misionero, laico, etc.

San Francisco de Sales:

"¿Sería lógico que los obispos quisieran vivir su entrega en la soledad, del mismo modo que los cartujos; que los casados tuvieran la misma preocupación por aumentar sus ingresos que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como hace un religioso; o que un religioso estuviera absorvido por las necesidades de los demás, al igual que un obispo?

 


 





El apostolado del desprendimiento

  • Es particularmente urgente realizar un apostolado valiente del desprendimiento cristiano, estimulando a muchos jóvenes para que se propongan vivir desprendidos de los bienes materiales, especialmente los que viven en medio de una cultura consumista, que centra la felicidad en el goce de las cosas materiales.
  • Este apostolado lleva a vivir sobriamente y a trabajar activamente para el bien común, con espíritu de servicio.

  • Trabajar para el bien común
 
  • Con mentalidad de servicio y responsabilidad social.

 

  • Esa mentalidad de servicio llevan al trabajo bien hecho, con responsabilidad social; al desprendimiento efectivo; a una sobriedad, y a un estilo de vida que debe costar. Limitarse a dar una limosna de vez en cuando es como dar "las sobras".

 

Teresa de Calcuta:

Sólo os pido una cosa: que no os canséis de dar, pero no deis las sobras.

Dad hasta sentirlo, hasta que os duela.

 

 

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