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Clase VII. La oración del cuerpo: la mortificación

Lecturas previas


Algunas obras sobre la mortificación cristiana

  • PALMA, Luis de la: Historia de la Sagrada Pasión (Cuadernos Palabra, 18; BAC, 261; Apostolado de la Prensa). Este clásico de la literatura espiritual, escrito por un conocido Jesuita, ayuda a conocer y tratar a Jesucristo, y a crecer en espíritu de mortificación, contrición y desagravio.

  • TANQUEREY, Adolphe, La divinización del sufrimiento (Patmos, 45). Trata especialmente del espíritu de mortificación, penitencia y desagravio.

  • TOMÁS MORO, Santo: (La agonía de Cristo) (Neblí, 48). Comentario a los relatos evangélicos sobre la oración de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos, escrito con gran piedad y doctrina. El autor saca consecuencias prácticas de los detalles que narran los Evangelios, de modo que resultan aplicables a las circunstancias de la vida ordinaria.

 

 



Consideraciones

Jóvenes de una estación de penitencia en Mérida, España. 2011

  • Nadie valora tanto el cuerpo como los cristianos, que confesamos que Dios se hizo hombre, asumió un cuerpo, se encarnó. Cristo “llevó consigo” su cuerpo al Cielo (lo mismo que hizo con el cuerpo de su Madre y que desea hacer con todos nosotros), en lo más alto y cercano a la plenitud de la Trinidad.


  • Santa Teresa:

    Y está claro que, pues lo es que a los que Dios mucho quiere lleva por camino de trabajos, y mientras más los ama, mayores (...). Pues creer que admite a su amistad estrecha gente regalada y sin trabajos, es disparate. (Camino de perfección, cap. 18, 2).

Enseñanzas de los Apóstoles

Hechos de los Apóstoles: «Los Apóstoles se retiraron de la presencia del concilio muy gozosos, porque habían sido hallados dignos de sufrir aquel ultraje por el nombre de Jesús» (Act. 5,41).

S. Pablo considera la práctica de la mortificación como una manifestación del Espíritu Santo:

«Hermanos, no somos deudores a la carne, para vivir según la carne; porque si viviereis según la carne, moriréis; mas si con el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis; porque los que se rigen por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios» (Romanos 8,12-14).

Y recuerda cual es el fin de la mortificación: «Y siendo hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Jesucristo, si padecemos con Él, para que seamos con Él glorificados» (Romanos 8,17).

En la Epístola a los Gálatas confirma esta doctrina: «los que son de Cristo tienen crucificada su propia carne con los vicios y las pasiones. Si vivimos por el Espíritu, caminemos también según el mismo Espíritu» (Gálatas 5,24,25).


San Pablo considera la mortificación como una práctica ascética: «Haced morir los miembros del hombre terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, las pasiones deshonestas, la concupiscencia desordenada y la avaricia, que viene a ser una idolatría; por las cuales cosas descarga la ira de Dios sobre los incrédulos» (Colosenses 3,5).


Padres de la Iglesia

San Clemente de Alejandría, al igual que los Padres de la Iglesia reconocieron la necesidad de la mortificación, viéndola como una manifestación del amor de Dios. «El sacrificio del cuerpo y su aflicción es acepto a Dios, si no va separado de la penitencia; ciertamente es un verdadero culto a Dios» ( Stromata, 5,11,67,1).

San Agustín, comentando las palabras de Jesucristo: «si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga» (Le 10,23), dice : «Esa cruz que el Señor nos invita a llevar, para seguirle más de prisa, ¿qué significa sino la mortificación? (Epist. 243,11).

 


El Concilio Vaticano II y la mortificación


El Concilio Vaticano II recordó que la mortificación identifica con Cristo:


«el apóstol Pablo nos exhorta a llevar siempre la mortificación de jesús en nuestro cuerpo, para que también su vida se manifieste en nuestra carne mortal» (Const. Sacrosanctum Concilium, 12).


Mortificarse, ¿para qué?

Explica san Pablo la finalidad de mortificación.


«En el bautismo hemos sido sepultados con Cristo, muriendo al pecado, para que como El resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en un nuevo modo de vivir. Porque si hemos sido injertados en Él por, la semejanza de su muerte, también lo seamos por la de su resurrección» (Rom 6,4-5).


El bautizado debe seguir el mismo camino que enseñó Cristo, por medio de la mortificación de las «obras de la carne», para arrancar el «hombre viejo» y todas las tendencias que apartan del seguimiento fiel y continuo de Cristo.

La mortificación es para incorporarse plenamente al Cuerpo místico de Cristo. Dice san Pablo: «suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24).

 


Mortificación interior y exterior, corporal, activa y pasiva

Niños participantes en una procesión, en Mérida, España

Mortificación interior: lleva a la humildad, al autodominio, al control de la imaginación y de la memoria, alejando de la mente los pensamientos y recuerdos que llevan al pecado; y, especialmente, reprimiendo el amor propio y la soberbia, del afecto.

Mortificación exterior: es la mortificación de los sentidos externos: la vista, el oído, el gusto, la lengua, evitando, por ejemplo, las murmuraciones.

Mortificación corporal: es la que los cristianos hacen -de forma moderada, prudente, ordenada y humilde- con su cuerpo, uniéndose al sufrimiento de Cristo en la Cruz, con deseos de corredimir, mediante ayunos, uso del cilicio, disciplinas, etc.

Esta mortificación tiene tradición evangélica, que abarca desde los primeros cristianos, pasando por el Canciller de Inglaterra, Tomás Moro, hasta la actualidad.

Este es el relato de santa Cecilia que falleció en Roma, entre los años 170-180:


Cecilia, una joven de la nobleza romana

"Cecilia pertenecía a una de las más nobles, de las más antiguas familias de Roma, esa gens Caecilia que durante los siglos de la República había estado aliada con cuanto tuvo alguna gloria...

¿Cómo pudo ser tocada "desde la infancia" en este medio de la alta aristocracia? Quizá su bautismo fuese obra de alguna nodriza, de alguna esclava fiel a Cristo...

Cecilia creció, pues, en la fe, en el hogar de sus padres, en alguna de esas ricas villas edificadas después del incendio de Nerón. Y el viejo texto asegura que "llevaba un cilicio bajo sus ricos vestidos bordados de oro y que el Evangelio estaba en su corazón".

Daniel-Rops, La Iglesia de los Apóstoles y de los mártires, Palabra




 

Mortificación activa: es la que se busca directamente:

-soportar un ofensa.

- ayudar a los demás cuando cuesta.

-hacer un acto de mortificación ( por ejemplo, ayunar un día, etc.)

Mortificación pasiva: es la mortificación que no se busca, pero que, cuando viene se lleva por amor de Dios, con serenidad: por ejemplo, la mortificación de una madre que pasa las noches en vela cuidando a sus hijos.


San Josemaría, fundador del Opus Dei, recordó la necesidad de la mortificación en las cosas corrientes de cada día: saber sonreir, llegar con puntualidad...

«Donde más fácilmente encontraremos la mortificación es en las cosas ordinarias y corrientes: en el trabajo intenso, constante y ordenado; sabiendo que el mejor espíritu de sacrificio es la perseverancia por acabar con perfección la labor comenzada; en la puntualidad, llenando de minutos heroicos el día; en el cuidado de las cosas, que tenemos y usamos; en el afán de servicio, que nos hace cumplir con exactitud los deberes más pequeños; y en los detalles de caridad, para hacer amable a todos el camino de santidad en el mundo: una sonrisa puede ser, a veces, la mejor muestra de nuestro espíritu de penitencia...

Tiene espíritu de penitencia el que sabe vencerse todos los días, ofreciendo al Señor, sin espectáculo, mil cosas pequeñas.


Ése es el amor sacrificado, que espera Dios de nosotros»

 

Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los focolares


Estás en el mundo... pero eres un cristiano, por lo tanto no eres "del mundo".

Y esto implica una gran diferencia. Esto te ubica entre aquellos que no se alimentan de las cosas del mundo, sino de las que te expresa la voz de Dios dentro de tí. Esa voz que está en el corazón de cada hombre y que si la escuchas, te hace entrar en un reino que no es de este mundo, donde se vive el amor verdadero, la justicia, la mansedumbre, la pobreza, donde el dominio de sí mismo está en acción.

A veces el mundo te atropella como un río impetuoso y tienes que caminar contra corriente. El mundo es para el cristiano, como una selva espesa en la cual hay que mirar dónde se ponen los pies. Y ¿dónde ponerlos?

En las huellas que Cristo te marcó al pasar por esta tierra: sus palabras.

Hoy él te vuelve a decir: "Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo..."

Lo quieras o no, el dolor amarga toda existencia. También la tuya. Pequeños y grandes dolores llegan todos los días.

¿Quieres escapar de ellos? ¿te rebelas?

El cristiano ama la cruz, ama el dolor, aún entre lágrimas, porque sabe que tienen valor. No por nada Dios eligió el dolor, entre los innumerables medios que tenía a su disposición, para salvar a la humanidad.

Pero El, -recuérdalo- después de haber cargado la cruz y haber sido clavado en ella, resucitó.

La resurrección es también tu destino, si en lugar de despreciar el dolor que te procura la coherencia cristiana y todo lo que la vida te manda, lo aceptas con amor. Verás entonces que la cruz es camino, ya desde esta tierra, hacia una alegría jamás probada, la vida de tu alma comenzará a crecer, el reino de Dios en tí tomará consistencia y serás como ese Cristo a quien sigues, luz y amor para las innumerables llagas que hieren la humanidad de hoy.


Mortificación cristiana

Recuerda el Compendio del Catecismo de la Iglesia, 124, que "al llamar a sus discípulos a tomar su cruz y seguirle (cf. Mt 16,24) nJesús quiere asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios".

 

*** 10 respuestas a preguntas cruciales sobre la mortificación cristiana

Son respuestas a preguntas de este tipo:

  • ¿La mortificación cristiana no será una especie de masoquismo?
  • ¿Por qué hay que mortificarse?

  • ¿Enseña la Iglesia que hay que castigar al cuerpo con el sufrimiento?


  • Muy bien, Jesús nos redimió en la Cruz. Pero nosotros...

  • Etc.

 

La mortificación en lo pequeño

 


 

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