Clase I. La formación cristiana y el conocimiento de la fe
Ayudar a los jóvenes a dar los primeros pasos en la vida cristiana.
Sugerencias para padres y educadores
- Para ayudar a una persona joven a dar los primeros pasos en su vida cristiana, es necesario, poner en primer lugar los cimientos, el fundamento: el ser y saberse hijo de Dios.
- Por eso, es prioritario explicar bien el sentido de la filiación divina y el verdadero sentido de la santidad.
Los ideales
- La juventud es el tiempo de los grandes ideales.
- Conforme un joven avanza en el trato con Dios y en su formación cristiana, debe profundizando en su ideal, en su afán de santidad.
- El lenguaje de la formación debe ser –por tanto- un lenguaje positivo, animante, de aventura, de ideales.
- Conviene explicar, que lo más importante en la vida cristiana no es el esfuerzo personal -aunque sea imprescindible-, sino lo que hace Dios en nuestras almas. Se trata de dejar a Dios que actúe, para que nos santifique con su gracia y nos sostenga.
- Es lógico que el ejemplo del formador cristiano sea un acicate y un estímulo para el joven; pero hay que recordar que a quien debe parecerse no es al formador (padre, profesor, sacerdote, amigo), sino a Cristo. Cristo es el único modelo.
El combate espiritual
- La persona que forma en la vida cristiana debe procurar presentar la lucha interior por identificarse con Cristo como lo que es: un camino de amor.
- Debe recordar a los jóvenes que cada uno es responsable de su propia santidad y de las decisiones que toma libremente de acercamiento o alejamiento de Cristo, respondiendo a las inspiraciones del Espíritu Santo.
- Formarse es siempre una actitud activa: permitir que el Espíritu Santo vaya modelando el alma.
- Por tanto, la lucha interior no es voluntarismo ni sentimentalismo.
- El combate espiritual no se propone como último fin resolver y superar unos problemas o defectos que pueden durar toda la vida. Lleva al amor; al crecimiento en las virtudes humanas y sobrenaturales, en la vida de la gracia y de hijo de Dios.
- Ese combate espiritual exige una lucha que requiere constancia, esfuerzo cotidiano más que grandes esfuerzos aislados.
- Es como la construcción de un gran edificio, que exige un día y otro día de trabajo monótono, porque ninguna cosa grande se consigue de repente.
- Conviene que la persona que da la formación cristiana ayude a distinguir entre el propio modo de ser -el propio camino de identificación con Cristo- y las manías, caprichos y rarezas. El camino propio hay que respetarlo; las rarezas hay que procurar evitarlas, y pedir ayuda a Dios para irlas superando, con esfuerzo personal.
- El combate por Cristo lleva a comenzar y recomenzar: los santos no son los que no caen nunca, sino los que se levantan siempre por amor.
- Ese combate espiritual lleva al conocimiento propio y a la humildad, pero no al apocamiento y a la autocrítica negativa. Esa humildad está unida al reconocimiento agradecido del don de Dios, que nos hace hijos suyos por la gracia.
- La falta de vibración, la visión humana y la tibieza espiritual se vencen mediante la humildad, la oración sincera, la sinceridad, el examen de conciencia. la reconciliación con Dios en la confesión y la devoción a la Virgen.
El ideal y la utopía
- El ideal de la santidad, de la identificación con Cristo, no es una utopía irrealizable: es un ideal al que Dios nos llama.
De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes, porque estas crisis mundiales son crisis de santos (Camino, nn. 755 y 301).
Conviene ayudar a los jóvenes para:
- que se sepan y sientan hijos de Dios.
- que sean conscientes de que no pueden avanzar sin la ayuda de la gracia "sin mí no podéis hacer nada" (Io. 15, 5).
- que actúen como hermanos de todos los hombres.
- que vayan realizando su ideal en lo pequeño, día a día, sin desánimos. La santidad no consiste en lograr una meta, sino en esforzarse en lo pequeño por amor a Dios.
- hacerles ver la necesidad de vivir habitualmente en gracia de Dios.
- ayudarles a comenzar y recomenzar en su vida cristiana, acudiendo al sacramento de la Reconciliación.
"Cristo ha instituido el Sacramento de la Confesión para liberar el corazón de oscuridad, para levantarlo tras los tropiezos; para volver al hombre a la vida de la gracia cuando la hubiera perdido por el pecado mortal y para perdonarle también sus pecados veniales; para que pueda vencer la inclinación al pecado, para que en él sólo habite Dios (...).
Con la confesión no desaparecen las dificultades de esta vida, que es una prueba, pero sí se anula la asfixia de la tristeza, esos nubarrones negros que hacen de la vida un túnel. Pone en el corazón la esperanza, con la fe y con el amor, y da fuerzas para continuar, volviendo siempre a empezar" (Juan Pablo II a los universitarios, p. 49, Eunsa, Pamplona 1980).
La formación doctrinal cristiana básica
El objetivo de la formación doctrinal cristiana son los elementos básicos de la fe:
- dar a conocer el Catecismo de la Iglesia.
- explicar los fundamentos doctrinales de fe y de moral.
- enseñar con la profundidad adecuada a cada persona (y verificar que se entiende bien):
— las verdades cristianas (fe)
— la conducta de un cristiano (mandamientos)
— los medios para llegara Cristo (sacramentos)
Dificultades frecuentes
- Se necesita oración, paciencia y don de lenguas para explicar conceptos equivocados muy extendidos sobre la vida cristiana, que suelen ser consecuencia habitualmente del subjetivismo, de la moral de situación y de la "ética autónoma" de Kant. Por ejemplo:
- Pensar que sólo hay mal cuando se hace daño a alguien (es una versión popular del consecuencialismo ético).
— En este caso se debe hacer ver que a quien verdaderamente se ofende con el pecado es a Dios y se causa un mal a uno mismo;
— Será bueno recordar quizá que no es cierto que haya determinadas acciones malas con las que no se haga mal a nadie: Dios y el prójimo esperan de nosotros una persona con verdadera capacidad de amar y con lealtad humana.
- Concebir las normas morales como represoras
— Convendrá explicar bien el carácter liberador de las normas morales, que de ningún modo suponen una barrera para el auténtico amor humano.
Quizá resulte oportuno explicar el sentido de las enseñanzas de la Iglesia: por ejemplo, ¿por qué ir a Misa el domingo y no otro día? con diversas razones: no basta decir “porque lo enseña la Iglesia”. Se pueden apuntar, entre otras muchas, las siguientesrazones:
— viene de Dios directamente el mandato de darle culto un día preciso de cada siete, el día del Señor.
—quien dice esto no suele ir ni el domingo ni ningún otro día.
—el precepto está puesto precisamente para ayudar a voluntades débiles.
Dar respuestas cristianas vitales
- Las respuestas vitales son las respuestas adecuadas a la propia vida. Para que Cristo entre en la vida de un joven, hay que ayudarle a ver y a contrastar su vida con la vida de Cristo:
a) Podrá meditar, por ejemplo, en la presencia de Dios, sobre el estilo de vida que lleva: los horarios, los gastos del fin de semana, etc.
Quizá sea bueno considerar qué influencia tienen sus amigos en su vida, y que modelos de conducta dominantes en la sociedad le influyen más.
b) Fruto de la formación cristiana es el deseo de unirse con Cristo mediante la oración y un plan de vida cristiana.
c) Esa formación le llevará a ir adquiriendo un espíritu de sacrificio que se manifieste en hechos concretos. Para eso debe examinar su capacidad de entrega a los demás; meditar dónde tiene su corazón: en quien piensa; qué obras de misericordia ha hecho su vida; qué sentido de la justicia cristiana posee, etc.
e) Conviene ayudarle a considerar en la presencia de Dios sobre su vocación y su ilusión profesional; sobre su dedicación real al estudio: qué ideales presiden realmente su vida: ¿son ideales de servicio? ¿son ideales magnánimos? ¿o son metas egoístas de mera realización personal?
f) Para dar una formación adecuada, es conveniente que la persona que de este curso se cerciore del conocimiento real del Catecismo de la Iglesia Católica. Si ha leído algún libro de vida cristiana, ¿en qué medida lo ha asimilado?
g) La persona que desea formarse debe reflexionar sobre sus nociones sobre la castidad (¿conoce realmente las enseñanzas de la Iglesia?). Debe ser consciente de los medios de comunicación que le influyen (¿tiene sentido crítico?)
i) También es bueno que la persona que desea formarse sea consciente de la educación que ha recibido en su ambiente familiar y en los centros docentes a los que ha asistido, porque no hay educaciones “neutras”. ¿De qué signo es la formación que ha recibido? ¿cristiana, laicista, inmoral, amoral, nihilista, pragmática, anticristiana, anticlerical, etc.?
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