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Clase I. La formación cristiana y el conocimiento de la fe


Antes de comenzar: algunas ideas sobre la fe


Benedicto XVI: Sabiduría, formación y ética para los jóvenes

 

 


Bibliografía:

  • La bibliografía que pueden consultar los padres, catequistas y educadores sobre esta materia es muy abundante.

  • Entre ese conjunto de publicaciones, tienen especial relieve las obras del cardenal Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI, como:


    - Cooperadores de la Verdad

    - Ser cristiano en la era neopagana

    - La sal de la tierra

    - De la mano de Cristo

    - Mirar a Cristo


  • Algunas obras que pueden ser útiles para preparar esta clase:


  • Alvira, T. y Melendo, T.


    La fe y la formación intelectual

  • Artigas, Mariano:

    Ciencia y fe: nuevas perspectivas. Las fronteras del evolucionismo. Galileo en Roma. El hombre a la luz de la ciencia.

  • Ayllón, J. R.

    Desfile de modelos. Ética razonada. Ética. En torno al hombre.

  • Castillo, Gerardo.


    Los padres y la orientación profesional de sus hijos. Los padres y los estudios de sus hijos

  • López Quintás, Alfonso.


    La tolerancia y la manipulación.

  • Lorda, J. L.


    Para una idea cristiana del hombre. El fermento de Cristo; Para ser cristiano; Moral y arte de vivir. La señal de la cruz

  • Moro, Santo Tomás
Un hombre solo. Cartas desde la Torre. Diálogo de la fortaleza contra la tribulación. La agonía de Cristo.
  • Orlandis, José.

    La vocación cristiana del hombre de hoy; Historia breve del cristianismo; La vida cristiana en el siglo XXI; Historia de la Iglesia.

  • Ortíz, Jesús

    Conocer a Dios. La fe comartida
  • Spaemann, Robert

    Ética. Cuestiones fundamentales.

  • Trese, Leo. J.

    La fe explicada

  • Yepes Stork, Ricardo

    Las claves del consumismo.

  • Wojtyla, Karol:

    Mi visión del hombre

Preliminares

  • Este guión desea proporcionar al padre o educador que imparte este Curso de Vida Cristiana algunos elementos de reflexión sobre su propia tarea formativa.



    Para formar bien a los demás (hijos, alumnos, etc.) no basta con desearlo; hay que aprender a hacerlo. Ese aprendizaje exige tiempo, esfuerzo y estudio; del mismo modo que para curar a los enfermos no basta con tener "buenos sentimientos": hay que estudiar y practicar la Medicina. Para montar a caballo no se requiere sólo el gusto por la equitación: hace falta poner esfuerzo, tiempo, dedicación, paciencia.


    Algunas ideas-clave:



    • La formación cristiana es siempre formación para la felicidad, porque Jesucristo es el Camino de la Felicidad.



      El gran enemigo de la fe es la ignorancia, que tiene multiples manifestaciones:


      Algunos planteamientos que pueden nacer de la ignorancia del propio formador:


      - A mí, con transmitir a mis hijos lo que me enseñaron a mí de pequeño sobre la fe, ya me basta: no hay que complicarse demasiado.

      - A mis hijos (a mis alumnos de catequesis, a mis amigos, etc.) les daré tres o cuatro ideas claras, y con eso ya podrán "funcionar" cristianamente en esta vida.

      - Mis hijos (alumnos, amigos, etc.) no necesitan demasiadas razones; yo les iré diciendo unas palabritas dirigidas al corazón y ya es suficiente: lo importante es que tengan buenos sentimientos.




      Puede ser útil la lectura de estas
      Preguntas previas

 


 

 

 

Artículos del cardenal Ratzinger sobre la situación actual

Estos artículos guardan un particular atractivo e interés:



El relativismo, nuevo rostro de la intolerancia


La verdad de la belleza y la belleza de la verdad

Fe, verdad y cultura

La nueva evangelización

La marginación de Dios

Fe, verdad, tolerancia


La lectura de los Evangelios y el Nuevo Testamento

 

  • La formación cristiana y el conocimiento de la fe exige una lectura atenta y continua, a lo largo de la vida, de la Sagrada Escritura, del Evangelio.





    Van Thuan recodaba esta experiencia de su largo cautiverio:

    "Cuando estaba en la cárcel escribí: "Observa una sola regla: el Evangelio. Esta constitución es superior a todas las demás. Es la regla que Jesús dejó a sus apóstoles. No es difícil, complicada o legalista como las demás; al contrario: es dinámica, suave y estimulante para tu alma. Un santo alejado del Evangelio es un santo falso" (...)

    Quien vive del Evangelio, puede llegar con Pablo a tener la mente de Cristo; adquiere la capacidad de leer los signos de los tiempos con la misma mirada de Cristo (...).

    El Evangelio, en definitiva, nos desvela el sentido profundo de nuestra vida, de modo que por fin sabemos para qué vivimos; la enseñanza de Cristo nos devuelve la esperanza".




  • Recuerda el Compendio del Catecismo, citando a san Jerónimo: "desconocer la Escritura es desconocer a Cristo". (Compendio, 24) .

    La lectura de la Sagrada Escritura "proporciona apoyo y vigor a la vida de la Iglesia"; y es, para sus hijos, "firmeza de la fe, alimento y manantial de vida espiritual. Es el alma de la teología y de la formación pastoral". (Compendio, 24) .

    El Compendio, 22, recuerda la importancia de conocer el Nuevo Testamento "cuyo centro es Jesucristo, nos transmite la verdad definitiva de la Revelación divina. En él, los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siendo el principal testimonio de la vida y doctrina de Jesús, constituyen el corazón de todas las Escrituras y ocupan un puesto único en la Iglesia".








I. Algunas preguntas y consideraciones para los que desean dar
este Curso de vida cristiana.
 

  • ¿Cómo formó Jesucristo a los Apóstoles en el siglo I?
El Evangelio de san Mateo recoge las siguientes instrucciones de Jesucristo a los doce Apóstoles.



Instrucciones de Jesucristo

Puede ser oportuno que los padres y educadores que impartan estas clases reflexionen y mediten sobre esas instrucciones.



Algunas ideas para resaltar:


Los Apóstoles no fueron unos simples “conocedores de la doctrina de Cristo”: fueron hombres que, tras su Muerte y Resurrección, asumieron fielmente las enseñanzas del Señor,
las hicieron vida de su vida y se comprometieron con ellas.

La tarea del que forma cristianamente es ayudar al otro a adquirir una forma nueva: la forma de Cristo; se trata de ayudarle a ser otro Cristo: el modelo es Cristo, y el modelador el Espíritu Santo.

Por eso, no basta con transmitir unas ideas: se trata de ayudar a que el otro haga vida de su vida el mensaje de Cristo.

Es algo similar al que desea aprender a montar a caballo; no basta con tener ese deseo: hay que ejercitarse, superar obstáculos, adquirir experiencia, dedicarle tiempo...

 

 

Un itinerario de conversión: Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal

Dios permitió que yo hiciese una experiencia de ateísmo, o, si queréis, una kenosis, un profundo descenso al infierno de mi existencia, una existencia sin Dios. Dios ha permitido que yo cortase todos los lazos con la trascendencia. Me escandalizaba profundamente de la indiferencia de mucha gente. Todas las personas de mi alrededor eran personas que iban a misa, pero en definitiva su vida no era profundamente cristiana... Desde mi familia, en la que mi madre iba a misa todos los días, u mi padre era católico. Pero el dios de mi casa era el dinero. La mayoría de las conversaciones en mi casa eran sobre el dinero.

"No estaba Dios en el centro de mi familia ni en el centro de la mentalidad que se tenía en mi casa, y eso era normal. Lo mismo puedo decir de mis tíos, y de todo el ambiente en el que me movía. La religión era un aspecto más, una especie de barniz cultural, que al menos a mí no me convencía. Tal vez porque era pintor, artista, y tenía una profunda sensibilidad y un absoluto deseo de coherencia, de verdad. No aceptaba ser un burgués como mis padres, ni vivir una vida así, como supongo que les habrá sucedido también a tantos jóvenes.

Recuerdo que entonces iba a misa el domingo y, con quince años, algunos amigos, estando la iglesia llena, nos quedábamos al fondo -era antes del Concilio- y aguantábamos allí de pie..., íbamos a aquella misa porque no se predicaba, era más breve..., se oía una campanilla y nos poníamos de rodillas, nos levantábamos y esperábamos a que terminase para poder largarnos."

"yo me daba cuenta de que aquella no era una manera de practicar. Aunque parezca extraño, la misa así de mal vivida fue la situación por la que me iba dando cuenta de que tenía que dejarlo, tenía que buscar otros caminos. Una cosa tenía clara: no podía engañarme a mí mismo. No podía ser un cretino, un estúpido: o creía seriamente en Dios o, si no creía, era mejor dejarlo... y así es como lo dejé todo."

"Entonces intenté ser coherente con un tipo de existencialismo: con el absurdo total de la existencia humana. Y comencé a sufrir mucho porque ante mí todo el mundo se convertía en ceniza: se convertía en ceniza mi existencia, se convertía en ceniza todo. No tenía interés por nada, ni siquiera por pintar. Y tuve la fortuna , o si queréis la desgracia, de ganar un Premio Nacional de pintura muy importante en España. Entonces salí en televisión, en los periódicos, me había abierto camino profesionalmente, y esto ya fue la "última gota", porque veía que aquello no daba ningún sentido a mi vida."

"Había muerto interiormente y sabía que mi fin seguramente sería el suicidio, antes o después. Y, de hecho, estaba literalmente sorprendido de que la gente fuese capaz de vivir cuando yo no era capaz de vivir. La gente se ilusionaba por el fútbol, por el cine... A mí no me decían nada. El fútbol no me gustaba, y el cine me parecía estúpido. Vivir cada día significaba todo un sufrimiento. Cada día lo mismo: ¡para qué levantarme?, ¿quién soy yo?, ¿para qué ganar dinero?, ¿para qué casarme? Y así todo ante mí carecía de sentido... Recuerdo que sentía cono si el cielo estuviese hecho de cemento, y yo me encontrase bajo una gran cloaca. Tenía esa imagen... El cielo, totalmente cerrado ante mí..."

"Preguntaba a la gente a mi alrededor: "Perdona un momento, ¿tú sabes por qué vives?", y no sabían ni por qué ni para qué vivían, pero vivían... Tal vez tenía que ser así, simplemente, vivir: uno se levanta, va a clase, come, después se va al cine o llama a un amigo... ¡Benditos los que son capaces de vivir así! Yo no lo era. Me refugiaba, escapaba de mí mismo. Se abría un gran abismo dentro de mí. ¡Abismo que en el fondo era una llamada profunda de Dios, que me estaba llamando desde el fondo de mí mismo!

"Entonces me ayudó mucho -por eso leer es siempre bueno- un filósofo que se llama Bergson. Bergson es el filósofo de la intuición. Dice que la intuición es un método de conocimiento superior a la razón. Dios permitió que ésta fuese para mí la primera chispa que me iluminase un poco, porque me había dado cuenta de que en el fondo yo era un racionalista, que me estaba destruyendo a mí mismo, por que en el fondo de mí algo no podía aceptar el absurdo de todo lo creado. Porque soy un pintor, y entendía la belleza de la naturaleza: el agua, los árboles, los pájaros, las montañas.

"Me di cuenta de que para negar que todo tenía un sentido, para negar que Dios existe, se necesitaba tanta fe como para creer que existía. Y yo había dado el paso de aceptar que Dios no existía. Pero era una acción racionalista que chocaba con algo dentro de mí. Y entonces me dije: "Mira que la razón no lo es todo, que en el hombre también está la intuición". Entonces con la intuición llegaba a reconocer que todo tenía un sentido, que existía Dios, que Él sabía por qué existo yo. Pero no sabía cono encontrarlo."

"Luego leía el Evangelio que dice: no oponer resistencia al malvado..., si alguno te abofetea en la mejilla derecha..., si alguno te roba... Recuerdo que una vez mi padre se enfadó y le dije: "Mira lo que dice aquí. Tú eres católico ¿no?" Y él me dijo que eso eran cosas de los santos, de San Francisco, y no sé de quién... Entonces le contesté: "Este libro, la Biblia, lo puedes tirar por la ventana porque he entendido que no tiene ninguna relación con la realidad. Me niegas que esto se pueda vivir, que las cosas son como son..., que la vida es otra cosa: estudiar, ganar dinero, vencer... Entonces, ¿la Biblia, la fe, para qué os sirve...?"

"Entré entonces en mi cuarto, y me puse a gritar a este Dios que no lo conocía. Le gritaba: ¡Ayúdame! ¡No sé quién eres! Y en aquel momento el Señor tuvo piedad de mí, pues tuve una experiencia profunda de encuentro con el Señor que me sobrecogió. Recuerdo que lloraba amargamente, me caían las lágrimas, lágrimas a rios. Sorprendido me preguntaba: ¿por qué lloro? Me sentía como agraciado, cono uno a quien delante de la muerte, cuando le van a disparar, le dijesen: "Quedas libre, gratuitamente quedas libre" y entonces aún no se lo cree y llora por la sorpresa de que le han liberado. Esto fue para mí pasar de la muerte a ver que Cristo estaba dentro de mí y que alguien dentro de mí me ha dicho que Dios existe."

¿Qué era lo que me había pasado? Fue un toque, un testimonio profundo que me decía no solo que Dios existe, sino que Cristo es Dios.

"De hecho me presenté a un sacerdote y le dije que quería hacerme cristiano, y él me dijo: "¿como?, ¿es que no estás bautizado?" "Sí estoy bautizado", le contesté. "Entonces, ¿qué quieres?, ¿hiciste la primera comunión?". "¡Si!, pero mira que yo..." "Ah, que quieres confesarte!..."

No me entendía. Pero yo sabía que lo que quería era hacerme cristiano, y para eso, ¿ir a confesarme un día y ya está? Yo sabía que hacerse cristiano tenía que ser algo muy serio. Así es como por fin hice Cursillos de Cristiandad, una iniciativa que surgió en España por aquellos años. Y me ayudó. Comencé una verdadera búsqueda del Señor. Iba a la iglesia y decía a los demás: "Ayudadme a hacerme cristiano!".

 

 


¿Cómo debemos formarnos los cristianos en el siglo XXI?

Los cristianos de este siglo debemos seguir los pasos de los Apóstoles y los Primeros cristianos.


“Formarse como cristiano” significa, hoy como en el siglo I, conocer con todo el rigor posible la fe y las enseñanzas de la Iglesia (las enseñanzas de Jesús, el Magisterio de la Iglesia, los escritos de los santos, etc.) y, con ayuda de la gracia de Dios, esforzarse por convertir esas enseñanzas en hechos de la propia vida.
Por esa razón, no es lo mismo “formarse” que “informarse”; ni “conocer el cristianismo” equivale, sin más, a “ser cristiano”, porque se puede ser un “experto teórico en cristianismo” sin ser auténticamente cristiano.

 


¿Qué se entiende por una persona cristianamente formada?

Un cristiano formado es una persona madura en su fe, que se esfuerza por traducirla en obras de fe, y que conoce las enseñanzas de Cristo con un nivel adecuado a su preparación intelectual.

Es una persona que pone, día tras día, los medios para seguir actualizando su formación cristiana y procura actuar de forma coherente con su fe, comenzando y recomenzando una y otra vez, con humildad, en el combate espiritual.

En el artículo titulado La educación en la fe, aunque el autor se refiera en concreto a los problemas de la preadolescencia, se encuentran ideas sugerentes para todas las edades.

Una persona cristianamente formada encuentra recursos espirituales, doctrinales, etc. para afrontar las dificultades de la vida, que se presentan de forma similar a una carrera de obstáculos en la hípica.

 


¿Qué se necesita para formar cristianamente a los demás?

En primer lugar, se necesita dar buen ejemplo con la propia vida y darse cuenta de la necesidad de formarse mejor uno mismo y poner los medios.
Eso exige conocer la Sagrada Escritura, las enseñanzas de Jesucristo, y meditar sobre ellas; acudir a medios formativos, estudiar y reflexionar sobre la propia fe, conocer las enseñanzas del Magisterio, leer los escritos de los Padres, de los Santos, pedir consejo...

No basta con desear ser un buen cristiano (un buen padre, un buen catequista, etc.) : hay que aprender a serlo, y cualquier aprendizaje exige esfuerzo.
La lectura del artículo Lectura y formación puede dar luces sobre este punto.
Junto con ese aprendizaje está la necesidad de dar buen ejemplo: fray ejemplo sigue siendo el mejor predicador.


¿Qué significa aprender a ser cristiano?





Significa esforzarse por ser buen discípulo en la escuela de Cristo, que es el verdadero Maestro; dejarse llevar por el Espíritu; y aprende a pensar y a vivir en esa Escuela de Cristo como un verdadero cristiano.


La Iglesia aconseja contar un "tutor" en ese aprendizaje: y por eso recomienda el acompañamiento espiritual, el consejo de una persona que proporcione la dirección oportuna y prudente.

 

 




¿Cómo transmitir a los demás el ímpetu apostólico y el afán evangelizador que nos pide Jesús?

Para contestar a estas preguntas puede ser conveniente que la persona que va a impartir este curso de formación cristiana se plantee algunas de estas interrogantes:

 

    ¿Reflexiono habitualmente sobre mi tarea formativa, procurando mejorarla y actualizarla?

    ¿Procuro ayudar a las personas que reciben estas clases en su carácter y en su mejora personal?

    ¿Me esfuerzo por conocer y comprender la mentalidad de los jóvenes?

    ¿Pongo los medios para responder las preguntas que se formulan? ¿Intento meterme en la piel del adolescente?

    ¿Cómo les ayudo a dar los primeros pasos en la vida cristiana?

    ¿Estoy al tanto de las realidades culturales, de las figuras y movimientos artísticos actuales (literarios, musicales, etc.) que pueden ayudar positivamente a conformar una cabeza y un corazón cristiano en los jóvenes?

    ¿Conozco los puntos más debatidos de la fe cristiana en la sociedad actual? Sé responder a las preguntas habituales que se formulan los jóvenes sobre esos puntos?

    ¿Les ayudo para que mejoren en coherencia de vida?

    ¿Conozco su lenguaje propio?


    Recordaba Juan Pablo II:

    “Muy bien se aplican a ellos [san Cirilo y san Metodio] las palabras de san Pablo que acabamos de escuchar: «¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!» . Abriendo su corazón a los cristianos de Corinto, el Apóstol expresa su conciencia de la necesidad y de la urgencia del anuncio evangélico.

    Lo siente como un gran don, pero también como una tarea irrenunciable: un verdadero «deber» , cuya responsabilidad le incumbe en comunión con los demás Apóstoles.

    Al hacerse "todo para todos" para salvar a toda costa a algunos, nos muestra cómo todo evangelizador debe aprender a adaptarse al lenguaje de sus oyentes, para entrar en sintonía profunda con ellos”. (15 de febrero de 1998)

 


 





¿Cuánto tiempo se necesita para formarse cristianamente?


Toda la vida. El camino hacia la santidad exige un esfuerzo constante en la formación propia, tanto del que transmite esa formación cristiana (porque nadie da lo que no tiene) como del que la recibe (porque no se puede amar lo que no se conoce).


Mediante ese esfuerzo formativo los jóvenes cristianos de este momento histórico –si están unidos al Señor mediante los sacramentos, la oración y penitencia; si estudian con seriedad- podrán dar sus respuestas personales a los retos que les plantea ahora la sociedad actual y les irá planteando la del futuro.

Por ese camino podrán ir construyendo la “civilización del amor” de la que hablaba Juan Pablo II.


Puede ser útil leer -sobre este punto- el texto Las primeras crisis de la vida cristiana.


¿Qué ámbitos abarca la formación cristiana?


Abarca la persona entera. La formación cristiana debe ser tanto espiritual como doctrinal. Su objetivo es poseer un profundo sentido, un criterio cristiano de la existencia; no cargarse con un conjunto de criterios, prohibiciones, etc., rígidos, escasamente aplicables a la vida cotidiana. Es una formación del carácter y del corazón; formación de las virtudes humanas y de las espirituales.

La formación del carácter y del corazón cobra unos acentos y prioridades distintas en cada época, en cada tiempo, en cada ambiente.
Juan Pablo II recordó como se puede ser cristiano y moderno.

Esa formación ayudará a cada joven a ser una persona de criterio.

 

En su Declaración sobre la Educación Cristiana recordaba el Concilio Vaticano II:

Hay que ayudar, pues, a los niños y a los adolescentes, teniendo en cuanta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica, para desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la búsqueda de la verdadera libertad, superando los obstáculos con valor y constancia de alma.


Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual. Hay que prepararlos, además, para la participación en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estén dispuestos para el diálogo con los otros y presten su fructuosa colaboración gustosamente a la consecución del bien común.


Declara igualmente el Sagrado Concilio que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios. Ruega, pues, encarecidamente a todos los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación, que procuren que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho.
(Gravissimun Educationis)

 


¿Qué fin persigue la formación cristiana?


 

La santidad, la identificación con Cristo. La formación debe ayudar a que la gracia actúe en el alma, forjando en el cristiano un hombre que viva del Evangelio y un evangelizador. El mundo está sediento de santos y de apóstoles, porque son ellos los que traen al mundo la verdadera paz, la verdadera alegría. Son ellos los que nos muestran el verdadero sentido de la vida -dar gloria a Dios en todo- y la Belleza del Amor de Cristo.


Lectura: Santa Edith Stein. El itinerario personal y espiritual de Edith Stein



San Josemaría:

"Pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción —¡al activismo!—, y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la frecuencia de Sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Angeles custodios...

Todo esto contribuye además, con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel del panal. "(Amigos de Dios. La grandeza de la vida corriente, 18)



¿Qué se requiere para formarse cristianamente?


En primer lugar, junto con la vida sacramental, es necesario leer y estudiar la Escritura; y muy especialmente los Evangelios.

Conviene ayudar a los jóvenes a conocer cada vez mejor la Sagrada Escritura, ya que como recuerda el Compendio del Catecismo, citando a san Jerónimo,"desconocer la Escritura es desconocer a Cristo". (Compendio, 24).

La lectura de la Sagrada Escritura, "proporciona apoyo y vigor a la vida de la Iglesia"; y es, para los hombres, "firmeza de la fe, alimento y manantial de vida espiritual. Es el alma de la teología y de la formación pastoral". (Compendio del Catecismo, 24).


Señala el Compendio del Catecismo, 22, que dentro de el nuevo Testamento, “los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siendo el principal testimonio de la vida y doctrina de Jesús, constituyen el corazón de todas las Escrituras y ocupan un puesto único en la Iglesia".

Se necesita también cuidar especialmente la lectura espiritual

No dejes tu lección espiritual. —La lectura ha hecho muchos santos. (Camino, 116)

Además, hay que estudiar los textos fundamentales de la Teología Católica.


Ese estudio, unido a la oración, permite profundizar en el mensaje de Cristo, participar en la ciencia divina y mostrar la fe a los demás.


Y conocer y estudiar los contenidos del Magisterio de la Iglesia.


¿Qué nivel intelectual debe tener la formación cristiana?


Un nivel similar al que cada persona tiene en otras esferas de su vida. Un estudiante universitario, por ejemplo, deberá profundizar intelectual y vitalmente, en las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia con un nivel adecuado a la formación universitaria que ha recibido.

No le bastará por ejemplo, con conocer las respuestas que da el Compendio del Catecismo: como buen universitario deberá consultar el texto más amplio del Catecismo de la Iglesia Católica, leer buenos libros de Teología y profundizar sobre determinados aspectos de la fe.

Por ese camino podrá responderse adecuadamente a sí mismo sobre los puntos capitales de la fe y podrá responder a sus compañeros de Universidad cuando le pregunten sobre diversos aspectos del mensaje de Cristo.

Los santos han valorado muy especialmente esa formación doctrinal.

Santa Teresa buscaba siempre directores espirituales que fuesen piadosos y doctos.


Escribe san Josemaría en Forja, 450:


Necesitas vida interior y formación doctrinal. ¡Exígete! —Tú —caballero cristiano, mujer cristiana— has de ser sal de la tierra y luz del mundo, porque estás obligado a dar ejemplo con una santa desvergüenza.

—Te ha de urgir la caridad de Cristo y, al sentirte y saberte otro Cristo desde el momento en que le has dicho que le sigues, no te separarás de tus iguales —tus parientes, tus amigos, tus colegas—, lo mismo que no se separa la sal del alimento que condimenta.

Tu vida interior y tu formación comprenden la piedad y el criterio que ha de tener un hijo de Dios, para sazonarlo todo con su presencia activa.

Pide al Señor que siempre seas ese buen condimento en la vida de los demás.

El cardenal Ratzinger escribía, a propósito del Catecismo de la Iglesia:

"Cuándo me pregunto por qué se vacían nuestras iglesias, por qué la fe se va apagando silenciosamente, me respondo que la causa esencial es ese vaciamiento de la figura de Jesús, unido a una formulación deista del concepto de Dios. El sucedáneo de Jesús que se ofrece, más o menos romántico, no es suficiente. Le falta realidad y cercanía. (...)

La catequesis cristológica del Catecismo no puede ser una teoría puramente intelectual. Su fin es la vida cristiana y conduce -como presupuesto para la vida cristiana- a la oración y la liturgia. (...)

Ante Dios no somos una masa gris. Ni lo somos, ni lo fuimos ante Cristo. Él recorrió verdaderamente su camino también para mí, y esa certeza puede acompañarme en todos los periodos de mi vida, en mis éxitos y mis fracasos; en mis esperanzas y sufrimientos.

El recorrió su camino por mí y por todos los que entran en mi vida: también a ellos los amó, y por ellos se entregó, como me amó y me ama a mí.

La evangelización se hará realidad cuando volvamos a aprender a creer esto; cuando lo anunciemos a los demás como el mensaje de la verdad. Comprenderemos entonces que el Reino de Dios está cerca y de esa cercanía surgirá la fuerza para vivir y para actuar" .


(Discurso ante la Comisión Pontificia para América Latina, Febrero, 1994).

 


II. Algunos problemas habituales en la formación cristiana de los jóvenes: el voluntarismo


 
A lo largo de la vida, desde la niñez, se van atravesando diversas fases de crecimiento y maduración en la fe.

La Iglesia, maestra en humanidad, conoce bien esos problemas de desarrollo y madurez humana y espiritual.

Una confusión posible puede ser
confundir la búsqueda de la santidad con un esfuerzo voluntarista meramente humano, que lleva estoicamente "a aguantar más, a soportar más peso ". La persona que busca la santidad no debe actuar así: deja obrar humildemente a Cristo en su alma, al mismo tiempo que pone los medios para corresponder a su Amor.


Puede ser útil la lectura del artículo Claves para educar a la generación del yo

Se señalan algunas confusiones que conviene aclarar en el ámbito de la formación cristiana:

Confusión: Reducir la influencia del mensaje de Cristo sólo a un ámbito de la existencia (la intimidad espiritual, por ejemplo), sin que las enseñanzas de Jesús dejen huella en el propio carácter, en las relaciones con los demás, en el estudio, en el trabajo, etc.

Confusión: pensar que el simple conocimiento de la fe suple su vivencia.


Un simple ejemplo lo explicará: no basta con saber, desde el punto teórico, que las obras de misericordia son buenas: hay que hacer personalmente esas obras de misericordia para ir forjándose un corazón realmente cristiano; porque se puede ser un “especialista teórico en la doctrina de Cristo” sin ser verdaderamente cristiano.

Confusión: Reducir la vida cristiana –que es el seguimiento y la identificación con la Persona de Cristo- a un conjunto de cumplimientos sin espíritu; a la simple observancia de unos códigos externos de conducta; al cumplimiento de unas tradiciones, costumbres, criterios y disposiciones del Magisterio, etc.

Esa visión confunde la vida cristiana con un mero acatamiento voluntarista, que tiende a concebir la identificación con Cristo como un logro personal: considera la santidad como la coronación de una meta, a la que se accede tras superar dificultades cada vez más arduas.

Y la santidad -conviene recordarlo- no es “el simple resultado” del esfuerzo personal: la regala Dios con la Gracia, a la persona humilde que deja obrar en su alma al Espíritu Santo.

El voluntarismo acaba llevando al desaliento y a la pérdida de la confianza en Dios, y se olvida este principio que señala San Bernardo en sus Sermones sobre el Cantar de los Cantares. 61: no seré pobre en méritos, mientras El no lo sea en misericordia.
 

Confusión: Dudar de la fe por falta de conocimientos adecuados.
Es frecuente que, por la falta de formación espiritual y doctrinal que sufren en la actualidad tantos jóvenes, algunos se planteen dudas de fe que tienen su origen, fundamentalmente, en la ignorancia religiosa, en la falta de información y formación sobre lo que enseña realmente la Iglesia.

Con frecuencia muchos jóvenes sólo conocen las respuestas que les dieron en la catequesis de niños. Con el paso de los años la formulación y el contenido de esas respuestas (que eran adecuadas para la infancia) les acaba pareciendo insuficiente; aunque lo insuficiente sea, en realidad, su propia formación religiosa.

Esa ignorancia puede llevar a algunos jóvenes a considerar como arrogancia la defensa de su propia fe.


Lectura: Artículo del Cardenal Ratzinger

 


Confusión: pensar que el trato con Dios es simple afectividad.


La madurez cristiana lleva a seguir la voluntad de Dios en los periodos en que los sentimientos (el entusiasmo, la ilusión) parecen desaparecer. No se trata de caer en un voluntarismo frío, sino de
amar a Dios siempre, con la cabeza y con el corazón: en los periodos en los que Dios concede afectos y sentimientos, y en los periodos en los que no los concede.

Reducir el trato con Dios a un conjunto de fenómenos afectivos reduciría la vida cristiana al nivel de las sensaciones, y llevaría a un posible alejamiento de Dios si “no se siente nada”.

 


Confusión: asimilar la identificación con Cristo con el mimetismo espiritual con una persona a la que se admira.


Cristo es el Único Modelo. Cuando no se intenta imitar a Cristo, sino sólo parecerse a un buen cristiano al que se admira, se corre el riesgo de caer en un mimetismo meramente humano.

Por esa razón, el cristiano maduro lucha por corresponder a la gracia y procura seguir a Cristo
siempre, aunque ese cristiano al que admira le haya dado mal ejemplo o le haya defraudado con su conducta.

Un buen cristiano no deja de seguir a Cristo por un error de sus pastores. Por eso no tienen sentido argumentaciones de este tipo: “yo no voy a Misa porque mi párroco tiene éste defecto”.

 


Confusión: hacer dejación de la responsabilidad por la propia santidad personal en otra persona (el cura de la parroquia, los padres, las monjas del colegio, etc.)


Conviene recordar que cada uno es responsable de su propia vida, de su propia formación, y en consecuencia, de su propia santidad.

La madurez cristiana lleva a no hacer recaer en los demás las propias responsabilidades. Sería un signo de inmadurez y de falta de responsabilidad, culpar a los demás de los propios fallos y limitaciones.


 






Algunos rasgos de los adolescentes actuales que conviene tener en cuenta en a formación cristiana

 

  • Por falta de formación familiar cristiana y de una catequesis adecuada, muchos adolescentes pueden tener poca familiaridad real con el Evangelio y con la vida de Cristo, aunque hayan oido hablar de ella.


    Por eso, los padres y catequistas cristianos deben alentarles a la lectura y reflexión sobre los Evangelios.

  • Muchos adolescentes pueden desconocer, además, las ideas filosóficas y antropológicas que están detrás de algunos planteamientos culturales y sociales apartados de Cristo, que pueden asumir acríticamente (a pesar de que hayan decidido ser buenos cristianos), por falta de análisis.


    Los padres y educadores deben proporcionarles elementos para ese análisis, de forma que vayan ganando en madurez, sentido crítico y libertad.

  • Por la influencia de determinadas costumbres y hábitos sociales, es posible que en algunos casos, haya adolescentes que tengan excesiva información con respecto a la sexualidad y muy poca formación específica cristiana.

Recursos

¿Qué libros da una respuesta clara y sencilla sobre…?

Un novelista. La figura de Tolkien


 

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