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Clase XVI. Reciedumbre, fortaleza, lealtad humana y fidelidad cristiana.


La autoeducación en la virtud de la reciedumbre


Para autoeducarse en la reciedumbre humana y espiritual, interior y exterior, se necesitan virtudes muy similares a la de los ginnastas:

 

  • Cultivar la paciencia: no se hace con perfección un ejercicio ginnástico -ni casi nada en la vida- a la primera.
  • No se puede desear quererlo todo y ahora: hay que aprender a esperar, sin desánimos, sabiendo que dificultades no se superan en un momento.
  • Cultivar la paciencia con nuestros propios defectos: aceptarlos, pero sin claudicar ante ellos.

  • Y tener paciencia con los defectos de los demás, que con frecuencia imaginamos o exageramos.

 

  • Esforzarse por ganar en entereza y decisión ante las dificultades: todos los gimnastas se han caído alguna vez. No se trata de no caer nunca, sino de levantarse siempre.
    • Se gana en entereza poco a poco, aprendiendo a no desconcertarse excesivamente cuando las cosas no salen exactamente como esperábamos.

 

  • Proponerse ganar en realismo: en conocimiento de la propia realidad y lo que nos rodea. Como los gimnastas, no podemos lograr todas las metas: sólo aquellos objetivos que, con esfuerzo están a nuestro alcance.

  Ejemplo: un estudiante que se propone aprender inglés.

  • La prudencia le llevará a saber que existen dificultades. No es optimismo, sino falta de realismo, pensar: Aprenderé inglés en diez días.

  • Esa misma prudencia le llevará a valorar las dificultades en su justa medida, sin agrandarlas. No tendría sentido pensar, tras el primer examen: Me han suspendido: ¡jamás aprenderé inglés!

  • Medir bien sus fuerzas reales. No es audaz sino poco realista, el que discurre así: este año voy a aprender inglés, francés, alemán, sueco y portugués.

  • Esforzarse por superar las dificultades de la forma y en el tiempo adecuado. Voy a aprender inglés, aunque no tengo ningún libro, ni academia, ni método, ni profesor de inglés.

  • Rechazar la tentación del victimismo y de la autocompasión, del espíritu de queja, que con frecuencia son excusas para la pereza. Tengo tiempo para estudiar, pero eso me exigiría esforzarme y no tengo oido para los idiomas. No voy a estudiar inglés. Qué pena:¡con lo que me ilusionaba!

  • Se trata, en resumen: aceptar la realidad de la vida:

— no entendemos siempre todo lo que nos sucede.

— no se encuentra siempre una explicación rápida y sencilla de todo.

 

  • Buscar el equilibrio a la hora de actuar

 

    • El ideal es actuar atendiendo con equilibrio a las razones de la cabeza y del corazón, sin emotivismos.

 

  • Cultivar la reciedumbre en el hablar, que lleva a:
  • Defender de forma excesivamente apasionada nuestras opiniones personales.

  • Intentar imponer nuestras opiniones a los demás.

  • No dar nuestra opinión innecesariamente, venga o no a cuento.

  • Darles a nuestras opiniones personales el valor relativo que tienen.

  • Acostumbrarse a conversar con personas de diversas opiniones, o de opinión diversa a la nuestra, sin buscar que siempre nos den la razón.

  • No caer en la verborrea o incontinencia verbal.

  • Esforzarse por escuchar a los demás.

  • Pasar por alto modos de decir de los demás que no sean del todo exactos, sin hacer puntualizaciones puntillosas, corrigiendo constantemente expresiones, fechas, datos inexactos.

  • Evitar la ironía, los autoritarismos, que tanto distancian de los demás.

 

  • Reciedumbre ante las molestias y enfermedades
    • No hacer de la enfermedad un espectáculo, que contamos a todos, para que todos nos compadezcan y estén preocupados de nosotros, sin soportar que lo pasen bien mientras nosotros estamos molestos.

    • Aprender a contar lo que nos sucede a las personas oportunas yde la forma oportuna.

    • Ser pacientes y aceptar las recomendaciones del médico aunque nos cuesten. Supone más reciedumbre obedecer al médico y permanecer en cama que levantarse con fiebre, porque no nos apetece quedarnos en la cama.

 

  • Asumir las incertidumbres y riesgos de la vida
  • Decidirse y elegir: no elegir ya es una forma de elegir.
  • Cultivar la autoestima, la seguridad en uno mismo.
  • Actuar sin miedo excesivo a equivocarse y a fracasar.

  • No tomar más previsiones que las necesarias. El deseo de "amarrarlo todo muy bien" puede reflejar un miedo excesivo al fracaso.
  • Toda elección supone un riesgo, que conviene asumir con sencillez y espíritu deportivo.

 

  • Asumir los fracasos, reconocer los propios errores


  •  Los fracasos forman parte de nuestra vida: no conviene exagerar su alcance.

  • La fortaleza lleva a aprender a reconocer los propios errores, las equivocaciones personales, sin desviar la culpa hacia los demás: los padres, los profesores, los amigos, las circunstancias.

 


 

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