Inicio

 

Clase V. Corazón cristiano: corazón en Cristo.

El sentido del respeto


Este guión se centra en dos temas de especial actualidad, articulados en torno a un tema general: el corazón en Cristo.

- la educación del corazón

- la recuperación del sentido del respeto

  • Idea central: El cristiano debe aspirar a tener corazón verdaderamente cristiano; es decir, un corazón identificado con el Corazón de Cristo.

    Escribía san Ignacio de Antioquía a san Policarpo de Esmirna, en los primeros tiempos del cristianismo: "Tened unos para otros un crazón grande, con mansedumbre, como lo tiene Dios para con vosotros" (Carta, 5, 1)
  • ¿Qué se entiende por corazón?

    En esta clase se entiende por corazón el conjunto de sentimientos, afanes, ilusiones, actitudes, alegrías, dolores y esperanzas de la persona.

Fuentes bibliográficas

Se recogen numerosas ideas de diversos autores. Se recomienda especialmente la lectura de

  • Articulos de Alfonso Aguiló sobre la educación del corazón en interrogantes.net

  • Michel Esparza, La autoestima del cristiano, Belacqua, 2003.

  • Juan Ramón García-Morato, Crecer, sentir, amar. Afectividad y corporalidad.

  • David Isaacs, La Educación de las Virtudes humanas


Punto de partida: ¿Qué es la santidad?


Para poner el corazón en Dios y entregar el corazón a Cristo hay que recorrer el camino de la humildad. Ver a los demás con la mirada de Cristo.

La santidad es fruto de la identificación humilde y gozosa del hombre con Cristo. Es consecuencia del “dejar hacer” al Espíritu Santo en el alma. Es enamorarse de Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre.

  • Un corazón plenamente feliz –con la felicidad posible en esta tierra- es un corazón unido a Cristo en su Cruz y en su Resurrección.

  • La alegría, la felicidad, la paz y la belleza que da el amor de Cristo en el corazón no la puede dar nada ni nadie.

Cristo, perfecto Dios, perfecto Hombre, es nuestro modelo, y nos enseña a poner el corazón en Dios y en las cosas de Dios:

[19] No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban.

[20] Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. [21] Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón.

[22] La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. [23] Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tinieblas, cuán grande será la oscuridad.


 






I. Amar a los demás con el corazón en Cristo, viendo en todos a hijos de Dios

Enseñanzas de Cristo sobre el corazón

  • Cristo nos recuerda que no debemos tener el corazón dividido

[24] Nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.

  • Nos anima a abandonar las preocupaciones del corazón en las manos de Dios


    [25] Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? [26]


    Fijaos en las aves del Cielo, que no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? [27] ¿Quién de vosotros por mucho que cavile puede añadir un solo codo a su edad? [28]


    Y acerca del vestir, ¿por qué preocuparos? Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, [29] y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. [30]


    Si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! [31] No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? [32]


    Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre Celestial que de todo eso estáis necesitados.

 

Cristo nos enseña a poner a Dios -y todo lo que se refiere a Dios- en primer lugar en el corazón

[33] Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. [34] Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad.

 


 






Tener corazón cristiano: ver a los demás con los ojos de Cristo

 

 

La mirada que procura mirar a los demás con los ojos de Cristo lleva a un profundo respeto hacia todos los hombres sin excepción, porque todos son hijos de Dios.


En un mundo donde se piensa orgullosamente, prepotentemente que todo es relativo, es imposible el respeto propio del corazón cristiano; porque ese respeto cristiano nace de la humildad, del reconocimiento de la Verdad en el otro, del descubrimiento de Cristo en el otro .

  • Evangelio de San Mateo:


    Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: [35] porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; [36] estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. [37]

    Entonces le responderán los justos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; [38] ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos? [39] o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte? [40]

    Y el Rey en respuesta les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis.


 






Egoísmo y corazón

La soberbia y el egoísmo humano –como fruto del pecado- se oponen a esa entrega del corazón, y empequeñecen el corazón y la capacidad de amar.

  • El hombre, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, es la única criatura que Dios ha amado por si misma. Dios crea cada alma dándole un alma inmortal, capaz de recibir las gracias y dones de Dios.

  • Además, Dios le ha concedido al hombre un don que lo diviniza: el don de la filiación divina, por el que recibe la mayor dignidad imaginable: la dignidad de ser hijo de Dios.

  • Pero nuestros primeros padres rechazaron ese don, con el pecado original. Ese pecado, libremente cometido, generó nuestro sufrimiento y nuestra miseria.


  • Dios se compadeció de nuestra miseria y su Hijo se hizo hombre para redimirnos y salvarnos. La redención por Cristo nos da una gracia que cura las consecuencias del pecado y nos devuelve la dignidad de los hijos de Dios.


  • Es decir: Dios, que se hizo verdadero hombre sin dejar de ser Dios, nos quiere divinizar, sin que dejemos de ser hombres.

    Dice Santo Tomás: "El Hijo Unigénito de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres" (Opusc. 57 in festo Corporis Christi).


  • Debemos alegrarnos por la dignidad que Dios nos ha dado y disponernos a morir a nosotros mismos para vivir en Dios. Cristo debe entrar dentro de nuestro yo para liberarnos de nuestro egoísmo, de nuestro orgullo y de nuestra soberbia.

 








El camino de la humildad
 

Autor de referencia: Esparza, La autoestima del cristiano.

  • El primer paso en el camino de la humildad es reconocerse soberbio, orgulloso y vanidoso, dejando de jugar interiormente a un pin-pon de vanidad con uno mismo (qué pensaran de mí, qué tal habré quedado...).

"Si pensáis que no sois vanidosos, es que sois vanidosos de verdad" (Lewis, Mero Cristianismo, 141).

  • Dos manifestaciones de la soberbia:

    • Soberbia clásica: es la soberbia que lleva a pensar: "yo no soy soberbio"; “con mi propio esfuerzo lograré ser humilde".

    • Falsa modestia: es la soberbia disfrazada qie lleva a un pesimismo radical que exagera los propios defectos y suele concluir en la desesperanza: "tengo muchos defectos y fallo sin cesar, por eso, no tiene sentido seguir luchando".
  • Rasgos habituales de la soberbia:
    • La soberbia es impaciente y competitiva. Un hombre soberbio no sólo tiende a creerse muy listo y muy buen deportista, sino "el más listo y el mejor deportista de toda la clase". La soberbia lleva a compararse continuamente con los demás –interna o exteriormente- buscando el placer de quedar continuamente por encima del otro, al que se le considera con frecuencia un rival, un contrincante.

    • La soberbia está siempre insatisfecha: "no me basta con todo lo listo que soy; tengo que ser mucho más listo que los demás; y cada día, más y más y más".






    • La soberbia se disfraza continuamente:

      • Disfraces de miseria: "llevo una vida de perros, soy un pobre miserable y ya no hay nada que hacer conmigo; no me compensa esforzarme”.

      • Disfraces de ideales nobles y grandes, que en sí son buenos, pero que se persiguen sólo para satisfacer la propia vanidad: "me he propuesto ser el más trabajador de mi clase... (por el gusto de quedar el primero); a mí no hay nadie que me gane a generoso (por el gusto de que todos piensen de mí: fíjate: ¡qué generoso es...!

    • La soberbia es cegadora. Es como un virus que estropea y oscurece toda nuestra "pantalla interior". Lleva a evitar el propio examen y a rechazar cualquier tipo de crítica.


    • La soberbia tiende a confundirlo todo.

      Un hombre humilde cultiva el temor filial, el temor reverencial, el santo temor de Dios, que nace del amor y es un miedo bueno a ofender el gran amor que Dios nos tiene.


      Es el temor del hijo por haber disgustado a un padre que le quiere mucho y al que quiere mucho.



      Un hombre soberbio confunde ese temor con un temor que no nace del amor a Dios, sino del amor propio: el temor a ser castigado por Dios. Es el temor de una persona por haber fallado ante sí mismo y ante un ser lejano que le puede castigar.


      Confunde la imagen de Dios; en vez de ver en Él lo que es: un Padre justo y amoroso, dispuesto siempre al perdón, el soberbio proyecta en Dios su propia miseria y lo concibe como un tirano dominador.

      El soberbio empequeñece en su alma el amor de Dios.



    • La soberbia lleva a un perfeccionismo malo.


      Es el caso de las personas que quieren mejorar obsesivamente "cada vez más y más", para "estar en regla con Dios"; para demostrarse a sí mismas que son capaces de ser buenas.


      No les importa realmente el triunfo de Dios en su vida, sino sutriunfo personal: más que amar a Dios, se obsesionan en lograr la meta que se había propuesto. Llevan continuamente "la cuenta" de sus errores ynunca están satisfechas, porque no buscan el amor sino el éxito.


      Eso les lleva a lamentarse y reprenderse interiormente por sus propios fallos.


      El hombre humilde, por el contrario, busca la perfección del amor, que es algo muy alejado del perfeccionismo.


      El hombre humilde se ama a sí mismo, porque sabe que Dios leama tal como es; y procura amar cada vez más a Dios, quiere alegrar a Dios, no por amor propio, sino por amor a un Padreque le ama tanto.

 


La humildad de corazón

    • El hombre humilde confía en Dios, y le deja actuar en su vida, de forma activa, cooperando con la gracia, con la acción del Espíritu Santo. No confía tanto en lo que él mismo hace sino que espera sobre todo en lo que Dios quiere hacer en él. El modelo de humildad es la Virgen María, que dijo: "Hágase en mí según tu palabra".

    • El humilde piensa: "tengo estos defectos y estas virtudes. Soy hijo de Dios, y Dios me dará la gracia para darle gloria en mi vida, aceptando y luchando contra estos defectos y cultivando estas virtudes".

    • Por eso enseñaba san Josemaría que la humildad es "la virtud que nos ayuda a conocer, simultáneamente, nuestra miseria y nuestra grandeza" (Amigos de Dios, 34)

 

  • El camino de la humildad es aparentemente contradictorio: El cristiano debe aprender a compaginar y a vivir gozosamente algo que parece contradictorio: miseria y grandeza: su miseria personal y la grandeza de ser hijo de Dios.
  • La humildad lleva a la autoestima, que es el recto amor a uno mismo, que es totalmente opuesto al amor propio egoísta.

    "para poder avanzar en este progresivo abandono de la propia estima en las manos de Dios, hace falta querer, saber y poder: buena voluntad, formación y capacitación.

    La ayuda divina facilita tres cosas: fortalece nuestra voluntad, ilumina nuestro entendimiento y cura nuestra incapacidad. "Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar", escribe san Pablo" (Filip, 2, 13).

    Pero Dios que tanto respeta nuestra libertad qyiere contar' con nuestra colaboración: con nuestro empeño por mejorar y por aprender a ser humildes" (La autoestima del cristiano, Belacqua, 17).

     


El corazón en Cristo

El cristiano desea poner su corazón en Cristo; identificar sus sentimientos con los del Corazón de Cristo. Para eso debe aprender primero a educar sus propios sentimientos

  • El cristiano busca identificar sus sentimientos con los sentimientos del Corazón de Cristo. El Compendio del Catecismo, 93, explica el sentido de la devoción al Corazón de Jesús: "Cristo nos ha conocido y amado con un corazón humano. Su corazón traspasado por nuestra salvación es el símbolo del amor infinito que Él tiene al Padre y a cada uno de los hombres".

  • Hay diversos tipos de sentimientos:


    • Ante un bien: amor (simpatía, estima, admiración), deseo, gozo.


    • Ante un mal: odio (antipatía, repugnancia, fastidio), aversión (huída), tristeza.


    • Ante un bien difícil de alcanzar: esperanza, desesperación.


    • Ante un mal difícil de superar: temor, audacia, ira.




 








II. La virtud del respeto a los demás en todas las situaciones de la vida

Catecismo de la Iglesia Católica

1929 La justicia social sólo puede ser conseguida en el respeto de la dignidad transcendente del hombre. La persona representa el fin último de la sociedad, que le está ordenada:

La defensa y la promoción de la dignidad humana "nos han sido confiadas por el Creador, y de las que son rigurosa y responsablemente deudores los hombres y mujeres en cada coyuntura de la historia" (SRS 47).

1930 El respeto de la persona humana implica el de los derechos que se derivan de su dignidad de criatura. Estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ella.Fundan la legitimidad moral de toda autoridad: menospreciándolos o negándose a reconocerlos en su legislación positiva, una sociedad mina su propia legitimidad moral (cf PT 65).


Sin este respeto, una autoridad sólo puede apoyarse en la fuerza o en la violencia para obtener la obediencia de sus súbditos. Corresponde a la Iglesia recordar estos derechos a los hombres de buena voluntad y distinguirlos de reivindicaciones abusivas o falsas.

1931 El respeto a la persona humana pasa por el respeto del principio: "que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como 'otro yo', cuidando, en primer lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente" (GS 27,1).


Ninguna legislación podría por sí misma hacer desaparecer los temores, los prejuicios, las actitudes de soberbia y de egoísmo que obstaculizan el establecimiento de sociedades verdaderamente fraternas. Estos comportamientos sólo cesan con la caridad que ve en cada hombre un "prójimo", un hermano.

1932 El deber de hacerse prójimo de otro y de servirle activamente se hace más acuciante todavía cuando éste está más necesitado en cualquier sector de la vida humana. "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40).

1933 Este deber se extiende a los que no piensan ni actúan como nosotros. La enseñanza de Cristo exige incluso el perdón de las ofensas. Extiende el mandamiento del amor que es el de la nueva ley a todos los enemigos (cf Mt 5,43-44).


La liberación en el espíritu del evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, pero no con el odio al mal que hace en cuanto enemigo.


El respeto a los demás. Respeto y buen humor


Conviene distinguir en primer lugar entre:

  • El respeto que debemos a todos los seres humanos sin excepción , porque todos son hijos de Dios (y de todas los seres creados por Dios o que Dios ha puesto al servicio del hombre, incluidos los gatos).
  • Y la manifestación del respeto que debemos a cada mujer, a cada hombre en particular, según su circunstancia.

 El respeto hacia las personas se manifiesta en:

  • El esfuerzo por tratar a cada persona diferente de modo diferente.


  • El empeño por no encasillar, criticar, "arañar", ridiculizar o injuriar a nadie.


  • Cultivar el buen humor, evitando la burla, la zafiedad, la ironía y los comentarios que irritan a los demás.


  • Velar y preservar la intimidad de todos, sin airear detalles que no interesan a nadie.


  • Aprender a disentir, sin llegar nunca a los ataques personales.


  • Saber agradecer los favores que nos hacen.



 







El respeto en el ámbito familiar



 

  • El respeto hacia los padres

    El modelo de un cristiano joven es Cristo adolescente y Cristo joven, que obedecía a María y a José, con pleno respeto, cariño y confianza.
  • El respeto hacia los hermanos.
    • El respeto hacia los hermanos mayores se manifiesta tratándolos como lo que son: mayores. Esa actitud de respeto lleva a un diverso trato y consideración.


    • El respeto hacia los hermanos pequeños se manifiesta en la disponibilidad, en el afán por darles buen ejemplo y en no servirse de ellos, abusando de su edad y de su ingenuidad para que nos hagan de“mandaderos”, dándoles encargos y tareas que no les corresponden.



      Tengan la edad que tengan, se les debe el respeto adecuado a su edad, aunque no se den cuenta. Por ejemplo, sería una falta de respeto lavar al hermano pequeño en la cocina, junto con los platos...

     


 

El respeto en el ámbito de la amistad


El respeto lleva a desterrar la prepotencia, el malhumor y la autosuficiencia en el trato con los demás.


  • El respeto lleva a valorar las opiniones de los demás, aunque no se compartan, sin querer imponer las propias con malos modos.

  • Lleva a decir siempre la verdad con caridad; y no decir lo que puede ser una falta de caridad, por verdadero que sea.
  • “Decir todo lo que se piensa, todo lo que brota en el corazón” no es ser sincero, ni espontáneo; es ser poco prudente, poco maduro, poco caritativo y generoso.


    Una persona así, no manifiesta afecto por los demás; y el afecto, el respeto y admiración mutua son base de la verdadera amistad.

 


 
Manifestaciones del respeto hacia todos

El respeto
lleva a tratar a cada persona con la misma consideración con la que uno espera ser tratado.

La burla, el desprecio, son faltas de respeto hacia uno mismo y hacia los demás. La virtud del respeto tiene muchas manifestaciones, y se conjuga con muchas virtudes, como las siguientes:

  • La amabilidad con todos, sin distinción, sea cual sea su situación, posición social, trabajo, carácter, sin poner en evidencia los defectos de los demás: su incultura, su torpeza, su inexperiencia, etc.
  • La puntualidad, que manifiesta respeto hacia el tiempo y las actividades de los demás.
  • La lealtad, que lleva a no criticar nunca, y menos de espaldas al interesado. Curiosamente, señala Isaacs, hay personas que se molestan muchos si se enteranque las han criticado, y que critican a otras a sus espaldas.

    Esa lealtad se extiende también a los profesores, porque ser alumno no es una excusa para hablar mal de ellos.

  • La versatilidad, que lleva a tratar a cada persona diferente de modo diferente; a cada uno como debe ser tratado según su situación

    • Todos los hombres y mujeres merecen respeto, pero no hay que manifestárselo del mismo modo. Ese igualitarismo en el trato significaría una falta de respeto hacia la personalidad de cada uno, porque todos somos hijos de Dios, iguales en dignidad, pero no iguales en circunstancias.

    • Por tanto no se debe tratar igual a un anciano que a un niño; a un enfermo igual que a una persona sana; a un mujer embarazada que sube al autobús igual que a un joven de veinte años que viene de hacer deporte.

    • Las novatadas, la burla hacia el "nuevo" son una gran falta de respeto hacia el recién llegado



  • La caridad, que lleva a no encasillar, criticar, ridiculizar, injuriar. El respeto lleva a no clasificar a nadie, ni “encasillarlo” de forma permanente: éste es un frívolo irremediable; ése es un vago que nunca cambiará. Lleva también a no tratar a nadie como un caso o un número más, y no como a un hijo de Dios.

  • La caridad y el respeto llevan también a no ridiculizar nunca a ninguna persona: en clase, en el deporte, etc. Esto se aplica también a los profesores (no utilizar motes si son despectivos o hirientes); a los políticos y personalidades públicas (no difundir bulos, insultos, etc).
  • - Un borracho, una persona desiquilibrada que camina por la calle, un criminal, etc., merecen siempre respeto por el hecho de ser hijos de Dios, aunque con sus actos no se hagan merecedores en algún momento de ese respeto.

  • El buen humor, que debe conjugarse con el respeto. El verdadero buen humor es compatible con el respeto. Una persona con buen humor es aquella que ha aprendido a reirse con los demás y no a reirse de los demás; que no hace bromas que hieran, y sabe descubrir las bromas que alegran al otro.

 Constituye siempre una falta de caridad y de respeto reirse de los fallos y defectos ajenos. Por eso conviene estar atentos a comentarios, chistes y pelícilas que circulan en la red, para no caer en:

— bromas de carácter racista.

— juicios denigrantes de las personas por su país o lugar de procedencia;

—bromas sobre las deformidades o taras físicas o psíquicas (enanismo, tartamudez, ceguera, etc.).

-- cualquier manifestación irrespetuosa un sentimiento religioso, una convicción noble, una orientación política, profesión, opción cultural respetable, etc.

Por ejemplo: ridiculizar el ayuno de los musulmanes o el modo de orar de los judíos; descalificar por principio a todas las personas de un determinado partido político; insultar a colectivos profesionales, etc.


El respeto a la intimidad
  • El respeto a la intimidad lleva a proteger la intimidad de los demás: a no contar cosas que los otros nos han dicho en esa intimidad y que –aunque no tengan importancia- no desearían que contáramos a otras personas.

Por ejemplo, supone una falta de respeto hacia los demás enviar a amigos que no se conocen entre sí un e-mail donde aparezcan todas las listas de sus correos electrónicos.

  • Lleva a no airear la intimidad propia o ajena. Esto significa, además de una falta de pudor, una falta de respeto.
  • Algunos ejemplos concretos:



     
    En numerosos medios de comunicación y en diversos programas de televisión se aprecia esa falta de respeto, al airear por dinero o de forma gratuita aspectos impudorosos de la intimidad propia o ajena. Esa falta de respeto es doble: del que la comete y del que ve el resultado de la acción (revistas, fotografías, programas de televisión).


    Ese respeto se extiende a los cuerpos de los fallecidos, a los encarcelados, a los enfermos en determinados estados de su enfermedad, a las personas a las que se auxilia en tareas de solidaridad: no se les puede tratar como objetos sin importancia, o como elementos curiosos para contemplar.

    Es una falta de respeto fotografiar a un moribundo, a un accidentado, a un anciano etc., utilizando su imagen como mero reclamo publicitario para la curiosidad morbosa; o interrogar a una persona que ha sufrido un gran shock por cualquier causa –un accidente- y en esos momentos no posee un control de sus emociones y de sus palabras.

    Es una falta de respeto mostrar en los medios de comunicación determinados cadáveres de personas que han fallecido en accidentes o en situaciones violentas.

    Exponer un feto o un cadáver dentro de un museo, sólo como objeto de curiosidad, supone una falta de respeto. En este sentido, resulta denigrante una exposición con cadáveres embalsamados que circula por Europa.

    Y por el contrario, supuso una manifestación de respeto a la dignidad humana el retorno y posterior entierro en su país africano de origen, del cadáver momificado de un hombre de raza negra que estuvo expuesto a lo largo del siglo XX en un museo europeo.

 


Photodisc

Aprender a disentir con respeto de los demás


  • Hay que aprender a disentir distinguiendo entre el error –que se puede rebatir- y la persona equivocada, que merece todo el respeto.
  • El respeto lleva a no hacer argumentaciones ad hominen (argumentaciones en contra del hombre, de la persona, y no de los argumentos que defiende) con frases del tipo: Tú me argumentas eso, pero en el fondo me lo dices por qu tú eres un egoísta que...
  • El respeto lleva a no hacer públicos los hechos negativos del pasado de las personas, por conocidos que sean, salvo que se trate de un juicio, de una verdadera obligación de justicia, etc.

Educación y respeto: ¿Qué es la buena educación?


 

 

  • La buena educación no es un mero formalismo, ni lleva a comportarse habitualmente de forma envarada, antinatural o ceremoniosa, como si se estuviera en el cortejo académico de una Universidad inglesa.


    La buena educación es manifestación amable, sencilla, cercana, de respeto, de delicadeza, simpatía y caridad cristiana.



    Cristo valoraba los detalles de educación y cortesía, como manifestación de amor.

    • Evangelio de San Lucas: [44] Y vuelto hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella en cambio ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. [45]


      No me diste el beso; pero ella, desde que entré no ha dejado de besar mis pies. [46] No has ungido mi cabeza con óleo; ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. [47] Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se perdona menos ama. [48]


      Entonces le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados. [49] Y los convidados comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona los pecados? [50]


      El dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; vete en paz.



  • Los modos usuales de educación son manifestaciones de respeto.





     










    Se puede ser un buen "hincha" y defender los colores del equipo deportivamente, sin necesidad de insultar o de perder la buena educación o el respeto al contrincante.



  • El uso del vestido adecuado. La elección del vestido y el pudor en el vestir denotan respeto y consideración hacia los demás: hay que aprender a vestir según las situaciones.
  • Lo importante, en general, no son las prendas en sí, sino lo que esa prenda significa.
    • Es una falta de respeto con Dios acudir a la Misa dominical vestido del mismo modo con el que se va a la playa o a hacer deporte: con un chandal o un pantalón bañador. El uso de esa prenda puede significar falta de respeto a la Misa: no se iría vestido así a cualquier acto social importante.


    • No se trata de llevar o no llevar una determinada prenda de ropa, sino de llevar la prenda adecuada en cada caso, como manifestación de respeto a los demás.


      Por ejemplo, en Europa se considera una falta de educación, de desprecio a los demás ir sin corbata a un acto académico solemne, a una recepción social de altura.

      Y sin embargo, en algunos países asiáticos, que rechazan culturalmente esa prenda, sería una falta de educación ir con corbata a esas mismas recepciones.

  • Las normas de urbanidad en la comida, en el deporte, en el trato, etc., son manifestación de caridad y de respeto.

    • Dejar pasar primero a los mayores, abrirles las puertas, etc.

    • No intervenir en las conversaciones ajenas sin permiso.

    • No cortar una conversación de forma abrupta: “esto es así y ya no hablo más”.

    • No alzar la voz a nadie.

    • Saludar y despedirse, con los modos adecuados en cada caso.

    • Tratar a cada persona con amabilidad y corrección, valorando y respetando su trabajo (conductor de autobús o guagua, limpieza vial, etc.) y facilitándoselo.

    • No empezar a comer hasta que no se hayan servido los demás es un detalle de delicadeza y corrección.

    • Atender a las personas mientras hablan...

    • Evitar cualquier tipo de arrogancia: "No sabe usted con quien está hablando".

    • Saber disentir de forma amable.

    • Saber dar las gracias. Cristo valoraba mucho el agradecimiento:

      Evangelio de San Lucas: [11] Y sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaria y Galilea; [12] y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia [13] y le dijeron gritando: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. [14]

      Al verlos, les dijo: Id y presentaos a los sacerdotes. Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. [15] Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, [16] y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. [17]

      Ante lo cual dijo Jesús: ¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? [18] ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? [19]

      Y le dijo: Levántate y vete; tu fe te ha salvado.


Cómo se gana el respeto

 

  • El respeto nace de tomarse a sí mismo y a los demas en serio. Esa seriedad nace de considerar la dignidad de la persona.
  • Cada persona es un hijo de Dios; y todo hombre y mujer tiene, por el hecho de ser persona, una gran dignidad, tenga lo que tenga, sea lo que sea, y esté en la situación que esté.
  • Se suele respetar habitualmente a las personas que se respetan a sí mismas. Esas personas se ganan el respeto de los demás.
  • Una persona que no se respeta a sí misma (que se pone en circunstancias donde pierde la dignidad) acaba siendo menos respetada por los demás: por ejemplo, una persona que se emborracha en público, una chica que expone su intimidad a todas las miradas.

 

  • El respeto se gana con:
  • Humildad, comprensión, sencillez y cercanía: El respeto lleva a no sin hacer distinciones entre las personas, tratándolas a todas por igual en cuanto a su dignidad de hijos de Dios, y de modo distinto, conforme a sus circunstancias personales:

     A todas las personas por igual en cuanto a su dignidad: no se puede tratar con menos respeto a una persona por tener determinada profesión (árbitro, guardia de tráfico, etc.); o por estar en determinada situación (emigrante, encarcelado, novato, etc.).

    De modo distinto, conforme a su circunstancia.
    El respeto lleva a tratar de distinto modo a un niño que a un anciano, a un enfermo que a una persona sana.

  • Cordialidad y amabilidad: El respeto a todos lleva a ser amable con todos, y a ser cordial con todos sin distinciones de situación, condición social, inteligencia, etc..
  • El respeto no es un formalismo, ni se queda en simple “urbanidad”
  • El respeto no consiste en tratar a las personas de modo formal, con simple corrección externa.


  • Tratar a una persona - sin un motivo que lo justifique- de forma fría y distante (el funcionario que maltrata a los que le preguntan algo que no saben, por ejemplo) , es una falta de respeto hacia la propia singularidad de cada persona.


  • El respeto es más que urbanidad: lleva al reconocimiento, al afecto hacia los demás. No hay ninguna situación que justifique la falta de respeto (por ejemplo, un fallo del conductor de un autobús; un fallo en un arbitraje deportivo; una broma en una fiesta.) Nada justifica el insulto, la burla, la reacción desproporcionada.


  • El verdadero respeto lleva a saber comportarse con los demás, con flexibilidad, de acuerdo a su situación.


    La buena educación lleva a adaptarse a la situación del otro, sin crear barreras o distancias innecesarias, intentando hablar en el lenguaje de cada uno.


    Una persona que trata a otra de menos formación cultural con prepotencia, sin adaptarse a la sencillez de su lenguaje, usando términos cultos para humillarle, es irrespetuosa; del mismo modo que si se dirigiera a una persona relevante de forma chabacana.



    En el primer tercio del siglo XX, durante una visita real a una zona muy deprimida de un país europeo, el rey invitó al alcalde de un pequeño pueblo a comer con él y con el séquito que le acompañaba.

    El alcalde del pueblo desconocía el uso de la fuente con agua para limpiarse los dedos y comenzó a usarla como un vaso más para beber. Los que le acompañaban cometieron la falta de educación y de respeto de reirse de él, olvidando que no tenía por qué conocer esa costumbre.

    El rey, al ver lo ocurrido, como signo de respeto comenzó a usar también la fuente como un vaso y todos los comensales se vieron obligados a hacer lo mismo.

 


El falso respeto: "el respeto humano"

  • Hay un respeto mal entendido llamado respeto humano que lleva a no actuar por temor a contristar.
  • Ese falso respeto nace de la cobardía, de la incoherencia, de la falta de personalidad, de la tendencia a vernos con los ojos de los demás.


    Muchos adolescentes y jóvenes, dependen casi por completo de la opinión de su novia, de sus amigos, de su clase, de la moda...



    El cristiano maduro comienza a se rindependiente cuando supera los respetos humanos y procura verse desde los ojos de Dios: cuando es ésa la única mirada que realmente importa.





    Que no turbe mi conciencia
    la opinión del mundo necio;
    que aprenda, Señor, la ciencia
    de ver con indiferencia
    la adulación y el desprecio.

    José María Pemán





 

Ir a la página de Inicio