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Clase XX. El tesoro de la amistad. Cristo en casa de Lázaro, Marta y María


Consideraciones previas

En esta clase se abordan diversos aspectos de la amistad, desde una perspectiva humana y cristiana. Convendrá recordar algunas de estas ideas:

Explicar con precisión el significado de los términos amistad, amigo. En la actualidad estos términos ha perdido sus perfiles y contenidos específicos y en ocasiones se confunden con otros, como compañero, condiscípulo, conocido, persona con la que uno se divierte, etc.

Ser buen amigo exige el ejercicio de muchas virtudes humanas: la comprensión, la generosidad, el olvido de uno mismo, etc. Ya decía Lope de Vega, en los versos de uno de sus sonetos, que la amistad es el mayor bien: “Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo, / que es la amistad el bien mayor humano”.

Existe una estrecha relación, como señala M. Esparza, entre ser amado, amarse a uno mismo y amar a los demás.

Necesitamos ser amados, sabernos amados para poder amarnos a nosotros mismos. Cuando nos amamos a nosotros mismos somos capaces de amar a los demás

Decía Aristóteles que para ser buen amigo de los demás hay que ser en primer lugar buen amigo de uno mismo. Esto significa que las personas que están "en guerra contra sí mismas", que no se aman, ni se comprenden ni se perdonan sus propios fallos, los que están insatisfechos con ellos mismos, tendrán dificultades para amar, comprender y perdonar a los demás, para no dejarse llevar por la susceptibilidad..

En este sentido, los complejos, que son limitaciones no aceptadas, de inferioridad o superioridad, alteran las relaciones con los demás. Cuando uno descubre el amor que Dios le tiene, y acepta sus propias limitaciones, se pone en el camino del amor y de la amistad, si confía en la gracia divina.

La gran dificultad para hacerse amigos nace del orgullo propio. Otros vicios humanos, como señala Lewis en Mero cristianismo, no distancian tanto a las personas: los indecentes y los borrachos pueden llevarse bien entre sí. Pero los orgullosos no pueden tener amigos: el orgullo lleva al hombre a alaejarse de Dios y de los demás hombres.

La amistad se fortalece cuando hay una unión mutua en Cristo por parte de los amigos. “Una amistad es llevadera, pura y fuerte cuando se fundamenta y se nutre de la sublime comunión de amor que el alma cristiana debe tener con Cristo Jesús”. (Pablo VI, Alocución. 26.VII.78)

La amistad es un gran bien que Dios ha concedido al hombre, y que han sabido valorar las personas de buena voluntad de todos los tiempos.


Escribía Sem Tob en sus Proverbios Morales (siglo XIV) que el amigo "claro, leal y verdadero" es muy difícil de hallar, de encontrar, y no se consigue por dinero, como tantas cosas de esta vida: la amistad es la mejor riqueza:

Por esto la compaña
del amigo entendido
alegría tamaña
que el hombre nunca vido.
Pero amigo claro
leal y verdadero
es de fallar muy caro:
non se ha por dinero.
....
Non hay mejor riqueza
que la buena hermandad,
nin tan mala pobreza
como es la soledad



  I. La amistad, desde la Antigüedad

Antigüedad precristiana: el valor humano de la amistad.

Aristóteles le dedicó un extenso capítulo en su Ética a Nicómaco (libro VIII). Se pregunta el filósofo si el hombre puede ser feliz en soledad o tiene necesidad de los demás, y responde diciendo que aunque la felicidad, por sí misma, depende del propio individuo, el hombre es un ser social que tiene necesidad de sus semejantes.

La amistad es un vínculo de amor, pero no todo amor -dice Aristóteles- merece el título de amistad, porque el amor de amistad es el amor de benevolencia por el que se quiere el bien para el amigo, mientras que el que ama con amor de concupiscencia sólo desea el bien para sí mismo.

Platón recuerda que la amistad exige que afecto sea mutuo: «donde no hay reciprocidad no hay amistad» (Lysis, 212 D)”

Cicerón, el gran escritor romano, escribe: “Si quitáramos la amistad de la vida sería lo mismo que quitar el sol del mundo, porque no hemos recibimos de los dioses inmortales ningún don tan valioso y tan gozoso”.


Sagrada Escritura: un amigo es un tesoro

La Sagrada Escritura califica al amigo de tesoro: «Un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable. El que teme al Señor es fiel a la amistad, y como él es fiel, así lo será su amigo» (Eccli 6, 14-17).


Cristo: la plenitud de la amistad. Te invita a remar con Él, en su barca.

La amistad humana, tan alabada por los paganos, se concebía de una forma muy exclusivista: se trataba de amar al amigo y de odiar al enemigo.

El mensaje de Jesucristo sorprendió al mundo pagano, porque rompía la distinción amigo/enemigo. El Evangelio de la caridad enseña la fraternidad de espíritu, basada en que todos somos hijos de Dios: «En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros» (lo 13, 35).

Esta fraternidad universal, sin fronteras, basada en el amor a Dios, es lo que hacía exclamar a los no cristianos: « ¡mirad cómo se aman! » (Tertuliano, Apologético, 39, 7).

Este amor de amistad de los primeros cristianos –que debemos imitar- responde a las enseñanzas de Cristo: «Un nuevo mandato os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado» (lo 13, 34).

Nuestro Señor llevó a su plenitud ese amor de amistad cuando nos dijo: os he llamado amigos (Juan, XV, 15).

Y nos dio ejemplo con su vida. El Señor tuvo amigos: José de Arimatea, Nicodemo, Lázaro... Incluso a Judas le llamó "amigo" en el momento de la traición.

 

Cristo es el Gran Amigo, el Verdadero Amigo

  •  Escribe san Josemaría en Camino diversas consideraciones de Jesús como Amigo:
    • Un amigo es un tesoro. -Pues... ¡un Amigo!..., que donde está tu tesoro allí está tu corazón. (n. 421)
    • Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. -No me parece mal.

    Pero... ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?(n. 88)

 

    • Jesús es tu amigo. -El Amigo. -Con corazón de carne, como el tuyo. -Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti. ( n. 422.)

 

    •  Dolor de Amor. -Porque El es bueno. -Porque es tu Amigo, que dio por ti su Vida. -Porque todo lo bueno que tienes es suyo. -Porque le has ofendido tanto... Porque te ha perdonado... ¡El!... ¡¡a ti!!- Llora, hijo mío, de dolor de Amor.(n. 436).

 

Cristo, nuestro Gran Amigo, nos enseña con su vida y su ejemplo cómo debemos tratar a nuestros amigos

 

  • Cristo es nuestro modelo. El cristiano debe tratar a todos, amigos o no, como los trató Cristo, con la caridad de Cristo, sin hacer “clasificaciones” o “etiquetaciones” interiores, que no son cristianas. Cada una de las personas que nos rodean son personas por las que ha muerto Cristo en la Cruz.
  • Cristo fue amigo de todos, sin excluir a los publicanos y pecadores (Lucas, 7, 34).

  • Cristo quería profundamente a sus amigos. El Evangelio pone de relieve su amor por Lázaro, y cuenta cómo lloró por él cuando le dijeron que había fallecido.

San Juan 11. Había un enfermo llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro había enfermado. Entonces las hermanas le enviaron este recado: Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo. Al oírlo, dijo Jesús: Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó que estaba enfermo, se quedó aún dos días en el mismo lugar. Después, pasados éstos, dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. Le dijeron los discípulos: Rabbí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí? Respondió Jesús: ¿Acaso no son doce las horas del día? Si alguien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo; pero si alguien camina de noche tropieza porque no tiene luz. Dicho esto, añadió: Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero voy a despertarle.

Le dijeron entonces sus discípulos: Señor, si está dormido se salvará. Jesús había hablado de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vayamos a donde está él. Tomás, llamado también Dídimo, dijo a sus compañeros: Vayamos también nosotros y muramos con él.

Jesús, al llegar, encontró que estaba sepultado ya desde hacía cuatro días. Betania distaba de Jerusalén como quince estadios. Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para consolarlas por su hermano.

En cuanto Marta oyó que Jesús venía, salió a recibirle; María, en cambio, se quedó sentada en casa. Dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero incluso ahora sé que cuanto pidieres a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le respondió: Ya sé que resucitará en la resurrección, en el último día. Le dijo Jesús: Yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? Le contestó: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido a este mundo.

Y dicho esto fue y llamó a su hermana María diciéndole en voz baja: El Maestro está aquí y te llama. Cuando ésta lo oyó, se levantó en seguida y fue hacia élTodavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que estaba aún en el lugar en que Marta le había salido al encuentro. Los judíos que estaban con ella en la casa y la consolaban, al ver que María se levantó de repente y se marchó, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí.


Entonces María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle se postró a sus pies y le dijo: Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Jesús, cuando la vio llorando y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció en su interior, se conmovió y dijo: ¿Dónde le habéis puesto? Le contestaron: Señor, ven y lo verás. Jesús comenzó a llorar. Decían entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. Pero algunos de ellos dijeron: Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber impedido que muriese?

Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, la hermana del difunto, le dijo: Señor, ya hiede, pues lleva cuatro días. Le dijo Jesús: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Quitaron entonces la piedra. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la multitud que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste. Y después de decir esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, sal afuera! Y el que estaba muerto salió atado de pies y manos con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle andar. Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él.

 


 


Los apóstoles difundieron con audacia la Buena Noticia por todo el mundo por medio de la amistad

  • San Pablo envía saludos en sus cartas “a sus amigos en la fe” (Rom, 16, 8-9)

  • San Juan recuerda en sus cartas a sus amigos “a cada uno en particular” (3, Jn, 15)

 


Los primeros cristianos y la amistad


  • Los primeros cristianos difundieron el mensaje de Cristo por medio de una amistad sincera con sus amigos, haciéndoles participar del gran descubrimiento y alegría de su vida.


    El Cura de Ars escribe sobre ellos: “Lo que hizo que el número de santos se fuese multiplicando en los primeros tiempos de la Iglesia fue que los primeros cristianoshablaban constantemente de Dios. Y de ese modo, se animaban entre ellos y conservaban el entusiasmo hacia las cosas de Dios” (Sermón sobre el Primer precepto del Decálogo).

 

Minucio Félix, un abogado del siglo II, narra en su libro "Octavius" un pequeño suceso inspirado en la vida de los cristianos del siglo II. Entre ellos se daban, actitudes de retraimiento y cobardía, junto con actitudes llenas de franqueza, lealtad y vigor apostólico, como sucede en la actualidad.

Minucio sitúa la historia en la playa de Roma, Ostia, que sigue siendo un lugar de veraneo. Relata la conversación detres jóvenes, Marco, Cecilio y Octavio, que salen de excursión muy de mañana, hacia Ostia, para bañarse en la playa. Laescena tiene lugar a comienzos del otoño romano, tras las fiestas de la vendimia. Marco y Cecilio son muy amigos. Octavio es amigo de Marco.Marco y Octavio, son cristianos. Cecilio es pagano.

Era una excursión como tantas otras y no tenían previsto hablar de temas serios. Se disponían sólo a pasar un buen rato, "por el placer único de sentir como la arena se deslizaba suavemente bajo nuestros pies".

Al pasar junto a la estatua de piedra del dios pagano Serapis, Cecilio hizo un gesto supersticioso. Marco, queno deseaba "meterse en problemas", y más en un día de excursión, hizo como que no había visto el gesto de su amigo y no le dijonada. A Octavio ese silencio cómodo le pareció una falta de lealtad y le dijo a Marco que le parecía que no estaba bien que dejara seguir en la superstición a un gran amigo suyo como Cecilio, que "anda siempre pegado a tu lado". Y habló de la falsedad de los dioses paganos.

Da la impresión, por el contexto, de que Marco temía que su amigo Cecilio se iba a molestar si le mostraba su visión cristiana de la vida. Pero sucedió al contrario. Al escuchar a Octavio, Cecilio se quedó serio, porque las palabras de Octavio le habían hecho pensar. Y es más:le dijo a Octavio que deseaba charlar a fondo sobre aquel asunto.


 

 




Dos buenos amigos del siglo IV: Alipio y Agustín


En la vida de Agustín, nacido en el 354, en el siglo IV, la amistad ocupó un lugar excepcional. El gran amigo de su vida fue su paisano Alipio.

"Era como yo, de Tagaste -cuenta en su autobiografía, Las Confesiones- y procedía de una de las familias más conocidas de la ciudad... Me apreciaba muchísimo porque me consideraba un hombre honrado y culto; y yo también le quería mucho, porque él sí que era verdaderamente un hombrebueno".

Alipio era un hombre bueno, como señala Agustín, pero en aquellos momentos estaba dominado por un gran vicio: los juegos del Circo. Su amigo y profesor Agustín -aún sin ser cristiano- hacía lo posible para apartarle de aquellos juegos degradantes, sin conseguirlo. Hasta que un día, durante una clase, Agustín comenzó a criticar abiertamente unas diversiones que embrutecían a tantos jóvenes de la ciudad. "Yo no tenía la intención -contaba Agustín- de corregirle; pero él se creyó que lo había dicho pensando en él, y como era de carácter tan noble, en vez de enfadarse conmigo, se enfadó consigo mismo; y a partir de entonces, me tuvo mucho más aprecio."

Como suele suceder con frecuencia, aquella corrección, en vezde distanciarles, les unió más. Y tiempo después, cuando Agustín se planteó seriamente la posibilidad de bautizarse, su amigo Alipio tuvo una intervención decisiva en su vida.

Un día fue a visitarles un paisano suyo, Ponticiano, a la casa donde estaban Agustín y Alipio. Ponticiano erabuen cristiano, y al ver que tenían en la casa un texto de san Pablo, les estuvo hablando de la fe. Sus palabras fueron el "detonante" paraque Agustín se plantease seriamente la crisis de la conversión: tenía que decidirse a llevar, de una vez por todas, -se dijo- una vida decididamente cristiana. Su amigo Alipio, como de costumbre, le acompañaba.

"Nos sentamos lo más lejos posible de la casa. Yo gritaba en mi interior, enfurecido y con una rabia terrible". Alipio se dio cuenta de que aquel era un momento decisivo en la vida de su amigo, y -cuenta Agustín- "sacando lo mejor de sí mismo, me habló de forma tan profunda,que vi en mi corazón toda la mezquidad de mi vida. Mi alma estalló en una gran tormenta, con un torrente de lágrimas, y me alejé todo lo que pude de él, para llorar en solitario".

Tuvo lugar a continuación el conocido episodio de la conversión de Agustín, en la que escuchó una voz "Toma y lee", y acudió al Evangelio. Tras leer el párrafo "Ve, vende todo lo que tienes...", decidió convertirse.

Su amistad con Alipio fue un instrumento del que Dios se sirvió para acercarlos a los dos a la gracia de la fe. Nada más experimentar aquel cambio interior, Agustín corrió enseguida, como de costumbre, a contárselo a su amigo: "Me dijo entonces que le estaba pasando lo mismo, cosa que yo no sabía. Y comenzó a leerunas palabras que venían a continuación en las que yo no me había fijado: "Recibid al débil en la fe".

Se aplicó aquellas palabras a sí mismo, y confortado por ellas, sin nigún tipo de turbación interior", cuenta Agustín, Alipio decidió convertirse también.

Para conocer mejor la vida y la obra de San Agustín y de san Alipio


Siglo XVI: Santa Teresa

Santa Teresa describe en el libro de su vida la influencia negativa que pueden tener para un joven cristiano las malas amistades. Aunque tenía una hermana mayor,buena y ejemplar, no la imitaba en nada, mientras que se dejaba influir por una parienta bastante frívola. Su madre intentaba que esa parienta no fuese mucho a la casa, ysu padre y su hermana le decían que no le convenía esa amistad y la reprendían con frecuencia; pero no hacía demasiado caso.

La Santa comentaba, al recordar esos años, su asombro por "el daño que puede hacer una mala compañía, y si no hubiera pasado por ello, no lo pudiera creer, en especial en tiempo de mocedad".


Siglo XX: San Josemaría

San Josemaría recoge en sus obras numerosas consideraciones sobre la amistad.

  • Para que este mundo nuestro vaya por un cauce cristiano —el único que merece la pena—, hemos de vivir una leal amistad con los hombres, basada en una previa leal amistad con Dios. (Forja, 943)
  • Cuando te hablo de "apostolado de amistad", me refiero a amistad "personal", sacrificada, sincera: de tú a tú, de corazón a corazón. (Surco, 191)

  • Sobre las malas amistades (que no merecen el nombre de amistad):

    Dime, dime: eso... ¿es una amistad o es una cadena? Camino, n. 160.

 

El apostolado de amistad, según san Josemaría

  • Apostolado de la confidencia. “Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo... Todo eso es "apostolado de la confidencia”. (Camino, n. 973)
  • Apostolado en la vida corriente. “Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, creciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado. Y, sin que tú encuentres motivos, por tu pobre miseria, los que te rodean vendrán a ti, y con una conversación natural, sencilla –a la salida del trabajo, en una reunión de familia, en el autobús, en un paseo, en cualquier parte – charlaréis de inquietudes que están en el alma de todos, aunque a veces algunos no quieran darse cuenta: las irán entendiendo más, cuando comiencen a buscar de verdad a Dios. (Amigos de Dios, 273)

  • Amistad genuina. No se trata, enseña, de “instrumentalizar la amistad como táctica de penetración social: eso haría perder a la amistad el valor intrínseco que tiene; sino como una exigencia -la primera, la más inmediata- de la fraternidad humana, que los cristianos tenemos obligación de fomentar entre los hombres, por diversos que sean unos de otros» (J. Escrivá, citado en “Amistad” G.E.R.).

 




II. La verdadera amistad se demuestra en las dificultades

Aprender a querer a los demás

  • Existe una estrecha relación entre ser amado, amarse a uno mismo y amar a los demás. Necesitamos sabernos amados por Dios para poder amarnos a nosotros mismos. Y cuando nos amamos a nosotros mismos somos capaces de amar a los demás.
  • Decía Aristóteles que para ser buen amigo de los demás hay que ser en primer lugar buen amigo de uno mismo. Las personas que están "en guerra contra sí mismas", que no se aman, que no se comprenden a si mismas y no se perdonan sus propios fallos, las que están continuamente insatisfechas con ellas mismas, encuentran dificultades para amar, comprender y perdonar a los demás, para no dejarse llevar por la susceptibilidad, etc.: en definitiva, para hacer amigos.
  • La gran dificultad para hacerse amigos nace del propio orgullo. Otros vicios humanos, como señala Lewis en Mero cristianismo, no distancian tanto a las personas: los indecentes y los borrachos pueden llevarse bien entre sí. Pero los orgullosos no pueden tener amigos: el orgullo lleva al hombre a alejarse de Dios y de los demás hombres.

  • Lectura: Una historia de amistad

Cultivar la amistad


 

  • Para cultivar la buena amistad es necesario:
    • Dedicarle tiempo: estar disponible.

    • Hacerse al modo de ser del amigo: buscar los puentes que unen y evitar todo lo que separa.

    • Procurar conocerle bien, para acertar en sus gustos.

    • Mostrar confianza: no dudar de su buena intención.

    • Hablarle con franqueza.

    • Compartir ilusiones y aficiones.

    • Esforzarse por interesarse por lo que a él interesa, sólo por razón de amistad.



  • Lectura: aprender el arte de conversar

El corazón de la amistad

  • El corazón de la amistad es la donación desinteresada de uno mismo (tiempo, preocupaciones, intereses…).Como decía Aristóteles, “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”.
  • Los dos ejes fundamentales de la amistad son la confianza y la lealtad. La amistad verdadera lleva a abrir el corazón con el amigo, en una relación de igual a igual, donde cada uno da y comparte lo mejor que tiene.

Un amigo es una persona con la que se tiene especial confianza; con la que se habla en el mismo lenguaje, aunque se parta de presupuestos muy distintos. Dos amigos pueden ser cristianos los dos o no; pueden compartir la misma visión de la vida o no; pero si son amigos, compartirán la confianza y el afecto.

Un amigo es aquel al que se le pueden confiar secretos y preocupaciones; al que se le habla con franqueza.

La verdadera amistad se conquista con hechos y cuesta, porque exige darse a los demás, venciendo el egoísmo.

«El amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias, rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos. El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que- somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos» (J. Escrivá, Carta, 11 mar. 1940, en “Amistad”,G.E.R).

 

  • La amistad es para siempre. Dice san Ambrosio que la amistad que puede acabar no fue nunca verdadera amistad (Tratado sobre los oficios de los ministros).
  • La amistad es costosa: hay que cultivarla y mantenerla en el tiempo; por eso el cristiano procura no perder amigos.
  • La amistad es desinteresada. Un amigo está a las duras y a las maduras: si la amistad no llega al sacrificio, no es verdadera amistad. Un amigo, por eso, no sirve para nada; es una persona a cuyo lado estamos y que está a nuestro lado. Un amigo no sirve para conseguir participar en un deporte, para formar parte de un equipo o para ampliar un círculo de conocidos. Un amigo no es un peldaño, un contacto, un medio
  • La amistad lleva a aprender a escuchar, a ponerse en la piel del otro, sin querer darle lecciones constantemente, aprendiendo de él todo lo bueno.
  • La verdadera amistad está llena de un profundo respeto a la libertad del otro, compatible con el deseo de ayudarle siempre.
  • La amistad lleva a comprender, disculpar, ayudar. "Ofrecemos incienso: los deseos, que suben hasta el Señor, de llevar una vida noble, de la que se desprenda el bonus odor Christi, el perfume de Cristo. Impregnar nuestras palabras y acciones en el bonus odor, es sembrar comprensión, amistad. Que nuestra vida acompañe las vidas de los demás hombres, para que nadie se encuentre o se sienta solo. Nuestra caridad ha de ser también cariño, calor humano".(Es Cristo que pasa, En la epifanía del Señor, 36)

Comprender no es lo mismo que transigir

No es verdadera amistad la del que no intenta ayudar a su amigo en todo, la del que no le habla sinceramente por miedo a contristarle. No es cierto el refrán que asegura: “el dice las verdades, pierde las amistades”: la experiencia cotidiana demuestra lo contrario, cuando se dice la verdad sin herir.


Para saber remar junto con los demás: rasgos de buena amistad


 

  • La amistad lleva a sacrificarse por el amigo.


  • La amistad se demuestra con hechos.


  • La amistad se acrisola en el perdón mutuo por los fallos mutuos. Un buen amigo sabe perdonar una y otra vez: “para eso están los amigos”.


  • La amistad es agradecida. Un buen amigo sabe agradecer: es de bien nacidos ser agradecidos.

  • La amistad es discreta. Un buen amigo no comenta en público interioridades o defectos de sus amigos, ni los etiqueta.

  • La amistad no se busca enemigos. Se lee en Camino: No tengas enemigos. -Ten solamente amigos: amigos... de la derecha -si te hicieron o quisieron hacerte bien- y... de la izquierda -si te han perjudicado o intentaron perjudicarte-. (n. 838).

  • La amistad no es envidiosa. La envidia destruye la amistad: es la auténtica plaga de la amistad

Escribe san Basilio: “El escita no envidia al egipcio, sino que cada uno envidia a los de su propia nación; y dentro de la nación, no se envidian los que no se conocen, sino los que se tratan mucho. Se tiene envidia del vecino, del colega de profesión, del pariente; y dentro de los parientes, de los que tienen la misma edad y la misma sangre, de los propios hermanos. Y del mismo modo que el trigo tiene una epidemia que se llama la niebla, la amistad tiene una plaga que se llama la envidia.” (Homilía sobre la envidia)


Saint Exupery

Amigo mío,

tengo tanta necesidad de tu amistad
Tengo sed de un compañero que respete en mí,
por encima de los litigios de la razón,
el peregrino de aquel fuego.

A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calorprometido,
y descansar, más allá de mí mismo,
en esa cita que será la nuestra.


Hallo la paz.
Más allá de mis palabras torpes,
más allá de los razonamientos que me pueden engañar,
tú consideras en mí, simplemente al Hombre

Tú honras en mí al embajador de creencias,
de costumbres, de amores particulares.

Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te engrandezco.

Me interrogas como se interroga al viajero,
Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido,
me siento puro en ti y voy hacia ti.

Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.

Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas
las que te informaron acerca de lo que soy,
sino que la aceptación de quien soy te ha hecho
necesariamente indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas.

Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy.

¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?

Si todavía combato, combatiré un poco por ti.

Tengo necesidad de ti. Tengo necesidad de ayudarte a vivir.

 

 


 



La amistad, las virtudes y los defectos del amigo, saber comprender, colaborar, compartir, remar en la misma dirección...

 

  • El buen amigo:
    • El buen amigo comprende los fallos de su amigo. Recuerda un proverbio turco: “El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos” .
    • El buen amigo no juzga ni condena interiormente al otro. A un amigo se le debe ayudar a superar sus fallos, pero siempre dentro de un clima de afecto y comprensión.

    • El buen amigo, cuando ve que su amigo se ha equivocado, intentar ayudarle del mejor modo posible, de igual a igual, porque todos nos equivocamos.

    • El buen amigo busca el mejor modo y el tiempo oportuno para ayudar a su amigo.

    • El buen amigo no recrimina los fallos y errores del otro.

    • El buen amigo no le critica jamás a sus espaldas.

    • El buen amigo no enjuicia las intenciones del otro cuando piensa que se equivoca.


    • El buen amigo busca siempre un rasgo positivo, una excusa, una razón para las actuaciones de su amigo, cuando están equivocadas o se lo parecen.


    • El buen amigo olvida los agravios. No lleva una “lista de ofensas”, y no se las recuerda al otro; es decir, perdona de verdad y para siempre.


    • El buen amigo ayuda a su amigo a superar sus defectos. Como decía Cicerón, “La naturaleza quiere que la amistad sea auxiliadora de virtudes, más no compañera de vicios”.

    • El buen amigo no “pone a prueba” al otro para comprobar si su amistad es sincera. Como escribía Cervantes, “la buena y verdadera amistad no puede ni debe ser sospechosa en nada”.


    • Un buen amigo agradece de corazón y con prontitud los pequeños y grandes favores que le hace su amigo. Y amigo no espera a que le hagan favores para “devolverlos”. Tampoco no lleva la “cuenta” de los favores que ha hecho.

    • Un buen amigo se esfuerza por escuchar con respeto las opiniones, del otro sabiendo disentir (si es oportuno disentir).


    • Un buen amigo sabe escuchar el tiempo que sea necesario. Y deja que su amigo se desahogue, aunque no tenga razón o no sea objetivo. Lo habitual será que tras el desahogo, después de “saberse escuchado” se recobre –si es que falta- la objetividad.


    • Un buen amigo no es el que no falla nunca –somos humanos-, sino el que pide perdón todas las veces que sean necesarias, y con prontitud. Eso contribuye a la solidez de la amistad, y es el camino para llegar a esa amistad profunda de la que decía Cervantes: “amistades que son ciertas nadie las puede turbar”.


    • Un buen amigo evita las frases de recriminación insidiosa del tipo “ya te lo decía”. Aunque le haya avisado del error que podía cometer, cuando lo comete lo que le importa es ayudar a su amigo, no reafirmarse en su opinión. Un buen amigo sabe pedir ayuda y se deja ayudar. No es verdadero amigo aquel que deja de serlo cuando se le pide ayuda.
 

 





Esos momentos especiales y difíciles en los que se tambalea la barca y se demuestra la verdadera amistad


  • Cuando pasa el tiempo y las circunstancias cambian. Una de las verdaderas pruebas de la amistad es la perseverancia de la amistad en el tiempo, superando épocas, distancias y dificultades. En ese sentido escribía Shakesperare que “los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba / engánchalos a tu alma con ganchos de acero”.
  • Cuando el otro lo necesita. La expresión: “Los amigos están para eso” significa que un amigo acompaña y hace determinados favores que sólo se hacen a los amigos, y está en el momento oportuno.
  • Cuando el otro experimenta un dolor o un contratiempo. Cuando más se necesita a un amigo es en los momentos de dolor o de fracaso; y especialmente cuando el otro se queda solo. Esa es la “hora de los verdaderos amigos”. Por eso escribía el poeta indio Rabindranath Tagore: “la verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.
  • Cuando el amigo se siente solo, triste, etc., la simple presencia del amigo consuela.
    • Es en los momentos de fracaso cuando se demuestra que la amistad es sincera, porque no espera conseguir nada del amigo (incluso se puede perder prestigio por mantener esa amistad): la amistad es puro don

 


 

 





La Iglesia: la evangelización del mundo y la amistad


La Iglesia recomendó en el Vaticano II el cultivo de la verdadera amistad

«A todos los cristianos se impone la gloriosa tarea de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado en todas partes por todos los hombres» (Decreto sobre el apostolado de los laicos, 3).

Un medio para la realización de esta tarea es la amistad personal: «De este modo, ayudándose unos a otros espiritualmente por la amistad y la comunicación de experiencias, se preparan para superar los inconvenientes de una vida y de un trabajo demasiado aislados y para producir frutos mayores en el apostolado» (1. c., 17).

 

 

 

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