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Por qué los judíos deberían preocuparse por el “Código da Vinci”


The Jewish Week


Con el lanzamiento de la película de Sony Pictures basada la novela best-seller de Dan Brown, El Código da Vinci, escribe Klinghoffer en The Jewish Week, "muchos cristianos tradicionales están preocupados por el impacto que pueda tener la película. ¿Deberían los no cristianos compartir esa misma preocupación?

Sí, deberíamos. Los judíos, en particular, debemos estar prevenidos por las posibilidades que ha otorgado, con total impunidad, a los antisemitas.

Como todo el mundo sabe ya, Brown usa el suspense en su relato al presentar a un Jesús casado con María Magdalena cuya descendencia en Europa se mantendría hasta hoy. Es más, los miembros supervivientes de esa estirpe habrían sido protegidos por una organización secreta, el Priorato de Sion, que mantendría un combate cerrado con un grupo católico siniestro, el Opus Dei. Las últimas pretensiones para guardar el secreto de la paternidad de Jesús estarían a su cargo. Detrás del Opus Dei estaría la Iglesia Católica. Por milenios, la Iglesia habría guardado el secreto, que la película califica “la mayor historia jamás descubierta”.

El Opus Dei, una institución laical en la vida real, planteó a Sony que pusiera al comienzo de la película un anuncio admitiendo que la historia era ficción, algo a lo que los estudios de cine no han querido responder. Brown asevera que su novela está basada en “hechos”: “El Priorato de Sion –una sociedad secreta europea fundada en 1099- es una organización real”, etc.

Los estudiosos han trabajado a fondo para distinguir entre realidad y ficción en los “datos” que proporciona Brown. Por ejemplo, el “Priorato de Sion” es realmente una moderna invención de Pierre Plantard, un francés, con unos puntos de vista profundamente antisemitas. Y data de 1956, no de 1099. El engaño de Plantard toma el nombre de una orden medieval que cesó su actividad en el siglo XIV y que no tuvo nada que ver con la supuesta descendencia de Jesús.

 

Pero, ¿qué debe preocupar a los judíos?

Las teorías conspiracionistas que están por debajo de “la mayor historia jamás contada” apoyan otra conspiración engañosa: el famoso engaño llamado “El protocolo de los ancianos de Sión”. Aparentemente difundido por el monárquico y antisemita ruso, Mathieu Golovinski en 1898, “Los protocolos” hablan de una secreta sociedad de ancianos judíosque trabajaban para que permaneciera oculto el complot para dominar el mundo a través del “darwinismo, el marxismo y la doctrina de Nietsche”.

En ambas teorías conspiracionistas, se presenta a las antiguas religiones como un fraude masivo para mantener el poder. En la versión de Brown, los miembros del Priorato de Sion (“Sión” simplemente significa “Zion” en francés) son unos tipos buenos, que están esperando el mejor momento para revelar el secreto sobre la descendencia de Jesús e introducir al mundo en la “divinidad” de María Magdalena.

Mientras tanto la Iglesia Católica mantendría un complot para ocultar definitivamente la verdad sobre el “sagrado femenino”. Y el Opus Dei estaría dispuesto a lo que hiciera falta con tal de mantener el poder de la jerarquía eclesiástica.

Plantard (1920-2000), el monárquico y antisemita francés que inventó el Priorato de Sión, dedico mucho tiempo en su vida a inventar minúsculas organizaciones esotéricas que querían “purificar” Francia de la demoníaca influencia modernista y del judaísmo. En 1940 escribió sobre la “Conspiración masónica y judía” que se cernía sobre Francia.

El Priorato de Sion fue el grupo con el que comenzó. La misión de esta orden secreta según la reivindicación de Plantard, era la supervivencia de la antigua línea sucesoria merovingia de los reyes franceses, cuya “santa sangre” habría sido guardada por el Priorato. La idea de que los merovingios fueran descendientes de Jesús y María Magdalena fue añadida más tarde.

Además de resaltar la palabra “Zion” or “Sion,” las dos teorías conspiracionistas comparten su visión sobre la forma de sacar partido con las ideas que atacan. Más que tomar en cuenta y argüir en contra de las creencias tradicionales cristianas (como he hecho en mi último libro, por ejemplo) Brown ataca a la religión en sí misma presentándola como un fracaso total. Eso le exime de tener que argumentar sobre cada asunto.

Los antisemitas hacen lo mismo. Más que argumentar honestamente acerca del darwinismo o del marxismo o de la modernidad en general, han elaborado una historia acerca del judaísmo llena de mentiras y conspiraciones. Los “Protocolos” permanecen como un fenómeno global de asombrosa popularidad, especialmente en el mundo árabe.

En mi opinión, Brown no ha intentado fomentar el integrismo. Pero le ha hecho un inmenso favor a la causa conspiracionista, llevando a sus lectores por caminos de paranoia y credulidad. Para los que buscan la verdad a través de la investigación y la argumentación esto no es deprimente.

Los judíos sabemos bien que la cultura en la que vivimos ha girado hacia el entretenimiento fantástico y la desilusión a expensas de una religión que no está de moda. El éxito del libro de Brown, ahora transformado en una película, es verdaderamente una mala noticia.


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