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¿Quién es Dan Brown?




Dan Brown es el autor de varias novelas policíacas que, generalmente, tratan de la solución de una enmarañada trama de mentiras y de intriga en busca de lo que el director de cine Alfred Hitchcock calificaba de anzuelos: un objeto que se persigue a través de la trama. Graduado en 1986 en el Amherst College, Brown enseñaba inglés en la Phillips Exeter Academy (en la que es un graduado y donde su padre enseña matemáticas). Un día, al terminar de leer una novela barata, Brown dijo: «Yo podría hacer esto».

De modo que se embarcó en una carrera de escritor a tiempo completo, produciendo una serie de novelas que reciclaron su interés y sus ideas sobre códigos, claves e informaciones secretas. A pesar de que Brown no tiene formación en materia de historia, de arte, de teología, de filosofía o incluso de criptografía, pone un énfasis especial en las escrupulosas investigaciones llevadas a cabo para su trabajo, una afirmación que ha sido puesta en duda mucho antes de la aparición de El Código Da Vinci.

Por ejemplo, su novela Fortaleza Digital ha sido tratada despectivamente a causa de sus erróneas descripciones criptográficas: un curioso fallo crucial, pues el libro trata de criptografía. De un modo semejante, Brown ha recibido críticas por las afirmaciones expresadas con toda seguridad -y completamente inventadas- en Fortaleza Digital, de que, en España, «los hospitales huelen a orina», «puedes sobornar a la policía fácilmente» y que «hacer una llamada internacional depende de la suerte que tengas». De uno de sus personajes dice que «una herida en el pulmón podría ser tratada en cualquier nación avanzada médicamente, pero esto sucedía en España». En consecuencia, el alcalde de Sevilla (lugar donde la novela se desarrolla en parte) ha invitado a Brown a visitar la ciudad para que pueda saber de qué está hablando.

Como ya hemos mencionado, la tendencia de Brown a hacer afirmaciones extremadamente dudosas con enorme seguridad se manifiesta especialmente en El Código Da Vinci. En un sinfín de puntos -incluyendo arte, historia, teología y arquitectura-, Brown hace una serie de aseveraciones sumamente discutibles no solo relativas a los «orígenes fraudulentos» de la fe cristiana, sino también al arte y a la historia.



¿Por qué empieza el libro con una «exposición de los hechos»?

Porque Brown pretende que el lector crea que ha hecho los deberes. ¡El problema radica en que incluso la página de «HECHOS» está llena de errores! Ahora, consideraremos uno de esos «hechos»: sus afirmaciones sobre el Opus Dei.

Brown dice que algunos miembros del Opus Dei practican la «mortificación corporal». Nuestro guía para esta práctica a lo largo del libro es Silas, un fornido monje albino que experimenta un placer masoquista causándose heridas sangrantes. Era de esperar, por supuesto, el binomio Opus Dei = culto morboso y siniestro.

Lo que Brown no dice es que esa «mortificación corporal» no es una práctica exclusiva de los cristianos, y mucho menos de los católicos o del Opus Dei (cuyas mortificaciones son mucho más insulsas que los morbosos disparates de la imaginación de Brown). Ciertamente, la mortificación corporal no es especialmente propia de las personas piadosas: la cultura que inventó el Instituto de Belleza y el Gimnasio en su culto al cuerpo es partidaria de aceptar las molestias físicas a cambio de un bien mayor.

Todas las tradiciones religiosas contienen asimismo algún elemento para «mortificar la carne» con objeto de liberar el espíritu, y muchas de esas disciplinas han sido realmente más duras que las de la tradición católica.

Ciertamente, las prácticas ascéticas de los gnósticos -un movimiento herético que hacía hincapié en ala salvación por medio del conocimiento», y especial foco de alabanzas en El Código Da Vinci­ hacían que, en comparación, las morbosas y excesivas de Silas parezcan unas ligeras molestias. En resumen, la «mortificación corporal» es extraña solamente si piensas que también son extraños los ayunos de Jesús en el desierto y la áspera túnica de pelo de camello de Juan el Bautista. El hecho de que los cómodos occidentales como Brown piensen así es más una crítica a los cómodos occidentales que a una amplia mayoría de la raza humana que, tanto cristianos como budistas, indígenas americanos, musulmanes o seguidores de Zoroastro, tienen en común el uso de mortificaciones físicas por el bien de su alma.

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Los autores de este texto extraído del libro "El engaño Da Vinci"  editado por "Palabra" son: 

Mark Shea es el redactor jefe de Catholic Exchange (www.CatholicExchange.com) y autor de varios libros, entre ellos, Making Serse Out of Scripture: Reading the Bible as the First Christians Did (Basílica, 1999) y By What Authority? An Evangelical Discovers Catholic Tradition (Our Sunday Visitor, 1996). Vive en Seattle con su esposa y sus cuatro hijos.

Edward Sri, S.T.D., es profesor adjunto de Teología en el Benedictine College en Atchison, Kansas. Es autor de varios libros, entre ellos, The New Rosary in Scripture: Biblican Insights for Praying the 20 Mysteries (Servant, 2003). Sri es uno de los fundadores con Curtis Martin de FOCUS (Fellowship of Catholic University Students), y escribe y habla sobre la Sagrada Escritura, apologética y Fe católica. Vive en Kansas con su esposa Elizabeth y sus tres hijos.

 


 

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