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No hay cruzada en el Vaticano contra "El Código da Vinci"


 
















No hay una cruzada del Vaticano contra «El Código Da Vinci»

Aclaraciones sobre un debate organizado este miércoles por la arquidiócesis de Génova

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 16 marzo 2005 (ZENIT.org).- Periódicos y agencias de todo el mundo en estos dos últimos días han anunciado el lanzamiento por parte del Vaticano de una «cruzada» contra «El Código Da Vinci», el best-seller de Dan Brown.

En realidad, la Santa Sede no ha dado ninguna indicación ni tomado ninguna iniciativa excepcional. Simplemente la la Oficina para la Cultura y la Universidad de la arquidiócesis de Génova, cuyo arzobispo es el arzobispo Tarsicio Bertone ha organizado en la noche de este miércoles un debate sobre el libro «El Código Da Vinci… historias sin historia», al que ha invitado a participar a Massimo Introvigne, fundador y director del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones (CESNUR).

Ante el eco suscitado por esta iniciativa, el cardenal Bertone ha concedido una entrevista a «Radio Vaticano», emitida este martes, en la que constata que «no se puede ser un joven moderno sin haber leído "El Código Da Vinci"».

«Se ha convertido en un estereotipo y circula en las escuelas de tal manera, que hay quien llega a creer que debe leer el libro para entender la dinámica de la historia y todas las manipulaciones que, según el autor, la Iglesia habría realizado en el curso de su historia», afirma.

«Este es un hecho verdaderamente doloroso y terrible --confiesa--. Nos hemos dado cuenta de la difusión de este libro en las escuelas y, por lo mismo, hemos tomado medidas de reflexión y de confrontación pública también, abierta y decidida».

La tesis de fondo del libro de Brown, no son nuevas. Algunas se remontan a los Evangelios gnósticos.

Según el arzobispo de Génova, que en el pasado fue secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, uno de los errores más evidentes del libro «es la llamada ‘obliteración’ del aspecto femenino en la narración evangélica, y en la vida de la Iglesia».

«No hay nada más falso. En los Evangelios, como sabemos, tiene un lugar predominante Nuestra Señora, la figura femenina por excelencia, la Madre de Jesús», constata.

«Además, el grupo de las mujeres, en la historia del Nuevo Testamento, y por tanto en los Evangelios, tiene una visibilidad casi igual a la del grupo de los Apóstoles. Se habla incluso de la presencia de "diaconisas" en la Iglesia primitiva».

«Por tanto --afirma--, ¡no hay nada más falso que la necesidad de inventar una María Magdalena “amazona”, o algo así, en la historia de la Iglesia primitiva, como si las mujeres no estuvieran ya presentes!».

«Otro elemento, y el más mixtificado, es la negación de la muerte y Resurrección de Jesús --añade el cardenal Bertone--. Las narraciones evangélicas sobre la Pasión de Cristo son las más precisas y determinadas, con un verismo que algún periodista ha calificado de “horror fundamentalista”, en el caso del relato cinematográfico sobre "La Pasión" de Mel Gibson».

No es así, indica el purpurado, es una «descripción verista que se corresponde con los Evangelios. Por tanto, la muerte de Jesús está probada de manera incontestable, y lo mismo la Resurrección. ¡Este libro está lleno de mentiras fabricadas!».

El purpurado salesiano atribuye el éxito de ventas de Brown a una estrategia visible en particular tras el gran Jubileo del año 2000.

«La Iglesia, con nuestro Papa Juan Pablo II, ha impactado de manera excepcional a la actual humanidad, y esto ha molestado a muchos. La estrategia de distribución responde a un "marketing" absolutamente excepcional, incluso en las librerías católicas».

«Me he quejado ante las librerías católicas que, por motivos de lucro, exhiben pilas de este libro», revela.

«Y, luego, está la estrategia de la persuasión: no eres cristiano adulto si no lees este libro», añade.

El cardenal Bertone cita al sociólogo estadounidense Philip Jenkins, según el cual, éxito del libro es sólo otra prueba de que el anticatolicismo es el último prejuicio aceptable.

«Hay un gran prejuicio anticatólico --constata--. Me pregunto qué hubiera pasado si se hubiera escrito un libro así, lleno de mentiras, sobre Buda o Mahoma, o incluso, por ejemplo, si se hubiera publicado una novela que hubiera manipulado la historia del Holocausto o de la Shoá».

«No se puede hacer una novela mixtificando los datos históricos, o maldiciendo o difamando a una persona histórica que tiene su prestigio y su fama justamente en la historia de la Iglesia, en la historia de la humanidad», concluye.


 

 

 

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