Inicio


--------En

 

En el marco del Vaticano, donde ha acudido un altísimo número de peregrinos, el Papa ha celebrado la Semana Santa. Fieles de todo el mundo han podido seguir las principales ceremonias litúrgicas gracias a la TV.

 

JUEVES SANTO: MISA DEL CRISMA Y EN LA CENA DEL SEÑOR

 

El 5 de abril, Jueves Santo, el Papa presidió a las 9,30 de la mañana la Misa del Crisma en la basílica de San Pedro. Concelebraron con el Santo Padre los cardenales, obispos y sacerdotes que se encuentran en Roma. Tras la homilía tuvo lugar la renovación de las promesas sacerdotales y la bendición del óleo de los catecúmenos, de los enfermos y el santo crisma.

 

Recordando el momento de la ordenación sacerdotal, en la que el sacerdote se reviste con los ornamentos litúrgicos, el Papa afirmó que "con este gesto externo la Iglesia quiere resaltar el suceso interior y la misión que recibimos de El: revestir a Cristo; entregarse a El como El se ha entregado a nosotros. Este suceso, "revestirse de Cristo", se representa de nuevo en cada Santa Misa".

 

Benedicto XVI comentó el significado de los ornamentos litúrgicos, que "ilustran qué significa "revestirse de Cristo", hablar y actuar "in persona Christi"".

 

El amito, dijo, "se imponía antiguamente en la cabeza, como una especie de capucha, convirtiéndose en símbolo de la disciplina de los sentidos y del pensamiento, necesaria para una justa celebración de la Santa Misa".

 

"Los textos de la oración que interpretan el alba y la estola -continuó- evocan el vestido festivo que el padre regaló al hijo pródigo al regresar a casa desarrapado y sucio. Cuando nos acercamos a la liturgia para actuar en la persona de Cristo nos damos cuenta de qué lejos estamos de El; cuánta suciedad existe en nuestra vida. Sólo Dios puede darnos el vestido de fiesta, hacernos dignos de presidir en su mesa, estar a su servicio".

 

El Santo Padre señaló que al revestirse con el alba, "tenemos que acordarnos de que El ha sufrido también por mí. Y sólo porque su amor es más grande que todos mis pecados, puedo representarle y ser testigo de su luz. (...) Pidamos al Señor que aleje toda hostilidad de nuestro corazón, que nos quite todo sentido de autosuficiencia y que nos revista realmente con el vestido del amor, para que seamos personas de la luz y no pertenecientes a las tinieblas".

 

Refiriéndose a la casulla, el Papa recordó que representa "el yugo del Señor, que como sacerdotes se nos ha impuesto. (...) Llevar el yugo del Señor significa sobre todo aprender de El. Estar siempre dispuestos a ir a su escuela. Tenemos que aprender la mansedumbre y la humildad, la humildad de Dios que se muestra en su ser hombre".

 

 

 

San Juan de Letrán. Misa de la Cena del Señor.

 

A las 17,30 de la tarde, Benedicto XVI presidió en la basílica de San Juan de Letrán la concelebración de la Misa en la Cena del Señor. Imitando el gesto del Señor con los Apóstoles, el Papa lavó los pies a doce hombres, de diversas asociaciones de laicos de la diócesis de Roma. Durante la presentación de los dones, se entregó al Santo Padre una ofrenda para sostener el dispensario médico de Baidoa (Somalia).

 

En la homilía, el Papa explicó que "existe una aparente contradicción" entre el Evangelio de Juan y lo que comunican Mateo, Marcos y Lucas acerca de la fecha exacta de la Ultima Cena. "Según San Juan, Jesús murió en la cruz precisamente en el momento en el que, en el templo, se inmolaban los corderos de Pascua. (...) Esto significa que murió en la vigilia de Pascua y que, por tanto, no pudo celebrar personalmente la cena pascual. Según los tres evangelistas sinópticos, por el contrario, la Última Cena de Jesús fue una cena pascual, en cuya forma tradicional introdujo la novedad del don de su Cuerpo y de su Sangre. Esta contradicción hasta hace unos años parecía imposible de resolver".

 

"El descubrimiento de los escritos de Qumran nos ha llevado a una posible solución convincente que, si bien todavía no es aceptada por todos, tiene un elevado nivel de probabilidad. Ahora podemos decir que lo que Juan refirió es históricamente preciso.

 

Jesús realmente derramó su sangre en la vigilia de la Pascua en la hora de la inmolación de los corderos. Sin embargo, celebró la Pascua con sus discípulos probablemente según el calendario de Qumran, es decir, al menos un día antes -la celebró sin cordero. (...) No sin cordero: en lugar del cordero se entregó a sí mismo, su cuerpo y su sangre. (...) Ofreció él mismo su vida. Sólo de este modo la antigua Pascua alcanzaba su verdadero sentido".

 

  "De este modo, en el centro de la nueva Pascua de Jesús se encontraba la Cruz. De ella procedía el nuevo don traído por Él. Y de este modo permanece siempre en la sagrada Eucaristía, en la que podemos celebrar la nueva Pascua con los apóstoles a través de los tiempos".

 

El Papa concluyó pidiendo al Señor "que nos ayude a comprender cada vez con mayor profundidad este misterio maravilloso y a amarlo cada vez más" y que "nos atraiga con la sagrada comunión cada vez más hacia sí mismo, que nos ayude a no retener nuestra vida para nosotros mismos, sino a entregarla a Él y de este modo a actuar junto a Él para que los hombres encuentren la vida, la auténtica vida que sólo puede venir de quien es Él mismo el Camino, la Verdad y la Vida".

VIERNES SANTO: PASION DEL SEÑOR Y VIA CRUCIS EN EL COLISEO

 

A las 17,00 de la tarde del Viernes Santo el Papa presidió en la basílica vaticana la celebración de la Pasión del Señor. Como de costumbre, tras la lectura de la Pasión según San Juan, el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., predicador de la Casa Pontificia, pronunció la homilía. A continuación, tuvo lugar la oración universal, la adoración de la Santa Cruz y la Sagrada Comunión.

 

A las 21,15, el Santo Padre se desplazó al Coliseo para presidir el Vía Crucis. Los textos de las meditaciones fueron compuestos por monseñor Gianfranco Ravasi, prefecto de la Biblioteca-Pinacoteca Ambrosiana de Milán (Italia).

 

Benedicto XVI llevó la cruz en la primera y en la última estaciones. En el resto, la llevaron el cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, una familia de esa ciudad, cuatro mujeres jóvenes de la República Democrática del Congo, Corea, China y  Angola, un joven de Chile y dos frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa.

 

Al terminar la ceremonia, el Santo Padre improvisó las siguientes palabras. "Siguiendo a Jesús en el camino de su pasión, vemos no sólo la pasión de Jesús, sino que también vemos a todos los que sufren en el mundo. Y esta es la profunda intención de la oración del Vía Crucis: abrir nuestros corazones y ayudarnos a ver con el corazón".

 

  "Los Padres de la Iglesia consideraron como el pecado más grande del mundo pagano las insensibilidad, la dureza de corazón, y les gustaba la profecía del profeta Ezequiel: "quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne". Convertirse a Cristo, hacerse cristiano, quería decir recibir un corazón de carne, un corazón sensible a la pasión y al sufrimiento de los demás".

 

  "Nuestro Dios no es un Dios lejano, intocable en su beatitud. Nuestro Dios tiene un corazón, es más, tiene un corazón de carne. Se hizo carne precisamente para poder sufrir con nosotros y estar con nosotros en nuestros sufrimientos. Se hizo hombre para darnos un corazón de carne y despertar en nosotros el amor por los que sufren, por los necesitados".

  "Pidamos en estos momentos al Señor -terminó- por todos los que sufren en el mundo, para que nos dé realmente un corazón de carne y nos haga mensajeros de su amor no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida. Amén"

 

SABADO SANTO: CON LA  RESURRECCION AMOR VENCE  MUERTE

 

-A las 22, 00 el Papa del Sábado Santo el Papa presidió en la basílica de San Pedro la solemne Vigilia de la Noche Santa de Pascua, durante la cual administró la confirmación a seis catecúmenos y el bautismo a dos niños.

La Vigilia comenzó en el atrio de la basílica con la bendición del fuego nuevo y se encendió el cirio pascual. Tras la procesión hacia el altar y el canto del Exultet, se procedió a la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Bautismal y la Liturgia Eucarística concelebrada con los cardenales.

 

En la homilía, el Santo Padre recordó las palabras "He resucitado y siempre estoy contigo; tú has puesto sobre mí tu mano",  que abren la liturgia del día de Pascua y que se consideran "las primeras palabras del Hijo dirigidas al Padre después de su resurrección, después de volver de la noche de la muerte al mundo de los vivientes".

  En el salmo 138, donde se encuentra esa frase, el suplicante, explicó el Papa "imagina un viaje a través del universo" mientras  "en el día de Pascua la Iglesia nos anuncia: Jesucristo ha realizado por nosotros este viaje a través del universo" . Asimismo "las palabras del Resucitado al Padre se han convertido también en las palabras que el Señor (...) dice a cada uno de nosotros. Mi mano te sostiene(...) Donde nadie ya no puede acompañarte y donde tú no puedes llevar nada, allí te espero yo y para ti transformo las tinieblas en luz".

 Son palabras, dijo el pontífice,  que explican también lo que sucede en el   Bautismo que "es más que un baño o una purificación o  la entrada en una comunidad. Es un nuevo nacimiento. Un nuevo inicio de la vida. (...) En el Bautismo nos entregamos a Cristo (...) . Pero precisamente por esto ya no estamos solos ni siquiera en la muerte, sino que estamos con Aquél que vive siempre".

A continuación el Papa habló del término "Descendió a los infiernos", que forma parte del Credo  y de las imágenes que ilustran esa bajada de Cristo a las puertas de la muerte  para abrirlas. Son puertas  cerradas porque "nadie puede volver atrás desde allí (...) No hay una llave para estas puertas de hierro",  excepto la de Cristo porque "su Cruz abre (...) las puertas irrevocables. El amor de Cristo que, siendo Dios, se ha hecho hombre para poder morir (...)es más fuerte que la muerte".

Pero -se preguntó el Papa- si "el alma del hombre, es de por sí inmortal desde la creación, ¿qué novedad ha traído Cristo?" y explicó que  aunque "el alma es inmortal, porque el hombre está de modo singular en la memoria y en el amor de Dios, incluso después de su caída (...)su fuerza no basta para elevarse hacia Dios (...)Y sin embargo, nada puede satisfacer eternamente al hombre si no el estar con Dios(...).

 

Sólo Cristo resucitado puede llevarnos hacia arriba, hasta la unión con Dios, hasta donde no pueden llegar nuestras fuerzas (...)Nosotros vivimos agarrados a su Cuerpo, y en comunión con su Cuerpo llegamos hasta el corazón de Dios. Y sólo así se vence la muerte, somos liberados y nuestra vida es esperanza".

 

 

"Éste es el júbilo de la Vigilia Pascual  -exclamó el Santo Padre- nosotros somos liberados. Por medio de la resurrección de Jesús el amor se ha revelado más fuerte que la muerte, más fuerte que el mal. El amor lo ha hecho descender y, al mismo tiempo, es la fuerza con la que Él asciende. La fuerza por medio de la cual nos lleva consigo(...) Pidamos, pues, en esta noche: Señor, demuestra también hoy que el amor es más fuerte que el odio. Que es más fuerte que la muerte. Baja también en las noches y a los infiernos de nuestro tiempo moderno y toma de la mano a los que esperan. ¡Llévalos a la luz!"

 

PASCUA: DIOS QUE CARGA CON NUESTRAS HERIDAS ES DIGNO DE FE

 

A las 10,30 del 8 de abril Benedicto XVI  celebró la Misa del Domingo de Resurrección del Señor en la Plaza de San Pedro. La plaza estaba decorada con plantas y flores procedentes de Holanda. A mediodía, el Papa se asomó al balcón central de la Basílica, para pronunciar ante miles de fieles de todo el mundo el Mensaje de Pascua, saludar en diversos idiomas e impartir la bendición "Urbi et Orbi".

 

El Santo Padre habló de los sentimientos de las mujeres que en la mañana de Resurrección encontraron el sepulcro de Cristo vacío y abierto, "sentimientos de tristeza y desaliento por la muerte de su Señor, sentimientos de incredulidad y estupor ante un hecho demasiado sorprendente para ser verdadero" y de la "dura prueba que "el escándalo de la Cruz" había supuesto para la fe de los  apóstoles, hasta que "el Resucitado se hizo presente ante su sed incrédula de certezas" y les dijo  "Paz a vosotros".

 "Ante aquellas palabras -prosiguió Benedicto XVI- se reavivó la fe casi apagada en sus ánimos" y se lo contaron a Tomás "ausente en aquel primer encuentro extraordinario" que "sin embargo, permaneció dudoso y perplejo" hasta que ocho días después Jesús volvió al Cenáculo por segunda vez y Tomás, después de meter su mano en el costado de Cristo respondió con  "una conmovedora profesión de fe: "¡Señor mío y Dios mío!" .


  "¡Señor mío y Dios mío!" -repitió el Papa- Como felicitación pascual, este año, he elegido justamente sus palabras, porque la humanidad actual espera de los cristianos un testimonio renovado de la resurrección de Cristo; necesita encontrarlo y poder conocerlo (...) Si en este Apóstol podemos encontrar las dudas y las incertidumbres de muchos cristianos de hoy, los miedos y las desilusiones de innumerables contemporáneos nuestros, con él podemos redescubrir también con renovada convicción la fe en Cristo muerto y resucitado por nosotros".


   "Cada uno de nosotros puede ser tentado por la incredulidad de Tomás. El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando afectan a los inocentes - por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del terrorismo, de las enfermedades y del hambre-, ¿no someten quizás nuestra fe a dura prueba?

 

No obstante, justo en estos casos, la incredulidad de Tomás nos resulta paradójicamente útil y preciosa, porque nos ayuda a purificar toda concepción falsa de Dios y nos lleva a descubrir su rostro auténtico: el rostro de un Dios que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad herida. Tomás ha recibido del Señor y, a su vez, ha transmitido a la Iglesia el don de una fe probada por la pasión y muerte de Jesús, y confirmada por el encuentro con Él resucitado. Una fe que estaba casi muerta y ha renacido gracias al contacto con las llagas de Cristo, con las heridas que el Resucitado no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue indicándonos en las penas y los sufrimientos de cada ser humano".



  "Sólo un Dios que nos ama hasta cargar con nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el dolor inocente, es digno de fe. (...) ¡Cuántas heridas, cuánto dolor en el mundo! No faltan calamidades naturales y tragedias humanas que provocan innumerables víctimas e ingentes daños materiales" como las ocurridas "en Madagascar, en las Islas Salomón, en América latina y en otras Regiones del mundo".

 

  "Pienso en el flagelo del hambre, en las enfermedades incurables, en el terrorismo y en los secuestros de personas, en los mil rostros de la violencia - a veces justificada en nombre de la religión -, en el desprecio de la vida y en la violación de los derechos humanos, en la explotación de la persona" dijo el Santo Padre.

 

Hablando de África, el Papa subrayó que  "en el Darfur y en los Países cercanos se da una situación humanitaria catastrófica y por desgracia infravalorada; en Kinshasa, en la República Democrática del Congo, los choques y los saqueos de las pasadas semanas hacen temer por el futuro del proceso democrático congoleño y por la reconstrucción del País; en Somalia la reanudación de los combates aleja la perspectiva de la paz y agrava la crisis regional, especialmente por lo que concierne a los desplazamientos de la población y al tráfico de armas; una grave crisis atenaza Zimbabwe, para la cual los Obispos del País, en un reciente documento, han indicado como única vía de superación la oración y el compromiso compartido por el bien común.

  "Necesitan reconciliación y paz: la población de Timor Este, que se prepara a vivir importantes convocatorias electorales; Sri Lanka, donde sólo una solución negociada pondrá punto final al drama del conflicto que lo ensangrienta; Afganistán, marcado por una creciente inquietud e inestabilidad".

 

  "En Medio Oriente - junto con señales de esperanza en el diálogo entre Israel y la Autoridad palestina -, observó el Santo Padre-  por desgracia nada positivo viene de Irak, ensangrentado por continuas matanzas, mientras huyen las poblaciones civiles; en el Líbano el estancamiento de las instituciones políticas pone en peligro el papel que el País está llamado a desempeñar en el área de Medio Oriente e hipoteca gravemente su futuro.

 

No puedo olvidar, por fin, las dificultades que las comunidades cristianas afrontan cotidianamente y el éxodo de los cristianos de aquella Tierra bendita que es la cuna de nuestra fe. A aquellas poblaciones renuevo con afecto mi cercanía espiritual".


  "A través de las llagas de Cristo resucitado podemos ver con ojos de esperanza estos males que afligen a la humanidad -concluyó el Papa-  En efecto, resucitando, el Señor no ha quitado el sufrimiento y el mal del mundo, pero los ha vencido en la raíz con la superabundancia de su gracia. A la prepotencia del Mal ha opuesto la omnipotencia de su Amor. Como vía para la paz y la alegría nos ha dejado el Amor que no teme a la Muerte"

 

REGINA COELI: MENSAJEROS  ESPERANZA EN CRISTO RESUCITADO

 

A las 12,00 del 9 de abril, Lunes de Pascua, el Santo Padre se asomó al balcón del patio del palacio apostólico de Castel Gandolfo, para rezar el Regina Coeli con los peregrinos allí reunidos y, a través de la conexión directa, con los fieles que llenaban la Plaza de San Pedro.

 

 Antes de la oración mariana, el Papa habló de "la alegría indecible" de María Magdalena y las mujeres a quienes se apareció Jesús en la mañana de su resurrección y de cómo "llenas de entusiasmo corrieron a comunicarlo a los discípulos".

 

 "También a nosotros, hoy, como a aquellas mujeres que permanecieron junto a Jesús durante la Pasión -dijo Benedicto XVI- el Resucitado nos repite que no tengamos miedo de hacernos mensajeros del anuncio de su resurrección. Nada tiene que temer quien encuentra a Jesús y a El se confía dócilmente. Este es el mensaje que los cristianos están llamados a difundir hasta los extremos confines del mundo. La fe cristiana no nace de la adhesión a una doctrina, sino del encuentro con una Persona, con Cristo muerto y resucitado".

 

"En nuestra existencia diaria (...) son muchas las ocasiones para comunicar a los demás nuestra fe de forma sencilla y convencida. Y es muy urgente que los hombres y mujeres de nuestra época conozcan y encuentren a Jesús y también gracias a nuestro ejemplo, se dejen conquistar por El."

 

  El Papa concluyó pidiendo a la Virgen María que mantuviese "viva en cada uno de nosotros la fe en la resurrección y nos haga mensajeros de la esperanza y el amor de Cristo resucitado".