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Los últimos días de Óscar Romero



Juan Pablo II, rezando ante
la tumba del Arzobispo Romero


El Siervo de Dios Oscar Romero

Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, en el Salvador, el 15 de agosto de 1917 y fue el cuarto Arzobispo de este país centroamericano. Se ordenó sacerdote el 4 de abril de 1942, a los 25 años. Fue párroco de Catedral de Nuestra Señora de La Paz en san Miguel y secretario del Obispo diocesano, monseñor Miguel Ángel Machado.

El 21 de abril de 1970, Pablo VI lo designó Obispo Auxiliar de San Salvador. En 1974 fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María. A los dos años fue nombrado Arzobispo de San Salvador, como sucesor de Monseñor Luis Chávez por Pablo VI.

Su figura es conocida mundialmente ya que como arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia de su país.

Un día antes de su muerte

Un día antes de su muerte hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño:

 

"yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos.

Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado.

La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre.

En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión."

Oscar Romero

 

El día de su muerte

Fernando Sáenz Lacalle, actual obispo de El Salvador le acompañó durante las últimas horas de su vida. Romero asistió el día de su muerte a una convivencia de sacerdotes organizada por la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, Opus Dei, institución de la Iglesia por la que tenía gran aprecio.

"El día 24 de marzo de 1980 -recordaba Mons. Sáenz- tuvimos una de esas convivencias. Al principio habíamos previsto otra fecha, pero Mons. Romero me pidió que la cambiáramos porque no le venía bien y tenía mucho interés en asistir a aquel encuentro. Cambiamos de fecha y la fijamos para el día 24.

Hacía las 10.30 de la mañana aquel día fui a recogerle a las oficinas del Arzobispado, que estaban situadas entonces en la actual sede del Seminario Menor. Le saludé y me dijo que acababa de recibir un documento sobre la formación de los seminaristas en el llamado Curso Propedeútico. Deseaba que aprovecháramos aquel encuentro sacerdotal para estudiar y comentar el documento.

Fuimos en carro hasta la playa de San Diego, donde nos habían prestado una casa para la convivencia. Sin embargo, a pesar de las previsiones que se habían hecho, hubo una confusión, y cuando llegamos la casa estaba cerrada. Decidimos sentarnos sobre la hierba del pequeño jardín y comentamos aquel documento a la sombra de unas palmeras. A continuación extendimos un mantel sobre el suelo y disfrutamos de una agradable comida y de un rato de sobremesa. Al poco llegó el guardián de la casa, que se excusó por lo sucedido y nos trajo unas sillas.

Durante aquella tertulia hablamos de cuestiones muy diversas. Entonces era frecuente que las guerrillas urbanas ocuparan los templos, y Mons. Romero nos dijo que estaba preocupado por la custodia de los vasos sagrados y los ornamentos litúrgicos de la catedral, que eran antiguos y de gran valor histórico, Le sugirió a un sacerdote que los custodiara en un lugar seguro mientras durara la situación de desorden.

Y seguimos conversando sobre asuntos variados. Recuerdo que le propuso al párroco de San José de Guayabal que cultivara maíz y frijoles en el entorno de su parroquia, para que pudiera servir de aprovisionamiento al seminario. Luego hablamos del Padre Pro, de los cristeros mexicanos, etc.

A las tres nos sugirió que acabáramos la reunión, porque debía regresar a la ciudad, donde tenía un compromiso. Y hacia las tres y media lo dejé en el Hospital de la Divina Providencia".

Tres horas más tarde, a las seis y cuarto, mientras celebraba la Santa Misa, Romero era asesinado. Le habían disparado desde el exterior del templo.

Miles de personas velaron su cadáver en la Basílica del Sagrado Corazón y unas cincuenta mil acudieron a su funeral en la catedral.

Mientras se celebraba, estalló una bomba en los alrededores, entre tiroteos y ráfagas de ametralladora, a causa de la cual murieron 27 personas y más de doscientas resultaron heridas.

A partir de entonces, su figura sería cada vez más conocida en todo el mundo. En 1994, su sucesor Arturo Rivera Damas abrió su Causa de Canonización, que se encuentra abierta.

 

 

José Miguel Cejas


 

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