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Entrevista a Mons. Agustín García Gasco, Arzobispo de Valencia

en Alfa y Omega, 6.VII.2006


 

Benedicto XVI visita España por primera vez desde su elección. ¿Qué significa para los católicos españoles esta visita, con un motivo tan especial como un Encuentro Mundial de las Familias?

Un motivo de alegría, de confianza y también de esperanza. Supone un motivo de alegría, pues se trata de la visita del sucesor de Pedro a nuestra patria. Es también, sin duda, un signo de confianza recíproca del Santo Padre hacia los católicos españoles, que acogeremos a todos los peregrinos del mundo y a él mismo en una gran fiesta espiritual por la familia. Y, al tiempo, es un motivo de esperanza, pues las palabras profundas y verdaderas de Benedicto XVI nos ayudarán a darnos cuenta de lo efímeras que pueden resultar las modas de los tiempos y las políticas y acciones antifamiliares que pretenden presentarse como la superación de la familia.


Estoy convencido, y me atrevo a asegurar, que los mensajes del Papa calarán hondo en muchos corazones tibios y confirmarán en la fe a millones de españoles.

 

¿Cómo valora la colaboración de los valencianos, católicos o no, en la preparación de este V Encuentro Mundial de las Familias? ¿Y la colaboración de las distintas fuerzas políticas, las Administraciones, las diferentes instituciones?

La colaboración de la gran mayoría de los valencianos ha sido y es de entusiasmo, como se comprueba en la gran cantidad de voluntarios de todas las edades que están prestando su tiempo, casas, furgonetas, etc. Hay miles de anécdotas grandes y pequeñas que muestran esa colaboración de los cristianos, y también de la sociedad civil.


Desde el gremio de panaderos, hasta personal que trabaja en consulados, empresarios del mueble, agentes de cambio y bolsa jubilados, tres mil amas de casa de la asociación Tyrius, que se congregaron, en junio, en la catedral sufragando viajes a peregrinos del tercer mundo… Son miles los valencianos que están participando, desde hace meses, en la preparación del EMF.

Respecto a las fuerzas políticas, desde un primer momento me puse en contacto con el Presidente de la Generalitat valenciana, la Alcaldesa de Valencia y el Presidente de la Diputación de Valencia, que se sumaron desde una sana colaboración a preparar la visita.

Como fruto de esa colaboración, se constituyó la Fundación del V EMF, que ha sido un instrumento óptimo para la colaboración. Para los cristianos, la visita del Papa tiene un contenido claramente espiritual, pero las Administraciones valencianas han sido conscientes de que la familia es un bien común, y saben que hay cientos de instituciones católicas, como la Casa Cuna Santa Isabel, Cáritas, la Fundación Familia, de Valencia, el Instituto Juan Pablo II..., que realizan una impresionante labor de mediación y ayuda económica para todo aquel que lo necesite, sea del credo que sea.

Por otra parte, la visita del Papa a Valencia conlleva también unas lógicas consecuencias de promoción de nuestra Comunidad Autónoma que no pueden ser obviadas. El Papa viene en una visita pastoral que será seguida desde todas las partes del mundo. Nada de malo tiene, sino todo lo contrario, que la ciudad y la tierra que acoge con gusto a centenares de miles de peregrinos sea conocida y reconocida en todo el mundo por esa generosidad. En dicho sentido, la visita del Papa va a tener unas consecuencias beneficiosas muy importantes, al convertir a Valencia en la capital mundial de la Familia.

 

Normalmente en el transcurso de un gran encuentro con el Papa, o después del mismo, surgen distintas iniciativas, asociaciones, movimientos… ¿Qué frutos espera usted de esta próxima Jornada de la familia?

 

 

Espero que la familia sea tratada en serio en España. Es un grave déficit el que existe en la conciencia de la importancia de la familia.

Espero que cada familia se dé cuenta de lo importante que resulta para la sociedad, y del menosprecio y maltrato que recibe en demasiadas ocasiones.


Hoy, en nuestro país, muchas mujeres trabajadoras son despedidas si se quedan embarazadas.

Es un secreto a voces, que nadie denuncia, el hecho de que muchas mujeres se sienten obligadas a retrasar durante años el nacimiento de sus hijos, o que el tener varios hijos o familia numerosa supone un menosprecio de algunos sectores sociales.



Desde un punto de vista social, la familia debe de salir fortalecida. Las familias pueden exigir un trato digno. Son los hijos de las familias que, por la ley de la naturaleza, pueden engendrar y transmitir la vida quienes con su trabajo pagarán las pensiones de todos. La familia auténtica, que es en realidad la única, resulta la única para que la sociedad funcione.

Desde un punto de vista espiritual, que es el que más me concierne como pastor, la transmisión de la fe en el seno de la familia puede llegar a adquirir un carácter recristianizador de este mundo secularizado. Son centenares de experiencias, que estamos viendo, las que nos demuestran los profundos cambios en la transmisión de la fe en la familia.

Hay muchos niños que evangelizan a sus propios padres pidiéndoles tomar la comunión, o que les lleven a las catequesis. Las personas mayores están evangelizando a sus nietos, y hay muchos hijos que transmiten a sus hermanos la grandeza de la fidelidad en el matrimonio y en el respeto.

Vivir la fe en soledad es casi imposible. Hoy más que nunca, la familia y desde la familia puede ser un núcleo resistente y expansivo de la fe. Si me permite un ejemplo, se dice que la empresa familiar es la que mejor sobrevive a las peores crisis económicas; pues estoy convencido de que la familia que vive la fe con sinceridad es capaz de resistir las peores crisis de la sociedad.

 

Ha mencionado en alguna ocasión los malos tratos infringidos a la familia por parte de los legisladores… ¿Cómo valora la situación de la familia en España, y especialmente en su diócesis?

La situación de la familia en toda España resulta bastante homogénea, pues los malos tratos los produce especialmente la legislación estatal, que además es la principal responsable en materia fiscal. En nuestra diócesis, al igual que en muchas otras, estamos trabajando en fomentar una cultura de la familia. Así han surgido y se han potenciado instituciones como la Fundación Familia, en la que expertos de la psicología, Medicina, juristas, etc. atienden gratuitamente a familias con problemas económicos.

Desde el Instituto Pontificio Juan Pablo II, de Valencia, para los estudios del Matrimonio y la Familia, junto con la Universidad Católica de Valencia, hay una labor continua de formadores, de especialistas y mediadores familiares, para que el divorcio y la separación no se presenten como la única alternativa ante las crisis matrimoniales. Además de hablar, son muchas las acciones serias que los católicos podemos desarrollar en beneficio de la familia.

 

¿Qué tiene de especial la diócesis de Valencia, tan fructífera, con tanto movimiento y de la que han salido tantas vocaciones?

El Espíritu Santo sopla cuando quiere y como quiere. En muchas ocasiones sólo requiere personas que estén dispuestas a escucharle y a ponerse en acción. Las parábolas de los talentos, o de las diez vírgenes, o de la higuera, nos muestran que el cristiano está para multiplicar los dones, para vivir despierto y para dar frutos.


Cuando la raíz es profunda, las ramas crecen. Todos los hombres de Iglesia, y especialmente los sacerdotes, hemos de intentar ser fermento. Confiar en los seglares preparados, darles responsabilidades en la Iglesia propias de su condición es una cuestión que todo sacerdote sabe que permite multiplicar las obras de la Iglesia.

 

Los movimientos y colectivos de gays y lesbianas suelen manifestarse de una manera u otra ante grandes encuentros de católicos, y especialmente si el Papa está presente. Pero ¿qué piensa de que, en esta ocasión, el Estado subvencione un congreso de homosexuales que se celebra en Valencia paralelamente al Encuentro Mundial de las Familias?

En primer lugar, permítame diferenciar entre las personas que sienten inclinaciones por las personas de su mismo sexo y que son merecedoras de todo el respeto, según nos enseña el Catecismo de la Iglesia católica, de aquellos grupos radicales minoritarios de activismo homosexual, vinculados a determinadas corrientes políticas, que pretenden crear un falso enfrentamiento entre todo homosexual y la Iglesia.


No podemos caer en esta trampa. Las personas con inclinaciones homosexuales tienen derecho a escuchar el mensaje de salvación de Cristo resucitado y las personas de la Iglesia debemos proclamar con fidelidad el mensaje de salvación de la Iglesia, en toda su integridad, desde las cuestiones de moral sexual, hasta la misericordia divina que todo lo puede.

Respecto a las subvenciones a las que alude, desde el Encuentro Mundial de las Familias se ha manifestado la sorpresa y estupor antes estas noticias aparecidas y confirmadas por la prensa, por la coincidencia en el tiempo y en el espacio. Los entendidos en medios de comunicación afirman que es una técnica perfectamente planificada de estos grupos minoritarios ante los grandes eventos.

 

En este ambiente de búsqueda de autonomías y autodeterminaciones…, ¿cómo valora usted la unidad de España?

La Constitución española de 1978, con sus claroscuros, ha sido un marco útil para el progreso general de toda la nación. Ser cristiano es ser solidario por naturaleza. Como cristiano, siento un rechazo hacia aquellos nacionalismos que fomentan la insolidaridad y la discriminación. La familia es también una realidad natural anterior a la nación. Todos los nacionalismos no son iguales, pero los radicales y excluyentes son insolidarios y tratarán también de manipular a las familias, sobre todo a través de la educación de los hijos.

Los Estados, las naciones pueden articularse de muchas formas distintas. Lo que cualquier cristiano tiene claro es que la justicia y la paz son las dos caras de la misma moneda. Nunca habrá una paz estable si no se alza sobre la justicia. Y para que haya justicia, hay que escuchar a las víctimas.


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