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Juan Manuel de Prada en ABC, lunes 18 de septiembre de 2006

Selección de párrafos sobre el discurso del Papa en Ratisbona


“Acabo de ver en directo hablar a Benedicto XVI desde el balcón de su residencia en Castelgandolfo, mientras un fuerte chaparrón caía sobre quienes estaban escuchándole en el patio. Leo un minuto después en Corriere: «Rammaricato, testo citato non è il mio pensiero» Il Pontefice». Leo también los titulares en Repubblica: "Papa molto rammaricato. Il mio era invito al dialogo"

No hace falta seguir hablando de quien quizá no ha dormido esta noche (es más que probable que la haya pasado rezando) y dice humildemente, dando la cara ante todo el mundo, que está "rammaricato": afligido, apesadumbrado, dolido, apenado, etc. por haber sido malentendido en sus palabras. Y sin hacer gala ni ostentación en su mismo sentirse "rammaricato", que ni de broma se traduce por "pedir perdón". Otra cosa será, quizá, lo que digan algunos periódicos en diversas lenguas. El Papa tolerará (con tal de apaciguar esa peculiar sinrazón) menciones de "petición de perdón", que no faltarán, por parte de ilustres diarios, empeñados en "tener razón".

Es muy de admirar y agradecer que Benedicto XVI diga esto en primera persona, en la primera ocasión, y lo diga tras haberse fiado de la capacidad racional de quienes ahora vemos que realmente no merecían esa confianza. Todo un gesto de humildad intelectual y magnanimidad personal, muchísimo antes que un despiste académico o vaticano.

Desde luego, hay muchos intelectuales, académicos, periodistas o políticos, que ya habían reaccionado ayer poniendo de manifiesto que eran dignos de esa confianza. También aparecen ahora a la luz del día quienes no la merecen, a la vista de los escándalos farisaicos montados entre quienes se manifiestan así como fundamentalistas musulmanes o cínicos fundamentalistas occidentales.

 

Y el caso es que la verdadera crítica del Papa es para Occidente, donde ha habido un silencio clamoroso, con singulares excepciones en Alemania e Italia. Quizá haya molestado que la palabra sustantiva más mencionada (46 veces) haya sido "razón", dado que el objetivo de la lección académica estaba en la fe que con ella armoniza.

Hay mediocres que saben que lo que atribuyen al Papa no es lo que él piensa. Saben que lo que el Papa reclama es no dejar el Logos, la trascendencia divina al margen de la razón raciocinante humana. Saben que pedir que se "excuse" es un abuso y una cobardía. Entre otras cosas, porque ellos mismos no suelen excusarse por decir hoy lo opuesto de lo que ayer decían con gran aplomo (cosas de la reducción de cualquier cosa a la oportunidad política). Saben que no tienen ni una centésima parte de la magnanimidad, no ya de la altura intelectual y moral, de quien ellos se sienten en el deber de "condenar".

Saben que han montado este escándalo a golpe de trompetas y de consignas, cuando -por ejemplo- aún no había versión árabe del discurso de Ratisbona como para llamar la atención de tantos grupos políticos, organizaciones religiosas, medios periodísticos o propagandísticos. Saben que un escándalo del tipo "Caricaturas de Mahoma III" ya tiene su propia dinámica organizada, al margen de lo que haya sido dicho o dejado de decir. Saben que han puesto en marcha un mecanismo irracional con el que no cabe dialogar. Y lo malo es que quienes han montado este montaje, son gentes que han podido escuchar y leer sus palabras. Y han podido hacerlo con detenimiento.

[...] ¿De qué trataba el discurso del Papa? ¿No queda una sola mente inquisitiva, mínimamente curiosa, capaz de leerlo con atención, sustrayéndose a las pildoritas desenfocadas que nos ofrecen los noticiarios televisivos, como el pienso que se ofrece al ganado?

Benedicto XVI habló [en Ratisbona] de la necesidad de interrogarse sobre Dios por medio de la razón. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios; no actuar según la razón equivale a negar la naturaleza de Dios. «Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios», leemos en el prólogo del Evangelio de San Juan. «Logos», que es la palabra originaria que San Juan utiliza para designar el Verbo, significa a la vez «palabra» y «razón».

En esa frase vertiginosa se logra el encuentro pleno entre la fe cristiana y el pensamiento griego: Dios, el Señor del tiempo, no actúa arbitrariamente, sino que todas sus acciones están regidas por la razón creadora; y sólo el hombre que piensa y actúa de forma razonable puede llegar a conocerlo en plenitud.[...]

Parece natural que un discurso tan perspicaz y dilucidador de la naturaleza de la verdadera fe haya enardecido a quienes entienden la religión como una vindicación de la barbarie y a Dios como una fuerza irracional, arbitraria, que se regodea en la crueldad e impulsa a los seres humanos a matar en su nombre.

Más escandalosa que el furor de los energúmenos que afilan el hacha para descargarla sobre nuestra testuz resulta la cobardía moral, la tibieza, la claudicación de esa patulea de gobernantes que se han abstenido de salir en defensa del vapuleado Papa, que es tanto como abstenerse de salir en defensa del mejor legado occidental, ése que se funda sobre la razón constructora.

¿A alguien le queda todavía alguna duda de que semejante patulea no tardará, genuflexa y temblorosa, en entregar tal legado en bandeja de plata, para que lo pisotee la codicia destructora de los bárbaros?”

 


 

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