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 Juan José García Noblejas. Sobre el Discurso del Papa en Ratisbona


 

Por eso se descalifican a sí mismos quienes, como por ejemplo los editorialistas del New York Times, hablan de las palabras del Papa con gran infortunio (por decir algo suave), y luego, siguiendo con el mismo tono (más cercano a la "gravitas" condescendiente del borracho que a otra cosa) se siente en la obligación de rectificar una minucia, a propósito de la ya famosa frase del tal Paleólogo: deberían haber dicho "... to spread by the sword the faith he preached.”, y lo que dijeron fue: “to spread the sword by the faith he preached.”

Eso sí que es toda una señora rectificación, pardiez! Ya pueden dormir tranquilos los periodistas y lectores del New York Times, al menos un par de meses. Hemos rectificado! (Y lo incluyen como titular en negritas).

Quizá por esto, no está descaminado decir que es más razonable y ajustado a la realidad lo que dijo The Guardian acerca de Pope Benedict's long mission to confront radical Islam. Los tiempos cambian y cambian las personas. Ahora, dice John Hooper, el asunto clave ya no es lo que en lenguaje vaticano se llamaba "diálogo" (actitud unilateral de), sino que lo que está en juego es la "reciprocidad" (¿qué pueden hacer los cristianos en países musulmanes?).

 

Algunos ecos fidedignos en la prensa italiana

En la prensa italiana hay de todo, como en cualquier lugar. Pero -también- hay gentes que dicen cosas dignas de destacar. Por ejemplo, en Il Foglio, Vittorio Emanuele Parsi, destaca que el razonamiento de Benedicto XVI no es geopolítico, sino que "es un discurso muy profundo sobre la relación entre fe y razón. Un discurso que señala con fuerza la diversidad entre el cristianismo y el islam, así como la que hay entre cristianismo y un cierto tipo de Occidente".

La "clase" que Benedicto XVI ha dado en su antigua Universidad de Ratisbona, dice el Prof. Lenoci, tiene mucho que ver con poner las cosas en su sitio, frente a una reducción sólo "sentimental" [Dios es amor] tanto como a una reducción sólo "metafísica" [un Dios tran trascendente que se convierte en arbitrario], de las que nace una visión débil de la fe, porque en el fondo es irracional. Por eso responde que el Logos, la racionalidad del pensamiento griego es un elemento que el cristianismo asume como algo intrínseco.

El Prof. Luciano Eusebi, miembro del comité nacional italiano de bioética, ve la importancia de la afirmación de que Dios no es extraño al hombre. Porque eso implica que la razón científica no excluya con Dios, de su campo de acción, las cuestiones últimas: "la Iglesia no está por la defensa de "sus" valores morales, sino que está por la defensa del ser humano, a través del respeto de su razón y de su dimensión religiosa, que es irreducible".

Algunas repercusiones colaterales en asuntos varios

 

Hoy está por aquí en Roma el lingüísta e historiador franco-búlgaro Tvetzan Todorov, participando en un congreso de filosofía. No pretendo decir que hable bajo la influencia de los dicho por Benedicto XVI, pero, cuando le preguntan por los valores occidentales, dice que "para exportar sus valores, Occidente debe apostar por el ejemplo, no por las armas" (supongo que se refiere implícitamente a la política de Bush para "exportar" la democracia en Irak y otros lugares).

"El uso de la fuerza militar -dice Todorov- para imponer la democracia termina por anular los principios de nuestra cultura. Y en Oriente Medio renacen los temores del viejo colonialismo. Es equivocado pensar en un "conflicto de civilizaciones": las sociedades no son impermeables, sino que viven de encuentros...

También añade que "los horrores de Auschwitz no legitiman la destrucción del Líbano. Como dice el músico de jazz Ornette Coleman, recordando su infancia en el Tejas segregacionista: "nada te obliga a se injusto porque has sido maltratado".

Quien sí que hace eco -también hoy- de lo dicho por Benedicto XVI es Magdi Allam, en el Corriere della Sera, hablando de respetar la verdad de la historia. No es de recibo, viene a decir este musulmán, "que el Papa sea puesto en la picota y sea amenazado por haber dicho lo que cualquier musulmán honrado y razonable debe aceptar: la realidad histórica".

Y concluye diciendo que "el problema es algo interno a un islam transformado por los extremistas, de una fe en Dios, en una ideología que pretende imponer un poder teocrático y totalitario sobre todos los que no piensan de ese modo. Y me asusta comprobar que incluso los llamados musulmanes moderados han renunciado al buen sentido de la razón y se hayan alineado con la "guerra santa", de la que ellos mismos serán las principales víctimas". (No es de extrañar que Magdi Allam deba circular por Roma bien protegido por un grupo de guardaespaldas, como si fuera el ministro del interior).

Total, que ahora puede que -sin que nadie en Occidente se dé por aludido ante el insoportable cinismo y el desprecio de Dios que aquí tenemos- se nos venga encima otra organizada algarabía ininteligible (perdón de nuevo por la redundancia) del tipo "Caricaturas de Mahoma III", dirigido esta vez contra Benedicto XVI y la Iglesia”.

 


 

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