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“La política y la democracia
no pueden dejar al arbitrio de la mayorías
algo tan sagrado como es el hombre”

Irene Hernández Velasco

CARGO: Cardenal, arzobispo de Medellín y presidente del Pontificio Consejo de la Familia / EDAD: 71 años / AFICIONES: Leer y pasear / FORMACION: Doctorado en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás, en Roma, y doctor honoris causa por varias universidades / CREDO: Yo diría que católico, ¿no? / SUENO: Poder soñar siempre. El día que dejemos de hacerlo estaremos muertos

 

“Nunca como ahora la ramilla ha sido víctima de ataques tan violentos, proclamó el último muy controvertido documento el Pontificio Consejo para la Familia, publicado el pasado mes. Ante las embestidas que sufre la más antigua institución del planeta, el Vaticano responde reafirmándose testarudamente en sus viejas posiciones doctrinales en materia de aborto, anticonceptivos, feminismo, parejas de hecho, manipulación genética, caída de la natalidad o fecundación in vitro, ese documento, que ha sido tachado de intransigente y excesivamente duro, lleva la firma de un hombre: Alfonso López Trujillo, el purpurado colombiano que desde hace seis años dirige el organismo de la Santa Sede consagrado a la defensa de la familla.

 

Él es también el encargado de organizar en Valencia el V Encuentro Mundial de la Familia que hoy comienza en Valencia y que contará, en sólo unos días, con la presencia del Papa.

 

¿Qué Importancia tiene la visita de Benedicto XVI a Valencia?

El Pontífice quiera dar un gran relieve el Encuentro. La familia constituye el centro de la sociedad, de los pueblos, del sano entramado social...Y por ello, siguiendo lo que fue una gran intuición de Juan Pablo II, comenzaron a celebrarse estos encuentros mundiales. La familia es uno de los signos del Pontificado de Benedicto XVI, que continúa la vigorosa línea de su antecesor aportando nuevos puntas de reflexión.

Hace poco aseguraba que algunos puntos esenciales “no son negociables” y mostraba cómo detrás de ciertas enseñanzas de la Iglesia, interpretadas simplemente como rechazos o negaciones, hay un gran sí. El Papa ha recontado como la familia, fundada sobre el matrimonio como comunión de amor y de vida, es un “patrimonio de la Humanidad.

 

¿Tan amenazada sienten que está la institución familiar como para necesitar que se celebren estos encuentros mundiales?

En todas las circunstancias, estos encuentros son muy útiles. Es una ocasión para orar, intercambiar experiencias, sentir la fuerza y la actualidad de la fe y ahondar en diferentes temas. La familia tiene un aspecto absolutamente esencial y central en la salud de los pueblas. Y tiene la capacidad de son transmisores de la fe, ya que los padres deben de ser los primeros evangelizadoras de sus hijas.

Sobre todo, en aquellos lugares donde mayor es el ímpetu y el influjo de una cierta secularización, de toque otros llaman neopaganismo.

 

En ese sentido, ¿qué valor tiene que este V Encuentro se celebre precisamente en España, un país donde recientemente se han aprobado algunos leyes que han sido muy criticadas por el Vaticano?

Le recuerdo que la celebración en Valencia fue convocada hace tres años, antes de que se produjera el cambio de Gobierno, Y le recuerdo que es un acto fundamentalmente religioso. En este sentido, el que se celebre en Valencia no es algo que se haya pensando siguiendo una extraña estrategia.

Cada tres años se realiza en un país diferente y, en este caso, Juan Pablo II había elegido Valencia porque es una Iglesia muy dinámico y fuerte, y es una ciudad a la vez antigua y moderna. Pero eso no quita para que la visita del Papa no sea muy significativa.

 

El hecho da que en España ahora estén reconocidas y amparadas por la ley las familias homosexuales, ¿cambia en algún modo el sentido de este encuentro?

Quiero subrayar que estas jornadas, de carácter religioso, no se harán contra nadie, sino por el bien del hombre. El Encuentro se celebra en valencia, pero es un Encuentro mundial. Y el hecho de que se celebra en España no significa que se haga con una única preocupación.

Nuestro objetivo es hacer entender al mundo que no hay mejor capitalización ni mejor inversión social que la que se hace en la familia. Si ésta va bien, si está contenta, si tiene manera de acoger a los hijos con amor, de acogerlos como es debido, el pueblo en su conjunto tiene paz. Si por al contrario, la familia sufre golpes, entonces la sociedad va mal.

Pero si el Vaticano hubiera sabido que en España iba a haber un cambio de Gobierno y que el nuevo iba a legalizar los matrimonios gays, ¿habría elegido Valencia como sede del V Encuentro Mundial de las Familias?

Quién se podía imaginar que iba a ocurrir lo que ha ocurrido.... se trata de futuribles. Pero, por otro lado, ¿por qué no?

 

Eminencia, ¿qué opina de las matrimonios entro personas del mismo sexo?

 

Sobre las parejas homosexuales el Papa ya se ha pronunciado, recalcando cuál es la enseñanza clara, oficial, profunda y la razón de la misma que da la Iglesia. La iglesia respeta a la persona de los homosexuales, se opone a una discriminación en el sentido de que no deben ser objeto de tratamiento no humano. Conoce su drama. Busca ayudarlos.

Y yo creo que si se va a la base y se pregunta su opinión a las familias, ésta es similar a la de la iglesia. Hay fórmulas y cláusulas de tipo jurídico en el derecho privado que abundantemente responden a algunos derechos que alegan estas parejas homosexuales, pero sin que sea necesario, en lo más mínimo, crear otro tipo de falsas instituciones que suponen una ficción jurídica.

No creo que sea necesario volver a recalcar toque la Iglesia está diciendo en todas los episcopados del mundo.

 

Las encuestas, sin embargo, indican que la mayoría de los españoles está a favor del reconocimiento legal de los matrimonios homosexuales. Un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en julio de 2004 desveló que un 62% apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo...

Es que las encuestas muchas veces están muy mal hechas. Pregúntele a cualquier padre de familia si quiere tener hijos, si quiere que sus hijas sean felices, si quiere que su hogar sea protegido, si quiere que sus hijos sean convenientemente educados... ¿Quién va a decir que no?

Empezar a mostrar las cosas que no van con la psicología ni con la realidad de los pueblas como si fueran naturales es una desviación y no es lo que las familias desean en sus más elementales aspiraciones.

 

Pero, insisto: la mayoría de la población española está a favor de ese reconocimiento. Y las reglas dala democracia establecen...

La democracia no puede ser el dominio de las mayorías. Las mayorías no pueden gobernar, porque una mayoría lo es hoy, y dentro de cinco, de 10 años, ya no lo es, como ocurre en todas las partes del mundo. Y la política no puede dejar al arbitrio de las mayorías algo tan sagrado como es el hombre.

 

Entonces, ¿en qué considera usted que se debe sustentar la democracia?

Sobre las valores estables, que son los que dan ímpetu, estabilidad y apertura al futuro, Pero ahora estamos viviendo la situación contraria. En estas momentos, por ejemplo, la vida es objeto de toda la instrumentalización posible y son algunos Parlamentos los que están abriendo las puertas a esa instrumentalización. Y cuando encuentran alguna dificultad, cambian la definición.

Y la que ahora se han inventado es que la vida no nace desde el primer instante de la concepción, sino que sólo comienzo después de la anidación o implantación en el endometrio, lo que significa siete, ocho o 10 días después de lo que se consideraba hasta ahora la nueva vida. Sólo a partir de ese tiempo, dicen, se puede hablar de aborto. Esta es una nueva definición que antes no se conocía.

El mundo está viviendo un carnaval de arbitrariedades en el que no hay criterio estable, unívoco, sólido porque todos se las arreglan para inventar nuevas definiciones y nuevos principios, incluso nuevos Derechos Humanos. Ya no sirve la Declaración de los Derechos del Hombre de 1948, ahora se habla de nuevos derechos, y cuando éstos no se aceptan, entonces se habla de discriminación.

En Francia alguien decía que si uno se sienta sobra los principios, éstos acaban por ceder. Lo que hay que hacer es sentarse sobre los valores estables. Si no es así, estaremos en un vendaval de alternativas, surgidas todos los años y amparadas en muchos Parlamentos.

 

Pero las definiciones muchas veces cambian porque la ciencia avanza y abre nuevos horizontes, ¿no?

Estamos creando una sociedad técnica, científica, exagerada en sus sueños y limites, como si no hubiera elementos de moralidad que guardar. Pero una sociedad así, una sociedad inhumana, no tiene futuro.

Ese es el problema que se vive hoy en buena parte de Europa, donde no hay niños, no se quiere tener hijos, se tiene miedo a la maternidad. Entre otras cosas, porque no se ha intervenido con leyes oportunas para ayudar a la mujer que quiere ser madre, darle tiempo al hogar, al esposo y a los hijos, pero que se ve obligada a tener una profesión que difícilmente puede compaginar con sus obligaciones en el seno del hogar.

Por eso lo primero que deben hacerlos Estados es ayudar a las familias y alas madres. No que nos bombardeen contándonos que están muy bien que la mujer trabaje. Sí, eso está muy bien, pero no se puede hacer a costa del dolor de no estar presente en algo que desarrolla humanamente a la mujer, como es ser esposa y ser madre.

 

En su opinión, ¿el que las mujeres trabajan tiene la culpa de la baja natalidad que registran países como España o Italia?

Yo no creo que el que las mujeres no quieran ser madres sea sólo un problema de hedonismo, de comodidad, de confort, de miedo al sacrificio. Muchas veces estén cons­treñidas, psicológicamente impedidas, tienen unos horarios agotadores... La mujer está siendo objeto de una instrumentalización despiadada.

¿Qué queda hoy en día de la mujer, gran esperanza de la Humanidad? Juegan con ella, la vuelven cosa, instrumento. Le pagan muy bien, pero la destrozan atrozmente en su propia dignidad. La esperanza que nos queda, es que la mujer tome la defensa de su propio destino: del derecho a ser madre, asar amada, a vivir en tomo aun hogar donde to­do es ternura, aunque también hay sacrificio, dolor, enfermedades... ¿Por qué nos critican si lo que queremos es la felicidad de los esposos? ¿Por qué nos critican si defendemos a la mujer, si estamos contra el divorcio porque representa un grave mal social?

 

Les critican, me parece a mí, porque el concepto de mujer o de familia que ustedes defienden es un poco retrógrado y choca contra el de la mayoría de la población...

Si vamos contra el divorcio somos negativos, no estamos comprendiendo a la gente, estamos cayendo en un rigorismo inaceptable, y podemos incluso ser acusados ante la ley porque estamos introduciendo la discriminación en la sociedad. Mañana, defender la maternidad o defender la familia va a ser un acto discriminatorio. ¿Por qué? Porque dicen que la familia es el lugar de esclavitud de la mujer. Pero la realidad es que defender la vida es un acto profundamente liberador.

 

Pero también sucede al revés. Hay mujeres que por el motivo que sea no pueden tener hijos de manera natural y quieren recurrir a la fecundación artificial. La Iglesia, sin embargo, se opone a ello.

La Iglesia se opone a ello porque el hijo debe ser el fruto del amor de dos esposos, que es entrega mutua, recíproca, total, cuando la ciencia y la técnica, por avanzadas que estén, se interponen y ese amor, esa ternura y esa entrega son reemplazados por la mediación técnica, dura, difícil, costosa y con muchos sacrificios para la mujer, no se produce lo que se llama un acto humano. Y es eso lo que la Iglesia no quiere. Las familias suelen ir ya muy tarde al matrimonio.

En Europa ya se va a los 30 años como media. Pero también encontrarnos personas de 40 y 45 años que, como adolescentes, aún viven en casa de sus padres, con todo él peso que eso supone para sus progenitores. ¿Qué ocurre? Que llegan con una debilidad para concebir, y la capacidad reproductora ya no es la misma. Además, y esto lo he oído de muchos médicos, llegan con alteraciones de todo tipo por el uso frecuente de anticonceptivos.

 

Usted está diciéndole a esas mujeres que, a pesar de que la ciencia les puede ayudar a tener hijos, deben renunciar a ello.

Querer un hijo, desearlo, es algo hermoso y noble, pero no es un derecho. Noesunderecho. La Iglesia invita en esos casos a la adopción. Hay que compaginar una ética y un comportamiento verdaderamente humanos.

Y por más que uno busque respetar la situación de una mujer que quiere un hijo, no logra entender que eso se haga a través de técnicas increíbles, y que muchas veces conllevan la producción de embriones supranumerarios que están sujetos a la crioconservación, a una prisión en un de­sierto de hielo que va a culminar en muchos casos con una destrucción masiva, dado que en la mayoría de los casos el tiempo máximo que esos embriones pueden permanecer congelados es de 10 años.

Eso es un hecho grave, porque son personas humanas, son embriones. Estamos llegando a unos limites de inhumanidad que van a hacer del hombre un juguete.


 

“Contra el sida, sólo vale la abstinencia, ser fiel y la castidad”

 

¿No cree que el mensaje de la Iglesia sería mejor recibido si hubiera una pequeña apertura en cuestiones como el preservativo?

No es oponerse al preservativo por oponerse: lo hace para salvar al hombre integral del problema de la anticoncepción, con toda la inhumanidad que ello conlleva. Y porque no se puede separar el sentido unitivo del amor entre los esposos del sentido reproductivo.

Ya. Pero dado que en un cuarto de siglo el sida se ha cobrado 25 millones de vidas y que el condón permite el sexo seguro...

Eso del sexo seguro es una mentira, no existe. Respecto al sida y a otras muchas enfermedades de transmisión sexual, no se puede realmente hablar de una protección objetiva y total mediante el uso del condón como profiláctico. A fin de controlarla epidemia es necesario promover un comportamiento sexualmente responsable, a través de una auténtica educación sexual que respete la dignidad del hombre y de la mujer y que no los considere como simples instrumentos de placer y, por tanto, objetos de usar.

Pero, ¿qué propone en relación al sida?

La única técnica que de verdad funciona es la llamada ABC: A de Abstinencia, B de Be Foithfut (ser fiel) y C no de Condón, no, sino de Castidad. Sólo así el proyecto de pareja es integral, completo y respetuoso, sobre todo con la mujer.

¿Qué le diría a los que acusan a la Iglesia de injerencia política?

La Iglesia quiere ayudar a los pueblos, no oponerse. La Iglesia reza por los gobernantes, quiere aconsejarnos. Y por eso el Papa Benedicto XVI ha pedido varias veces a los políticos que nos dejen luminarlos y acompañarlos con estos valores que son los nuestros.

Como latinoamericano, ¿qué opinión tiene usted de España?

España está en la tradición profunda de la Europa cristiana. Siempre ha jugado un papel fundamental a la hora de anunciar el Evangelio a los pueblos, en particular a raíz del hecho histórico más importante después del nacimiento de Cristo, que es el descubrimiento (aunque algunos no lo llamen así) de América, que hoy recoge las esperanzas del mundo y el futuro. Y España contribuyó decididamente a ese hecho.

¿Y qué le parece la conquista de América por parte de España?

Fue la España grande la que llevó la luz, la que llevó la civilización y los Derechos Humanos a América. Ustedes no tienen que avergonzarse por haber lanzado al mundo la riqueza de un cristianismo que libera. Hubo errores, desde luego, y eso duele. Pero han sido corregidos y se corregirán más. Lo que le pido ahora a España es que crea en la buena voluntad de la Iglesia.

Usted sostiene que la democracia no puede ser el gobierno de las mayorías. ¿No cree que esa concepción choca contra di principio de soberanía popular y de libertad?

Yo me pregunto: ¿es sólo en los últimos años cuando el mundo ha comenzado a ser moderno, demócrata y libre? Antes todos los pueblos tenían una idéntica actitud de respeto hacia el hombre y hacia la vida, pero últimamente todo ha cambiado, por el camino más fácil que consiste en decir que los problemas surgen porque la sociedad se crispa y hay oposiciones y, para resolverlos con una varita mágica se cambian las definiciones. Ahora familia ya no es la unión de un hombre y una mujer; sino la unión de dos personas. ¿Y por qué no de más de dos?

¿Quién se opondría si la mayoría de un Parlamento vota a favor de ello? ¿Quién se opone a que los Parlamentos en un futuro digan que el incesto es posible para la realidad matrimonial? Eso muestra el capricho que lleva a algunos Estados a una insensatez en nombre de una concepción de la democracia que no es tal.

 

Sábado, 1 de julio de 2006


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